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LITERATURA
ALEMANA
La
casa de Bulemann
de Theodor Storm:
Problemática de un texto
complejo
CARLOS MARÍA NESSIIntroducción
La siguiente investigación
pretende ser un breve análisis de la
problemática de los géneros narrativos
en lengua alemana a la luz de la obra La
casa de Bulemann [Bulemann Haus]
de Theodor Storm. Se señalarán
oportunamente sus elementos de Novelle,
sus elementos de Märchen y demás
notas significativas y clarificadoras.
Hans Theodor Storm nació en Husum, en
1817 y murió en Hademarschen en 1888. La
casa de Bulemann fue concebida en el
año 1863, y publicada por primera vez el
24 de septiembre de 1864 en un periódico
sajón.
La Novelle
en la historia de las letras germanas
La introducción tardía del
género Novelle en Alemania, tal
vez sea una de las cuestiones que
determinaron su dificultosa
categorización dentro de la narrativa
germana. Diferente es el caso de otras
literaturas europeas, como por ejemplo la
española, que contaba para ese momento
con una rica y añeja tradición de
"novelas cortas", como las
clásicas Novelas Ejemplares
cervantinas. La obra goetheana Conversaciones
de emigrados alemanes de 1795, es
considerada casi sin cuestionamientos, la
primera obra del género en lengua
alemana. El apogeo de esta forma
narrativa se produce en Alemania,
aproximadamente desde el año 1830, hasta
fines del siglo XIX. (Cid, 2001, 77)
La opción siempre tentadora
para los hombres de evitar todo esfuerzo,
es seguramente la responsable del
razonamiento según el cual la novela
corta se diferencia de la novela
tradicional por su extensión. De
cualquier modo, resulta más que obvio
afirmar que sí es una
entre varias de las características que
diferencian a la Novelle de la Roman.
La Novelle, huelga decirlo, se
posicionó en el conjunto de los géneros
literarios de narrativa breve como el Kurtzgeschichte,
la Legende y el Märchen
entre otros. Pero como bien sabemos, los
límites suelen (afortunadamente) ser
laxos en el ámbito de la creación
artística, sobre todo cuando el poder
del genio creador rompe con las normas en
pos del desarrollo libre y natural que
todo talento reclama. De allí que
todavía las clasificaciones de algunas
obras en determinados géneros, susciten
controversias y opiniones dispares.
La casa de
Bulemann
Los a menudo borrosos
límites que los géneros narrativos en
lengua alemana presentan, tornan ardua
cualquier hipótesis de categorización.
Las características que sirven para
sostener la inclusión de una narración
cualquiera dentro de un género
determinado, son muchas veces al mismo
tiempo, argumentos para incluirla en un
género vecino. Este es el caso de
La casa de Bulemann de Theodor
Storm. Para su análisis, es preciso
repasar algunas de las características
generales que presenta una Novelle, a
saber:
- la brevedad del
relato
- la temática
realista/verosímil
- la narración de un
hecho inaudito
- la presentación de
una historia desarrollada
circularmente y no de una
"cadena de hechos" en
la que, como ocurre en la Roman,
la acción se desenvuelve de
manera lineal conformando un
mundo de situaciones, que
contempla digresiones,
protagonismos temporales de
personajes secundarios,
abundantes caracterizaciones
psicológicas, etc.
- la existencia de un
conflicto o situación límite,
que determina los Wendepunkte,
es decir, puntos de quiebre o
inflexión que cambian el curso
estimable de la historia.
Schlegel y Tieck, consideran de
hecho al Wendepunkt un
atributo de las novelas breves. (1)
- la concentrada
intensidad del relato, acelerado
con anticipaciones, que confirma
el estrecho vínculo con el
drama, género hermano de la Novelle
en el ideario de Storm
El marcado sesgo
sobrenatural de La casa de Bulemann,
la aleja del perfil realista propio de la
Novelle para acercarla más
propiamente al terreno del Märchen.
No es casual que Benno von Wiese
considerara Märchen-Novelle a la
obra de Storm. Algunos ven incluso en La
casa de Bulemann, un material cercano
al mundo de las hadas y demás seres
encantados, tan caro a los hermanos Grimm
o al danés Andersen. Ante esto, es
menester recordar que el Märchen
tiene también sus propias
características diferenciantes. Cuatro
de ellas nos interesan en especial:
- basados en leyendas
populares o folklóricas.
