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Periodismo sin red: esto decíamos ayer

Entre rencorosos, entusiastas
y peligrosos

 

 

 

El auge de los medios virtuales de comunicación no deja de ser una fuente de inquietud para los tradicionales. Inquietud por demás bien fundamentada. Abrir espacios de reflexión sobre la actualidad, opinar e informar de manera independiente es y será una actividad peligrosa. Peligran las hegemonías y los privilegios. Peligra el poder de sugestión y de disciplinamiento. Peligra, en última instancia, una determinada forma de experimentar la realidad, una forma mediada por unos pocos para ser consumida por la mayoría.

 

La proliferación de espacios alternativos no siempre, sin embargo, constituye un ensanchamiento de estas posibilidades. La credibilidad, la confianza y, por ello, el secreto prestigio que adquieren algunas de estas nuevas formas están dados por los mismos y antiguos valores que rigen cualquier otra práctica profesional o vocacional: la solvencia intelectual, la capacidad, el trabajo, el esfuerzo y, sobre todo, el deseo de comunicar algo que, en última instancia, no se reflejará directamente en lo producido sino en sus espacios de vecindad. Deleuze dice que la literatura no es escribir sobre nuestras pesadillas, sueños y deseos. Es dar forma a aquello que pasa entre las cosas. Comunicar no es hablar para usufructuar nuestra capacidad anatómica ni la facilidad tecnológica, no es tampoco jugar a la trasgresión. Comunicar implica buscar el nexo jamás explicitado entre esa realidad que nos ha dado alcance y reclama una forma, y las palabras. El riesgo está en aquel secreto procedimiento, no en éstas. La verdadera amenaza para cualquier organismo instituido son los espacios construidos con esos materiales.

 

De allí tal vez la tendenciosa lectura que realizan los grandes medios con relación a la prensa alternativa: es producto del resentimiento por no estar en donde, obviamente, ellos están; o es el resultado entusiasta de voluntariosos aprendices de periodistas que están buscando un lugar en donde, obviamente, ellos están. Al parecer, entre veteranos rencorosos rechazados del Olimpo y entusiastas inexpertos deseosos de reconocimiento se reparte el periodismo virtual. Y como el rencor no siempre construye y el entusiasmo pasa, esta clasificación genera una gran tranquilidad y a la vez pretende la deslegitimación de cualquiera de sus producciones. Lo que no se tiene en cuenta en esta mirada centrípeta es que el poder de ese periodismo constructor radica en su manifiesto desinterés por ocupar aquellos lugares endiosados a la fuerza. No se construye con el fin de llegar a algún lado sino todo lo contrario: es el proceso de construcción lo que se intenta comunicar. Al margen de los riesgos, o gracias a ellos.

 

 

Nota Editorial Revista Contratiempo Septiembre 2007

 
 
 
 

 

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