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PROGRAMAS DE ASISTENCIA
SOCIAL |
PARADOR
RETIRO Y BUENOS AIRES
PRESENTE
Los
que viven en la calle
Según el
último censo efectuado
por Desarrollo Social a
fines del 2002, hay 1124
adultos y de
acuerdo a otras fuentes-
alrededor de 3000 niños
viviendo en las calles. A
esta cifra habría que
sumarle los cartoneros
que, aunque tengan sus
casas en la provincia,
pernoctan en los espacios
públicos de la capital
durante los días de
semana. Esta es la
población que deambula
día y noche por Buenos
Aires, es la gente que
escapa a la localización
numerada de la
arquitectura construida y
que, al fundir cuerpo y
hábitat en sí misma,
revierte el orden
habitacional de la
ciudad. La hace entrar en
crisis.
BUENOS AIRES PRESENTE
(BAP) y el PARADOR
RETIRO son programas
que dependen de la
Secretaría de Desarrollo
Social del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires y
que tienen como objetivo
la asistencia al sin
techo. Lejos de las
medidas coercitivas o de
ocultamiento, el BAP
recurre a diversas
estrategias de acción
para su revinculación
con la sociedad. Una de
ellas es el trabajo en la
calle. El Parador Retiro
es un gigantesco espacio
que funciona como
dormitorio nocturno y que
constituye una
alternativa a los
hogares, pero sin las
exigencias de éstos.
Ambos apuntan
principalmente a aquella
población más
resistente a abandonar la
calle. A los crónicos,
como los denominan los
especialistas.

Qué es
el BAP
El BAP es un sistema de
atención de emergencias
sociales, que depende de
la Secretaría de
Desarrollo Social, muy
parecido al SAME pero que
atiende emergencias
sociales, no médicas
empieza diciendo Patricia
Malenca,
coordinadora del
programa-. Nuestros
equipos están integrados
por trabajadores
sociales, psicólogos,
psicólogos sociales y
operadores de calle, con
formación en recurso
social. Trabajamos a
través de una línea
telefónica, 0800
gratuita. Allí se
reciben las demandas de
los vecinos sobre
personas en situaciones
en riesgo o
vulnerabilidad social.
Los equipos se desplazan
en camionetas con techos
rojos y una manito
amarilla como distintivo.
Hacen diagnósticos en el
mismo lugar. La idea es
una atención
descentralizada y
desplazada al campo donde
se desarrolla la
emergencia. No tenemos la
misma velocidad del SAME,
que está en 7 minutos,
porque los tiempos de una
intervención social son
diferentes. Funcionamos
las 24 hs. y todos los
días, con 8 camionetas,
4 choferes por turno. El
tema recurrente del BAP
es el sin techo, además
de otras emergencias,
como incendios en villas,
inundaciones, desalojos.
Estrictamente, más
acotado a las personas
solas en situación de
calle, porque para el
tema de los chicos hay
otro servicio, que no es
el nuestro, nosotros
podemos recepcionar
llamadas pero luego
hacemos la derivación.
Plaza
Miserere, domingo a la
tarde. Una mujer, sentada
en el borde de un
cantero, pelea con el
envoltorio de una
golosina, gesticula,
insulta en soledad. A
unos pocos metros, otro
linyera que apenas logra
mantener el equilibrio
bebe del surtidor. La
mitad de su cuerpo se
halla paralizada. Más
allá, algunos duermen
atravesados en algún
recoveco de la plaza;
otros sólo miran; pocos
conversan. La mayoría
está sola. En el borde
que da a la calle La
Rioja algunos cartoneros
preparan sus carros para
su recorrida nocturna.
Son los que no volvieron
a sus casas en la
provincia. Cartoneros,
linyeras y deambulantes:
es la población estable
de la plaza, y se nota.
Ellos se sienten en su
casa.
Plaza Miserere es uno de
los tantos centros de la
capital donde se
concentran los sin techo.
El cordón céntrico,
Balvanera, Congreso,
Montserrat,
Constitución, Recoleta,
San Telmo, San Nicolás
son los otros. Aunque la
mayoría se muestra
reacia a cualquier
contacto, se instala
precisamente donde hay
mayor tránsito de gente,
donde hay posibilidad de
ayuda. Malenca afirma
que, por ejemplo, en
Villa Devoto o Villa del
Parque no hay sin techo
porque son zonas de casas
bajas.