- narran sucesos
"maravillosos": hechos
que no generan sorpresa en el
lector, informado de antemano de
las "maravillas" que
depara el relato.
- asociados a la
literatura infantil.
- narraciones cerradas
con happy ending,frecuentemente
moralizante.
Elementos de Novelle
en La casa de
Bulemann
Goethe fue, además del
introductor de la Novelle en
Alemania, su primer teorizador, al
afirmar que su materia "es un
acontecimiento inaudito [unerhörte
Begebenheit] que ha tenido
lugar". (2) La casa de
Bulemann se ajusta perfectamente a
tal característica por la novedad de lo
narrado. La historia del viejo Bulemann
no pertenece a tradiciones populares o
folklóricas. Mucho más prosaica, es en
realidad, el relato de las vicisitudes de
un oscuro usurero en boca del anciano
organista Leberecht:
Los detalles más
circunstanciales provienen más bien
de un viejo que vive en un barrio
bastante alejado y que en su juventud
fue organista en la iglesia de Santa
Magdalena (STORM, 1996, 224)
En este punto, se puede
percibir el distanciamiento de La casa
de Bulemann, del cuento popular
maravilloso, que si bien no siempre
encuentra su origen en antiguas leyendas
populares, muchas veces se sirve de ellas
como modelo o retomando motivos. Storm,
por su parte, presenta una historia
nueva, con tintes legendarios, pero nueva
al fin. Es necesario apuntar que el mismo
autor consideraba Märchen a La
casa de Bulemann, tal vez haciendo
hincapié en el elemento sobrenatural que
sobrevuela el relato, reforzado por ese
guiño al lector avezado de lengua
alemana que constituye la denominación Männchen
con que Storm describe a Bulemann
(Cid, 2001, 80).
La historia de Bulemann se
desenvuelve de manera circular, como las Novelles
"piden". Storm se sirve del
narrador homodiegético Leberecht, para
contar de manera abreviada ciertos datos
del pasado de Bulemann, y de un narrador
heterodiegético, encargado de llevar luz
a los puntos oscuros de la historia desde
su lugar de testigo privilegiado. La
introducción de la historia -que incluye
una estrofa cantada- sumada al color
evocativo de las palabras de Leberecht,
insuflan al relato un tono de crónica
que remite a las Leyendas
becquerianas -tan cercanas al espíritu
germano-, donde abundan los olvidos, las
confusiones, la inexactitud premeditada y
los dichos de terceros ausentes:
Se decía que había
estado casado con una negra de la
región pero que luego de su regreso
nunca se vio a aquella mujer ni a los
niños de piel oscura. La gente
acabó por concluir que, durante el
viaje de retorno, se había cruzado
con un negrero al que había vendido
mujer e hijos por algunas miserables
monedas de oro. (STORM, 1996, 224)
Así las cosas, lo que
ocurrió a Bulemann es centro y eje
de la narración. No existen historias
paralelas, o ramificaciones que conduzcan
al protagonismo temporal de personajes o
hechos secundarios. El ámbito de la Novelle,
en el que tan cómodo se sentía Storm,
tiende una red invisible alrededor de la
historia central para conservarla
incontaminada de elementos que puedan
quitarla del centro. Lo importante aquí
es la historia de Bulemann, de su casa,
sus mascotas Graps y Schnorres, a lo sumo
de sus víctimas, pero siempre en
estrecha relación con el hecho central,
la dínamo del relato, que es el
extraordinario destino del usurero, en
rigor, lo que se desea revelar. Los datos
que Leberecht y el narrador
heterodiegético aportan, son siempre
nuevas claves para desentrañar el
misterio final. Si bien pueden resultar
una simplificación, las palabras de
Johannes Klein, son elocuentes:
"[l]a novela parte de lo que el
hombre es; la novela corta, de lo
que le sucede al hombre" (3).
Y también la idea de Poe reformulada
por Todorov, según la cual "la
novela breve se caracteriza por la
existencia de un efecto único, situado
al final de la historia, y por la
obligación que tienen todos los
elementos del relato de contribuir a este
efecto". (Todorov, 1999, 71).
A medida que se avanza en la
lectura, la personalidad de Bulemann se completa
a partir de nuevos datos y de
anticipaciones que a veces lo involucran
directamente (descripción del padre), y
otras, de manera periférica pero
sustancial (niñez de Leberecht =
Cristóbal).
