ARCHIVO DE REVISTA CONTRATIEMPO / TIEMPOS VIOLENTOS

LAS LUCHAS INTERNAS

El ejército porteño, al mando del General Mitre, entonces Gobernador de Buenos Aires, derrota al ejército confederado argentino en la batalla de Pavón (1861)

orden del día

EL GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO DE LA CAPITAL (Bartolomé Mitre) SE DIRIGE A LAS TROPAS QUE LA HAN SALVADO


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Soldados del Ejército de la Capital: La paz está afianzada por la fuerza de vuestras bayonetas. El Ejército que os amenazaba no ha podido imponeros la ley de la violencia, ni destruir el orden de cosas creado por vuestra soberana voluntad, pues por el Tratado que ha firmado, y que el Gobierno ha puesto bajo vuestra salvaguardia, reconoce plenamente vuestra soberanía, deja el derecho y la fuerza en las mismas manos en que los encontró, y se obliga a evacuar el territorio del Estado sin pisar el recinto sagrado de la ciudad de Buenos Aires.

Guardias Nacionales de la Capital: Habeís probado una vez más que Buenos aires no necesita más trincheras que los pechos de sus hijos, pues con la mitad de la ciudad abierta, vuestras hileras han cubierto las avenidas, evocando los gloriosos recuerdos del pasado sitio, llenos de fe en el triunfo de la grande y noble causa que Buenos Aires ha sostenido por siete años, y que habeís hecho triunfar por la paz, como la habriaís hecho triunfar por la guerra.

Veteranos y Guardias Nacionales de Cepeda: Desde el campo de batalla os conduje a la Capital, después de quedar dueño de él, después de una retirada memorable, después de un combate nacional glorioso en que también tomásteis parte, y vuestra presencia ha contribuído poderosamente a salvar la Capital, cubriendo sus trincheras con la misma resolución con que en campo abierto y uno contra cuatro derrotásteis los batallones que se midieron con vosotros.

Compañeros de armas: Si hablo de esta manera interpretando el sentimiento público, es en nombre de la dignidad del pueblo de Buenos Aires, no estimulado por la vanagloria, ni el orgullo, para que todos comprendan, y sepan los propios y extraños, que lo que hemos alcanzado lo debemos a nuestros propios esfuerzos, a nuestra constancia, a la fidelidad, a los principios porque hemos derramado nuestra sangre, y que nadie puede jactarse de habernos impuesto la ley, ni ejercido respecto de nosotros actos de conmiseración.

Compatriotas armados: Mostraos dignos de la paz, como os habeis mostrado dignos de los grandes y dolorosos sacrificios de la guerra. Aceptad con nobleza la posición que los sucesos nos han creado, sin altanería, pero sin debilidad. Seamos fieles a los compromisos que hemos contraído, mantengámonos unidos, y probemos con nuestros hechos, que al ingresar nuevamente a la gran familia argentina, lo hacemos con nuestra bandera, con vuestros hombres, con los mismos principios que hemos sostenido por el espacio de siete años, dispuestos a sostenerlos con energía en las luchas pacíficas de la opinión, y a defenderlos aun a costa de nuestras vidas, si la violencia pretendiese atacarlos.

Soldados del Ejército de la Capital: Al bendecir la paz que el cielo y nuestros esfuerzos nos han dado, al abrir los brazos para estrechar en ellos a todos los hermanos de la familia argentina, no olvideis que en el recinto de Buenos Aires se han salvado una vez más los inmortales principios de la revolución de Mayo, y decid conmigo en este momento solemne: ¡Viva Buenos Aires! y que ese grito os aliente en medio de la paz a perseverar en la virtud cívica, como os ha alentado tantas veces en medio de las luchas sangrientas que hemos empeñado en defensa de nuestros derechos.

Vuestro General y amigo,

Bartolomé Mitre

 


El presente documento se encuentra en el Archivo Guido del Archivo General de la Nación.

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