|

|
|
TROPA DE
ELITE
Tráfico y violencia seducen a Berlín
JUAN PABLO CHIAPPARA
En septiembre
todo Brasil supo que se estrenaría una película. A mediados de
octubre, muchísima gente ya la había visto y la película todavía
no había llegado a las salas, que a su vez tuvieron que
adelantar el estreno. Una gran parte de los espectadores estaba
formada por personas que van poco al cine y casi nunca están
informadas de acontecimientos culturales. La película era
brasileña: Tropa de Elite (Brasil, 2007, José Padilha).
Ahora, ganó el Oso de Oro de Berlín.
Cuando me
enteré de qué se trataba, enseguida anuncié que no me interesaba
y que no la vería: ya sé que en Río de Janeiro hay tráfico, que
la cana entra a la favela, tortura y mata, y que los
traficantes son tan violentos o más. El previsible maniqueísmo
me indignaba de antemano. Cambio de rumbo. Un amigo me convence
la veo. Como cine es muy malo. ¿Por qué el oso, entonces?
Tropa de
Elite quiere mostrar la
violencia del enfrentamiento entre la policía y el tráfico en un
territorio urbano específico (la favela), y acaba
desnudando la violencia de la sociedad brasileña, que no se
restringe a ese conflicto ejemplar o sintetizador sino que se
traba en todos los espacios urbanos de forma más o menos sutil.
Acá la clase
hegemónica domina "naturalmente", sin tener conciencia de que
explota, y la clase subalterna se siente todo el tiempo dominada
aunque ya no naturalmente: la revancha es inevitable. Pero no
saquemos conclusiones fáciles: la narrativa Tropa de Elite
también ayuda a comprender que hay una paradoja que consiste en
que si acá a alguien se le da poder lo ejercerá de manera
autoritaria, independientemente de la clase que ocupe. La
película pone sobre el tapete el evidente corte económico y
social de clases que hay en Brasil, que viene de una estructura
mental y social colonial que no cede y que se perpetúa también
en las grandes ciudades.
Hay un
personaje negro. El negro de la película, infiltrado en la
universidad, representa la voz de la clase excluida allí donde
no se lo espera. El negro puede ser un héroe porque, en un
proceso de tomada de conciencia de clase (y no de conciencia
policíaca, como dice la voz que narra en la película), se mete
en una manifestación por la paz de estudiantes “blancos” en la
zona sur de Río y caga a patadas en el piso al pendejo que se
hacía el loco frecuentando la ONG del morro; mientras lo patea,
lo acusa de asesino y de promover el tráfico y la violencia con
la droga que baja para sus amigos de clase media alta. El
personaje central, el líder de la tropa capitán Nascimento,
recorre la favela para combatir el tráfico. Él también
puede ser un héroe porque para muchos jóvenes que ven la
película se transforma en una esperanza de control de una
violencia que les saca el sueño y todos los sueños.
Es probable que
esa lucha de clases sea invisible para el statu quo que
ocupa los lugares de poder (periodismo, política, universidad)
que tienden a atenuar el conflicto y a identificarlo como una
guerra entre tráfico y buenos ciudadanos, para acentuar que un
verdadero cambio social se estaría gestando, por ejemplo, a
partir de políticas como la de la “Bolsa Familia” (antiguo
“Bolsa Escuela” del gobierno anterior), cuyo valor ridículo es
lo que la clase que asumió el poder presentándose como la más
esclarecida, generosa y preocupada con la exclusión en Brasil
(actualmente con Lula a la cabeza) está dispuesta a repartir con
esos “despojos sociales” (Bauman), que en el caso brasileño son
una clase que siempre existió y siempre sustentó a la minoría.
No quería ver
la película, no quería ser cómplice de ese voyeurismo de
clase, esa falta de pudor que estimula la entrada a la casa de
los miserables para ver cómo duermen, cómo bailan aunque no
tengan nada, como ríen aunque se estén matando, cómo hacen para
vivir sin shopping. No quería ser cómplice de esa visita vacía
en la que quien se invita no ve nada más que a sí mismo mirando.
Turismo de favela. La vergüenza también es un sentimiento
humano y no sentirla puede ser un mal síntoma. Hay una
obscenidad en esta actitud que no choca a nadie. Alteridad e
identidad son verso y reverso de un otro que me muestra a mí
mismo.
Y sin embargo,
parece que Tropa de Elite nos quiere convencer de que hay
una guerra y que tenemos que elegir un lado; la mayoría del
público fue embaucada por la orientación fácil de esa lectura de
la sociedad brasileña. Saber si hay efectivamente una guerra con
dos lados diferentes o si hay una rosca que funciona por inercia
con dos campos que son cada uno reflejo del otro es lo que uno
se pregunta casi todos los días.
Si uno la ve ingenuamente (y el cine
es un medio que suele facilitar la ingenuidad por la seducción)
puede salir pensando que el Estado, la ley y el derecho
funcionan en Brasil, que abajo del morro hay un poder legitimado
por el voto y otro que existiría como poder paralelo en la
favela, como se suele escuchar. Si lo hay, las reglas de
funcionamiento de ambos no son tan diferentes: los dos aplican
la arbitrariedad como norma. Estado de Derecho moderno en Brasil
es algo muy relativo y funciona de forma marginal, como
excepción: las cárceles parecen navíos negreros (Castro Alves) y
en Brasilia, como paradigma, se gobierna esta República desde lo
que se llama literalmente un Palacio; y el rey está desnudo...
Si Tropa de Elite es en sí una representación realista,
una narración de la forma como “se ve” Brasil de abajo del morro
hacia arriba, cabe preguntarse cómo sería una película hecha con
el punto de vista contrario. ¿Qué elementos se destacarían? ¿Qué
historia se contaría? ¿Habría un batallón violento entrando en
los corredores del poder instituido que viola el derecho y las
leyes, que explota y humilla al subalterno sistemática y
“naturalmente”? Por ahora, los excluidos en esta sociedad son
cada vez más puro objeto de representación (de los políticos,
del cine, de los periodistas, de la universidad) y no encuentran
espacio para ser sujetos de palabra.
............................................................................................................................................................
JUAN PABLO CHIAPPARA (Montevideo, 1970) se graduó en
Lengua, literatura y civilización hispánicas en la
Universidad Nouvelle Sorbonne (Paris III). Realizó una maestría
en Análisis del Discurso en la Universidad Federal de
Minas Gerais (UFMG), en Belo Horizonte, ciudad donde reside
desde 1999. Actualmente cursa un doctorado en Literatura
Comparada (UFMG). Es profesor de lengua, literatura y
Análisis del discurso en la graduación y el posgrado del Curso
de Letras del Centro Universitario de Belo Horizonte (UNI-BH),
donde trabaja desde 2001. Ha publicado varios artículos en
revistas académicas y periódicos.
............................................................................................................................................................
Volver
a Comunicación / Volver
a Apuntes sobre Cine /
Volver
a Inicio
..............................................................................................................................................................
|