Palabras
en red:
las mutaciones de la literatura en
Internet
Dênis de Moraes1.
El ambiente literario on line
Partimos del reconocimiento
de que mismo en el ambiente de flujos
infoeletrónicos en que vivimos, la
literatura tradicional continua
fascinante e insubstituible. En las
palabras grabadas con tinta en el papel,
hay lo que Mario Vargas Llosa define como
"los más bellos paisajes de la
imaginación". Imposible abandonar
el contacto suave con la superficie lisa
del libro, la capa fosca o brillante, las
hojas blancas encuadernadas, los
marcadores...
Debemos, sin embargo,
admitir que el mundo de las letras ya no
gravita sólo en torno de libros
impresos, ni se vincula a las políticas
editoriales de los medios de
comunicación tradicionales. Los
materiales literarios tienen en Internet
una rara e imprevista desenvoltura. La
mega-red planetaria los integra con
flexibilidad para enlazar nuevos
contenidos y multiplicarlos en usos
divididos, a través de bases de datos y
publicaciones electrónicas, en
constantes mutaciones, abarcando periodos
históricos, géneros, movimientos y
escuelas. Si a tales evidencias
sumáramos las ventajas propiciadas por
la velocidad de la transmisión digital,
el bajo costo de producción y la
substancial autonomía de difusión que
Internet tiene frente a la esfera
impresa, encontraremos pistas concretas
para la fiebre literaria virtual.
De hecho, la Web se
encuentra poblada de webs literarias
desde colecciones de textos de la
era greco-romana a los workshops
virtuales. El poeta joven puede colocar
en el aire sus versos titubeantes, lado a
lado con las páginas de los Premios
Nobel. En segundos, usted se desplaza por
bibliotecas electrónicas que ofrecen,
gratuitamente, obras de William
Shakespeare, Carlos Drummond de Andrade,
Pablo Neruda, Katherine Mansfield,
Bernard Shaw o Miguel de Cervantes. Se
cuentan por centenares los grupos de
discusión, conferencias y salas de
conversación en tiempo real sobre
asuntos tan dispares como la literatura
vietnamita y la poesía de Jorge Luis
Borges. En esos espacios en red, circula
lo que se pueda imaginar en materia de
permutaciones literarias: debates sobre
autores y libros, críticas y reseñas,
poemas, ensayos y cuentos, informes sobre
congresos y concursos, comentarios sobre
la actualidad cultural, proyectos
académicos, indicaciones de webs y
periódicos especializados, etc. (1)
Las bases literarias estocan
y ponen en línea gran volumen de datos,
clasificados por autores, géneros y
actividades creativas (poesías, cuentos,
romances, ensayos, reseñas, estudios
críticos, biografías, hiperficción).
Se organizan en secciones temáticas,
links y mecanismos de búsquedas,
agrupados a partir de campos
geoculturales comunes: literaturas
brasileña, portuguesa, norteamericana,
inglesa, francesa, italiana, española
etc. Para ello convergen acervos
documentales de bibliotecas
electrónicas, centros de búsquedas,
guías de autores etc. Los bancos de
datos comprenden listados de webs,
repositorios de artículos, periódicos,
materiales iconográficos y sonoros,
catálogos y listas de discusión. (2)
Los usuarios pueden
consultar aún colecciones de textos
digitalizados, con downloads gratuitos de
clásicos de la literatura universal y
obras de referencia. Solamente el
Proyecto Gutenberg (http://promo.net/pg),
financiado por instituciones públicas y
privadas norteamericanas, tiene más de
2.500 títulos, entre los que se
encuentran la Biblia, diccionarios,
enciclopedias y textos de autores como
Shakespeare, Henry James, Somerset
Maugham, Katherine Mansfield, Bernard
Shaw, Julio Verne, Conan Doyle y Charles
Dickens.
