WALTER BENJAMIN
Zentralpark
Del libro Cuadros de un
Pensamiento, Buenos Aires, Imago
Mundi.El spleen es
el sentimiento que corresponde a
la catástrofe en permanencia.
El curso de la historia como se
presenta bajo el concepto de
catástrofe no puede, en
realidad, demandar mayor
atención a quien reflexiona que
el caleidoscopio en la mano de un
niño, en el que lo ordenado se
derrumba para formar un nuevo
orden con cada giro. Esta imagen
está totalmente justificada. Los
conceptos de los gobernantes
fueron siempre los espejos
gracias a los cuales se formó la
imagen de un "orden".-
El caleidoscopio debe ser
destruido.
Uno de los secretos
que recién la gran ciudad abrió
a la prostitución son las masas.
La prostitución abre la
posibilidad de una comunión
mítica con la masa. Pero el
surgimiento de las masas es
simultáneo al surgimiento de la
producción masiva. La
prostitución parece albergar
asimismo la posibilidad de
sobrevivir en un espacio en el
que los objetos de nuestro
consumo más próximo se han
vuelto, cada vez más, objetos de
consumo masivo. En la
prostitución de las grandes
ciudades la mujer misma se
convierte en un artículo de
consumo masivo. Es esta nueva
impronta de la vida urbana la que
le otorga su verdadero
significado a la recepción del
dogma del pecado original de
Baudelaire. Este concepto
antiquísimo le pareció a
Baudelaire justo lo
suficientemente probado como para
abarcar un fenómeno totalmente
nuevo y desconcertante. El
laberinto es el hogar del
dubitativo. El camino de aquel
que teme alcanzar la meta
dibujará fácilmente un
laberinto. Eso es lo que hace el
instinto en los episodios que
preceden a su satisfacción. Pero
eso es lo que hace también la
humanidad (la clase social) que
no quiere saber hacia dónde se
dirige.
Si la fantasía es
quien le ofrece las
correspondencias al recuerdo, es
el pensamiento quien le dedica
las alegorías. El recuerdo junta
a ambos.
En las Fleurs du
mal no existe ni el menor
indicio de una descripción de
París. Esto alcanzaría para
distinguirla decisivamente de la
"lírica urbana"
posterior. Baudelaire habla hacia
el bramido de la ciudad de París
como quien le habla a la
rompiente. Su discurso es nítido
en cuanto es perceptible. Pero
hay algo que se mezcla con él,
afectándolo. Y el discurso queda
mezclado en este bramido que lo
propaga, añadiéndole un
significado oscuro.
El souvenir es la
reliquia secularizada.
El souvenir es el complemento de
la "vivencia". En él
se cristalizó la creciente
alienación del hombre quien
inventariza su pasado como una
posesión muerta. La alegoría se
retiró del mundo circundante en
el siglo XIX para radicarse en el
mundo interior. La reliquia viene
del cadáver, el souvenir de la
experiencia muerta, que,
eufemísticamente, se denomina
vivencia.
Las fleurs du mal fueron
el último libro de poesía que
ejerció su influencia en toda
Europa. ¿Antes de él, tal vez Ossian,
Das Buch der Lieder?
La alegoría es la
armadura de lo moderno.
En Baudelaire hay temor de
despertar un eco ya sea en
el espíritu, ya sea en el
espacio. A veces es abrupto,
nunca es sonoro. Su forma de
hablar se distancia tan poco de
su experiencia como el gesto de
un prelado perfecto se distancia
de su persona.
El jugendstil
aparece como el malentendido
productivo, debido al cual lo
"nuevo" se convirtió
en lo "moderno".
Lógicamente este malentendido ya
está delineado en Baudelaire.
Lo moderno se opone a lo antiguo,
lo nuevo, a lo siempre-igual. (Lo
moderno: la masa; lo antiguo: la
ciudad de París).
Las calles de París de Meryon:
abismos, sobre los cuales pasan
las nubes muy arriba.
