Revista de pensamiento y cultura
/ La pregunta por la muerte / Año III N° 6 / Otoño - Invierno 2003
   

Arte mestizo (madera)
San Miguel Arcángel
Paraguay siglo XVIII
Museo Sacro Juan S.Bogarín/
Asunción

ENCUENTRO DE DOS MUNDOS

La muerte como continuidad: algunos elementos para la comprensión del desarrollo de la llamada guerra guaranítica

NORBERTO LEVINTON

El 4 de octubre de 1754 a las 9 de la mañana el Cacique Paracatú, del pueblo de Nuestra Señora de los Reyes de Yapeyú, ordenó a sus indios cargar contra el ejército español. Sería el primer enfrentamiento de una vergonzosa guerra que enfrentaría a la coalición de las coronas de España y Portugal contra los guaraníes evangelizados por los misioneros jesuítas.

El Gobernador Andonaegui ya era un hombre grande y enfermo; la primera campaña contra los pueblos rebeldes al Tratado de Permuta (7 pueblos a cambio de la ciudadela de Colonia del Sacramento) había sido un viaje penoso. Mandaría al oficial Tomás Hilson -con 400 hombres- a luchar con las huestes del Cacique. Los indios estaban formados en una hondonada. Eran 300 aproximadamente; tenían un cañón que estaba oculto en una ramada, 3 bocas de fuego y el resto eran diferentes armas blancas como lanzas, flechas y espadas.

¿Qué sucedió en el combate del río Daimán? Las estadísticas expresan que quedaron 230 indígenas muertos y 72 prisioneros; de los españoles un capitán de milicias muerto y 27 soldados heridos. Un saldo tan escasamente balanceado podría adjudicarse a una diferencia en el poder de fuego o a una práctica errónea del arte militar. Sin embargo los indios eran veteranos de innumerables combates. Habían peleado contra otros grupos indígenas; también con piratas franceses, fuerzas regulares portuguesas y gauderios. Pudiera sugerirse que siempre tuvieron como supremos jefes de sus fuerzas a hermanos coadjutores o a experimentados sacerdotes de la Compañía de Jesús. Sin embargo el gentío de cada pueblo por proporción numérica había respondido básicamente a las indicaciones de sus propios hermanos indígenas; como en la batalla del Mbororé. Ñenguirú y Cabacambí habrían sido algunos de los destacados Caciques que fueron seguidos ordenadamente. Por eso nuestra hipótesis considera la actitud de Paracatú y sus hombres ante la lucha como una conducta relacionada con la pervivencia de conceptos filosóficos previos a la evangelización. Parecería que la conservación de la propia vida adoptó una figura diferente a la aprendida en el seno del cristianismo. De alguna manera es posible cuestionarse si la pregunta por la muerte entre los indios tomó a partir de la batalla un sentido diferente del enseñado por los sacerdotes. El principal fundamento que nos permite hablar del tema es el análisis de cartas escritas por los indios. Una serie que fue encontrada por los españoles luego del combate; tenían alrededor de un mes y medio a dos meses de escritas.

"…Cacique Don Rafael Paracatú: Dios os guíe mi hermano menor…" La carta, luego de un breve mensaje, es firmada "…quien más te ama. Miguel Xavier Arayú pobre como tú…" Lamentablemente no poseemos un padrón que podría darnos datos exactos; Paracatú pareciera contar con menos edad que su interlocutor. Era un procedimiento normal entre los grupos prontos a enfrentar al enemigo el elegir como jefes a los jóvenes, presuntamente menos temerosos en los hechos sangrientos. El Cacique jefe guerrero habría sido reconocido como líder-héroe; una figura mitológica, al mismo tiempo sería visualizado como uno más del pueblo.

Dios aparece eligiéndolo como su mediador; Paracatú estaba planeando ejecutar sus acciones como un bien para la humanidad, la comunidad yapeyuana. Al convertirse en héroe encarnaría la esperanza de que un día, más temprano o más tarde, redimiría a sus hermanos trayéndoles la felicidad. "…y después de esta vida tengamos cumplido gozo delante de Dios para siempre y que esto sea así en el nombre de Dios…
…nosotros unos pobres como tú Cipriano Haiera y Miguel Xavier Arayú tus queridos te escriben…"

El líder-héroe civilizador traería la salvación y la seguridad a la comunidad libertándola de peligros y dificultades. "…y que andeis sólo en el amor de Dios Jesucristo nos manda por su amor y nosotros por el nuestro y esto has de tener siempre ante los ojos y has de pedir a la Virgen Santísima nos dé toda felicidad y pidamos también a las santas almas que estan delante de Dios que pidan para nosotros fortaleza y que nos cuíde esto te escribimos para que en nombre de Dios lo leas…" (6 de agosto de 1754)

