LITERATURA Y POLÍTICA


Raúl González Tuñón:

la poesía en armas

 

GUSTAVO PROVITINA

 


 

Se llama brigadas de choque a las vanguardias lúcidas de los obreros especializados./En la URSS, nombre caro a nuestro espíritu./ Formemos nosotros, cerca ya del alba motinera,/ las Brigadas de Choque de la Poesía./Demos a la dialéctica materialista el vuelo lírico de nuestra fantasía./¡Especialicémonos en el Romanticismo de la Revolución!

 

 El autor de esos versos  debió pagar con varios días de arresto los afanes revolucionarios de su indomable retórica. Raúl González Tuñón, a él nos referimos,  publicó este poema en 1933 en la revista Contra, durante el esplendor de la tristemente célebre Década Infame. La Argentina era -orgullosamente para la visión política de los funcionarios conservadores- “una perla más de la corona británica”.  El fraude patriótico, la represión a obreros, estudiantes, letrados y militantes opositores eran rutinas que se venían perfeccionando desde la caída de Hipólito Yrigoyen.  El 6 de Septiembre de 1930, como es sabido, quedó oficialmente inaugurado el golpismo cívico-militar en la Argentina. La violenta interrupción de la voluntad democrática de las mayorías auspiciada por las fuerzas del imperialismo económico -británico primero y norteamericano después-  se volvería, con el correr de los años,  un procedimiento frecuente para endeudar al país y condenarlo a la miseria, torturando, asesinando y desapareciendo a cientos de personas.

La “Sección Especial” comandada por Leopoldo Lugones (h) había estrenado, parafraseando a su padre: la hora de la picana.  Levantar la voz contra los avatares de la política retardataria y represiva, signo inequívoco de la administración del General Justo, que hundía al país en un sórdido destino colonial era, en cualquier caso, una acción suicida. Al  repertorio de suplicios y fusilamientos que la dictadura ejercía con la impunidad del terrorismo de Estado, había que agregar la persecución y encarcelamiento de dirigentes políticos e intelectuales que hacían oír abiertamente sus objeciones al régimen.

Raúl González Tuñón conoció la reclusión forzada en la misma época en que otro intelectual comprometido, Arturo Jauretche, escribía su poema El paso de los libres luego del frustrado intento de rebelión radical encabezado por Roberto Bosh en Corrientes.  Jauretche -que ya había estado preso por defender el gobierno legítimo y democrático de Hipólito Yrigoyen- laboró entre rejas unos versos gauchescos de corte épico, prologados luego por Jorge Luis Borges. Ese era el humor político y social que imperaba en la época en que el autor de Juancito Caminador escribió su poema Las brigadas de choque.  Las consecuencias  -previsibles por cierto- fueron los días en  prisión que pasó en el subsuelo de Tribunales,  acusado de instigar a la rebelión;  y la lectura que el dirigente conservador Videla Dorna, hiciera  del poema en la Cámara de Diputados para consternación de los presentes.  El texto era un extenso y efusivo grito libertario arrojado “contra el rostro de la burguesía”. La lectura de las consignas rebeldes que esgrimía González Tuñón, ubicadas en el contexto de su tiempo, rebelan una acrimonia como las que imaginamos tronarían en las barricadas de los insurgentes.  El poeta, en sus años maduros, haría una crítica al tono general de esos versos pero los reivindicaría como documento literario, ardoroso testimonio de “uno de los peores momentos de la historia argentina. (1)