Sin sobreponerse o
equipararse a la literatura tradicional,
la ciberliteratura subraya la emergencia
de un ecosistema con conexiones
comunicacionales que posibilitan
intercambios entre emisores-productores y
receptores-consumidores. Es posible
informar y ser informado casi
simultáneamente. No veo exageración al
hablar de una explosión de e-magazines
literarios. (3) Ora aparecen como
acciones personales, ora resultan de
iniciativas de grupos e instituciones,
ora son las versiones digitales de
revistas y suplementos de prestigio. Se
publica de todo: poemas, cuentos,
reseñas, ensayos, biografías,
entrevistas, concursos, fotografías,
ranking de best-sellers, narrativas
hipertextuales... La regla, una vez más,
es la coexistencia de las afinidades
electivas, en un campo permanentemente
abierto a la retroalimentación.
Internet disuelve la
subordinación a las instancias
intermediarias (académicas, mediáticas
o editoriales) y descentraliza los
procesos de edición, difusión y consumo
de textos. No existen jerarquías,
comandos centrales o límites
preestablecidos. La figura del autor
tiene importancia estratégica: puede ser
su propio editor y distribuidor; puede
alterar o actualizar sus obras sin costo
adicional; puede divulgar y debatir el
que produce por correo electrónico, en
listas de discusión, boletines y anillos
de webs.
El ciberespacio funda una
ecología comunicacional: todos dividen
un colosal hipertexto, formado por
interconexiones generalizadas. (4) Se
trata de un conjunto vivo de
significaciones, en el cual todo está en
contacto con todo: los hiperdocumentos
entre sí, las personas entre sí y los
hiperdocumentos con las personas. En el
precurso del hipertexto, cada actor
inscribe su identidad en la red a medida
que elabora su presencia en el trabajo de
selección y de articulación con las
áreas de sentidos. El principio
subyacente al hipertexto es el de que
cualquier parte de un texto almacenado en
el formato digital (secuencia de
caracteres que son reconocidos y
visitados por softwares específicos)
puede ser asociada automáticamente a las
unidades textuales almacenadas de igual
modo. El toque sobre las palabras
subrayadas pone al ordenador a activar el
acceso oculto detrás del link,
proyectando en la tela el asunto
requerido. El usuario tiene la
alternativa de saltar de una fuente a
otra, en un itinerario sin comienzo ni
fin. Los textos deslizan por el monitor,
en ritmo secuencial, con muchas
interferencias individuales y colectivas.
(5)
El hipertexto figurase,
pues, como un texto modular, leído de
manera no-secuencial, compuesto por
fragmentos de información (los links).
El hipertexto permite nuevas soluciones
de intervención por parte de los
lectores. Conforme sus intereses y
preocupaciones, la persona sigue caminos
propios y busca sentidos en los datos
localizados. Pierre Lévy observa que, en
la comunicación escrita tradicional, los
recursos de montaje son utilizados en el
momento de la redacción. "Una vez
impreso, el texto material mantiene una
cierta estabilidad... a la espera de los
desmontajes y remontajes de sentido a que
el lector se irá a entregar." Ya el
hipertexto digital aumenta
considerablemente el alcance de las
operaciones de lectura: "Siempre en
un proceso de reorganización, él [el
hipertexto] propone una reserva, una
matriz dinámica a partir de la cual un
navegador-lector-usuario puede crear un
texto en función de las necesidades del
momento. Las bases de datos, sistemas
periciales, hojas de cálculo,
hiperdocumentos, simulaciones
interactivas y otros mundos virtuales
constituyen potenciales de textos, de
imágenes, de sonidos, o de calidades
táctiles que las situaciones
particulares actualizan de mil maneras.
