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  LITERATURA ALEMANA
La casa de Bulemann de Theodor Storm:
Problemática de un texto complejo
CARLOS MARÍA NESSI

Introducción

La siguiente investigación pretende ser un breve análisis de la problemática de los géneros narrativos en lengua alemana a la luz de la obra La casa de Bulemann [Bulemann Haus] de Theodor Storm. Se señalarán oportunamente sus elementos de Novelle, sus elementos de Märchen y demás notas significativas y clarificadoras.
Hans Theodor Storm nació en Husum, en 1817 y murió en Hademarschen en 1888. La casa de Bulemann fue concebida en el año 1863, y publicada por primera vez el 24 de septiembre de 1864 en un periódico sajón.

La Novelle en la historia de las letras germanas

La introducción tardía del género Novelle en Alemania, tal vez sea una de las cuestiones que determinaron su dificultosa categorización dentro de la narrativa germana. Diferente es el caso de otras literaturas europeas, como por ejemplo la española, que contaba para ese momento con una rica y añeja tradición de "novelas cortas", como las clásicas Novelas Ejemplares cervantinas. La obra goetheana Conversaciones de emigrados alemanes de 1795, es considerada casi sin cuestionamientos, la primera obra del género en lengua alemana. El apogeo de esta forma narrativa se produce en Alemania, aproximadamente desde el año 1830, hasta fines del siglo XIX. (Cid, 2001, 77)

La opción siempre tentadora para los hombres de evitar todo esfuerzo, es seguramente la responsable del razonamiento según el cual la novela corta se diferencia de la novela tradicional por su extensión. De cualquier modo, resulta más que obvio afirmar que es una entre varias de las características que diferencian a la Novelle de la Roman. La Novelle, huelga decirlo, se posicionó en el conjunto de los géneros literarios de narrativa breve como el Kurtzgeschichte, la Legende y el Märchen entre otros. Pero como bien sabemos, los límites suelen (afortunadamente) ser laxos en el ámbito de la creación artística, sobre todo cuando el poder del genio creador rompe con las normas en pos del desarrollo libre y natural que todo talento reclama. De allí que todavía las clasificaciones de algunas obras en determinados géneros, susciten controversias y opiniones dispares.

La casa de Bulemann

Los a menudo borrosos límites que los géneros narrativos en lengua alemana presentan, tornan ardua cualquier hipótesis de categorización. Las características que sirven para sostener la inclusión de una narración cualquiera dentro de un género determinado, son muchas veces al mismo tiempo, argumentos para incluirla en un género vecino. Este es el caso de La casa de Bulemann de Theodor Storm. Para su análisis, es preciso repasar algunas de las características generales que presenta una Novelle, a saber:

  • la brevedad del relato
  • la temática realista/verosímil
  • la narración de un hecho inaudito
  • la presentación de una historia desarrollada circularmente y no de una "cadena de hechos" en la que, como ocurre en la Roman, la acción se desenvuelve de manera lineal conformando un mundo de situaciones, que contempla digresiones, protagonismos temporales de personajes secundarios, abundantes caracterizaciones psicológicas, etc.
  • la existencia de un conflicto o situación límite, que determina los Wendepunkte, es decir, puntos de quiebre o inflexión que cambian el curso estimable de la historia. Schlegel y Tieck, consideran de hecho al Wendepunkt un atributo de las novelas breves. (1)
  • la concentrada intensidad del relato, acelerado con anticipaciones, que confirma el estrecho vínculo con el drama, género hermano de la Novelle en el ideario de Storm

El marcado sesgo sobrenatural de La casa de Bulemann, la aleja del perfil realista propio de la Novelle para acercarla más propiamente al terreno del Märchen. No es casual que Benno von Wiese considerara Märchen-Novelle a la obra de Storm. Algunos ven incluso en La casa de Bulemann, un material cercano al mundo de las hadas y demás seres encantados, tan caro a los hermanos Grimm o al danés Andersen. Ante esto, es menester recordar que el Märchen tiene también sus propias características diferenciantes. Cuatro de ellas nos interesan en especial:

  • basados en leyendas populares o folklóricas.
  • narran sucesos "maravillosos": hechos que no generan sorpresa en el lector, informado de antemano de las "maravillas" que depara el relato.
  • asociados a la literatura infantil.
  • narraciones cerradas con happy ending,frecuentemente moralizante.

