Revista de pensamiento y cultura
/ La pregunta por la muerte / Año III N° 6 / Otoño - Invierno 2003
/ EL TANGO Y LA MUERTE
 
 

Sus ojos se cerraron
1935

Sus ojos se cerraron
y el mundo sigue andando.
Su boca que era mía
ya no me besa más.
Se apagaron los ecos
de su reír sonoro
y es cruel este silencio
que me hace tanto mal.
Fue mía la piadosa
dulzura de sus manos
que dieron a mis penas
caricias de bondad
y ahora que la evoco,
hundido en mi quebranto,
las lágrimas trenzadas
se niegan a brotar
y no tengo el consuelo
de poder llorar.

¿Por qué tus alas tan cruel quemó la vida?
¿Por qué esta mueca siniestra de la suerte?
Quise abrigarla y más pudo la muerte…
¡Cómo me duele y se ahonda mi herida!
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
con su limosna de alivio a mi tormento.
Todo es mentira, mentira ese lamento…
Hoy está solo mi corazón.

Como perros de presa
las penas traicioneras
celando su cariño
galopaban detrás
y escondida en las aguas
de su mirada buena
la muerte agazapada
marcaba su compás.
En vano yo alentaba
febril una esperanza.
Clavó en mi carne viva
sus garras el dolor
y mientras en las calles
con loca algarabía
el carnaval del mundo
gozaba y se reía,
burlándose el destino
me robó su amor.

Letra: ALFREDO LE PERA
Música: CARLOS GARDEL

Tal vez será su voz
1943

Suena un piano, la luz está sobrando,
se hace noche de pronto y, sin querer,
las sombras se arrinconan evocando
a Griseta, a Malena, a María Ester…
Las sombras que esta noche trajo el tango
me obligan a evocarla a mí también
Bailemos, que me duele estar soñando
con el brillo de su traje de satén.

Quién pena en el violín.
Qué voz sentimental,
cansada de sufrir,
se ha puesto a sollozar así.
Tal vez será el rumor
de aquella que una vez
de pronto se durmió.
Tal vez será su voz, ¡tal vez!
Su voz no puede ser,
su voz ya se apagó;
tendrá que ser, nomás,
mi propio corazón.

Era triste, era pálida y lejana;
negro, el pelo; los ojos, verde gris
y eran también sus labios, al sol de la mañana,
una triste flor de carmín.
Un día no llegó, quedé esperando
y luego me contaron su final;
por eso con las sombras de los tangos
vanamente la recuerdo más y más.

Letra: HOMERO MANZI
Música: LUCIO DEMARE

Tu pálido final
1947

Tu cabellera rubia
caía entre las flores
pintadas del percal
y había en tus ojeras
la inconfundible huella
que hablaba de tu mal…
Fatal,
el otoño, con su trágico
murmullo de hojarascas,
te envolvió
y castigó el dolor…
Después todo fue en vano,
tus ojos se cerraron
y se apagó tu voz.

Llueve,
la noche es más oscura…
Frío,
dolor y soledad…
El campanario marca
la danza de las horas,
un vendedor de diarios
se va con su pregón…
¡Qué triste está la calle!…
¡Qué triste está mi cuarto!
¡Qué solo sobre el piano
el retrato de los dos!…

El pañuelito blanco
que esconde en sus encajes
tu pálido final,
y aquella crucecita
-regalo de mi madre-
aumentan mi pesar…
No ves
que hasta llora el viejo patio
al oír el canto amargo
de mi amor
y mi desolación…
¡Porque las madreselvas,
sin florecer te esperan
como te espero yo!…

Letra: ALFREDO FAUSTINO ROLDÁN
Música: VICENTE DE MARCO

 

 


Agradecemos al Sr. Enrique Stancanelli, amante del tango,
el envío de este material


 
         
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Revista Contratiempo / Buenos Aires / Argentina
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