El digital recupera así la sensibilidad
en el contexto de las tecnologías
somáticas [voz, gestos, danza],
manteniendo el poder de registro y de
difusión de los medios de
comunicación." (6)
De manera análoga, en la
escritura colaborativa se divisan nuevas
técnicas de composición. La creación
experimenta desplazamientos, variaciones
y modulaciones las
"tempestades de constantes
secuencias" de que nos habla Michael
Joyce, pionero de la hiperficción con Afternoon:
la story (7) Los links
reordenan la estructura narrativa y la
arquitectura ficcional, así como
dinamizan los itinerarios de lectura e
interpretación. Lo que es sólido puede
ser también móvil, fluido, desenraizado
y accesible en cualquier segundo.
Los flujos interactivos de
Internet incrementan la composición
literaria colectiva, a través de
hipertextos que producen novelas, cuentos
y poemas con la interferencia de
usuarios. Lectores participan de la
construcción de novelas y cuentos
interactivos. La antigua estructura del
texto final convive ahora con la
escritura secuencial del espacio virtual (8).
Esboza un nuevo tipo de escritor
bautizado como autor electrónico,
que se vale de soportes electrónicos
para la formulación de narrativas
hipertextuales y para la integración de
los lectores al proceso creativo. (9)
2. Nuevos
soportes, antiguos dilemas
El fenómeno de la
literatura virtual viene suscitando
críticas a las veces apasionadas o
apocalípticas sobre el futuro de
la expresión escrita y del propio libro.
En 1964, Marshall McLuhan decía que las
tecnologías electrónicas suplantarían
a los vehículos impresos. "El poeta
Stéphane Mallarmé pensó que el
mundo existe para acabar en un
libro. Ahora, estamos en
condiciones de poder transferir todo el
espectáculo para la memoria de un
ordenador", sentenciaba McLuhan (10).
Si fuera vivo, el teórico canadiense
estaría publicando sus libros, para
subrayar el fracaso de su vaticinio. En
contrapartida, la revolución
informacional confirmaría su idea de que
las redes electrónicas proyectan para
fuera del cerebro humano "un vivo
retrato del sistema nervioso
central", en el cual las actividades
cotidianas son como fajos de neuronas.
Pero, existen intelectuales
que desconfían del ordenador. No
adelanta ponderar que estamos ingresando
en la era multimedia, que permite
unificar los circuitos de Internet,
televisión a cabo y telefonía.
Guillermo Cabrera Infante, escritor
cubano radicado hace una década en
Londres, afirma no estar familiarizado
con La Web, ni con el CD-ROM, mucho menos
con "cualquiera de los métodos
espectaculares de conocimiento".
Desafía las innovaciones: "El libro
existe hace tres mil años. Es muy
difícil abandonar un hábito
querido." En la oficina del autor de
La Habana para infantes difuntos,
hay un ordenador regalado por la familia.
Pero a Infante no le gusta el contacto
con la máquina. (11)
Se torna indispensable
demarcar los territorios en tensión. De
un lado, los cultores de paradigmas
clásicos, para los cuales la literatura
se materializa sólo en el papel. Esta
cadena recusa la pertinencia de los
flujos tecnológicos en la creación
artística. El mundo electrónico
amenazaría la importancia de la obra
literaria, sustituida por el
encantamiento virtual. La abundancia
desordenada de las redes dificultaría
reflexiones críticas.