La imagen
dialéctica es centelleante. Hay
que retener la imagen de lo
pasado, en este caso la imagen de
Baudelaire, como una imagen que
resplandece súbitamente en el
ahora de la reconocibilidad. La
redención que se produce de esta
forma, y sólo de esta forma,
puede rescatarse únicamente
sobre la percepción de lo que se
pierde irremediablemente. Habría
que traer a colación aquí el
pasaje metafórico de la
introducción a Jochmann.
¿Qué es esto?:
hablar de progreso a un mundo que
se hunde en la rigidez de la
muerte. Baudelaire encontró la
experiencia de un mundo que
ingresa en la rigidez de la
muerte expresada con una fuerza
incomparable en Poe. Esto es lo
que volvía insustituible a Poe
para él; que éste describía el
mundo en el que tenían su lugar
la poesía y los esfuerzos de
Baudelaire. Compárese la cabeza
de la Medusa en Nietzsche.
El eterno retorno es
un intento de combinar entre sí
los dos principios antinómicos
de la felicidad: el de la
eternidad y el del: otra vez. La
idea del eterno retorno hace
surgir mágicamente de la misère
del tiempo la idea
especulativa (o la
fantasmagoría) de la felicidad.
El heroísmo de Nietzsche es la
contrapartida del heroísmo de
Baudelaire, que hace surgir
mágicamente de la misère
del filisteísmo la
fantasmagoría de lo moderno.
El concepto de
progreso debe fundarse en la idea
de catástrofe. Que "siga
así", eso es la
catástrofe. Esta no consiste en
lo que se está acercando sino en
lo dado. El pensamiento de
Strindberg: el infierno no es
nada de lo que nos espera
sino esta vida aquí.
La redención se aferra a la
pequeña grieta en la catástrofe
continua.
El intento reaccionario de
convertir formas condicionadas
por la técnica, es decir
variables dependientes, en
constantes, se da en el futurismo
en forma semejante a la del Jugendstil.
Hay que investigar
la cuestión de en qué medida
los extremos que debe abarcar la
redención son los del
"demasiado temprano" y
los del "demasiado
tarde".
Que Baudelaire
tuviera una postura hostil frente
al progreso fue una condición
indispensable para que pudiera
abarcar París en su poesía.
Comparada con la suya, la poesía
urbana posterior está bajo el
signo de la debilidad y esto
especialmente porque vio en la
metrópoli el trono del progreso.
Pero ¿¿Walt Whitman??
La maquinaria se
convierte en Baudelaire en una
clave de fuerzas destructivas.
También el esqueleto humano es
una maquinaria de este tipo.
La alegoría barroca ve el
cadáver sólo desde afuera.
Baudelaire también lo ve desde
adentro.
La mistificación en
Baudelaire es una magia
apotropéica semejante a la
mentira en las prostitutas.
Muchas de sus
poesías tienen su pasaje más
incomparable al comienzo
allí donde son, por así
decirlo, nuevas. Esto fue
señalado a menudo.
Baudelaire tenía como modelo
ante sus ojos al artículo de
consumo masivo. Era allí donde
su "americanismo"
tenía su base más sólida. El
quería publicar un "poncif".
Lemaitre le confirmó que lo
había logrado.
La mercancía pasó a ocupar el
lugar de la forma de ver
alegórica.
En la forma que
adoptó la prostitución en las
grandes ciudades, la mujer no
aparece sólo como mercancía
sino claramente como un artículo
de consumo masivo. Esto se
insinúa en el ocultamiento
artificial de la expresión
individual detrás de la
expresión profesional que genera
el maquillaje. Que era este
aspecto de la prostituta el que
se volvió sexualmente
determinante para Baudelaire
parece casi demostrado,
especialmente por el hecho que el
fondo sobre el cual plantea sus
múltiples evocaciones de la
prostituta no es nunca el burdel,
pero a menudo la calle.
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