Trabajar
en la calle
Hay gente muy resistente
a ir a los hogares prosigue
Malenca-. Hay
gente que está en
tratamiento psicológico
desde hace años, esto
implica una visita
nuestra una vez por
semana o cada quince
días a la calle, donde
hacemos un
acompañamiento
terapeútico: los
acompañamos a hacerse el
DNI, al hospital, sin
abandonar su hábitat. Es
un proceso de reinserción
diferente con aquellos
que no quieren
alojamiento. Tratamos de
revincularlos con las
instituciones en la
calle, respetando su
voluntad. Esto lo hacemos
con ciertas
restricciones, por
ejemplo, no pueden armar
viviendas precarias en la
vía pública, no se
puede destruir el espacio
público. Porque la
ranchada sí constituye
una contravención, no en
cambio dormir en una
plaza. No tenemos poder
de policía, el BAP es
una instancia totalmente
asistencial. No tenemos
facultad para desarmar lo
que ellos construyen en
el momento, pero sí los
podemos ir induciendo, de
a poco.
Tarde
radiante en Bs.As. Una
incipiente cola se va
formando de manera
espontánea frente al
Parador Retiro. Serán 6
o 7 hombres. Algunos
conversan, otros miran el
vacío. Uno clava la
vista imperturbable en
nuestra cámara de fotos.
Saben que la espera será
larga y fría por lo que
se acomodan bajo los
últimos rayos del sol
que golpean el edificio.
El Parador Retiro fue
inaugurado el 11 de junio
de 2003 en un edificio
cedido por la
Administración Nacional
de Puertos al Gobierno de
la Ciudad; desde entonces
funciona como un
dormitorio gigante y sin
tabiques, una zona de
paso para la población
que resiste en las
calles. Un tiempo de
espera, muy cerca de la
villa 31, muy cerca del
río, de la estación y
de los hoteles y
edificios 5 estrellas de
Buenos Aires.
Antecedentes
del Parador Retiro
Dado que nos fuimos
encontrando, en los
sucesivos relevamientos,
con una población cada
vez más hostil -continúa
Malenca-, menos
permeable a acceder a los
recursos que se les
ofrecía (por ejemplo,
los hogares), tuvimos que
plantear diferentes
estrategias de trabajo
como para ir
acomodándonos a la
demanda. Porque en
realidad, son los vecinos
los que demandan por los
que están en la calle.
Ellos en sí no llaman,
por lo cual la
intervención se
complica. En invierno,
por ejemplo, tuvimos que
aplicar medidas de
emergencia, como crear
dispositivos de atención
inmediata, como ocurrió
en el 2001. Ese año se
abrió un parador durante
tres meses. Era un
espacio transitorio para
los días de frío. La
experiencia fue
satisfactoria,
enriquecedora, porque
trabajamos con la
población más
vulnerable. Como
respuesta a esta
experiencia piloto se
empezó a trabajar sobre
esta estructura, que es
una donación de la
Administración de
Aduanas y Puertos. Este
sitio es subsidiario del
BAP. Pero la idea es que
no se convierta en un
hogar, que mantenga el
espíritu de parador. La
diferencia del parador
con los hogares es que en
estos hay condiciones de
permanencia un poco más
rígidas, para las
cuales, la gente que
tiene más tiempo de
permanencia en la calle
no es permeable, se
muestra más resistente.
Entre los sin techo hay
un 70% de alcohólicos,
hay muchos casos
psiquiátricos, con
enfermedades
dermatológicas severas,
y que además no acceden
a los recursos
institucionales por
propia voluntad: no van a
hospitales, no van a
bañarse, son los
crónicos. Lo que se le
ofrece no es la
alternativa de hogar.
Parador significa que
para un día, si mañana
quiere volver, vuelve, de
lo contrario, no pasa
nada. La única
restricción de ingreso
es que no tenga un
estado de alcoholismo
severo, que no sea
violento y que haya lugar.