Fabio Lucas, ex-presidente
de la Unión Brasileña de los Escritores
y destacado crítico literario, alerta
sobre los efectos de la hipervelocidad en
el dominio cultural. Determinadas
actividades humanas no se ajustan a la
lógica de la urgencia, bajo presión de
la media y de las tecnologías de
información. Lucas también destaca que
la creación y la fruición literarias
demandan tiempos más demorados, mientras
que en la media prevalece la rapidez. Y
añade: "El tiempo de la producción
literaria no siempre se coadyuva con la
velocidad de acceso a las matrices del
saber. El vagar de la reflexión crítica
y de la elaboración artesanal de la obra
se choca con la fugacidad de las
impresiones de la era de la imagen. Una
cosa es el placer de la lectura de un
texto literario, su fruición estética;
otra cosa el deleite vertiginoso de un
video clipe. La literatura necesita de
pausas, mientras el lenguaje de la
publicidad vive del bombardeo intenso de
mensajes sobre el consumidor potencial
aturdido." (12)
Preocupaciones semejantes a
las de Fabio Lucas comparte el escritor
mexicano Carlos Fuentes. Ni quiere oír
hablar del ordenador: "Escribo como
en el siglo XIX. Escritores como Balzac,
Juan Goytisolo y William Styron
escribían a mano y con lápiz. Estoy
demasiado acostumbrado y feliz con la
comunicación que existe entre mi mente,
mi corazón, mi mano, mi lápiz y mi
papel. Todo fluye con gran rapidez. Se
dice en inglés que no se puede enseñar
a un perro viejo trucos nuevos. Gabriel
García Márquez, que escribía a mano,
un día, ya tarde, descubrió el
ordenador y él se volvió loco de gusto.
Dice que escribe mucho más rápido. Yo
no; no sé como manejar un aparato de
ésos. Soy un idiota mecánico. Mas, con
un lápiz, voy lejos, con una velocidad
que no alcanzo siquiera con la máquina
de escribir." (13)
Si Fabio Lucas y Carlos
Fuentes levantan objeciones contra la
literatura electrónica, en el lado
opuesto se sitúan los profetas de la
decadencia del libro impreso. Entre las
ventajas insuperables del libro digital,
enaltecen la naturaleza y el alcance de
su difusión; la distribución en ancho
espectro; el bajo costo de edición, sin
gastar papel; libertad de publicar textos
de cualquier tipo o tamaño; búsquedas
en archivos literarios; nuevas
posibilidades de creación ficcional y
poética. En tono apocalíptico, el
escritor uruguayo Juan Grompone sostiene
que el libro impreso está en vías de
extinción: "No quiero decir que
vaya a desaparecer en cinco años, pero
está condenado a la muerte. Vivimos en
un mundo de imágenes, donde los colores
y las formas nos condicionan totalmente.
Creo que continuarán siendo publicadas
las obras de gran calidad, con tiradas
limitadas, en excelente papel, ilustradas
a mano, esas cosas que son casi
artesanales." (14)
La polarización es un falso
dilema. En primer lugar, el libro no es
un fetiche, sea él de papel, de paño o
electrónico, en CD-ROM, disquete o en
Internet. Cualquier soporte que disemine
informaciones favorece, en mayor o menor
grado, la socialización de la cultura
y parece indudable que la
infraestructura de las redes constituye
un poderoso canal de distribución. Ella
descentraliza y abarata el proceso
editorial, sin dependencia a las
exigencias del mercado. Las herramientas
electrónicas contribuyen a preservar la
memoria literaria, en acervos digitales.
Obras raras vuelven a ser accesibles. Sin
contar las innovaciones de escritura y
lectura en las narrativas hipertextuales.
Pero el libro impreso no
perdió ni perderá su vitalidad, porque
se adapta a los varios contextos
socioculturales, abarcando idiomas y
líneas de pensamiento. Es fácilmente
transportable y no depende de
dispositivos para ser utilizado; su
durabilidad no está sujeta a los ciclos
tecnológicos, como puede ocurrir, por
ejemplo, con un CD-ROM (títulos impresos
hace siglos continúan legibles);
engendra protocolos de lectura
insuperables. Leer delante de la pantalla
cansa, dificulta la concentración y a
veces el entendimiento. Sin embargo, el
texto exhibido en el monitor puede llegar
al papel y ser leído en la playa o en el
taxi basta apretar el botón de la
impresora para materializarlo. Aun así,
el confort proporcionado por el disfrute
del libro no será ultrapasado por el
más leve y funcional de los ordenadores
portátiles.
