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/ VILLAS, ASENTAMIENTOS Y SIN TECHO

/UN PROYECTO VITAL / Setiembre 2003

En el Bajo Flores
Sol Naciente, una odisea contra la pobreza

Sol Naciente es una asociación civil sin fines de lucro que brinda atención a mujeres y niños en situación de marginalidad social. Actualmente cuenta con un hogar con 30 camas para madres con hijos; dos comedores donde almuerzan y cenan alrededor de 600 personas por día; una guardería dentro del hogar y una panadería propia donde preparan el pan para abastecer a los comedores. Está ubicado en el Barrio Illia, del Bajo Flores, en la periferia de la villa 1.11.14, uno de los más importantes bolsones de pobreza de la Capital Federal –se estima una población aproximada de 50000 personas- y allí nomás de Lugano y Soldati.
Una hermosa tarde de setiembre, cuando el frío empezaba a batirse en retirada, Contratiempo charló con su fundadora y directora, Lidia Hernández, y con las voluntarias Sandra y Blanca en las instalaciones de Sol Naciente. Tesón, perseverancia, entusiasmo y una voluntad de hierro transmiten estas mujeres dispuestas a librar una lucha sin cuartel contra la pobreza reinante. Y sólo así puede entenderse que el complejo funcione como una maquinaria sólidamente aceitada, donde las actividades y los espacios están pensados y proyectados más allá del mero asistencialismo. Oigamos a sus protagonistas:

Pobreza, cultura y educación
"Cuando yo hablo con la gente le cuento qué es la pobreza. La pobreza no es lo que se muestra en la televisión. No es una carita que te ponen comiendo fideos. La pobreza es la falta de educación y de cultura. La mayoría de la gente de acá por ahí tiene para comer, pero no tiene cultura. De repente, un papá cambia tres bolsas de arroz por una caja de vino. Hay chicas de 17 años que van por el cuarto o quinto hijo, y no conocen el preservativo. Y aunque el Gobierno tenga un programa cultural de barrios, aquí no llega la cultura. ¿Por qué? La cultura de estos lugares es otra realidad. Una mujer embarazada jamás va al médico. Sólo cuando va a parir. Y allí se encuentra con un embarazo riesgoso, placenta previa, alguna enfermedad… El trabajo que hay que hacer acá es un trabajo de puerta por puerta. Por ejemplo, traer a los médicos residentes del Piñeiro, dos veces por semana, para que recorran la villa 1-11-14. Y que el gobierno los beque. Ni siquiera es suficiente la charla en las escuelas, porque los padres no van. Cuesta mucho sacarlos de sus casas. Hay falta de educación, falta de cultura y falta de gente con ganas de revertir la situación. Claro que hay hambre, si la mamá se está dedicando a tener hijos y el padre a tomar, el chico queda solo. A los chicos nosotros tenemos que ir a buscarlos, los traemos de sus casas para que vengan a almorzar. Aquí aprendés lo que es la condición humana. Aprendí el sufrimiento de los niños, cuando vuelven del colegio. El edificio está ubicado fuera de la villa, entonces se juntan las clases sociales. Y allí sienten las diferencias: ellos van sin delantal, sin mochila, sin útiles. Esa es la realidad aquí…" explica Hernández.

El Hogar

El edificio del Hogar Sol Naciente es una ex fábrica de zapatos; el lugar cuenta con 30 camas que se distribuyen en dos habitaciones. La más pequeña está destinada a las recién llegadas y a las que les resulta difícil la convivencia. La otra es un amplio salon donde se acomodan alrededor de 25 camas que son ocupadas por la población más antigua. Según cuentan las voluntarias, hasta hace muy poco el techo presentaba graves problemas de goteras, lo que les obligaba a correr los muebles y las camas en los días de lluvia. Una oportuna donación les solucionó el problema.

"A veces llegan mujeres muy depresivas, con intentos de suicidio o con HIV. Hay que hacer entonces un proceso de adaptación. Aquí tienen que cumplir ciertos horarios: cenan a las 8, con los chicos bañados, y a las 10 a dormir. Intentamos que los chicos no estén tanto tiempo en la calle. Hay mamás que vienen de una situación de calle y hay que incentivarlas porque no quieren ni siquiera mandar sus chicos al colegio. Cuando se abrió el Hogar de madres, inmediatamente se enteró Acción Social. Ellos, a través del programa Buenos Aires Presente (BAP), nos mandan chicas, pero no ayuda económica. También recibimos gente de los hogares. Provienen de todas partes de la capital, de la provincia, de Entre Ríos, de La Pampa. Aquí no hay plazos de permanencia. Ellas tienen la posibilidad de aprender algún oficio, a convivir, a formar un hogar. Pero no podemos tener la pareja, por problemas de espacio. Solo aceptamos a la mamá con los chicos", dice Blanca.

El comedor
"Cuando empecé con el comedor empecé también a tener problemas con otros lugares, que eran políticos. Empecé a tener todos los inconvenientes de la gente que hace. Hacer trae problemas, te ven como una competencia. Hay comedores que reciben 300 raciones de comida del Gobierno de la Ciudad, que en realidad alcanzan para cerca de 1000 personas, porque son muy abundantes. Hay lugares donde se bajan camionetas y camionetas con comida del gobierno. Nosotros no recibimos nada. Nosotros tenemos que luchar día a día para la harina, para el almuerzo, para la leche, eso me indigna… Además, ¿por qué las viandas se tienen que repartir en los comedores, por qué no hacerlo en las casas? De esa forma no se lo estaría arrancando al niño de la instancia de diálogo familiar que implica la hora de las comidas. Pero, claro, así se acabarían los intermediarios del hambre, los punteros políticos que manejan esas raciones…", dice Hernández.

