NOTA
DE TAPA N° 53 - MAYO 2008
ROSARIO
Cinco hombres, una multitud, un
deseo

De Angeli
vocifera, se enoja, amenaza, increpa, bromea,
“nos pasó lo del yacaré y terminamos convertidos
en carteras”, dice y la gente estalla. Luego
vienen los otros. Gioino parece un pacifista en
comparación a su antecesor. Miguens lee, se
disculpa porque, según él, el rol de militante
irrumpió tarde en su vida, pide “médico” a cada
rato y termina siendo el más moderado. Llambías
eufórico, festeja por la patria, recuerda que
Perón y Evita ya no están y obedece a la
multitud que pide saltos. Buzzi al final, el
otro plato fuerte de la jornada. “¡Qué
fenómeno!”, exclama y otra vez el estallido.
Según él no sabe qué decir tras el discurso de
los otros. Le piden a los gritos “que pegue”, él
pega y termina siendo el más urticante de los
cinco. Abajo, doscientas, trescientas mil
personas, pendientes de esos cinco hombres
devenidos líderes, surgidos de la nada, de un
día para otro, o de un par de meses de insólitos
desencuentros. Hombres que hablan y son
escuchados por una multitud. Por un río que
desborda las barrancas, las calles laterales, la
plaza del Monumento a la Bandera, que parece
buscar el Paraná pero que se detiene, justo
allí, en ese sencillo escenario donde cinco
hombres hablan. Un río humano, festivo,
caudaloso y diverso, muchísimos niños
correteando alrededor de sus mayores, mucho
gorro y sombrero campesino, mucha mirada
jubilosa por ese día soleado con aires de picnic
y de encuentro, con la custodia de las
interminables torres de Rosario que también
saludan. Es gente de campo y se sabe gente de
campo. Tranquila, con el mate, la vianda y la
calidez en la piel, en la mirada, en el
reconocerse unos a otros. En el orgullo de la
pancarta avisando la procedencia, pero en el
orgullo también de la bandera en alto al entonar
el Himno. Es gente de campo y lo sabe. “Los del
interior estamos haciendo lío otra vez,
¿verdad?”, me dice uno al pasar, sonrisa franca,
mejillas arreboladas, gesto amistoso. Es el
campo que irrumpe, abandona el olvido, reclama y
se agita. Pero no es la tapa del diario, el
comentario periodístico, la irritación oficial,
los números de la economía o los cálculos que no
cierran para unos o para otros. Son historias
encarnadas, alejadas del mito feudal y fastuoso,
historias contemporáneas, con los rigores de los
nuevos tiempos, fundidas en la tierra y deudoras
de ella. Historias de trabajo, de sol, de
penurias muchas veces, de creencias, historias
pacíficas que aspiran a seguir viviendo en paz.
Sin violencia pero sin postergaciones. Esperemos
que así sea.
Mayo 2008