¿Por qué necesitamos de
libros? Derrick de Kerckhove responde con
una analogía entre el ritmo febril de
los bits y la lectura cadenciosa en el
papel. El diferencial de la literatura
consistiría en contraponerse a la
velocidad de los sistemas electrónicos,
devolviendo las pausas y el tiempo
necesario al buceo en la imaginación. La
obra impresa funcionaría como
"desacelerador consumado", como
explica Kerckhove: "El libro es
fijo, estable y establecido, y esta
estabilidad es crucial. Porque hoy el
desafío no es acelerar la información,
sino tornarla más lenta. (...) Nuestra
cultura es absolutamente obcecada en
acelerar todos los aspectos de las
actividades humanas y las formas en que
nos relacionarnos con ellas. Lo que
necesitamos es desacelerar y construir
sentidos en nuestra relación con la
información, para negociar con ella en
un ritmo adecuado. El tiempo tecnológico
es muy rápido y fuera de control Para
controlarlo, tenemos que jugar golf o
leer libros. (...) En el ambiente
electrónico, el papel de los libros es,
entonces, el de desacelerar la
información y acelerar el pensamiento,
dando a las personas tiempo para pensar
sobre esto y tornar el proceso de lectura
en un elemento de capacitación de
conocimiento." (15)
La eficacia del soporte
literario virtual depende de su capacidad
de ofrecer elementos operativos que
satisfagan a las demandas culturales,
liberando avances que las tecnologías
anteriores no alcanzaron. Es el caso de
la ficción on line. La primera versión
de un escrito puede ser modificada a
partir de comentarios y sugerencias por
correo electrónico o en grupos de
discusión. Y se tornan accesibles obras
de autoría colectiva, reuniendo personas
que tal vez nunca se hayan visto o
siquiera hablado por teléfono o carta.
Otra evolución: periódicos
electrónicos publican documentos
literarios de todo y cualquier tamaño
de pequeños libros a volúmenes
enteros de dominio público.
3. Por una
dialéctica entre real y virtual
El libro coexistirá con la
televisión, la multimedia y la realidad
virtual. Así como la prensa no suprimió
los manuscritos. El propio libro fue
combatido por los epígonos de la cultura
elitista de la Edad Media. Los beneficios
de la impresión mecánica no se
impusieron de inmediato. Durante mucho
tiempo ella dividió la escena con los
pergaminos, hasta consolidarse como medio
que posibilitó una circulación social
más rápida, barata y amplia. Las
sociedades se valen de distintas
tecnologías de comunicación, al mismo
tiempo. Los soportes son empleados en
función de su uso social. La escritura
manual se relaciona a la comunicación
personal, mientras el ordenador es
utilizado con frecuencia en el trabajo,
de diversas maneras, y para la
información y el entretenimiento, a
través de las redes informáticas, del
CD-ROM y de juegos electrónicos. Para el
contacto instantáneo a la distancia, el
teléfono continúa insuperable. Otras
circunstancias piden el fax, el correo
electrónico, el pager o la carta
registrada.
No será otra la lógica que
presidirá las fronteras de
complementariedad entre las literaturas
impresa y digital. Primero, porque no
necesitamos abrir mano del agradable
placer de la lectura para navegar por
publicaciones on line, y viceversa.
