Relaciones
indígenas de la Conquista.
Relato de la matanza de los
mexicas en el Templo Mayor por parte de
don Pedro de Alvarado, durante la fiesta
de Tóxcatl, celebrada por los nahuas en
honor de Huitzilopochtli.
Informantes indígenas de Sahagún.
Códice Florentino, libros XII, caps. XIX
, XX y XXI. Publicado en el libro Visión
de los Vencidos. Versión de Ángel Ma.
Garibay K.
Los
españoles atacan a los mexicas
Pues así las cosas,
mientras se está gozando de la fiesta,
ya es el baile, ya es el canto, ya se
enlaza un canto con otro, y los cantos
son como un estruendo de olas, en ese
preciso momento los españoles toman la
determinación de matar gente. Luego
vienen hacia acá, todos vienen en armas
de guerra.
Vienen a cerrar las salidas,
los pasos, las entradas: La Entrada del
Águila, en el palacio menor; la de Acatl
iyacapan (Punta de la Caña), la de
Tezcacoac (Serpiente de espejos). Y luego
que hubieron cerrado en todas ellas se
apostaron: ya nadie pudo salir.
Dispuestas así las cosas,
inmediatamente entran al Patio Sagrado
para matar a la gente. Van a pie, llevan
sus escudos de madera, y algunos los
llevan de metal y sus espadas.
Inmediatamente cercan a los
que bailan, se lanzan al lugar de las
atabales: dieron un tajo al que estaba
tañendo: le cortaron ambos brazos. Luego
lo decapitaron: lejos fue a caer su
cabeza cercenada.
Al momento todos
acuchillaban, alancean a la gente y les
dan tajos, con las espadas los hieren. A
algunos les acometieron por detrás;
inmediatamente cayeron por tierra
dispersas sus entrañas. A otros les
desgarraron la cabeza: les rebanaron la
cabeza, enteramente hecha trizas quedó
su cabeza.
Pero a otros les dieron
tajos en los hombros: hecho grietas,
desgarrados quedaron sus cuerpos. A
aquéllos hieren en los muslos, a éstos
en las pantorrillas, a los de más allá
en pleno abdomen. Todas las entrañas
cayeron por tierra. Y había algunos que
aún en vano corrían: iban arrastrando
los intestinos y parecían enredarse los
pies en ellos. Anhelosos de ponerse en
salvo, no hallaban a donde.
Pues algunos intentaban
salir: allí en la entrada los herían,
los apuñalaban. Otros escalaban los
muros; pero no pudieron salvarse. Otros
se metieron en la casa común: allí sí
se pusieron en salvo. Otros se
entremetieron entre los muertos, se
fingieron muertos para escapar.
Aparentando ser muertos, se salvaron.
Pero si entonces alguno se ponía en pie,
lo veían y lo acuchillaban.
La sangre de los guerreros
cual si fuera agua corría: como el agua
que se ha encharcado, y el hedor de la
sangre se alzaba al aire, y de las
entrañas que parecían arrastrarse.
Y los españoles andaban por
doquiera en busca de las casas de la
comunidad: por doquiera lanzaban
estocadas, buscaban cosas: por si alguno
estaba oculto allí; por doquiera
anduvieron, todo lo escudriñaron. En las
casas comunales por todas partes
rebuscaron.
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