El antecedente de Las Brigadas de Choque, fue un poema nacido bajo el fragor de la guerra entre Paraguay  y Bolivia que Natalio Botana lo envió a cubrir en 1932 para el diario Crítica. Durante el mes que permaneció analizando los avatares de la contienda bélica, el poeta alternó sus funciones como corresponsal de guerra para testimoniar en versos el paisaje humano que se debatía en las refriegas. Así, entre el zumbido de las balas y el fragor de la palabra, González Tuñón escribe en la Isla Poi, en 1932, el poema La pequeña brigada.  El carácter de esos versos -publicados en el libro Todos bailan- , más cercanos a la crónica descarnada que a la inspiración lírica, empiezan casi con un redoble de tambor: La pequeña brigada avanza./ ¿Hemos oído la guerra, hermanos?/ ¿Hemos visto la guerra, hermanos? (...) Somos la pequeña brigada. Somos el sueño, la sed, el hambre.... Y culminan con la enlutada contundencia de un aguafuerte de Goya: Como cadáveres afilados,/ lívidos, de dos en dos,/vamos caminando sin Dios/con los cráneos agujereados.  El gatillo de la poesía de Tuñón detonaría estruendosamente un año más tarde, tanto coraje le valdrían los insalubres servicios de la Sección Especial.  Los destinatarios de Las brigadas de choque eran los agentes de la alianza clerical-fascista denunciados hasta el hartazgo, principalmente,  en Las puertas del fuego y en Los 8 documentos de hoy escritos al promediar la Década Infame.  Soy la desnuda libertad, dirá González Tuñón en la Canción de un revolucionario chino. Pero esa libertad desnuda chocaba contra los cortafuegos de un sistema represivo que sindicaba al anarquismo y al comunismo como los enemigos mortales de un proyecto político de estirpe netamente aristocrático favorable a los intereses económicos foráneos. Somos ya la brigada de choque del pensamiento antifascista...dirá en febrero de 1936, participando en un banquete de la AIAPE (Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores).   La preocupación de Tuñón frente al avance del fascismo en la Argentina estaba respaldada por hechos concretos, como la vergonzosa propaganda nazi, es decir antisemita, que había iniciado el diario La Razón (empezando por el saludo para la comunidad alemana radicada en la Argentina del entonces canciller del Reich, Adolf Hitler, publicado el 4 de abril de 1933).  Este dato no debería pasar inadvertido. Desde el 7 de abril de 1931  funcionaba en Buenos Aires el Departamento de Ultramar de la Dirección Nacional del Partido Nazi que llegó a contar con más de dos mil adherentes hacia 1936. Estos antecedentes sumados a la política represiva de signo imperialista desarrollada por el gobierno de Justo y sus aliados, no podía menos que alarmar  al autor de El violín del diablo que, por otra parte, trabajaba para Crítica que era un diario declaradamente antinazi.

El poeta, tal como hemos visto, lanzará justificadamente sus balas contra un régimen reaccionario que desbordaba el marco de la clase dirigente para expandirse hacia las universidades/ la prensa paquidermo/la radiotelefonía, la academia,/el teatro y el deporte burgueses... González Tuñón apuntará contra la Legión Cívica y el Klan radical. Tan certera será la puntería de su lenguaje que en 1935, mientas se encontraba en España, recibió la noticia de que había sido condenado a dos años de prisión. El motivo era el malestar provocado por su poema Las brigadas de choque. La sentencia quedó sin efecto tras la protesta solidaria de intelectuales de Argentina, España, Francia y América Latina.

 

 

La copla al servicio de la Revolución

 

Raúl González Tuñón cumplirá una activa participación en los parapetos de las Brigadas Internacionales que combatieron al fascismo de Franco y no escatimará esfuerzos en la circulación incesante de la palabra agujereada por la pólvora. Su amigo Pablo Neruda lo menciona en la Tercera Residencia como uno de los asiduos concurrentes a la Casa de la Flores en el distrito de Chamberí, edificio que habitaba el poeta chileno cuando cumplía funciones diplomáticas en Madrid. Esa edificación fue bombardeada durante la Guerra Civil española pero, por fortuna, Neruda estaba de viaje y logró sobrevivir al cañoneo. Raúl González Tuñón aparece entre los poetas que el autor de Residencia en la tierra menciona en Explico algunas cosas, poema en el que cada verso ha sido trazado como un ladrillo destinado a reconstruir la fisonomía de ese íntimo parnaso madrileño: Mi casa era llamada la casa de las flores,/ porque por todas partes estallaban geranios /era una bella casa con perros y chiquillos,/ Raúl, te acuerdas?/ Te acuerdas, Rafael?/ Federico, te acuerdas, debajo de la tierra,/ te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogada flores en tu boca?