Elementos de Novelle en La casa de Bulemann

Goethe fue, además del introductor de la Novelle en Alemania, su primer teorizador, al afirmar que su materia "es un acontecimiento inaudito [unerhörte Begebenheit] que ha tenido lugar". (2) La casa de Bulemann se ajusta perfectamente a tal característica por la novedad de lo narrado. La historia del viejo Bulemann no pertenece a tradiciones populares o folklóricas. Mucho más prosaica, es en realidad, el relato de las vicisitudes de un oscuro usurero en boca del anciano organista Leberecht:

Los detalles más circunstanciales provienen más bien de un viejo que vive en un barrio bastante alejado y que en su juventud fue organista en la iglesia de Santa Magdalena (STORM, 1996, 224)

En este punto, se puede percibir el distanciamiento de La casa de Bulemann, del cuento popular maravilloso, que si bien no siempre encuentra su origen en antiguas leyendas populares, muchas veces se sirve de ellas como modelo o retomando motivos. Storm, por su parte, presenta una historia nueva, con tintes legendarios, pero nueva al fin. Es necesario apuntar que el mismo autor consideraba Märchen a La casa de Bulemann, tal vez haciendo hincapié en el elemento sobrenatural que sobrevuela el relato, reforzado por ese guiño al lector avezado de lengua alemana que constituye la denominación Männchen con que Storm describe a Bulemann (Cid, 2001, 80).

La historia de Bulemann se desenvuelve de manera circular, como las Novelles "piden". Storm se sirve del narrador homodiegético Leberecht, para contar de manera abreviada ciertos datos del pasado de Bulemann, y de un narrador heterodiegético, encargado de llevar luz a los puntos oscuros de la historia desde su lugar de testigo privilegiado. La introducción de la historia -que incluye una estrofa cantada- sumada al color evocativo de las palabras de Leberecht, insuflan al relato un tono de crónica que remite a las Leyendas becquerianas -tan cercanas al espíritu germano-, donde abundan los olvidos, las confusiones, la inexactitud premeditada y los dichos de terceros ausentes:

Se decía que había estado casado con una negra de la región pero que luego de su regreso nunca se vio a aquella mujer ni a los niños de piel oscura. La gente acabó por concluir que, durante el viaje de retorno, se había cruzado con un negrero al que había vendido mujer e hijos por algunas miserables monedas de oro. (STORM, 1996, 224)

Así las cosas, lo que ocurrió a Bulemann es centro y eje de la narración. No existen historias paralelas, o ramificaciones que conduzcan al protagonismo temporal de personajes o hechos secundarios. El ámbito de la Novelle, en el que tan cómodo se sentía Storm, tiende una red invisible alrededor de la historia central para conservarla incontaminada de elementos que puedan quitarla del centro. Lo importante aquí es la historia de Bulemann, de su casa, sus mascotas Graps y Schnorres, a lo sumo de sus víctimas, pero siempre en estrecha relación con el hecho central, la dínamo del relato, que es el extraordinario destino del usurero, en rigor, lo que se desea revelar. Los datos que Leberecht y el narrador heterodiegético aportan, son siempre nuevas claves para desentrañar el misterio final. Si bien pueden resultar una simplificación, las palabras de Johannes Klein, son elocuentes: "[l]a novela parte de lo que el hombre es; la novela corta, de lo que le sucede al hombre" (3). Y también la idea de Poe reformulada por Todorov, según la cual "la novela breve se caracteriza por la existencia de un efecto único, situado al final de la historia, y por la obligación que tienen todos los elementos del relato de contribuir a este efecto". (Todorov, 1999, 71).

A medida que se avanza en la lectura, la personalidad de Bulemann se completa a partir de nuevos datos y de anticipaciones que a veces lo involucran directamente (descripción del padre), y otras, de manera periférica pero sustancial (niñez de Leberecht = Cristóbal).

