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EL PIBE DE
PATERNAL
JULIO RAVAZZANO
SANMARTINO
Era un
malevo sin grupo
bien junado por las minas
gran señor de las esquinas
del barrio de La Paternal.
Para el tango sin igual
era rey de la milonga
entrador de meta y ponga
bacán de lustre social
por apodo de una mina
el Pibe de Paternal.
Para el
empilche debute
sin camelo te lucía
la elegante fantasía
del caferata sencillo
de sarzo lucía un brillo
que mataba en el ambiente
cabretilla y repelente
pal asunto policial
y se jugaba en un tango
su nombre de Paternal.
Tenía fama sentada
de buen mozo y milonguero
y en asuntos bien cabreros
aguantó cualquier parada
pero una noche estrellada
la zurda lo traicionó
y en la frase en no ya
un yuga lo amasijó
por una mujer fatal
donde hace cruz la barrera
de la estación Paternal.
En esa esquina un
boliche
hoy levanta un mostrador
y el rostro de un payador
se dibuja en un afiche
los que recuerdan sus chiches
de milongas van diciendo
que aquella noche muriendo
rezó el tango un funeral
y entre chuzas de bufosos
bailó su tango inmortal.
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EL FAROL COLORADO
ENRIQUE CADÍCAMOHubo hace muchos
años en la Isla Maciel
un turbio atracadero de la gente nochera;
ahí bajaba del bote la runfla calavera
a colocar su línea y a tirar su espinel.
Se llamaba ese puerto
El Farol Colorado
y en su atmósfera insana, en su lodo y
su intriga,
floreció la taquera de la lata en la
liga,
de camisa de seda y de seno tatuado.
Al entrar se dejaba
todo en el guardarropa:
revólveres, taleros y los cabos de
plata;
la encargada del mismo, una gorda mulata
estibaba sus grasas en la proa y la popa.
En el salón sonaba
la pianola ruidosa,
el cine pornográfico caldeaba aquel
ambiente
y cuando el intervalo, los vasos de
aguardiente
continuaban aquella velada indecorosa.
Cuando en alguna
pieza se oía la jarana
de la mujer que a veces no se mostraba
activa,
una frase en polaco de la regenta iba
como un chirlo en la nalga de la mina
haragana.
El pecado, la riña,
el vicio, la bebida,
el rencor, el delito, la lujuria, el
recelo,
eran las flores negras que brotaban del
suelo
de esa isla del diablo y de la mala vida.
Y ya, lector, que
sabes el soplo que ha inspirado
estos temas del hampa con los que siempre
vibro,
si no te asfixia el clima que respira
este libro
puedes leerlo a la luz del Farol
Colorado.

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VERSOS A LA TRISTEZA
DE BUENOS AIRES
ALFONSINA STORNI
Tristes calles
derechas, agrisadas e iguales,
Por donde asoma, a veces, un pedazo de
cielo,
Sus fachadas oscuras y el asfalto del
suelo
Me apagaron los tibios sueños
primaverales.
Cuánto vagué por
ellas, distraída, empapada
En el vaho grisáceo, lento, que las
decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
-¡Alfonsina! -No llames. Ya no respondo
a nada.
Si en una de tus
casas, Buenos Aires, me muero
Viendo en días de otoño tu cielo
prisionero
No me será sorpresa la lápida pesada.
Que entre tus calles
rectas, untadas de su río
Apagado, brumoso, desolante y sombrío,
Cuando vagué por ellas, ya estaba yo
enterrada.
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EL SILENCIOSO QUE VA
A LA TRASTIENDA
EVARISTO CARRIEGO
Francamente, es
huraña la actitud de ese obrero
que, de la alegre rueda casi siempre
apartado,
se pasa así las horas muertas, con el
sombrero
sobre la pensativa frente medio
inclinado.
Sin asegurar nada,
dice el almacenero
que, por momentos, muchas veces le ha
preocupado
ver con qué aire tan raro se queda el
compañero
contemplando la copa que apenas ha
probado.
Como a las indirectas
se hace el desentendido,
el otro día el mozo, que es un
entrometido,
y de lo más cargoso que se pueda pedir,
se acercó a preguntarle no sabe qué
zoncera,
y le clavó los ojos, pero de una manera
que tuvo que alejarse sin volver a
insistir
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PRESENTIMIENTO
ALFONSINA STORNI
Tengo el
presentimiento que he de vivir muy poco.
Esta cabeza mía se parece al crisol,
Purifica y consume.
Pero sin una queja, sin asomo de horror,
Para acabarme quiero que una tarde sin
nubes,
Bajo el límpido sol,
Nazca de un gran jazmín una víbora
blanca
Que dulce, dulcemente, me pique el
corazón.
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MALEVAJE
LETRA: ENRIQUE
SANTOS DISCÉPOLO
MÚSICA: JUAN DE DIOS FILIBERTO
Decí, por
Dios, qué me has dao
que estoy tan cambiao...
no sé más quién soy!...
El malevaje extrañao
me mira sin comprender,
me ve perdiendo cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción...
No ve que estoy embretao,
vencido y maniao en tu corazón
Te vi pasar
tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual,
que no fue más que verte y perder
la fe, el coraje, el ansia 'e guapear...
No me has dejao ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz.
Ya no me falta pa'completar
más que ir a misa e hincarme a rezar
Ayer, de miedo a
matar,
en vez de pelear
me puse a correr...
Me vi a la sombra o finao
pensé en no verte y temblé;
si yo -que nunca aflojé-
de noche angustiao
me encierro a llorar...
¡Decí, por Dios, qué me has dao,
que estoy tan cambiao...
no sé más quién soy!
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NOTAS:
El Pibe de La Paternal fue publicado en
el libro Academia Lunfarda, Julio
Ravazzano Sanmartino (Bs.As., 1975)
El Farol Colorado fue publicado en el
libro Los Poemas Bajos, Enrique
Cadícamo (Corregidor, 1994)
Versos a la tristeza de Buenos Aires y Presentimiento
fueron publicados en el libro Obra Poética,
Alfonsina Storni (Roggero Ronal Editores, 1952)
El silencioso que va a la trastienda fue
publicado en ¡De todo te olvidas!,
Antología de Evaristo Carriego (Ameghino, 1999)
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