El
violín del diablo
de Raúl González
TuñónAntonio
Vallejo
Este
artículo fue publicado
en la revista Martín
Fierro y reproducido en
el libro Boedo y Florida
(antología), Centro
Editor de América
Latina, 1993.
El violín del diablo fue
publicado por primera vez
en 1926
Una
nostalgia de lo no
alcanzado, una vaga
ambición de alejamiento
y cierta certidumbre muy
romántica que refiere
los paraísos terrenales
en exotismos de
extra-geografía,
determinan en Raúl
González Tuñón esa
obsesión de puertos, con
marineros ebrios, barcos
de humo y barullo,
camastros compartidos,
rameras sentimentales, y
rincones de amnesia
clandestina, con vistas
al edén de la morfina,
la coca y el opio.
En
otro sitio, por encima de
unos "candiles
moribundos",
Baudelaire asoma su cara
de gato vicioso,
insistiéndola en cuatro
o cinco composiciones de
sentida imaginación.
Y
un poco postergado, pero
bien definido y bastante
mejor de su tisis,
Carriego ayuda la
humildad del Tuñón
suburbano.
Pero,
repuesto de los otros,
sale Raúl, entero de su
libro. Gracias a la
sinceridad de su
expresión, a la energía
original, y a su manera
de mirar las cosas con un
vehemente sentido de
humanidad y un corazón
abundante y manifiesto.
Es
en la interpretación de
los temas grotescos donde
pone mayor intensidad,
mayor complicidad
sentimental, manejando,
en contrastes de
humorismo, los resortes
de un originalísimo
payaso que le recuerda
con una pirueta su deber
de alegría.
Así,
por ejemplo, cuando el
tono de la composición
va adquiriendo una cierta
espesura romántica,
suena imprevista la
vengadora exclamación
del su clown:
¡Qué
lindo es ir a ver
la mujer,
la mujer más gorda del
mundo
o propone de un modo
intempestivo:
No
debe tener esqueleto
El enano de
Sarrasani
Es
en "Colilla de
cigarro" donde se
advierte más entera su
idiosincracia:
Colilla
de cigarro:
Yo suspiro y te arrojo
también
Por el ojo de buey
Por el ojo de buey de mi
cansancio.
Raúl
González Tuñón, curado
de mezquinas influencias
y turbios parentescos,
sin disputar a nadie la
posesión de un patio o
de una villa, más
creador de sus temas y
despegado de ternuras
llorosas y afiches
melancólicos, es uno de
nuestros más auténticos
valores.
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