La casa de Bulemann,
manifiesta el Wendepunkt,viraje o
punto de inflexión, hacia la mitad del
relato. Una vez que el narratario ha sido
informado de las particularidades de
Bulemann, su pasado, sus costumbres y
demás excentricidades, se narra el hecho
determinante, la situación límite que
desencadenará a la postre el
sorprendente desenlace. El narrador
describe el inútil clamor de Cristina a
su medio hermano Bulemann (a quien llama
Daniel, tratando de invocar una
familiaridad lejana y muerta) por auxilio
para su enfermo hijo Cristóbal. El
pedido de ayuda y su rechazo desencadenan
el conflicto axial: la maldición de
Cristina como réplica a la actitud de
Bulemann, indiferente y agresivo con su
hijo:
¡Malo, malvado!
-exclamó la mujer- ¡Muérete tú y
tus bestias! (STORM, 1996, 232)
Vale la pena apuntar que una
traducción más apropiada de la segunda
oración sería "ojalá te eches
a perder junto a tus bestias" (4),
ya que en Bulemann se opera una suerte de
descomposición, custodiada celosamente
hasta el final, por los monstruosos Graps
y Schnorres. Esa deformación física se
transforma en reflejo de la interioridad
del personaje. La avaricia auspicia que
su alma contrahecha se haga carne.
El motivo de la indiferencia
para con los sufrientes es uno de los
tantos que se repite en la narración. La
actitud de Bulemann con Cristina al morir
la madre de ambos, incluye no
participarla de la herencia, ni prestarle
auxilio en ocasión alguna. La rígida
indiferencia y el desprecio demostrados
desde siempre con la madre de Cristóbal,
son los mismos que Bulemann exhibe con su
hijo (y los mismos que Leberecht temía
siendo niño). El contraste entre las
figuras desamparadas de Cristina y
Cristóbal, y el carácter pétreo del
prestamista, contribuye con el efecto
dramático de la obra. Cristina y
Cristóbal son muy débiles e
indefensos; Bulemann es muy impío
y avaro. En palabras de Florence Goyet,
"los personajes de la novela corta
son prodigiosamente lo que son; cada
estado, cada cualidad, cada sentimiento,
son llevados a su paroxismo". (5)
Cristóbal es según
la tradición el portador de Cristo. Un
santo legendario que murió mártir bajo
el emperador Decio (Diccionario de
símbolos, 1993, 128-129). No parece
caprichoso que Storm haya elegido un
nombre que alude a lo sagrado. El niño
Cristóbal representa de este modo, lo
sagrado-crístico, la niñez y la
indefensión. Buleman, lo
profano-demoníaco, la decrepitud y la
abundancia perniciosa.
A partir de la situación
límite [Grenzsituation] nada
será igual en la vida de Bulemann. La
maldición de la que se hizo merecedor
por su indiferencia, determinará su
progresiva degradación física y
espiritual. El mismo Storm aludiendo a
Bulemann, (y también a los lectores,
casi "educándolos") pone
hábilmente en boca del narrador la
frase:
Ignoraba que las
maldiciones de los pobres son
terribles cuando son provocadas por
el corazón duro de los ricos (STORM,
1996, 233)
Esa sentencia profética,
podría ser perfectamente el slogan
para La casa de Bulemann en el
caso de volverse hoy un milagroso best-seller,
ya que anticipa subrepticiamente el final
truculento que aguarda al personaje
central.
La casa de Bulemann
es también un relato intenso,
concentrado, en el que todo suceso
responde a su rol de clave para
desentrañar el misterio final. Las
situaciones son presentadas de modo casi
dramático. Storm no escatima pasajes
dialogados que nutren de agilidad y
movimiento a un relato que de no poseer
dichos pasajes, se volvería sin dudas
más lento y monótono, como se observa
en el siguiente fragmento dialogado entre
la señora Hanken y Bulemann:
-¿Ha oído las campanas
de Santa Magdalena? preguntó
al entrar.
-No respondió
secamente el señor Bulemann absorto
en los números de la lotería.
-¿Sabe por quién
doblaban? insitió la vieja
-¿Y a mí qué me
importa el sonido de las campanas?
-¡Eh, sin embargo, era
por el hijo de su hermana!
El señor Bulemann dejó
la pluma sobre la mesa (STORM, 1996,
233)
El efecto dramático se
incrementa con el motivo de las campanas.
