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Arquitectura
y Ciudad
La
casa popular
EDUARDO SACRISTEDel Libro
"CASAS Y
TEMPLOS", Eduardo
Sacriste (Universidad de
Buenos Aires, Serie
Ediciones Previas N°13)
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"la choza
es el germen de la casa"
La casa popular es
un producto de síntesis y
decantación, que responde en
cada caso a las particularidades
de un sitio y a determinadas
circunstancias, con una
subordinación absoluta de lo
estético a lo funcional. Como
bien dice G. Pagano, la casa
popular traduce una ausencia de
preocupaciones dogmáticas y su
concepción siempre depende de
una necesidad funcional o
constructiva.
Es en la
arquitectura rural donde
encontramos los ejemplos más
interesantes de la casa popular,
porque en ella se conserva casi
siempre un carácter prístino,
simple, natural, carácter que en
la ciudad es perturbado por las
preocupaciones estilísticas
estimuladas por la arquitectura
profesional. Las casas
rurales constituyen maravillosos
documentos de la historia del
hombre, fundamentalmente por su
absoluta honestidad, no
falsificada por presuntos estilos,
correspondiendo en cada una de
sus particularidades a las
necesidades de la vida sencilla y
laboriosa de la gente de campo.
En Decadencia de
Occidente, Spengler se
refiere a la casa paisana
diciendo: "El hombre
primitivo es un animal errante,
una existencia cuya vigilia anda
a tientas por la vida; es todo
microcosmos, sin patria, sin
valor, provisto de agudísimos y
medrosos sentidos, siempre
pendiente de arrebatar alguna
ventaja a la naturaleza hostil.
Un cambio profundo comienza al
iniciarse la agricultura,
actividad artificial
completamente ajena a los
cazadores y pastores. El que cava
y cultiva la tierra no pretende
saquear la naturaleza sino
cambiarla. Plantar no significa
tomar algo, sino producir algo.
Pero al hacer esto el hombre
mismo se torna planta, es decir
aldeano, arraigando en el suelo
cultivado. Aparece así un nuevo
ligamen de la existencia, una
sensibilidad nueva, la hostil
naturaleza se convierte en amiga.
La tierra es ahora la madre
tierra y como expresión perfecta
de este sentimiento vital, surge
por doquier la figura simbólica
de la casa labradora. La casa
aldeana es el gran símbolo del
sedentarismo. Es una planta.
Empuja sus raíces en el suelo
propio. Es propiedad en el
sentido más sagrado."
Entre una vivienda
de la prehistoria y una casa
actual del campo argentino,
español o ruso, hay una
diferencia enorme, cuya magnitud
puede estimarse a partir de la
evolución técnica, social y
cultural acaecida a lo largo de
los siglos. Sin embargo existe
una identidad básica, sustentada
en la común necesidad que mueve
a esos hombres a construir una
vivienda despreocupados de otras
intenciones que no sean las
funcionales que surgen de su
habitat. Como las viviendas
elementales de nuestros
antepasados del Neolítico, las
formas de la arquitectura rural
popular son fruto de una
necesidad y tienen por objeto
primordial la utilidad. Adecuadas
a las necesidades vitales y
laborales, se las puede
considerar en sí mismas como
herramientas de trabajo.
En su estudio sobre
la arquitectura rural italiana,
Pagano señala la vitalidad
permanente de la casa rural,
exaltando la persistencia de sus
valores fundamentales por encima
de las modificaciones que puedan
provocarle las diferentes
técnicas en el empleo de los
materiales o las variaciones
climáticas o económicas, las
que derivan por otra parte de su
misma condición de producto
arquitectónico vital.
Naturalmente la
arquitectura rural está
inmunizada contra el peligro del
academicismo o del formalismo
vacíos, muchas veces ampulosos,
que pueden observarse a menudo en
las construcciones urbanas
imbuidas de un falso esteticismo.
Mies van der Rohe
habla de la casa popular en un
texto poco conocido pero de gran
valor significativo: "En
su forma más simple la
arqutiectura está enraizada en
consideraciones enteramente
funcionales, que a su vez pueden
elevarse hasta las altas esferas
de la existencia espiritual,
hasta alcanzar la región o el
dominio del más puro arte. La
educación debe conducir desde
una opinión irresponsable a un
verdadero juicio responsable.
