/contratiempo | El pensamiento en la Argentina / Año II N° 5 / Invierno-Primavera 2002
/POESÍA

POETAS BAJOS

 

EL PIBE DE PATERNAL
JULIO RAVAZZANO SANMARTINO

Era un malevo sin grupo
bien junado por las minas
gran señor de las esquinas
del barrio de La Paternal.
Para el tango sin igual
era rey de la milonga
entrador de meta y ponga
bacán de lustre social
por apodo de una mina
el Pibe de Paternal.

Para el empilche debute
sin camelo te lucía
la elegante fantasía
del caferata sencillo
de sarzo lucía un brillo
que mataba en el ambiente
cabretilla y repelente
pal asunto policial
y se jugaba en un tango
su nombre de Paternal.

Tenía fama sentada
de buen mozo y milonguero
y en asuntos bien cabreros
aguantó cualquier parada
pero una noche estrellada
la zurda lo traicionó
y en la frase en no ya
un yuga lo amasijó
por una mujer fatal
donde hace cruz la barrera
de la estación Paternal.

En esa esquina un boliche
hoy levanta un mostrador
y el rostro de un payador
se dibuja en un afiche
los que recuerdan sus chiches
de milongas van diciendo
que aquella noche muriendo
rezó el tango un funeral
y entre chuzas de bufosos
bailó su tango inmortal.

  EL FAROL COLORADO
ENRIQUE CADÍCAMO

Hubo hace muchos años en la Isla Maciel
un turbio atracadero de la gente nochera;
ahí bajaba del bote la runfla calavera
a colocar su línea y a tirar su espinel.

Se llamaba ese puerto El Farol Colorado
y en su atmósfera insana, en su lodo y su intriga,
floreció la taquera de la lata en la liga,
de camisa de seda y de seno tatuado.

Al entrar se dejaba todo en el guardarropa:
revólveres, taleros y los cabos de plata;
la encargada del mismo, una gorda mulata
estibaba sus grasas en la proa y la popa.

En el salón sonaba la pianola ruidosa,
el cine pornográfico caldeaba aquel ambiente
y cuando el intervalo, los vasos de aguardiente
continuaban aquella velada indecorosa.

Cuando en alguna pieza se oía la jarana
de la mujer que a veces no se mostraba activa,
una frase en polaco de la regenta iba
como un chirlo en la nalga de la mina haragana.

El pecado, la riña, el vicio, la bebida,
el rencor, el delito, la lujuria, el recelo,
eran las flores negras que brotaban del suelo
de esa isla del diablo y de la mala vida.

Y ya, lector, que sabes el soplo que ha inspirado
estos temas del hampa con los que siempre vibro,
si no te asfixia el clima que respira este libro
puedes leerlo a la luz del Farol Colorado.

       
 

VERSOS A LA TRISTEZA
DE BUENOS AIRES
ALFONSINA STORNI

Tristes calles derechas, agrisadas e iguales,
Por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
Sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
Me apagaron los tibios sueños primaverales.

Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
En el vaho grisáceo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
-¡Alfonsina! -No llames. Ya no respondo a nada.

Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
Viendo en días de otoño tu cielo prisionero
No me será sorpresa la lápida pesada.

Que entre tus calles rectas, untadas de su río
Apagado, brumoso, desolante y sombrío,
Cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.

 

EL SILENCIOSO QUE VA
A LA TRASTIENDA
EVARISTO CARRIEGO

Francamente, es huraña la actitud de ese obrero
que, de la alegre rueda casi siempre apartado,
se pasa así las horas muertas, con el sombrero
sobre la pensativa frente medio inclinado.

Sin asegurar nada, dice el almacenero
que, por momentos, muchas veces le ha preocupado
ver con qué aire tan raro se queda el compañero
contemplando la copa que apenas ha probado.

Como a las indirectas se hace el desentendido,
el otro día el mozo, que es un entrometido,
y de lo más cargoso que se pueda pedir,
se acercó a preguntarle no sabe qué zoncera,
y le clavó los ojos, pero de una manera
que tuvo que alejarse sin volver a insistir

 

PRESENTIMIENTO
ALFONSINA STORNI

Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.
Esta cabeza mía se parece al crisol,
Purifica y consume.
Pero sin una queja, sin asomo de horror,
Para acabarme quiero que una tarde sin nubes,
Bajo el límpido sol,
Nazca de un gran jazmín una víbora blanca
Que dulce, dulcemente, me pique el corazón.

 

MALEVAJE
LETRA: ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO
MÚSICA: JUAN DE DIOS FILIBERTO

Decí, por Dios, qué me has dao
que estoy tan cambiao...
no sé más quién soy!...
El malevaje extrañao
me mira sin comprender,
me ve perdiendo cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción...
No ve que estoy embretao,
vencido y maniao en tu corazón

Te vi pasar tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual,
que no fue más que verte y perder
la fe, el coraje, el ansia 'e guapear...
No me has dejao ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz.
Ya no me falta pa'completar
más que ir a misa e hincarme a rezar

Ayer, de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr...
Me vi a la sombra o finao
pensé en no verte y temblé;
si yo -que nunca aflojé-
de noche angustiao
me encierro a llorar...
¡Decí, por Dios, qué me has dao,
que estoy tan cambiao...
no sé más quién soy!

 

NOTAS:
El Pibe de La Paternal fue publicado en el libro Academia Lunfarda, Julio Ravazzano Sanmartino (Bs.As., 1975)
El Farol Colorado fue publicado en el libro Los Poemas Bajos, Enrique Cadícamo (Corregidor, 1994)
Versos a la tristeza de Buenos Aires y Presentimiento fueron publicados en el libro Obra Poética, Alfonsina Storni (Roggero Ronal Editores, 1952)
El silencioso que va a la trastienda fue publicado en ¡De todo te olvidas!, Antología de Evaristo Carriego (Ameghino, 1999)


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