La casa de Bulemann, manifiesta el Wendepunkt,viraje o punto de inflexión, hacia la mitad del relato. Una vez que el narratario ha sido informado de las particularidades de Bulemann, su pasado, sus costumbres y demás excentricidades, se narra el hecho determinante, la situación límite que desencadenará a la postre el sorprendente desenlace. El narrador describe el inútil clamor de Cristina a su medio hermano Bulemann (a quien llama Daniel, tratando de invocar una familiaridad lejana y muerta) por auxilio para su enfermo hijo Cristóbal. El pedido de ayuda y su rechazo desencadenan el conflicto axial: la maldición de Cristina como réplica a la actitud de Bulemann, indiferente y agresivo con su hijo:

¡Malo, malvado! -exclamó la mujer- ¡Muérete tú y tus bestias! (STORM, 1996, 232)

Vale la pena apuntar que una traducción más apropiada de la segunda oración sería "ojalá te eches a perder junto a tus bestias" (4), ya que en Bulemann se opera una suerte de descomposición, custodiada celosamente hasta el final, por los monstruosos Graps y Schnorres. Esa deformación física se transforma en reflejo de la interioridad del personaje. La avaricia auspicia que su alma contrahecha se haga carne.

El motivo de la indiferencia para con los sufrientes es uno de los tantos que se repite en la narración. La actitud de Bulemann con Cristina al morir la madre de ambos, incluye no participarla de la herencia, ni prestarle auxilio en ocasión alguna. La rígida indiferencia y el desprecio demostrados desde siempre con la madre de Cristóbal, son los mismos que Bulemann exhibe con su hijo (y los mismos que Leberecht temía siendo niño). El contraste entre las figuras desamparadas de Cristina y Cristóbal, y el carácter pétreo del prestamista, contribuye con el efecto dramático de la obra. Cristina y Cristóbal son muy débiles e indefensos; Bulemann es muy impío y avaro. En palabras de Florence Goyet, "los personajes de la novela corta son prodigiosamente lo que son; cada estado, cada cualidad, cada sentimiento, son llevados a su paroxismo". (5)

Cristóbal es según la tradición el portador de Cristo. Un santo legendario que murió mártir bajo el emperador Decio (Diccionario de símbolos, 1993, 128-129). No parece caprichoso que Storm haya elegido un nombre que alude a lo sagrado. El niño Cristóbal representa de este modo, lo sagrado-crístico, la niñez y la indefensión. Buleman, lo profano-demoníaco, la decrepitud y la abundancia perniciosa.

A partir de la situación límite [Grenzsituation] nada será igual en la vida de Bulemann. La maldición de la que se hizo merecedor por su indiferencia, determinará su progresiva degradación física y espiritual. El mismo Storm aludiendo a Bulemann, (y también a los lectores, casi "educándolos") pone hábilmente en boca del narrador la frase:

Ignoraba que las maldiciones de los pobres son terribles cuando son provocadas por el corazón duro de los ricos (STORM, 1996, 233)

Esa sentencia profética, podría ser perfectamente el slogan para La casa de Bulemann en el caso de volverse hoy un milagroso best-seller, ya que anticipa subrepticiamente el final truculento que aguarda al personaje central.

La casa de Bulemann es también un relato intenso, concentrado, en el que todo suceso responde a su rol de clave para desentrañar el misterio final. Las situaciones son presentadas de modo casi dramático. Storm no escatima pasajes dialogados que nutren de agilidad y movimiento a un relato que de no poseer dichos pasajes, se volvería sin dudas más lento y monótono, como se observa en el siguiente fragmento dialogado entre la señora Hanken y Bulemann:

-¿Ha oído las campanas de Santa Magdalena? –preguntó al entrar.

-No –respondió secamente el señor Bulemann absorto en los números de la lotería.

-¿Sabe por quién doblaban? –insitió la vieja

-¿Y a mí qué me importa el sonido de las campanas?

-¡Eh, sin embargo, era por el hijo de su hermana!