Las campanas tienen la propiedad según
algunas tradiciones de ahuyentar a los
demonios y a los gnomos (Diccionario
de Símbolos, 1993, 85-86). Es
sugestivo este diálogo, con las campanas
que, como fondo, parecen anunciar el
cadalso que le espera a Bulemann. A su
vez, en la última oración, se advierte
por única vez en el relato una suerte de
reacción (¿culpa? ¿remordimiento?
¿temor a las consecuencias?) del
protagonista ante un suceso desgraciado
que lo toca de cerca. Las campanas
enmarcando el diálogo entre la señora
Hanken y Bulemann crean, además de una
atmósfera que deja entrever la tragedia
inminente, un notable efecto
cinematográfico. Son sones de mal
agüero.
La señora Hanken, por su
parte, es víctima de Bulemann como lo
fue de su padre, y termina ella misma
convirtiéndose en un ser obsesionado con
la acumulación cuasi patológica de
bienes:
Al igual que el señor
Bulemann en su tercer piso, la vieja
había conseguido amontonar en las
habitaciones de la planta baja
tesoros ilegítimos. (STORM, 1996,
229)
Tanto se mimetiza con las
costumbres de su amo, que su obsesión
con los panes que atesora, luce cual una
irónica y risible presentación de la
mezquindad como enfermedad de fin de
siglo que afecta sin distinción a pobres
y a ricos. A amos y esclavos.
La irrupción de
lo sobrenatural
Hasta aquí, La casa de
Bulemann se desenvuelve como un
relato realista, con ciertos giros
inquietantes, pero siempre dentro del
ámbito de la normalidad. Con la
maldición de Cristina, Storm introduce
la vacilación en el lector, generando un
clima más propicio para el efecto
fantástico (Todorov, 1999, 59). La
primera metamorfosis que se opera es la
de los gatos Graps y Schnorres. Crecen
desmesuradamente llamando la atención
del mismo Bulemann que inquiere a la
señora Hanken:
-¿Qué animales son
éstos? ¡Por cierto que gatos no
son!
Y agarrando a la vieja
por el brazo le empujó con fuerza
hacia la pared. (STORM, 1996, 235)
La vacilación suscitada en
torno al cambio de tamaño de los
animales queda abierta a diferentes
conjeturas: una hipótesis de corte mágico
o milagroso puede interpretar que
se debió al cumplimiento exacto de la
maldición proferida por Cristina.
Explicaciones más naturales
pueden atribuir el cambio de tamaño
abrupto de los felinos a un error de
percepción de Bulemann sugestionado por
el entorno o incluso adjudicarlo a la
utilización de algún tipo de pócima
por parte de la señora Hanken, como el
mismo prestamista sugiere:
-¡Vieja bruja!
-exclamó-. ¿Qué mixtura le has
dado a mis gatos? (STORM, 1996, 235)
Hasta el final del relato,
la vacilación se extenderá generando un
clima mucho más denso y en el que la
descripción de Bulemann, la casa y los
gatos, recuerda a los clichés
más conocidos de la Gothic Novel,
con su parafernalia de maderas que
crujen, musgos que invaden las paredes y
olores extraños. Pero lo importante
aquí es destacar el efecto al que alude
Sigmund Freud en su ensayo Lo ominoso [Das
unheimlich]: lo familiar que se
vuelve extraño; lo cotidiano que se ha
tornado amenazante y aterrador por el
desconocimiento de lo que antes era conocido.
(Freud, 1997, 66). El siguiente pasaje es
por demás elocuente:
De pie, en el palier
junto a la escalera, el señor
Bulemann llamaba a la vieja
maldiciendo: únicamente el silencio
o su propio eco le respondían. Ya se
aprestaba a bajar cuando oyó un gran
estrépito en la escalera y vio a los
gatos subir a toda carrera. Pero ya
no eran gatos; eran fieras
indescriptibles. (STORM, 1996, 237)
Tan siniestro se vuelve el
entorno, que hasta la señora Hanken
parece haber sido alcanzada por la
maldición, al sucumbir en su loca huida
de la casa con sus grotescos trastos.
A partir del punto de
viraje, la vacilación extiende sus
dominios como una telaraña en el relato.