A la persona no se le
garantiza que al otro
día va a tener el
recurso, de la misma
manera que tampoco se lo
compromete a venir. En
los hogares tiene que
tener una concurrencia
diaria, si no cumple con
esto, pierde su vacante y
no puede reingresar
durante un año. Acá es
más permeable, se
flexibilizan las
condiciones de ingreso
para poder trabajar con
esta población que
resiste. Es el primer
parador de la capital, se
está haciendo otro en
Parque Patricios, de
menor cupo, y otro para
mujeres en la zona de
Barracas. Pero no es
usual que se llene, va
creciendo día a día.
Hay gente que vuelve, es
una población
medianamente estable.

200 camas
dominan el centro del
enorme tinglado. Todas
iguales, de caños azules
y borlas plateadas. A un
costado, la zona
destinada al comedor se
organiza en varias mesas
comunitarias. Sobre la
pared que da a la Av.
Gendarmería Argentina
está el sector sanitario
y administrativo del
lugar. Un cartel indica
que allí, en esa
oficina, pueden
solicitarse los juegos de
mesa. Sobre las cuatro
paredes se observan
grandes sistemas de
calefacción. La imagen
en conjunto, sin embargo,
no deja de ser
sobrecogedora por su
frialdad.
La vida
en el Parador
La idea de
este parador fue tratar
de tomar todos aquellos
casos que no van a
hogares, los casos
crónicos- nos cuenta Mónica
Martínez
coordinadora del Parador
Retiro-. Aunque acá nos
encontramos con que no
hay tantos crónicos, 50%
de cronicidad, y otros
50% que están para
ingresar a hogares. De
hecho el Programa para
las personas sin techo,
de la Secretaría de
Desarrollo Social, ha
tomado este lugar como
una puerta de ingreso a
los hogares. Para ello,
tratamos de trabajar con
aquel que viene todos los
días: esa persona está
pidiendo algo.
Aquí te encontrás con
todas las situaciones:
gente que salió recién
de la cárcel, gente que
tiene condenas
pendientes, gente
anciana. Para ingresar,
se hace una entrevista de
admisión, pero todos los
días va cambiando la
población. Ese es el
problema, no podemos
tener un seguimiento de
todos, sí de aquél que
se torna estable. A cada
uno se le entrega a
diario una toalla y
jabón. No hay ropa de
cama, sólo colchón y
una frazada. Vienen con
todo tipo de enfermedades
y no contamos con
equipamiento
hospitalario, sólo
trabajamos con la salita
de primeros auxilios que
está al lado. Los
enviamos allí para que
los deriven a los
hospitales. Aquí
trabajan en forma
conjunta un asistente
social y un psicólogo
por turno, y somos dos
coordinadoras. Y se torna
difícil. La población
tampoco es la misma que
hay en los hogares, es
mucho más violenta,
porque en los hogares se
tienen que acomodar a los
límites. Este sistema es
mucho más flexible.
Ahora se está poniendo
la limitación de
prohibir el acceso a los
que están muy
alcoholizados.
Igualmente, si sabemos
que es un alcohólico que
viene tranquilo, que no
va a hacer problemas,
pasa. Pero aquel que ya
ha generado hechos de
violencia
Durante
la noche tenemos un
enfermero que se queda, y
también hay un
encargado, que es
personal estable.
La población es muy
demandante, piden hablar
con la sicóloga social o
que los acompañen a
hacer trámites, como los
documentos. Suele haber
peleas entre ellos, y
cuando se los invita a
irse, no tienen ningún
problema, se van.
Nosotros nos manejamos
con la advertencia. Y
sólo pueden volver si el
hecho de violencia fue
leve. Algunos tienen
trabajo y vienen acá
porque no les alcanza el
dinero. Mucha gente
viene, come, se baña, y
se va. Aunque lo nieguen,
todos tienen familia,
sólo que se encuentran
desvinculados por el
alcoholismo o la
adicción. El fin de
semana es cuando se torna
más problemático,
tenemos que llamar a
seguridad a cada rato.

Son cerca de
las seis de la tarde.
Martínez mira el reloj y
comenta que ya está por
entrar la gente. Afuera,
la cola se ha puesto muy
concurrida. Son todos
hombres, están solos.
Esperan un hogar que los
contenga, una cama donde
pasar la noche o sólo
una cena caliente.
Algunos nos saludan al
pasar. Otros nos miran
lejanos. Otros están en
su mundo. Cae la tarde en
BA y todo hace suponer
que será una noche muy
fría.
Redacción
de Contratiempo
Agosto 2003
Fotos: Nahuel Levinton
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