El señor Bulemann dejó la pluma sobre la mesa (STORM, 1996, 233)

El efecto dramático se incrementa con el motivo de las campanas. Las campanas tienen la propiedad según algunas tradiciones de ahuyentar a los demonios y a los gnomos (Diccionario de Símbolos, 1993, 85-86). Es sugestivo este diálogo, con las campanas que, como fondo, parecen anunciar el cadalso que le espera a Bulemann. A su vez, en la última oración, se advierte por única vez en el relato una suerte de reacción (¿culpa? ¿remordimiento? ¿temor a las consecuencias?) del protagonista ante un suceso desgraciado que lo toca de cerca. Las campanas enmarcando el diálogo entre la señora Hanken y Bulemann crean, además de una atmósfera que deja entrever la tragedia inminente, un notable efecto cinematográfico. Son sones de mal agüero.

La señora Hanken, por su parte, es víctima de Bulemann como lo fue de su padre, y termina ella misma convirtiéndose en un ser obsesionado con la acumulación cuasi patológica de bienes:

Al igual que el señor Bulemann en su tercer piso, la vieja había conseguido amontonar en las habitaciones de la planta baja tesoros ilegítimos. (STORM, 1996, 229)

Tanto se mimetiza con las costumbres de su amo, que su obsesión con los panes que atesora, luce cual una irónica y risible presentación de la mezquindad como enfermedad de fin de siglo que afecta sin distinción a pobres y a ricos. A amos y esclavos.

La irrupción de lo sobrenatural

Hasta aquí, La casa de Bulemann se desenvuelve como un relato realista, con ciertos giros inquietantes, pero siempre dentro del ámbito de la normalidad. Con la maldición de Cristina, Storm introduce la vacilación en el lector, generando un clima más propicio para el efecto fantástico (Todorov, 1999, 59). La primera metamorfosis que se opera es la de los gatos Graps y Schnorres. Crecen desmesuradamente llamando la atención del mismo Bulemann que inquiere a la señora Hanken:

-¿Qué animales son éstos? ¡Por cierto que gatos no son!

Y agarrando a la vieja por el brazo le empujó con fuerza hacia la pared. (STORM, 1996, 235)

La vacilación suscitada en torno al cambio de tamaño de los animales queda abierta a diferentes conjeturas: una hipótesis de corte mágico o milagroso puede interpretar que se debió al cumplimiento exacto de la maldición proferida por Cristina. Explicaciones más naturales pueden atribuir el cambio de tamaño abrupto de los felinos a un error de percepción de Bulemann sugestionado por el entorno o incluso adjudicarlo a la utilización de algún tipo de pócima por parte de la señora Hanken, como el mismo prestamista sugiere:

-¡Vieja bruja! -exclamó-. ¿Qué mixtura le has dado a mis gatos? (STORM, 1996, 235)

Hasta el final del relato, la vacilación se extenderá generando un clima mucho más denso y en el que la descripción de Bulemann, la casa y los gatos, recuerda a los clichés más conocidos de la Gothic Novel, con su parafernalia de maderas que crujen, musgos que invaden las paredes y olores extraños. Pero lo importante aquí es destacar el efecto al que alude Sigmund Freud en su ensayo Lo ominoso [Das unheimlich]: lo familiar que se vuelve extraño; lo cotidiano que se ha tornado amenazante y aterrador por el desconocimiento de lo que antes era conocido. (Freud, 1997, 66). El siguiente pasaje es por demás elocuente:

De pie, en el palier junto a la escalera, el señor Bulemann llamaba a la vieja maldiciendo: únicamente el silencio o su propio eco le respondían. Ya se aprestaba a bajar cuando oyó un gran estrépito en la escalera y vio a los gatos subir a toda carrera. Pero ya no eran gatos; eran fieras indescriptibles. (STORM, 1996, 237)

Tan siniestro se vuelve el entorno, que hasta la señora Hanken parece haber sido alcanzada por la maldición, al sucumbir en su loca huida de la casa con sus grotescos trastos.