Debe conducirnos de lo casual y
arbitrario a una claridad
racional y a un orden
intelectual. Por lo tanto,
conduzcamos a nuestros alumnos
por la ruta de la disciplina de
los materiales, a través de la
función, hacia el trabajo
creativo. Conduzcámoslos al
mundo sano de los métodos
constructivos de la arquitectura
anónima, en la que había una
razón en cada golpe del hacha y
expresión en cada bocado del
cincil. ¿Dónde puede
encontrarse mayor claridad
estructural que en un edificio
antiguo de madera? ¿En qué otra
parte podemos encontrar tal
unidad de material, construcción
y forma?"
"En estos
edificios está almacenada la
sabiduría de toda una
generación -sigue Mies- ¡Qué
sentimientos por el material y
qué poder de expresión hay en
ellos! Lo mismo con los edificios
de piedra: ¡qué sentir natural
expresan! ¡Qué comprensión
clara del material! ¡Con qué
seguridad están ensamblados!
¡Qué sentido tienen de dónde
debe y dónde no debe ser
empleada la piedra! ¿Dónde
podemos encontrar una estructura
más rica? ¿Qué mejores
ejemplos puede haber para los
jóvenes arquitectos? ¿Dónde
pueden aprender mejor el oficio,
que de estos maestros
anónimos?"
DISTINTAS
SOLUCIONES
Una visita a los
más apartados rincones del mundo
nos depararía un variado
panorama de las diferentes
soluciones para los problemas que
plantea la vivienda.
Descubriríamos en ese recorrido
el elevado número de seres
humanos que viven bajo la tierra,
en variadas formas de
supervivencia de costumbres
trogloditas, mientras
observaríamos otros pueblos y
comunidades que pasan sus vidas
sobre el agua.
Hemos visto ejemplos
de habitantes de cavernas en
España, Francia, Italia, Grecia,
Túnez, México y China, pero
sabemos también de su existencia
en otras regiones del globo (...)
También en China,
verdaderas poblaciones habitan en
aldeas acuáticas integradas por
sampanes. En Perú, cerca de
Iquitos, sobre el Amazonas, hay
casas que se afirman sobre
plataformas flotantes. Estas
viviendas tienen dependencias
inesperadas, como pequeñas
balsas-corrales para gallinas y
cerdos que van a la zaga de la
balsa madre. Habitualmente fijas
en su sitio por pértigas que se
hunden ajustadamente en el barro,
las casas también pueden
desplazarse de acuerdo a las
necesidades o las crecientes del
río. Como es de imaginar, el
agua del río sirve en esta
comunidad para todo uso, y la
contaminación inevitable
entraña un constante riesgo para
la población.
Las posibilidades
que ofrece el agua para una vida
regular sobre ella, tienen un
ejemplo significativo en el lago
Titicaca, situado en la frontera
entre Bolivia y Perú. Los indios
uros que habitan en su ribera,
construyen sus casas sobre islas
artificiales. Así como su
alimentación se basa
fundamentalmente en la pesca, su
economía se asienta
fundamentalmente en la totora,
que le brinda el material para
construir sus casas y
embarcaciones. Con ella
construyen además pequeñas
islas artificiales que llegan a
medir entre treinta y cuarenta
metros, a las que cubren de
tierra y siembran. Sobre estas
islas se levantan las chozas
donde habitarán de modo
permanente tres o cuatro
familias.
Por su adaptabilidad
a las características laborales
de sus habitantes, la casa rural
muestra una gran variedad en sus
usos y su distribución. La
ubicación que dentro del
conjunto se asigna a los animales
puede ser un ejemplo de estas
diferencias. En Valencia,
España, existen casas cuya
planta baja está habitada por
peones y operarios, el piso alto
por los patrones labradores y en
el ático el criadero de gusanos
de seda.
Sin duda, muchas
veces la casa es una herramienta
de trabajo.
A veces se usa el
calor animal para calentar el
ambiente en que viven las
personas. En estos casos la
promiscuidad entre hombres y
animales puede llegar a extremos
que son difíciles de creer.
