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NOTA DE TAPA N° 58 /
NOVIEMBRE - DICIEMBRE
2008
Ocho años en
Contratiempo
Fundar en la Argentina una
revista cultural es un desafío. Sostenerla en el tiempo, un
esfuerzo y una satisfacción. Cumplir ocho años, casi un milagro.
Contratiempo surgió como un juego, entre la curiosidad
por ese nuevo espacio que convulsionaba el mundo real y cierto
hartazgo de las estructuras establecidas y bendecidas por las
comunidades pensantes. Situada en las antípodas de lo
prestigioso y serio, de la legitimación implícita otorgada por
la letra impresa, la red conformaba entonces un espacio negado.
Habitarla con frecuencia o con intensidad confería cierto aire
de paria, de rechazado o desesperado. Producir conocimiento en
un soporte virtual representaba un gesto subversivo contra
jerarquías y normativas de acceso y pertenencia. Pero el tiempo
pasó, pasaron ocho años y el juego se convirtió en pasión. La
revista fue nuestro espacio de pensamiento, el lugar desde donde
interveníamos sobre la realidad pero también el refugio cuando
ésta se tornaba insostenible. En sus páginas hablamos del deseo,
de la muerte, del horror, de la libertad, de la Argentina en
tiempos de crisis. Visitamos villas, cárceles y psiquiátricos
para hablar de la ciudad allí donde ella menos esperaba ser
hablada. Nos mudamos varias veces, de Caballito a Avenida de
Mayo, con infinitas sucursales. Sobrevivimos a cataclismos
íntimos y colectivos; transitamos el 2001 y el desierto de los
años posteriores; se nos fueron amigos, algunos para siempre y a
los que todavía extrañamos; lloramos semanas enteras por
Ycuá Bolaños y, unos meses después,
por Cromagnon. En enero del 2005
pensamos que jamás volveríamos a escribir una nota editorial.
Pero volvimos, organizamos cursos, la Redacción se pobló
de alumnos y de golpe fuimos multitud. Y más que el número en el
contador (hace rato superamos todo lo imaginable), nos
interesaron las palabras de los lectores, lectores curiosos,
inquietos, a veces intransigentes, espejos invalorables que nos
contaban cosas de nosotros que ni siquiera nosotros sabíamos. Y
con ellos, los colaboradores, autores de todas partes del mundo
que vieron el espacio y lo ocuparon. Y nos prestigiaron la
Revista, la que había comenzado como un juego, fruto del
aburrimiento y de la curiosidad, en un espacio dudoso y mal
visto. Contratiempo fue cambiando, creció, se
diversificó. Hace dos años editamos el primer número impreso (ya
está en construcción el 3); en abril de este año surgió
Morticia, el insolente periódico
de actualidad que prefiere el papel y circula por los kioscos;
publicamos algunos libros y se inauguró oficialmente
Contratiempo Ediciones. Nosotros cambiamos. Estamos menos
entusiastas, a veces extrañamos la atmósfera clandestina de los
inicios. Estamos también demasiado cómodos, y eso nos molesta.
Tal vez, en el fondo, estemos buscando otras cosas, formas
nuevas, recorridos diferentes. En todo caso, lo importante es
que seguimos pensando.
Zenda Liendivit / Noviembre 2008
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