Paracatú concitaría a la comunidad a seguirlo…"…quedamos muy agradecidos todos vuestros hijos de haber oído tus palabras que nos hicistes saber las de Dios y es así que Dios Nuestro Señor nos manda por su amor y nosotros por nuestro amor nos mandamos y eso es lo que tú nos has cumplido Dios Nuestro Señor quiere que así nos tengan en la tierra a nosotros sus criaturas…"

Aquí aparece otro elemento que acerca a los yapeyuanos a una fuerte ligazón con su cultura tradicional. El tema decisivo es la palabra. Los antiguos guaraníes, los evangelizados y los contemporáneos son llevados por la palabra y parafraseando a Chamorro, al mismo tiempo llevarán la palabra consigo.

"….la palabra caminaba con ellos de una tierra cansada, yvy mara, para una tierra nueva, yvy pora." Ellos son llevados por la palabra y, al mismo tiempo, llevaban la palabra consigo en sus migraciones.

"…sólo por decirte que Dios te guíe te escribo en nombre de Dios yo tu hermano mayor Don Nicolás Anduriyé sólo Dios el que hace todas las cosas según su voluntad para el que no hay cosa dificultosa por eso yo como que he de morir quisiera que para que todas nuestras cosas se encaminen bien se tuviese por objeto lo bueno por cuya razón has de andar siempre en el amor santo de Dios Jesucristo con mucha humildad y fortaleza obedeció a su Padre y aún viéndose vilipendiado de sus enemigos siempre los amó y por eso amarás a Dios y a tus prójimos y con eso serás digno de ser amado haciendo hermano mío a imitación de Dios todas las cosas de este mundo se han de acabar pero las de la otra vida han de ser eternas; platícales bien a nuestros hijos por amor de Dios y por nuestro amor que de esa suerte tendrá Dios a bien todas tus cosas aquí en la tierra te dará Dios felicidad y mucho más después que salgas de esta vida cuidarás que tus hijos cumplan la voluntad de Dios que nosotros los que estamos en el pueblo celamos mucho lo mismo quiera su divina majestad y nuestros santos Reyes que en toda nuestra vida andemos según la palabra de Dios…(…)…y así lo quiere Dios de tierra fuímos y tierra volveremos al ser acabados los días de nuestra vida…(…)…Dios nos ha de mirar y cuidar si hubiera alguna novedad…
…tu hermano mayor Don Nicolás Anduriyé que te ama te escribe…

En este último texto se puede detectar la permanencia de la llamada concepción arcaica o sacralizada de las antiguas culturas. Aparece una idea esencial; la diferencia entre la vida y la muerte no se interpreta como una discontinuidad. Uno de los condicionantes fundamentales de esta creencia pareciera ser el hecho de superar la vida y la muerte por medio del logro de la virtud. Ésto es integrado por la condición de héroe y por la portación de la palabra. Al respecto dicen los Mbyá que los que llevaban una vida virtuosa y entonaban regularmente los cantos sagrados alcanzaban el estado de aguyjé (perfección humana) y pasaban a la tierra sin mal sin requerir de su muerte física. Este mismo planteo lo destaca Chamorro entre los kaiová cuando transcribe de los Pai Lauro y Dolicia "…solamente el rezo nos puede salvar…" . Se detecta una idea similar a la de la última carta transcripta: "…nosotros que creemos en Jesús seremos levantados por el primer viento y nuestro espíritu irá para arriba y sólo nuestro cadaver, sólo nuestra casa será tirada al mar. Así terminará este mundo y la tierra estará lista para ser recreada nuevamente…"

Dolicia habla de
"….la llama del bien
donde viven los que alcanzaron la perfección…"

Bartolomé menciona una frase de los contemporáneos avá-katú-eté "…se fue en vida sin morir… "
De esta manera podríamos afirmar que el sistema de ideas indígena, que relaciona lo expresado por los indios de Paracatú en el siglo XVIII y los actuales, pareciera excluir los binomios cielo-tierra y cuerpo-alma substituídos por la búsqueda de la perfección. Por eso un himno de los muertos de los Mby ´a establece de esta forma el concepto de continuidad: "…después de hundirse el espacio y amanezca una nueva era yo he de hacer que circule la palabra nuevamente por los huesos de quienes portaron la vara-insignia [jefes como el héroe-civilizador Paracatú] y haré que vuelvan a encarnarse las almas…"

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