| contratiempo | La Argentina que quisimos | Año II -N° 4 | 25 de mayo de 2002 |
| LA CUESTIÓN DE LA ÉTICA |
| OFICIOS
INCOMPATIBLES |
| El renunciamiento en Guayaquil de 1822 |
SAN MARTÍN |
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"Al terminar mi vida pública, después de haber consignado en el seno del augusto Congreso del Perú, el mando supremo del Estado, nada ha lisonjeado tanto mi corazón como el escuchar la expresión solemne de la confianza de vuestra soberanía en el nombramiento de Generalísimo de las Tropas de mar y tierra de la nación, que acabo de recibir por medio de una diputación del cuerpo soberano. "Yo he tenido ya la honra de significarla mi profunda gratitud al anunciármelo, y desde luego tuve la satisfacción de aceptar sólo el título, porque él marcaba la aprobación de vuestra soberanía a los cortos servicios que he prestado a este país. Pero, resuelto a no traicionar mis propios sentimientos y los grandes intereses de la Nación, permítame Vuestra Soberanía le manifieste que una penosa y dilatada experiencia me induce a presentir, que la distinguida clase a que Vuestra Soberanía se ha dignado elevarme, lejos de ser útil a la Nación, si la ejerciese, frustraría sus justos designios, alarmando el celo de los que anhelan por una positiva libertad: dividiría la opinión de los pueblos, y disminuiría la confianza que sólo puede inspirar Vuestra Soberanía con la absoluta independencia de sus decisiones. "Mi presencia, Señor, en el Perú con las relaciones del poder que he dejado y con las de la fuerza, es inconsistente con la moral del cuerpo soberano, y con mi opinión propia, porque ninguna prescindencia personal de mi parte, alejaría los tiros de la maledicencia y de la calumnia. "He cumplido, Señor, la promesa sagrada que hice al Perú: he visto reunidos a sus representantes: la fuerza enemiga ya no amenaza la independencia de unos pueblos que quieren ser libres, y que tienen medios para serlo: un ejército numeroso, bajo la dirección de jefes aguerridos, está dispuesto a marchar dentro de pocos días a terminar para siempre la guerra. "Nada me resta sino tributar a Vuestra Soberanía los votos de mi más sincero agradecimiento, y la firme protesta, de que si algún día se viere atacada la libertad de los peruanos, disputaré la gloria de acompañarlos, para defenderla como un ciudadano". José de San Martín / |
| "Presencié la
declaración de la independencia de los estados de Chile
y del Perú: existe en mi poder el estandarte que trajo
Pizarro para esclavizar al imperio de los Incas, y he
dejado de ser hombre público: he aquí recompensados con
usura diez años de revolución y guerra. "Mis promesas para con los pueblos, en que he hecho la guerra, están cumplidas; hacer su independencia y dejar a su voluntad la elección de sus gobiernos. "La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga, es temible a los estados que de nuevo se constituyen: por otra parte, ya estoy aburrido de oír decir que quiero hacerme soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más. "En cuanto a mi conducta pública, mis contemporáneos (como en lo general de las cosas) dividirán sus opiniones, los hijos de ésos darán el verdadero fallo. "¡Peruanos! os dejo establecida la Representación Nacional; si depositáis en ella una entera confianza, cantad el triunfo, sino la anarquía os va a devorar. "Que el acierto presida a vuestros destinos, y que éstos os colmen de felicidad y paz. José de San Martín / "SAN MARTÍN", Revista del Instituto Nacional Sanmartiniano - N° 17 - Setiembre / Octubre 1947 |