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"Los Estados Unidos son un país gigantesco e infantil, naturalmente celoso del viejo continente. Satisfecho de su crecimiento material, anormal y casi monstruoso, este recién llegado a la historia tiene una fe ingenua en la omnipotencia de la industria; está convencido, como algunos desventurados entre nosotros, de que terminará por devorar al Diablo. ¡El tiempo y el dinero tienen allí un valor tan grande! La actividad material, exagerada hasta las proporciones de una manía nacional, deja en los espíritus muy poco lugar para las cosas que no son de la tierra…"
CHARLES BAUDELAIRE


  NOTA DE TAPA N° 39 / Enero-Febrero 2007
Un mundo feliz
El malestar de Poe y el de los grandes medios

El blog es un medio de comunicación muy valioso pero traicionero: el tiempo apremia y todos los días uno tiene que decir algo interesante o corre el riesgo de quedar afuera de la blogosfera por aburrido. Y es raro que uno tenga algo interesante que decir todos los días. A mi por lo menos no me pasa. Encima, cada vez me resulta más difícil escribir, ya no digo cosas interesantes. Y cada día también me resulta más difícil encontrar lecturas, salvo que me remonte en el tiempo. Debo andar sufriendo de spleen, de tedio vital, tal vez. O es el costo de leer disparates. Y ya que hablamos de spleen, tedio, aburrimiento y disparates, no pude menos que sorprenderme cuando leí un post del Sr. Jorge Aulicino. Allí comentaba un artículo que yo había escrito sobre E.A. Poe hace varios años ("E.A. Poe, un recuerdo de los cielos"). En primer lugar, y algo tendencioso, reproduce sólo un fragmento (y, obviamente, no cita a Contratiempo). En segundo, parece que desconoce la historia económica, social y expansiva de los Estados Unidos del siglo XIX; en tercero parece que no termina de entender esta cuestión de la modernidad metropolitana como modeladora y controladora de subjetividades, que se cobraba precisamente sus primeras víctimas entre aquellos seres particularmente sensibles. Afirmar que Poe se sentía en una cárcel porque no era un pionero o un plantador de tabaco también resulta un poco limitado. Poe era un poeta, uno verdadero quiero decir. Tal vez allí haya una pista de su malestar espiritual frente a esa época industrial que le provocaba fascinación, espanto y risa, y no en las plantaciones de tabaco.
Estos comentarios tan poco acertados sobre un fragmento de mi texto – al parecer no se leyó la totalidad-, me exigen algunas reflexiones. Existe entre los intelectuales, periodistas y comentadores muy bien posicionados en el sistema cultural actual, una cierta reserva hacia los autores verdaderamente malditos. Es como un síntoma de mala conciencia, la frustración tal vez de no poder ser un atractivo contestatario porque se está demasiado cómodo, burguesmente cómodo. Solo así se entiende la defensa que hace Aulicino de los concursos literarios como paliativos espirituales, algo que por otra parte suele ser sí la panacea de los escritores contemporáneos, ávidos de premios otorgados por medios de comunicación entrañablemente unidos al mercado. Precisamente el tipo de medios donde trabaja nuestro comentador. Y hay más: hay cierta irritación de aquéllos hacia revistas como Contratiempo. Irritación lógica porque cualquier lector ya se habrá dado cuenta de que consideramos a los suplementos culturales extremadamente mediocres. Voluntariamente mediocres, estratégicamente mediocres, totalmente ajenos a esa aristocracia del pensamiento que compartían Poe y Baudelaire y que los llevó, a pesar de ganar concursos, a la catástrofe. Lo que no sabe el Sr. Aulicino es que la rutina de cortar un texto, reproducir un fragmento, criticar sin fundamento para desautorizar a un autor no es un método demasiado eficaz en Internet. En este caso, bastaría un clic a la historia de EEUU –o las palabras del "confundido" Baudelaire que citamos al costado-. O una recorrida por mis otros textos sobre el malestar de la modernidad, sobre el mecanismo de las metrópolis industriales, sobre el uso filosófico de la literatura, relacionada con la ciudad, que hicieron varios autores también desesperados (sería terrible que el día de mañana se dudara del sufrimiento existencial de Arlt solo porque tenía el consuelo de trabajar en El Mundo), etc. O bastaría leer, bien, la obra completa de Poe.
Zenda Liendivit / Enero 2007

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