A partir del Wendepunkt, toda
nueva información genera dudas en virtud
de su intencionada ambigüedad; todo es
susceptible de ser interpretado por causas
naturales, o bien por la influencia
de fuerzas que se encuentran más allá
del entendimiento. Esa vacilación es
también la encargada de dar por tierra
con la clasificación de La casa de
Bulemann como Märchen. En lo
maravilloso, el lector es invitado a
creer sin más, como en el caso de los
cuentos de Andersen, anteriormente
citados. Nadie se pregunta si en verdad
existen sirenas bajo el mar prestas a
enamorarse de náufragos. Ningún hecho
produce vacilación en el terreno
feérico. Las "maravillas" se aceptan
sin más, o mejor, como pedía Coleridge,
se suspende la incredulidad. Y es
que éste es el rasgo fundamental de lo
maravilloso: una anticipada complicidad
entre el narrador y el narratario,
totalmente ausente en La casa de
Bulemann. El relato de Storm, mas
bien debería ser definido como
fantástico-maravilloso, es decir,
"[l]a clase de relatos que se
presentan como fantásticos y que
terminan con la aceptación de lo
sobrenatural". (Todorov, 1999, 45)
Bulemann o el
destino ineludible del burgués decadente
El relato breve necesita de
tipos conformados, paradigmas. La
descripción de Bulemann como avaro
hijo de avaro (característica que
por repetirse, opera como anticipación),
como sujeto cruel, materialista y
nocturno, desde las primeras páginas
determina taxativamente un tipo
inflexible, al límite del sadismo y
obsesionado por la acumulación de bienes
que atesora con celo enfermizo. Este
hombrecillo de costumbres cavernarias y
despóticas irá evolucionando
progresivamente al compás de la
descripción de sus acciones, hacia un
proceso de deshumanización acorde con su
decadencia interior. Con el paradigma
"usurero", el narrador se sirve
de una figura que remite fundamentalmente
al Shylock shakespeareano en el
inconsciente literario germano-británico
(o acaso en el inconsciente literario
universal), y que funciona como elemento
repelente inicial y clave para toda
valoración posterior. Bulemann es
también alguien, como Shylock, como el
Iscariote, dispuesto a derramar sangre
por monedas. El estereotipo ya está
construido, el juicio del narrador -y por
extensión el de los lectores que supone-
es definitivo antes de que Bulemann
incurra en su peor crimen, que viene a
ser sólo la confirmación cabal de lo
que se suponía un alma impiadosa y dura.
En ningún momento de la narración
Bulemann manifiesta indicios de ansiar
redimirse. El aspecto decrépito y la
ambición ilimitada e infantil de
pequeño burgués, transforman al
personaje central en un sujeto estático
en cuanto a su proyección a cualquier
cambio de actitud positivo. Bulemann
sólo puede evolucionar negativamente.
Sólo es capaz de comportarse (y por ende
lucir) peor de lo que lo hacía con
anterioridad. Esta evolución negativa
constituye una auténtica intriga de
degradación, en términos de Norman
Friedman (6). Bulemann es un
esclavo de un dinero que no disfruta, y
cuyo valor se vuelve enfermizamente
intrínseco. En todo y en todos, advierte
potenciales enemigos en procura del mismo
botín. Es el retrato deforme del
pequeño burgués decadente de fines de
siglo XIX, cada vez más alejado de la
esfera espiritual o contemplativa y cada
vez más hundido en el neg-otium.
Las consecuencias de la idea que supone
que el progreso material conduce a la
felicidad y a la realización personal,
todavía se padecen. En ellas se reconoce
perfectamente la sensación de fracaso
tan propia del hombre moderno que,
apartado de su esencia, sobrevive en el
extravío. Storm, como cirujano
implacable hunde el dedo en la herida de
una sociedad occidental que iniciaba su
aún vigente proceso de decadencia moral.
Conclusión
Como hemos podido observar,
la clasificación de La casa de
Bulemann dentro de un género
específico es por lo menos discutible.
Narración híbrida y engañosa, presenta
simultáneamente elementos de Novelle,
Märchen, cuento fantástico y
hasta Legende. Al parecer, Storm
sentía especial predilección por las
historias extrañas; probablemente sea
por herencia romántica, ya que en sus
días, el realismo era la línea que
mejor se adecuaba a tiempos más anodinos
y desencantados. Un Occidente que había
cambiado y había perdido mucha de la inocencia
romántica (hoy, casi una
redundancia) y ante el cual no pocos
hombres comenzaban a sentirse abatidos e
insignificantes. El marco escéptico e
hiper-racional en el que Storm da vida a
su narración, impone por decantación
personajes de carne y hueso. Pero
su notable genio, lo lleva a servirse de
motivos que escapan a la razón para
atacar los vicios de una clase burguesa
afincada en la acumulación
indiscriminada y enfermiza de bienes con
frecuencia mal habidos.