A partir del punto de viraje, la vacilación extiende sus dominios como una telaraña en el relato. A partir del Wendepunkt, toda nueva información genera dudas en virtud de su intencionada ambigüedad; todo es susceptible de ser interpretado por causas naturales, o bien por la influencia de fuerzas que se encuentran más allá del entendimiento. Esa vacilación es también la encargada de dar por tierra con la clasificación de La casa de Bulemann como Märchen. En lo maravilloso, el lector es invitado a creer sin más, como en el caso de los cuentos de Andersen, anteriormente citados. Nadie se pregunta si en verdad existen sirenas bajo el mar prestas a enamorarse de náufragos. Ningún hecho produce vacilación en el terreno feérico. Las "maravillas" se aceptan sin más, o mejor, como pedía Coleridge, se suspende la incredulidad. Y es que éste es el rasgo fundamental de lo maravilloso: una anticipada complicidad entre el narrador y el narratario, totalmente ausente en La casa de Bulemann. El relato de Storm, mas bien debería ser definido como fantástico-maravilloso, es decir, "[l]a clase de relatos que se presentan como fantásticos y que terminan con la aceptación de lo sobrenatural". (Todorov, 1999, 45)

Bulemann o el destino ineludible del burgués decadente

El relato breve necesita de tipos conformados, paradigmas. La descripción de Bulemann como avaro hijo de avaro (característica que por repetirse, opera como anticipación), como sujeto cruel, materialista y nocturno, desde las primeras páginas determina taxativamente un tipo inflexible, al límite del sadismo y obsesionado por la acumulación de bienes que atesora con celo enfermizo. Este hombrecillo de costumbres cavernarias y despóticas irá evolucionando progresivamente al compás de la descripción de sus acciones, hacia un proceso de deshumanización acorde con su decadencia interior. Con el paradigma "usurero", el narrador se sirve de una figura que remite fundamentalmente al Shylock shakespeareano en el inconsciente literario germano-británico (o acaso en el inconsciente literario universal), y que funciona como elemento repelente inicial y clave para toda valoración posterior. Bulemann es también alguien, como Shylock, como el Iscariote, dispuesto a derramar sangre por monedas. El estereotipo ya está construido, el juicio del narrador -y por extensión el de los lectores que supone- es definitivo antes de que Bulemann incurra en su peor crimen, que viene a ser sólo la confirmación cabal de lo que se suponía un alma impiadosa y dura. En ningún momento de la narración Bulemann manifiesta indicios de ansiar redimirse. El aspecto decrépito y la ambición ilimitada e infantil de pequeño burgués, transforman al personaje central en un sujeto estático en cuanto a su proyección a cualquier cambio de actitud positivo. Bulemann sólo puede evolucionar negativamente. Sólo es capaz de comportarse (y por ende lucir) peor de lo que lo hacía con anterioridad. Esta evolución negativa constituye una auténtica intriga de degradación, en términos de Norman Friedman (6). Bulemann es un esclavo de un dinero que no disfruta, y cuyo valor se vuelve enfermizamente intrínseco. En todo y en todos, advierte potenciales enemigos en procura del mismo botín. Es el retrato deforme del pequeño burgués decadente de fines de siglo XIX, cada vez más alejado de la esfera espiritual o contemplativa y cada vez más hundido en el neg-otium. Las consecuencias de la idea que supone que el progreso material conduce a la felicidad y a la realización personal, todavía se padecen. En ellas se reconoce perfectamente la sensación de fracaso tan propia del hombre moderno que, apartado de su esencia, sobrevive en el extravío. Storm, como cirujano implacable hunde el dedo en la herida de una sociedad occidental que iniciaba su aún vigente proceso de decadencia moral.

Conclusión

Como hemos podido observar, la clasificación de La casa de Bulemann dentro de un género específico es por lo menos discutible. Narración híbrida y engañosa, presenta simultáneamente elementos de Novelle, Märchen, cuento fantástico y hasta Legende. Al parecer, Storm sentía especial predilección por las historias extrañas; probablemente sea por herencia romántica, ya que en sus días, el realismo era la línea que mejor se adecuaba a tiempos más anodinos y desencantados. Un Occidente que había cambiado y había perdido mucha de la inocencia romántica (hoy, casi una redundancia) y ante el cual no pocos hombres comenzaban a sentirse abatidos e insignificantes. El marco escéptico e hiper-racional en el que Storm da vida a su narración, impone por decantación personajes de carne y hueso. Pero su notable genio, lo lleva a servirse de motivos que escapan a la razón para atacar los vicios de una clase burguesa afincada en la acumulación indiscriminada y enfermiza de bienes con frecuencia mal habidos.

