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Una ciudad vertical (1924)
Ludwig Hilberseimer

La arquitectura es abolida
HANS SEDLMAYR

El presente texto fue publicado en el libro El arte descentrado, Hans Sedlmayr (Editorial Labor, Barcelona 1959)

La equiparación de arquitectura y geometría, en la que descansa la edificación abstracta, es ahora superada por un nuevo dogma que incluye al primero, pero lo lleva más allá: Todo edificio es una máquina. "La máquina, con su poderoso mecanismo, se convirtió en símbolo y modelo. Una antipatía por la criatura natural…considerada como incomprensible se inició ya en fases anteriores, pero alcanza hoy su más rica expresión" (1). No se admite ninguna distinción de principio entre la construcción de navíos, aviones, vehículos, etc. y la construcción de casas. En lugar de la construcción geométrico-estática aparece la construcción dinámica; en lugar de la geometría elemental, la geometría superior.

Este dogma, netamente expresado o insinuado subrepticiamente, produce, en cuanto se le acepta, una serie de fenómenos enteramente nuevos. En un primer estadio transforma sólo las superficies. A los edificios se les da una forma que imita las de las máquinas o partes de máquina. Lo mismo ocurre con los componentes del edificio, incluso los más ínfimos, una empuñadura o un picaporte. Las formas de navíos, aeroplanos, automóviles se convierten en modélicas, y a ellas se somete el nuevo estilo de la habitación. Es profundamente significativo que los modelos sean artefactos en los que el hombre, nuevo nómada, no puede permanecer, sino tan sólo alojarse temporalmente.

En un segundo periodo, la analogía penetra más hondamente. Pertenece a la esencia de la máquina la movilidad de sus miembros unos respecto a otros, o de la máquina entera en el espacio. Consiguientemente, aparece la idea de la casa rotable, que puede alterar su orientación, y en parte llega a realizarse. [La sala rotativa en la "casa dorada" de Nerón no era tal; sólo giraba –síntoma altamente significativo- su cúpula, que representaba la bóveda celeste (2)]. Aparecen –ya presentidas en América antes de 1890- las utopías de las casas muebles, rebajadas al nivel del buque, el avión y el coche ambulante; síntoma supremamente claro de que el hombre no desea ya un lugar donde pueda permanecer y edificar.

En la casa inamovible se intenta, por lo menos, destacar todo lo movible y maquinal: los pequeños vehículos domésticos que son ascensores y montacargas, los artefactos de la cocina y del cuarto de baño. Los muros, incluso los externos, pueden ser retirados, y puertas y ventanas se manejan automáticamente. El material de la máquina es aplicado con complacencia a objetos que hasta entonces eran de piedra o de madera. Se anuncian casas enteramente metálicas.

En la mayoría de los casos, tales adaptaciones no se justifican racionalmente ni son prácticas; resultan de una visión romántica de la esfera de la máquina. Lo que distingue a las máquinas reales de tales obras de los arquitectos que traicionan la arquitectura para asimilarla a la construcción de máquinas, es que estas últimas no tienen base objetiva, aunque se pretenda precisamente lo contrario. El arquitecto del nuevo tipo se ha convertido en una figura mal definida. Se aproxima al ingeniero, y es "inventor" y reformador de la vida. Considera lo estético del mismo modo como un constructor de automóviles considera el diseño de la carrocería: es para él tan sólo una "superestructura".

El dogma del carácter modélico de la máquina se expresa también claramente en la teorización. Cristaliza, por así decir, en conjunciones de términos como "máquina de habitar" para la casa, "máquina de sentarse" para la silla, etc.

En el momento culminante de esta concepción, que se alcanzó en todo el mundo en la tercera década del siglo (XX), los extremistas proclamaron la abolición de la arquitectura. Según ellos, es dudoso que pueda perdurar siquiera el concepto estricto de arquitectura: "…la arquitectura ha sido lanzada a la corriente general tras desalojarla de la posición aislada que había asumido con la pintura y la escultura… El concepto de arquitectura se ha hecho demasiado estrecho" (Giedion en 1928). Es abolido porque se le concibe como una categoría meramente histórica, destinada a desaparecer en el estadio de desarrollo alcanzado por el espíritu humano, y a perderse en la universal creación de los constructores de máquinas; del mismo modo como la religión ha sido "superada", es una mera categoría histórica que deberá ser absorbida por la Ciencia.

La gran lucha de las máquinas contra las arquitecturas, especialmente las antiguas, es un fenómeno que trasciende cualesquiera necesidades de la paz o de la guerra; significa la indeliberada irrupción del odio profundo que el hombre de las máquinas siente contra lo arquitectónico. Ahora ha empezado este hombre a realizar lo que las teorías de vanguardia, aplaudidas por el público moderno, reclamaron años atrás: "El centro de nuestras viejas ciudades, con sus catedrales y templos, debe ser destruido y reemplazado por rascacielos" (Le Corbusier)

(1) Franz Roh, Nachexpressionismus
(2) Suetonio, Vida de Nerón

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