Acabamos por acumular datos y
experiencias que ninguna de las partes
sola podría exhibir. La convergencia
entre el sector editorial y las
industrias multimedia, en especial en los
EUA, se traduce en la hibridación de
recursos y procesos tecnológicos para
generar rentables productos asociados a
los best-sellers impresos, como
películas, seriales televisivos,
CD-ROMs, vídeos, DVDS (Digital Video
Disc), CDS, videogames, video clipes y
juegos on line. La conjunción de
actividades se revela crucial para el
éxito en el mercado, en una coyuntura
económica marcada por la evolución de
los conocimientos científicos y de
continua renovación de sistemas y
métodos productivos. (16)
El libro electrónico,
hipertextual, introduce tres vectores
nuevos que deben ser tenidos en cuenta,
según André Parente: "1) la
velocidad de la transmisión y
recuperación de los textos aumenta
enormemente; 2) el lector puede
insertarse en la escritura,
interaccionar, transformar, traducir,
imprimir, o sea, él puede elaborar el
texto utilizando ciertas dinámicas que
le permitan interrogarlo de forma jamás
vista; 3) él puede aún crear textos en
grupo utilizando los sistemas de
groupware". (17) Rapidez,
difusión descentralizada, recorridos
creativos por los nodos de la red y
accesos ilimitados a acervos on line son
los principales diferenciales que
reconfiguran las formas de expresión,
difusión y usufructo de los materiales
literarios. No será otra la explicación
para la aparición en serie de editoras
virtuales y de los llamados e-books.
Un número cada vez mayor de
obras puede ser producido, difundido,
leído y analizado, en una prueba de las
intersecciones posibles entre lo real y
lo virtual, en el interior de un conjunto
de ambientes integrados, bajo la
primacía de la inteligencia humana.
¿Por qué aislar las variables
electrónicas de los tesoros impresos?
Olvidemos las referencias fijas que
conducen muchas veces a los dogmatismos.
Nuestra propuesta es la defensa de una
dialéctica de complementariedades y
fertilizaciones mutuas entre el real y el
virtual. Hasta porque, arriesga Roger
Chartier, los autores no escriben libros;
escriben textos que se transforman en
objetos escritos, manuscritos, impresos
y, ahora, virtuales.
NOTAS
(1) Ver, por ejemplo, DialogNet Literary
Email Lists
(http://server.snni.com/~palmer/literature.html),
con datos sobre 200 escritores.
2) Algunas expresivas bases literarias en
la Web: Literary Resources
(http://andromeda.rutgers.edu/~jlynch/Lit/),
en inglés; Viajero Virtual
(http://www.ucm.es/info/especulo/viajero/turista4.htm),
en español; Periódico de Poesía
(http://www.secrel.con.br/jpoesia/poesía.html),
en portugués; Proyecto Vercial
(http://www.ipn.pt/literatura/index.html),
sobre literaturas y lengua portuguesa.
(3) Entre los periódicos literarios
electrónicos, destaco Espéculo (http://www.ucm.es/info/especulo) e
Letralia , en español; Revista Brasil de
Literatura (www.zazieweb.com), en
francés; y las versiones on line doThe
New York Equipos Books
(http://www.nytimes.con/books) y de la
The París Review (www.voyagerco.con/PR
), en inglés. Recomiendo los guías de
e-magazines The Zuzus Petals
Literary Resources (http://www.zuzu.com);
Yahoo Literature
(http://dir.yahoo.con/Arts/Humanities/Literature)
y Poets & Writers Literary
Y-Zine
(http://www.pw.org/mag/ezines.htm).
(4) Empleo los términos ciberespacio y
cibercultura en las acepciones propuestas
por Pierre Lévy. Ciberespacio es el
nuevo medio de comunicación que emerge
de la interconexión mundial de las redes
de ordenadores. Engloba la
infraestructura material de la
comunicación digital y también el
océano de informaciones, así como
abriga al mismo tiempo los seres humanos
que por él navegan y el alimentan".
Cibercultura designa el conjunto de
técnicas materiales e intelectuales, de
prácticas, de actitudes, de modos de
pensar y de valores que se desarrollan
paralelamente al crecimiento del
ciberespacio. Ver Pierre Lévy. Cyberculture.
Rapport au Conseil de lEurope.
París: Odile Jacob, 1997, p. 17.
(5) Consultar George P. Landow. Hypertext
2.0. The convergence of contemporary
critical theory and technology.
Baltimore: The John Hopkins University
Press, 1997.
