| CONSTRUCCIONES |
Miseria del Hombre BLAISE PASCAL |
(Nada puede hacernos entrar en la miseria de los hombres tanto como considerar la causa verdadera de la perpetua agitación en que pasan la vida. El alma es arrojada al cuerpo, para residir en él durante poco tiempo. Ella sabe que esto no es más que un tránsito para el viaje eterno, y que tiene el poco tiempo que dura la vida para prepararse a éste. Del poco tiempo aun las necesidades de la vida le toman una buena parte. Le queda poquísimo de qué disponer. Pero este poquísimo que le queda le incomoda tanto y le embaraza tan extrañamente, que aquélla no piensa sino en perderlo. Es para ella una pena insoportable estar obligada a vivir a solas y pensar en sí misma. Así lo que procura es olvidarse de sí, y dejar volar este tiempo tan corto y tan precioso sin reflexionar, ocupándose en cosas que le impidan pensar en su fin. Éste es el origen de todas las ocupaciones tumultuarias de los hombres, y de todo aquello que se llama diversión o pasatiempo, porque el objeto de estas cosas es, en efecto, pasar el tiempo sin sentirlo, o mejor, sin sentirse uno mismo, y evitar, perdiendo una parte de la vida, la amargura y el disgusto interior que acompañarían necesariamente la atención que uno consagraría a sí mismo durante este tiempo. El alma no encuentra nada en sí misma que la contente; no ve nada que no le aflija cuando piensa en ello. Lo que le obliga a esparcirse en lo exterior, buscando, por su aplicación a las cosas exteriores, la manera de perder el recuerdo de su estado verdadero. Su gozo consiste en el olvido, y basta, para hacerle desdichada, obligarle a estar a solas consigo mismo.) III Es más fácil soportar la muerte sin pensar en ella, que el pensamiento de la muerte sin peligro. V La
sola cosa que nos consuela de nuestras miserias es la
diversión, y, sin embargo, ésta es la mayor de nuestras
miserias. VI Condición del hombre: inconstancia, fastidio, inquietud. VIII Si
nuestra condición fuese verdaderamente feliz, no nos
sería preciso divertirnos para ser dichosos. IX Nada hay tan insoportable para el hombre como el permanecer en pleno reposo, sin pasión, sin negocio, sin diversión, sin aplicación. Siente entonces su nada, su abandono, su insuficiencia, su dependencia, su impotencia, su vacío. Incontinenti saldrán del fondo de su alma el fastidio, las negruras, la tristeza, la pena, el despecho, la desesperación. XII La
generalidad de los hombres coloca el bien en la fortuna y
en los bienes exteriores, o, al menos en la diversión.
Los filósofos han demostrado la vanidad de todo esto, y
han colocado aquél donde han podido. XIII Como
la naturaleza nos vuelve siempre desgraciados en
cualquier situación, nuestros deseos nos figuran un
estado dichoso, porque juntan al estado en que nos
encontramos; y, cuando llegamos a estos placeres, no nos
encontraríamos más adelantados con esto, porque
tendríamos otros deseos, conformes con el nuevo estado. Del libro "PENSAMIENTOS, SOBRE LA RELIGIÓN Y OTROS ASUNTOS", Blaise Pascal (Ed. Losada, Buenos Aires, 1977) |