El final de la narración es
de compleja valoración. Por un lado se
aleja definitivamente del realismo con la
descripción de ese pseudo-Merlín del
tamaño de una mano en que se convierte
Bulemann: ya no hay lugar para justificar
racionalmente los hechos; el lector
acepta lo sobrenatural como tal. Tampoco
se ajusta al clásico happy ending
de todo Märchen; aunque desde
otra óptica, podríamos afirmar que si
bien no hay final feliz, sí existe como
compensación una suerte de justicia
poética, a través de la cual, el
autor da a conocer de modo apenas
subrepticio su punto de vista. Su visión
de cómo acaban las cosas para
quienes viven como Bulemann. En este
sentido, podríamos pensar que Storm
(quien como ya se apuntó, consideraba Märchen
a la obra) concibió un cuento
maravilloso para adultos. Lo
cierto es que en rigor, la narración se
ajusta a la definición de relato
fantástico-maravilloso sugerida por
Tzvetan Todorov. Pero yendo más a fondo,
se comprende que La casa de Bulemann
excede las pretensiones de los cuentos
fantásticos o maravillosos. Las palabras
de Louis Vax sobre el relato de Storm El
hombre del caballo blanco se ajustan
también a La casa de Bulemann,
"la explicación sobrenatural y la
explicación sociológica, en lugar de
excluirse, se yuxtaponen".(7)
Desde esta investigación,
se propone la interpretación de La
casa de Bulemann, como novela breve
con tendencia a la alegoría; como
auténtica sucesión de metáforas que
desnuda la problemática del minimizado
pequeño burgués que, encerrado en la
cárcel de la sociedad capitalista,
espera por un milagro que lo redima,
aunque ya no crea en milagros.
NOTAS:
1) Schlegel, August/Tieck, Ludwig,
presentados por Miguel Vedda en Antología
de la novela corta alemana (15)
2) Cito a Goethe, presentado por Vedda en
Antología de la novela corta alemana (13)
3) Cito a Klein, presentado por Miguel
Vedda en Antología de la novela corta
alemana (10)
4) Cid, Adriana. La casa de Bulemann de
Theodor Storm: Estrategias narrativas
para una intriga de degradación. (86)
5) Cito a Goyet, presentado por Miguel
Vedda en Antología de la novela corta
alemana.
6) Cito a Friedman a partir de la
presentación de Adriana Cid en su
artículo La casa de Bulemann, de
Theodor Storm: Estrategias narrativas
para una intriga de degradación.
7) Vax, Louis. Arte y literatura
fantásticas. (84)
Bibliografía
* DICCIONARIO de SÍMBOLOS. 1993. Hans
Biedermann. Buenos Aires, Paidós.
* STORM, Theodor. La casa de Bulemann.
En: AAVV. El cuento fantástico
alemán. 1996. Selección de
Anneliese von der Lippen Trad. H.C. Lipps
Buenos Aires, Andrómeda. 223-243.
* AA.VV. Los románticos alemanes.
1978. Estudio premilinar y selección de
Ilse de Brugger. Buenos Aires, Centro
Editor de América Latina.
* CID, Adriana. 2001. La casa de
Bulemann, de Theodor Storm: Estrategias
narrativas para una intriga de
degradación. En: Letras. Revista
de la Facultad de Filosofía y Letras de
la U.C.A. Julio-Diciembre. (77-92)
* FREUD, Sigmund. 1997. Lo siniestro.
Buenos Aires, JVE Psiqué (45-86).
* TODOROV, Tzvetan. 1999. Introducción
a la literatura fantástica. México,
Coyoacán. (Diálogo abierto /
Literatura, 16)
* VAX, Louis. 1965. Arte y literatura
fantástica. Buenos Aires, EUDEBA.
* VEDDA, Miguel. 2001. Antología de
la novela corta alemana. Buenos
Aires, Colihue.
CARLOS MARÍA NESSI
estudia Licenciatura en Letras en la
Facultad de Filosofía, Historia y Letras
de la Universidad del Salvador. Ha
publicado varios artículos, entre ellos
"Camus y Houellebecq: el extranjero
en la Sociedad Informatizada", en
Gramma, Año XVI, Nº 38 (2004) y
"El almohadón de plumas y
Thanatopìa", en Revista
Contratiempo / versión digital (2006)
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2000-2007 | Revista
Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
Directora: Zenda Liendivit
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