Aunque para algunos pueda resultar ociosa la aclaración, nos parece conveniente nombrar a esa terna de poetas comprometidos con los ideales de su tiempo que oficiaban sus encuentros en la Casa de las Flores: Rafael Alberti, Raúl González Tuñón y Federico García Lorca.  Se ha escrito mucho sobre la intervención que los intelectuales cumplieron en la resistencia junto a los republicanos, pagando con su vida en el caso de García Lorca y de Miguel Hernández, o con el exilio Machado, Gómez de la Serna, Margarita Xirgu, Rafael Alberti, María Teresa León...Hay abundantes registros de ese corte visceral en la historia de España que nace con el advenimiento de los falangistas en 1933, y su alianza formal y decidida con el fascismo alemán e italiano. La indiferencia política -otros dirán la neutralidad-  hubiera sido un gesto poco menos que desalmado en el contexto de esa consolidación del totalitarismo en su dimensión más despiadada que ratifica el brutal ascenso de Franco.

Raúl González Tuñón lo enunciará de un modo categórico: Si escribo sobre España es porque es España LO QUE MÁS ME IMPRESIONA EN MI TIEMPO y la historia nos enseña que muy contados escritores y artistas escaparon en determinado momento de sus vidas a lo que más les impresionó en su tiempo (2)...Respetamos la grafía original del texto, porque esas mayúsculas profieren el gran mandato del poeta para los artistas, periodistas y pensadores: expresar la viva voz de su tiempo. Cualquier subterfugio orientado a escapar de esa consigna redundará en un fehaciente escamoteo al compromiso social del artista cuya obra deberá brindar un testimonio elocuente de la realidad. Somos militantes sin renunciar a ser artistas, dirá en uno de los debates en AIAPE el 27 de Septiembre de 1936, fijando las dos lealtades que un creador debe respetar: su época y su arte.

Volviendo a la amistad de Raúl González Tuñón con Pablo Neruda,  quien lo definió como un “poeta militante”, es conveniente recordar que se originó en Buenos Aires en 1933. Hay un hilarante registro fotográfico que testimonia la camaradería que reinaba entre ambos. La fotografía incluye a Federico García Lorca, Jorge Larco y Amado Villar. Todos están vestidos de marineros y posan con actitud despreocupada y cordial, con la fresca insolencia de la juventud. 

Buenos Aires fue uno de los tantos puertos a los que arribó Neruda en pleno ejercicio de sus funciones diplomáticas. Su llegada coincidió con la visita de García Lorca, promocionando nada menos que Bodas de sangre.  España estaba entrando en su hora más amarga y la Argentina vivía el apogeo de la Década Infame. La derecha hacía oír su voz de mando proclamando la vida de la muerte al decir de González Tuñón, feroz impulso que no ahorró tormentos al momento de atacar las bases morales, sociales, culturales de signo ideológico contrarios al despótico despliegue del totalitarismo. La metodología empleada por las dictaduras para abolir todo sistema crítico de pensamiento es harto conocida: la persecución, la cárcel, el secuestro,  la tortura seguida de muerte. La hegemonía del poder en manos de las tiranías aceitó, en todos los casos, una maquinaria de abolición destinada a eliminar las discrepancias, como ya vimos en el apartado anterior. Tuñón vivió en carne propia la humillación perpetrada por la maquinaria del terror y,  acaso por esa razón fue, como bien lo reconociera Pablo Neruda: el primero que blindó la rosa.

La amistad entre estos poetas fue robustecida por el solidario fervor de la militancia. Ambos se pronunciaron vigorosamente en el I Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura que se organizó en Paris entre el 21 y el 25 de junio de 1935. Ambos compartieron la indignación frente a la violenta represión ejercida contra los mineros asturianos en octubre de 1934. Este episodio de la historia española ejercería un profundo efecto en la sensibilidad de ambos poetas. La coerción había sido ordenada por el General Francisco Franco desde el Ministerio de Guerra. La Legión Extranjera acató el mandato sin reservas con el trágico saldo de más de mil obreros muertos y trescientos  heridos. Raúl González Tuñón testimonió ese introito sangriento del “franquismo” en dos poemas publicados en La Rosa Blindada a saber: La libertaria  y El tren blindado de Mieres.  La elocuencia de los versos del creador del  Himno de pólvora había empezado a circular por tierras de España, mereciendo el elogio de Rafael Alberti y de Miguel Hernández, entre otros. Leídas hoy, a casi ochenta años de su publicación, esas obras conservan intactas la facundia de su persuasión. 

