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  La preocupante situación de la iglesia de San Ignacio en Buenos Aires
NORBERTO LEVINTON
Arquitecto y Especialista en Historia y Doctorando en Historia de la Arquitectura

La iglesia de San Ignacio de Buenos Aires guarda todavía muchas incógnitas para los investigadores. No se ha encontrado documentación sobre los trabajos realizados en el siglo XVII –salvo los comentarios del Padre Sepp- y tampoco ha quedado totalmente aclarado el proceso constructivo del siglo XVIII. ¿Hasta dónde intervino el hermano Kraus? ¿cómo se dividieron su participación los hermanos Prímoli y Bianchi? ¿qué rol tuvieron los hermanos Wolff y Weger? De cualquier manera en este momento la investigación histórica parecería una cuestión secundaria. En diversas partes de la estructura se han producido varias fisuras. Podría ser la consecuencia de un asentamiento irregular del edificio por infiltración de agua. ¿La atención de los restauradores debería limitarse a la realización de estudios a nivel de las fundaciones? Desde nuestro punto de vista la historia de la arquitectura puede destacar otros aspectos que se deberían tener en cuenta.

En primer término sería importante puntualizar ciertas particularidades del proceso de diseño de la iglesia que no son muy conocidas; justamente por ello podrían aportar aspectos novedosos. En su momento De Paula (1) había explicitado claramente las diferencias que tenía la iglesia de San Ignacio con respecto al Gesú de Roma. Al investigador le llama la atención el remate del presbiterio y la composición del pórtico de acceso con un nártex situado entre dos torres. El Padre Furlong (2) también menciona algo importante al respecto; esto nos obliga a relacionar significativamente ambas investigaciones. Al comentar la existencia de un plano anterior de la iglesia de San Ignacio, dejado de lado por haber sufrido modificaciones, indicaría el camino para un intento por dilucidar el proceso de diseño seguido por los arquitectos responsables de la obra antes de la participación del Hermano Kraus. El plano integraba una colección que había tenido en uso un Coadjutor de la Compañía de Jesús: el Hermano aragonés Antonio Forcada. La mayoría de los planos correspondían a obras realizadas por arquitectos jesuitas españoles o eran planos alternativos de las obras del propio Forcada; las únicas excepciones: el Colegio de Quito y el plano de San Ignacio de Buenos Aires. Esto nos incentiva a analizarlos. Y recordamos un aporte del historiador Chueca Goitía. En su libro "Barroco en hispanoamérica" afirma: "la planta de San Ignacio tiene un parentesco indudable con las iglesias de los jesuitas en Madrid (San Isidro) y Toledo, obras ambas del Hermano Francisco Bautista". De esta manera se abre la posibilidad de que la antigua planta de la iglesia de San Ignacio puede estar relacionado con una obra española. Los elementos arquitectónicos que destaca De Paula tienen perfecta coherencia con los dichos de Chueca Goitía. Las iglesias de San Juan Bautista de Toledo y de San Isidro el Real de Madrid tienen afinidades con la iglesia de San Ignacio de Buenos Aires en el pórtico de entrada y en la presencia cúbica y alargada del presbiterio y las sacristías. Las afinidades se estrecharían mucho más al comparar ese plano anterior de San Ignacio con las plantas de la iglesia de San Isidro -llamada anteriormente del Colegio Imperial- pertenecientes a la colección de Forcada. Éstas respondían a proyectos alternativos de diseño dejados de lado. La planta n°2 presentaría una gran similitud en el diseño de las sacristías y el presbiterio de San Ignacio. También los tramos de las naves laterales y el pórtico de acceso con su nártex parecen haber servido de modelo. ¿Qué nos podría aportar la confirmación de haberse realizado estos procedimientos? Fundamentalmente la posibilidad de contar con un edificio investido de un rango importante de similitud para confrontar la mecánica de las estructuras. Podría ser bastante útil ante la falta de ductibilidad de una estructura de los siglos XVII o XVIII; además, la época ha sido categorizada por Antonio Castro Villalba (3) como "pre-científica". Ninguna estructura de esa época sería proyectada para resistir los embates de las vibraciones producidas por subterráneos, automóviles o colectivos; tampoco para responder ante la rotura de cañerías de agua o gas e infiltraciones de agua de lluvia; menos aún para resistir cercanos movimientos de tierras, demoliciones y excavaciones aportadas por el progreso de la edificación. Podríamos decir que todavía no serían diseñadas en función de sistemas de cálculos específicos sino de la experimentación.