El espacio del comedor es pequeño y luminoso, por lo que el almuerzo se sirve en tandas, en varias mesas comunitarias. Son 600 personas por día, aunque algunas se llevan la vianda a sus casas. A la noche, la cena para los abuelos se sirve en otro local, ubicado dentro de la villa. El día que lo visitamos el menú era fideos con estofado.

"Aquí hacemos todo lo posible para que la comida alcance, pero no siempre se puede, hay días que no conseguimos para todos. Además, nos ocupamos de probar la comida, les preguntamos si les gustó el menú, la cuestión no es dar así nomás sino hacerlo bien, que sea alimenticio, porque a veces es lo único que comen en todo el día. La población mayoritaria está conformada por niños y mujeres, aunque ahora también se acercan hombres. O son las mujeres las que nos piden para sus maridos, que no vienen, por vergüenza", explica Blanca.

La panadería-escuela
"Nuestro proyecto es generar alternativas. Que en los próximos años el comedor deje de ser lo que es. Que no sea sólo una cuestión asistencialista, sino que imparta educación. El asistencialismo no es la solución, sólo genera más pobreza. Las mujeres que vienen al hogar aprenden un oficio, aprenden a hacer pañales, pan, toman clases de computación. Si quieren terminar el colegio, también tienen esa oportunidad, nosotras las anotamos, tanto en el primario como el secundario. Porque ésa es la idea: abrir la cabeza. Cuesta, porque para eso tenemos que tener a los chicos tranquilos. Y la realidad de sus casas actúa en contra. Hay mucha gente que ya está trabajando en la panadería, que aprendió el oficio aquí. Pero tenemos 75 personas que quieren trabajar en una población de 50000. Vos le das la oportunidad de trabajo y es difícil que aquí la gente la acepte -tenemos chicas que cobran el plan de bienestar Social pero no quieren trabajar-, porque está acostumbrada a vivir así. El enemigo es invisible. Los gobernantes están haciendo muy mal las cosas. Los planes de jefes y jefas son un arma en la mano para cada pobre. Por un lado necesitan educación y por el otro les dan para que no vayan a trabajar. El dinero tendría que ser un préstamo a devolver, para invertir en microemprendimientos, no un regalo sino un compromiso. El tema es generar proyectos. La panadería es el símbolo de todo lo que hicimos. Una escuela-panadería, ése es nuestro proyecto…", se entusiasma la directora.

Sandra y Blanca nos cuentan que un grupo de mujeres hizo el curso de panadería y luego se dedicó a enseñar lo aprendido a las compañeras del Hogar. Después, se fue sumando gente de afuera. Por el momento, lo producido sólo alcanza para abastecer a los comedores y al merendero.

"Para vender necesitamos insumos, más harina, aditivos. Las máquinas fueron donaciones, tenemos 1 horno y 2 leudadoras o fermentadoras y una sobadora. Nosotros conseguimos todo a través de las empresas, pero hay que estar llamando día a día. No hay ningún compromiso establecido. Y a veces, eso es desgastante", agregan las voluntarias.

La comunicación
"Yo empecé en 1998, cuando hablar de pobreza estaba prohibido. Y ahora es igual, parece que ya nadie se acuerda de los pobres. En aquella época, nos echaban de los negocios, nos decían que fuéramos a pedirle al gobierno. Ahora los medios de comunicación tampoco te prestan atención. Fijate que desde que subió Kirchner parece que de golpe se arregló todo. Yo llamo a los medios pero ellos no quieren saber nada de hablar de pobreza. Si vos venís acá o a Lugano, es lo mismo que Jujuy o Tucumán. Entrás a la villa 20 y los delegados tienen todo y la gente se las tiene que rebuscar en la basura. Nosotros queremos tener un centro de salud propio, nuestra propia ambulancia, que recorra barrios y que convoque profesionales que quieran sumarse a nuestra propuesta. Aquí brindamos clases de dibujo, de guitarra, de recreación, de danza árabe, de computación, abiertas a la comunidad. Hay gimnasia dos veces por semana. Están dictadas por profesionales que donan su tiempo. Una maestra viene todos los días a dar apoyo escolar, para reinsertar a los chicos en la escuela. Contamos con la ayuda de un grupo de abogados que nos da asesoramiento en las cuestiones laborales y civiles. En realidad, lo que queremos es que la gente aquí tenga un sueño. Y que pueda cumplirlo", concluye Lidia Hernández.

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2000-2003 Revista Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
Directora Zenda Liendivit

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¿QUÉ NECESITA SOL NACIENTE?

Necesidades diarias:
Pañales, leche, azucar, yerba, fideos, arroz, puré de tomate, aceite, carne, sal.
Productos de limpieza.
Ropa de cama, ropa de abrigo, zapatos o zapatillas, tohallas.
Útiles escolares
Garrafas de gas, accesorios de cocina.

Insumos para hacer pan:
Harina, levadura, aditivo, sal gruesa.

Insumos para pañales:
Adhesivo, broche, elástico, celulosa, cinta frontal, tela filtrante, polietileno.

¿DÓNDE COLABORAR?

La sede central de Sol Naciente está en Agustín de Vedia 2442.
La panadería se halla en Agustín de Vedia 2440.
El hogar para madres solteras con hijos y la guardería están en Agustín de Vedia 2452.
El comedor comunitario se halla ubicado en la Manzana 2 Casa 29 del barrio Illia.
Bajo Flores, Capital Federal


Para mayor información, la página web de Sol Naciente es:
www.solnaciente.org