La libertaria expone el compromiso del poeta con los mineros liquidados declarando el compadrazgo de los sacerdotes con los militares.  Cuando desfilan las guardias de asalto,/ cuando el obispo revista la tropas,/ cuando el verdugo tortura al minero... (3).

La eficacia retórica contenida en cada línea fue, acaso, el factor que suscitó la esmerada distribución de El tren blindado de Mieres que hicieron los militantes de la izquierda madrileña al cumplirse el primer aniversario de la rebelión de los mineros de Asturias. En septiembre de 1935,  León Felipe organizó un acto solidario en el Ateneo de Madrid, conmemorando la tragedia de los obreros asturianos y en ese marco Raúl González Tuñón es invitado a leer una selección de poemas alusivos. Su amigo Pablo Neruda se encontraba entre la concurrencia y en ese contexto, poniendo de relieve su antifascismo desbordante, el autor de Juancito Caminador  le sugirió volcar toda la fibra de esos sentimientos en su poesía.  La voz del poeta, como vemos,  empezaba a romper los moldes de la escritura para influir decididamente en algunos espíritus igualmente rebeldes como el de Miguel Hernández, por ejemplo, quien le dedicara el portentoso soneto que abre La Rosa Blindada. Las discusiones entre Pablo Neruda y González Tuñón en la Cervecería de Correos produjeron, evidentemente,  una profunda gravitación sobre el poeta de Orihuela.  Probablemente la mella de esa candente elocuencia haya inspirado a Hernández Los hijos de la piedra (Drama del monte y sus jornaleros) cuyo tema es la insurrección de un grupo de mineros. Neruda, por su parte, también adoptará el acre tono revolucionario que hierve en las páginas de la Tercera Residencia una vez declarada la Guerra Civil española con el consecuente asesinato de Federico García Lorca y la agresión a la Casa de las Flores.  Ese viraje -como el poeta chileno advirtiera poco después- ya empezaba a asomar su boca en Las furias y las penas (1934), un poema escrito apartando las sílabas del miedo y la ternura, interminablemente exterminados y en las páginas de la revista literaria Caballo verde que fundara con Manuel Altolaguirre y Concha Méndez. Sin embargo, la situación de Neruda iba a cambiar drásticamente al ser relevado de su función de cónsul en Madrid en respuesta a su activa defensa de la República. Finalmente y al cabo de un penoso deambular por tierra española, fijará su residencia en París y allí fundará junto a César Vallejo el Grupo Hispanoamericano de Ayuda a España, será, también,  uno de los coordinadores del II Congreso de Intelectuales en Defensa de la Cultura (en colaboración con Delia del Carril, Amparo Mom y Raúl González Tuñón)  y  editor responsable junto a Nancy Cunard de la revista Los poetas del mundo defienden al pueblo español

 

 

 

Las puertas del  fuego

 