Otras veces la vaca tiene tal
valor para la economía familiar
que el establo ocupa un lugar de
privilegio en la planta de la
vivienda.
En el valle de
Todra, en Marruecos, se
encuentran una serie de aldeas
que se levantan sobre las
barrancas, y en las que los
techos planos de las casas son
utilizados para secar al sol los
frutos de la cosecha. Las
viviendas son de varios pisos: la
planta baja, al nivel del terreno,
está destinada a los animales;
las escaleras de un metro y medio
de ancho, ascienden con suavidad
de rampas, ya que por ellas
deberán subir los burros con los
frutos que luego se extenderán
sobre el techo.
En Bali, Indonesia,
hay un tipo de casa que consiste
en una única habitación de
aproximadamente tres por cuatro
metros, en cuyo centro arde el
fuego del hogar. A cada lado del
fuego hay una cama, y por encima
se encuentra suspendido un
enrejado que se destina al secado
del tabaco que se cultiva en la
zona.
En la revista Thecnique
& Architecture,
francesa, encontramos este
dibujo, lleno de humor, y tan
aclaratorio, de cómo los pueblos
de regiones frías, que tenían
animales domésticos, resolvían
el problema del frío: en esencia
aprovechaban el calor animal
conviviendo con ellos.
MATERIALES Y
TÉCNICAS A LO LARGO DEL MUNDO
Para construir sus
viviendas el hombre recurrió
desde sus comienzos al material
que tenía a sus pies: la tierra,
utilizándola en forma de adobe o
de tapias. Aún actualmente, en
zonas tropicales, la tierra
modelada, mezclada a veces con
paja para darle más
consistencia, se emplea en la
construcción de casas
circulares, como si se tratara de
grandes vasijas: el sol las
calcina hasta que quedan
convertidas en verdaderas piezas
de cerámica. Con el progreso
económico, el adobe secado al
sol es reemplazado por ladrillos
cocidos. Cuando se estudian las
ruinas de ciudades antiguas, la
aparición del ladrillo cocido es
un índice del grado de
evolución económica de esa
ciudad. Según Wooley en Ur, en
tiempos de auge económico se
construía con ladrillos cocidos;
en cambio en épocas de crisis se
lo hacía con adobe. El plano
-mayormente- no cambiaba.
Con el tiempo, el
ladrillo se convirtió en el
material constructivo por
excelencia: la facilidad y
flexibilidad de su empleo le han
otorgado una preponderancia
difícil de desplazar aún en
países altamente
industrializados como los Estados
Unidos y Alemania.
El arquitecto
peruano Fernando Belaúnde Terry
nos revela la curiosa estructura
de los putucos,
construcciones piramidales con
las que los campesinos del
Altiplano, sobre el lago
Titicaca, aprovechan el barro en
función arquitectónica. Carente
de árboles, sin paja para
techar, los habitantes de Puno
recurren a la champa,
especie de adobe natural
recortado en el suelo mismo y
reforzado por las entrelazadas
raíces del ichú, única hierba
de la región. Con extraordinaria
intuición constructiva se
recortan y superponen las champas
hasta alcanzar, desde los
cimientos cuadrados, un vértice
superior. Algunos utensilios de
cerámica y tejidos de colores
avivan la penumbra interior,
confortable en la desolación
ilimitada del paisaje. Podría
decirse que son trullis
de tierra.
En las regiones
pedregosas, donde para cultivar
la tierra es menester limpiarla
previamente de piedras, éstas se
acumulan en montículos cónicos.
En tiempos remotos, el hombre
resolvió construir y ahuecar
montones de piedra semejantes
para usarlas como depósito de
enseres o como refugios. Una
segunda etapa del proceso fue
construir casas con esa técnica,
reemplazando así la paja,
material que pudo haberse
empleado hasta entonces. Se
supone que esta es la historia de
los trulli del sur de
Italia, en la antigua Apulia.
Condiciones
similares se dan en Francia, en
la región del Vaucluse, donde
aparecen viviendas y refugios
construidos con piedras retiradas
de la tierra de labranza. Pero en
este caso el plano de las
construcciones, cuyo origen se
remonta a la civilización
megalítica, es rectangular, y el
techo abovedado a hiladas
avanzadas.