La historia de la arquitectura también podría colaborar en la asociación de la producción de ciertas fisuras con el largo proceso de construcción de la iglesia de San Ignacio. ¿Porqué mencionamos la extensión de este proceso? Las fisuras más importantes estarían ubicadas en un punto neurálgico del proceso de construcción. Furlong, con ciertas dudas, supondría la construcción de la fachada como parte del edificio comenzado a construir en 1675. Más dudas aportarían las deducciones de Buschiazzo (4); nos conduciría directamente a otra hipótesis. Buschiazzo se preguntaría: "¿será acaso la fachada actual esa a que se refiere Sepp contra la cual vino a apoyarse el templo proyectado por Krauss? Carentes de documentación, aparte de la que dimos a conocer en el citado trabajo, nada podemos afirmar fuera de que, sin lugar a dudas, la fachada actual esta desvinculada del edificio que respalda. Las cornisas de las torres (una de estas data de mediados del siglo pasado), no coinciden con la cornisa del templo sobre la calle Alsina; el pórtico con sus 3 bóvedas de arista es algo más estrecho que los 3 arcos que dan al atrio, de modo que también en esto hay falta de concordancia. En suma, puede afirmarse que fachada y cuerpo son de distinta época, pero cuesta creer que se levantase tan monumental imafronte antes de contruir el templo mismo, cuando lo lógico y normal es precisamente lo inverso" (5). Este análisis nos lleva a pensar en la independencia constructiva de la fachada. Furlong se sentía influenciado por el primer memorial del Padre Gárriga de 1710 (6), "se ha de disponer de manera su fábrica que sirva la torre y portada como también la portería", y supone su realización anterior. Pero el segundo memorial del Padre Gárriga daría otra posibilidad: "No se permitirá el que se abran los cimientos para las pilastras de los arcos, ni se haga otra obra alguna en el sitio que hoy sirve de iglesia, hasta que hechas las tres capillas inmediatas a la portada de la iglesia…"(7). El sacerdote jesuita definiría el concepto de portada. Se trata de la pared interior del actual pórtico y no de la fachada. De esta manera podríamos coincidir con Buschiazzo al mencionar la relación de la fachada de la iglesia de San Ignacio con la fachada de la iglesia de Santa Catalina en Córdoba. Desde mi punto de vista, habiendo sido realizada esta última por el hermano Harls, muy posiblemente haya tenido que ver este mismo arquitecto con la obra de la iglesia de Buenos Aires (no hay ninguna documentación al respecto). De cualquier manera más que sustentar esta idea lo que nos interesa señalar sería la potencial debilidad constructiva de la zona más afectada de la iglesia. Allí se sumarían las obras diacrónicas realizadas antes de la intervención de Kraus, los trabajos de este arquitecto, la hipotética participación de Harls e inclusive la intromisión de Senillosa en 1859 con la segunda torre.

En el caso del anillo del cimborio de la cúpula nuestra opinión tendría como punto de referencia la poca ductibilidad del edificio. Podría existir una vinculación entre el acomodamiento de la estructura con la parte más pesada de la misma o sea la posición de la cúpula. Sólo nos permite dudar de esta postura el hecho de que debajo del piso del crucero pasa uno de los túneles relevados por el ingeniero Topelberg en 1915 (8).

De alguna forma los documentos escritos por los jesuitas del siglo XVIII y las propias resoluciones de los hermanos coadjutores, desde 1675 hasta 1734 y quizás después, podrían brindarnos las pautas iniciales para resolver los pasos a dar con la restauración y quitarnos la preocupación que sentimos por San Ignacio.

NOTAS

1) De Paula, Alberto S.J. "La iglesia de San Ignacio en Buenos Aires y la arquitectura jesuítica en la ciudad". En Arquitectura Colonial Argentina. Buenos Aires, Ed. Summa, 1987, págs.22 a 25.
2) Furlong, Guillermo/Buschiazzo, Mario. "Arquitectura religiosa colonial". En Archivum. Tomo I. Bs. As., julio-dic. 1943, págs.450 a 471.
3) Castro Villalba, Antonio "Historia de la construcción arquitectónica". Barcelona, UPC, 1995. Págs.269 a 299.
4) Buschiazzo, Mario. "La construcción del colegio e iglesia de San Ignacio en Buenos Aires". En Estudios. Tomo LIX. Buenos Aires, Acad. Lit. del Plata, enero-junio 1938, págs. 537 a 568.
5) Furlong, Guillermo "Historia del Colegio del Salvador". Tomo I. Buenos Aires, 1946, pág.
6) Padre Antonio Gárriga. 18 de junio de 1710. AGN, Col. Bib. Nac. n°6200.
7) Padre Antonio Gárriga. AGN, Col. Bib. Nac. n°6104.
8) Mayochi, Enrique M./ Poitevin, Nestor E.. "Los antiguos túneles porteños". En Túneles de Buenos Aires. Buenos Aires, Manrique Zago, 1997, pág. 12.

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