En 1936 González Tuñón regresa a Buenos Aires y publica dos textos de lectura imprescindible para analizar la sensible consubstanciación del poeta con la tragedia del pueblo español: La rosa blindada y 8 documentos de hoy. Unos pocos meses más tarde, en 1937, retorna a Madrid junto a Cayetano Córdoba Iturburu, prestando servicios como corresponsal para El Diario. Cubrirá el II Congreso de Intelectuales desarrollado en Valencia, Madrid y Barcelona entre el 4 y el 11 de julio de 1937. La nómina de los escritores que se pronunciaron en ese foro es muy extensa, basten estos pocos nombres para tomar conciencia de la verdadera magnitud del conclave: Alexis Tosltoi, Bertolt Brecht, Louis Aragon, Heinrich Mann, André Malraux, Tristan Tzara, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, Vicente Huidobro, César Vallejo, Octavio Paz, Carlos Pellicer...Recordemos que González Tuñón iba en representación del Partido Comunista Argentino, del Comité Directivo de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y de la AIAPE (Agrupación de Intelectuales, Artistas, Periodistas y Escritores). Las intervenciones del poeta tanto en la Sala Consistorial del Ayuntamiento de Valencia como durante la clausura celebrada en París,  centraron su análisis en la función del escritor frente a los avatares de su tiempo: Creo que la pluma de un escritor digno de tal nombre no debe ser servil. Pero como hoy, más que en la tinta, es en la sangre donde el escritor moja su pluma, si esa pluma no está al servicio de España, contra el fascismo y por la defensa de la cultura (sin que esto quiera decir que deba hacerse simple propaganda a base de panfleto o afiche), si esa pluma no se parece más que nunca a un arma, es preferible dejar que se oxide. Preferiría ver alguna pluma magistral oxidada y no deshonrada (4).  Este valor moral será refrendado por González Tuñón hasta el día de su muerte. El final del Congreso marcó el retorno de Pablo Neruda a Chile acompañado por Delia del Carril, Amparo Mom y Raúl González Tuñón. Nace la Alianza de Intelectuales de Chile en Defensa de la Cultura.  Las remembranzas de esas horas vividas quedarán expresadas en El último poema a Neruda escrito en febrero de 1948:  ¿Pablo, te acuerdas? El 35, era en Madrid y fue entre todas las amistades, la nuestra,/ la más profunda, la más bella, con Delia, con Amparo, con tantas ausencias hoy repartidas (...) Y era Madrid, el 37, con Delia, Amparo y con tantas voces extinguidas más no olvidadas.. (5). Esos versos refieren las cepas de una sociedad muy fértil.  González Tuñón empieza a escribir La muerte en Madrid  y a madurar un libro de crónicas publicado en 1939: Las puertas del fuego (Documentos de la Guerra en España). La amistad con Neruda se irá cimentando y fruto de esa camaradería nacerá la colaboración en el diario El siglo. Dos pérdidas irreparables lo cubrirán de luto en un lapso de tres años: la muerte de su compañera, Amparo Mom, en 1940 y la de su hermano Enrique,  en 1943. Ese año su corazón fue sacudido por un infarto. Un médico joven lo ausculta a tiempo y logra salvarle la vida.  El nombre del eficiente clínico es Salvador Allende. El capítulo más vibrante de su vida tocaba ya su fin.  Pablo Neruda será propuesto Secretario en la Embajada de Chile en México. Raúl González Tuñón volverá a la Argentina luego de terminar uno de sus libros más enjundiosos: Himno de pólvora. Traía el corazón blindado de ausencias. Solamente Juancito Caminador salió a esperarlo.

 

NOTAS:

1) Revista La rosa blindada  Año 1 Nº 4

2) González Tuñón, Raúl  La muerte en Madrid, Las puertas del fuego, 8 documentos de hoy   Buenos Aires, Beatriz Viterbo Editora, 2011.

3) González Tuñón, Raúl  Selección de poesía 1926-1948 Buenos Aires, Edición del Autor, 1948.

4) González Tuñón, Raúl op.cit.

5) González Tuñón, Raúl op.cit.

 

 

 

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GUSTAVO PROVITINA

Licenciado en Realización en Cine, Video y TV por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. Docente universitario en el IUNA (Audiovisuales); en la Facultad de Bellas Artes y en el Colegio Nacional “Rafael Hernández” de La Plata. Fue docente de cine en numerosas instituciones, entre ellas el Colegio de Psicólogos de La Plata y como coordinador del área de cine de la Cátedra Libre de Pensamiento Vasco (dependiente de la UNLP). Se graduó con el film El Sur de Homero, ensayo audiovisual centrado en el universo político y poético de Manzi. La película fue proyectada en la sección Noches especiales de  la Fesaalp.  Es autor de La palabra prendida (Conversaciones con Horacio Ferrer), de las obras teatrales Shakespeare, la sombra en el laberinto, Noche en Estocolmo, Sitiados y del libro de cuentos Variaciones del Tártaro. Desde 1999 se desempeña como conductor del programa Los misteriosos espejos que emite LR11 Radio Universidad Nacional de La Plata. Colaboró en varias revistas culturales. Actualmente está dirigiendo  una película de ficción, La sombra en la ventana, sobre la trata de personas.

 
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