Si nos trasladamos a
otra región, a la planicie
inundable del delta del Eufrates
y el Tigris, comprobaremos que el
único material de que dispone
esa gente son cañas, que
alcanzan hasta seis metros de
altura. Ya hemos visto cómo
estos descendientes de los
antiguos sumerios reproducen
actualmente el tipo de vivienda,
las formas arquitectónicas y el
diseño de la antigua Ur.
Una solución
semejante en lo que hace a los
materiales utilizados es la que
se da en Colombia, en casi toda
ella abunda un tipo especial de
caña llamada guadua,
que llega a tener once metros de
altura, con un diámetro de
viente centímetros en la base.
Las viviendas de
pueblos enteros estan
construídos con este vegetal,
que se secciona a lo largo y se
aplasta hasta obtener una plancha
que resulta apta para construir
paredes y pisos. La misma guadua,
entera, se utiliza para la
estructura de la casa, la que,
por otra parte, puede tener
fachadas de mampostería
superpuesta, para disimular el
material que en verdad sostiene
la casa.
El empleo de
máquinas, sierras y otros
instrumentos, ha modificado el
uso de los materiales,
proporcionando a veces una nueva
dimensión estética a los
resultados de la construcción.
En el sur de Chile se hacen
paredes de mampostería de
madera, con trozos de este
material de un tamaño algo mayor
que un ladrillo, cortados
especialmente. En Lucania, al sur
de Italia, se encuentra en
abundancia una piedra blanca cuya
consistencia blanda permite
aserrarla en trozos que se
emplean como los bloques de
cemento prefabricado.
Podemos aquí
recordar nuevamente el concepto
de Spengler asimilando la casa a
una planta que "empuja
sus raíces en el suelo
propio". Así parece la
vivienda como un fruto que surge
en cada región con las
características que definen a
sus gentes y al paisaje en que se
asienta.
VERSATILIDAD
DE LA CASA
De todo lo que
construye el hombre nada debe ser
tan trascendente, variado y lleno
de altos y bajos, como la casa.
Las casas crecen, se
las roba y traslada; pueden estar
sobre ruedas, sobre o bajo el
mar. Se las encuentra en pleno
trópico como en las regiones
heladas de los polos. Las hay
pequeñas, mínimas, como las hay
enormes. Las encontramos
construidas, sobre la tierra,
bajo ella como cuevas; medio
enterradas, como en la ladera de
la montaña. Las hay sobre
pilotes, muy elevadas, para
seguridad de sus habitantes; las
hay sobre pilotes en el agua. En
una palabra la versatilidad de la
casa es un tema largo y
apasionante.
Se ha dicho que se
las roba: en efecto en la ciudad
de Nueva Orleans, en USA, la
dirección de escuelas había
adquirido un generoso lote, sobre
una ruta no muy transitada. En
tal lote había una casa de dos
pisos y construida toda de
madera. Cuando la empresa
contratista al tomar posesión
del terreno, al ir a instalar sus
oficinas en la casa citada, con
gran sorpresa descubre que de la
casa sólo quedaba el frente: el
resto había sido serruchado y
robado; quedaba el frente,
apuntalado, como si fuera de un
escenario el telón.
Las casas CRECEN;
entre nosotros se construye la
planta baja, se deja hecha la
losa de H°A° y la escalera para
ascender al piso alto, el que se
cubre y habilita cuando se lo
necesita. En USA, en cambio, como
la casa es de madera, para
hacerla crecer, la levantan con
un guinche y, debajo de la misma,
en coincidencia con los muros de
la casa colgada, se construyen
muros de mampostería, sobre los
que, luego apoyará la casa.
A las casas, por
razones X, se las traslada; ya
sea porque se ensancha la calle y
la casa debe alejarse de la
línea municipal, o porque el
dueño se cansó de ella y vende
la casa sin el terreno; o bien
porque son casas prefabricadas y
se las transporta a domicilio;
esto puede hacerse sobre la
cabeza como se ve en Okinawa y en
África. Como los transportadores
no pueden ver el camino, sobre la
casa un guía con un tambor va
dando las órdenes necesarias.
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