(6) Pierre Lévy. La inteligencia
colectiva: para una antropología del
ciberespacio. Lisboa: Instituto
Piaget, 1997, p. 72. Consultar, del mismo
autor, Las tecnologías de la
inteligencia: el futuro del pensamiento
en la era de la informática. Río de
Janeiro: Editora 34, 1993, p. 25-26.
(7) Entrevista de Michael Joyce al Autor,
en 14 de diciembre de 1997. Afternoon: la
story se desenrolla en torno de un
accidente de coche que puede o no haber
acontecido. Todo depende de la
navegación del lector por los meandros
de la narrativa. A cada toque del mouse,
sobreviene una escena, un nuevo personaje
surge, una nueva versión de los hechos
es conocida. Michael Joyce escribió el
romance después de haberse unido a un
programador para crear un software que
permitiera crear textos en la pantalla.
Hoy, el programa es la base de la
mayoría de los libros electrónicos
encontrados en Internet.
(8) Joaquín Maria Aguirre Romero. El
futuro del libro. Disponible en
http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero5/futlibro.htm
.
(9) He ahí un ejemplo de escritura
colaborativa. Le Bouquin du Web
(http://www.2icompany.con/pages/indexlivre.html)
convocó lectores de lengua francesa para
intervenir en la elaboración de un
romance policial en red. El editor J. J.
Brissiaud redactó el primer párrafo:
"Franck, alcohólico, barrigudo,
modesto operario de la Caja de Asistencia
a la Enfermedad, de París testifica de
su punto de observación favorito (el
restaurante de su amigo Paul) a la muerte
de un misterioso hombre loro por una
misteriosa mujer morena. En el momento de
morir, el hombre loro, que se llamaba
Pietroj, remitió a Franck para otra
dimensión." Para garantizar una
razonable organización a los trabajos,
se estableció una franja horaria diaria
para el envío de colaboraciones. Los
aumentos incongruentes o incoherentes
iban siendo excluidos por el editor. El
resultado superó las expectativas: han
participado 12 franceses, cuatro
canadienses, un belga, un luxemburgués y
un sirio.
(10) Marshall McLuhan. Los medios de
comunicación como extensiones del hombre.
4a. ed. São Paulo: Cultrix, 1974.
(11) Guillermo Cabrera Infante, citado
por Nuestro Mundo, 10 de diciembre
de 1997.
(12) Ver de Fabio Lucas:
"Reflexiones sobre la literatura en
la era electrónica", en Quinto
Imperio Revista de Cultura y
Literaturas de Lengua Portuguesa, nº
8, según semestre de 1997;
"Literatura versus velocidad
electrónica", en El Escritor,
octubre de 1997.
(13) Carlos Fuentes. "Internet, el
escritor y el Tercer Mundo", El
País Digital, 21 de octubre de 1998.
(14) Juan Grompone, citado por Patricia
Turnes. "Yo libro, tú
computadora", en Brecha
(edición Internet). Disponible en
http://www.brecha.con.uy/numeros/n635/apertura.html
(15) Derrick de Kerckhove. Connected
intelligence: the arrival of the Web
society. Toronto: Somerville House
Publishing, 1997, p. 122-123.
(16) Consultar Dênis de Moraes. El
concreto y el virtual: media, cultura y
tecnología. Rio de Janeiro: DPA,
2001.
(17) André Parente. "El
hipertextual", Revista Famecos,
nº 10, 1999.
DENIS
DE MORAES, doctor en
Comunicación y Cultura por la
Universidad Federal de Río de
Janeiro, es profesor y investigador
del Programa de Posgrado en
Comunicación de la Universidad
Federal Fluminense, en Brasil. Es
autor, entre otros libros, de Por
una otra comunicación (2003), El
concreto y el virtual: media, cultura
y tecnología (2001), El
Planeta Media: tendencias de la
comunicación en la era global
(1998) y Globalización, medios y
cultura contemporánea (1997).
El presente
artículo fue enviado por el autor
para su publicación en Contratiempo.
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2000-2004 Revista
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