El final de la narración es de compleja valoración. Por un lado se aleja definitivamente del realismo con la descripción de ese pseudo-Merlín del tamaño de una mano en que se convierte Bulemann: ya no hay lugar para justificar racionalmente los hechos; el lector acepta lo sobrenatural como tal. Tampoco se ajusta al clásico happy ending de todo Märchen; aunque desde otra óptica, podríamos afirmar que si bien no hay final feliz, sí existe como compensación una suerte de justicia poética, a través de la cual, el autor da a conocer de modo apenas subrepticio su punto de vista. Su visión de cómo acaban las cosas para quienes viven como Bulemann. En este sentido, podríamos pensar que Storm (quien como ya se apuntó, consideraba Märchen a la obra) concibió un cuento maravilloso para adultos. Lo cierto es que en rigor, la narración se ajusta a la definición de relato fantástico-maravilloso sugerida por Tzvetan Todorov. Pero yendo más a fondo, se comprende que La casa de Bulemann excede las pretensiones de los cuentos fantásticos o maravillosos. Las palabras de Louis Vax sobre el relato de Storm El hombre del caballo blanco se ajustan también a La casa de Bulemann, "la explicación sobrenatural y la explicación sociológica, en lugar de excluirse, se yuxtaponen".(7)

Desde esta investigación, se propone la interpretación de La casa de Bulemann, como novela breve con tendencia a la alegoría; como auténtica sucesión de metáforas que desnuda la problemática del minimizado pequeño burgués que, encerrado en la cárcel de la sociedad capitalista, espera por un milagro que lo redima, aunque ya no crea en milagros.

 

NOTAS:
1) Schlegel, August/Tieck, Ludwig, presentados por Miguel Vedda en Antología de la novela corta alemana (15)
2) Cito a Goethe, presentado por Vedda en Antología de la novela corta alemana (13)
3) Cito a Klein, presentado por Miguel Vedda en Antología de la novela corta alemana (10)
4) Cid, Adriana. La casa de Bulemann de Theodor Storm: Estrategias narrativas para una intriga de degradación. (86)
5) Cito a Goyet, presentado por Miguel Vedda en Antología de la novela corta alemana.
6) Cito a Friedman a partir de la presentación de Adriana Cid en su artículo La casa de Bulemann, de Theodor Storm: Estrategias narrativas para una intriga de degradación.
7) Vax, Louis. Arte y literatura fantásticas. (84)

Bibliografía
* DICCIONARIO de SÍMBOLOS. 1993. Hans Biedermann. Buenos Aires, Paidós.
* STORM, Theodor. La casa de Bulemann. En: AAVV. El cuento fantástico alemán. 1996. Selección de Anneliese von der Lippen Trad. H.C. Lipps Buenos Aires, Andrómeda. 223-243.
* AA.VV. Los románticos alemanes. 1978. Estudio premilinar y selección de Ilse de Brugger. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina.
* CID, Adriana. 2001. La casa de Bulemann, de Theodor Storm: Estrategias narrativas para una intriga de degradación. En: Letras. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.C.A. Julio-Diciembre. (77-92)
* FREUD, Sigmund. 1997. Lo siniestro. Buenos Aires, JVE Psiqué (45-86).
* TODOROV, Tzvetan. 1999. Introducción a la literatura fantástica. México, Coyoacán. (Diálogo abierto / Literatura, 16)
* VAX, Louis. 1965. Arte y literatura fantástica. Buenos Aires, EUDEBA.
* VEDDA, Miguel. 2001. Antología de la novela corta alemana. Buenos Aires, Colihue.

 

CARLOS MARÍA NESSI estudia Licenciatura en Letras en la Facultad de Filosofía, Historia y Letras de la Universidad del Salvador. Ha publicado varios artículos, entre ellos "Camus y Houellebecq: el extranjero en la Sociedad Informatizada", en Gramma, Año XVI, Nº 38 (2004) y "El almohadón de plumas y Thanatopìa", en Revista Contratiempo / versión digital (2006)

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