Palabras en red:
las mutaciones de la literatura en Internet

Dênis de Moraes
 

1. El ambiente literario on line

Partimos del reconocimiento de que mismo en el ambiente de flujos infoelectrónicos en que vivimos, la literatura tradicional continua fascinante e insubstituible. En las palabras grabadas con tinta en el papel, hay lo que Mario Vargas Llosa define como "los más bellos paisajes de la imaginación". Imposible abandonar el contacto suave con la superficie lisa del libro, la capa fosca o brillante, las hojas blancas encuadernadas, los marcadores...

Debemos, sin embargo, admitir que el mundo de las letras ya no gravita sólo en torno de libros impresos, ni se vincula a las políticas editoriales de los medios de comunicación tradicionales. Los materiales literarios tienen en Internet una rara e imprevista desenvoltura. La mega-red planetaria los integra con flexibilidad para enlazar nuevos contenidos y multiplicarlos en usos divididos, a través de bases de datos y publicaciones electrónicas, en constantes mutaciones, abarcando periodos históricos, géneros, movimientos y escuelas. Si a tales evidencias sumáramos las ventajas propiciadas por la velocidad de la transmisión digital, el bajo costo de producción y la substancial autonomía de difusión que Internet tiene frente a la esfera impresa, encontraremos pistas concretas para la fiebre literaria virtual.

De hecho, la Web se encuentra poblada de webs literarias — desde colecciones de textos de la era greco-romana a los workshops virtuales. El poeta joven puede colocar en el aire sus versos titubeantes, lado a lado con las páginas de los Premios Nobel. En segundos, usted se desplaza por bibliotecas electrónicas que ofrecen, gratuitamente, obras de William Shakespeare, Carlos Drummond de Andrade, Pablo Neruda, Katherine Mansfield, Bernard Shaw o Miguel de Cervantes. Se cuentan por centenares los grupos de discusión, conferencias y salas de conversación en tiempo real sobre asuntos tan dispares como la literatura vietnamita y la poesía de Jorge Luis Borges. En esos espacios en red, circula lo que se pueda imaginar en materia de permutaciones literarias: debates sobre autores y libros, críticas y reseñas, poemas, ensayos y cuentos, informes sobre congresos y concursos, comentarios sobre la actualidad cultural, proyectos académicos, indicaciones de webs y periódicos especializados, etc. (1)

Las bases literarias estocan y ponen en línea gran volumen de datos, clasificados por autores, géneros y actividades creativas (poesías, cuentos, romances, ensayos, reseñas, estudios críticos, biografías, hiperficción). Se organizan en secciones temáticas, links y mecanismos de búsquedas, agrupados a partir de campos geoculturales comunes: literaturas brasileña, portuguesa, norteamericana, inglesa, francesa, italiana, española etc. Para ello convergen acervos documentales de bibliotecas electrónicas, centros de búsquedas, guías de autores etc. Los bancos de datos comprenden listados de webs, repositorios de artículos, periódicos, materiales iconográficos y sonoros, catálogos y listas de discusión. (2)

Los usuarios pueden consultar aún colecciones de textos digitalizados, con downloads gratuitos de clásicos de la literatura universal y obras de referencia. Solamente el Proyecto Gutenberg (http://promo.net/pg), financiado por instituciones públicas y privadas norteamericanas, tiene más de 2.500 títulos, entre los que se encuentran la Biblia, diccionarios, enciclopedias y textos de autores como Shakespeare, Henry James, Somerset Maugham, Katherine Mansfield, Bernard Shaw, Julio Verne, Conan Doyle y Charles Dickens.

Sin sobreponerse o equipararse a la literatura tradicional, la ciberliteratura subraya la emergencia de un ecosistema con conexiones comunicacionales que posibilitan intercambios entre emisores-productores y receptores-consumidores. Es posible informar y ser informado casi simultáneamente. No veo exageración al hablar de una explosión de e-magazines literarios. (3) Ora aparecen como acciones personales, ora resultan de iniciativas de grupos e instituciones, ora son las versiones digitales de revistas y suplementos de prestigio. Se publica de todo: poemas, cuentos, reseñas, ensayos, biografías, entrevistas, concursos, fotografías, ranking de best-sellers, narrativas hipertextuales... La regla, una vez más, es la coexistencia de las afinidades electivas, en un campo permanentemente abierto a la retroalimentación.

Internet disuelve la subordinación a las instancias intermediarias (académicas, mediáticas o editoriales) y descentraliza los procesos de edición, difusión y consumo de textos. No existen jerarquías, comandos centrales o límites preestablecidos. La figura del autor tiene importancia estratégica: puede ser su propio editor y distribuidor; puede alterar o actualizar sus obras sin costo adicional; puede divulgar y debatir el que produce por correo electrónico, en listas de discusión, boletines y anillos de webs.

El ciberespacio funda una ecología comunicacional: todos dividen un colosal hipertexto, formado por interconexiones generalizadas. (4) Se trata de un conjunto vivo de significaciones, en el cual todo está en contacto con todo: los hiperdocumentos entre sí, las personas entre sí y los hiperdocumentos con las personas. En el precurso del hipertexto, cada actor inscribe su identidad en la red a medida que elabora su presencia en el trabajo de selección y de articulación con las áreas de sentidos. El principio subyacente al hipertexto es el de que cualquier parte de un texto almacenado en el formato digital (secuencia de caracteres que son reconocidos y visitados por softwares específicos) puede ser asociada automáticamente a las unidades textuales almacenadas de igual modo. El toque sobre las palabras subrayadas pone al ordenador a activar el acceso oculto detrás del link, proyectando en la tela el asunto requerido. El usuario tiene la alternativa de saltar de una fuente a otra, en un itinerario sin comienzo ni fin. Los textos deslizan por el monitor, en ritmo secuencial, con muchas interferencias individuales y colectivas. (5)

El hipertexto figurase, pues, como un texto modular, leído de manera no-secuencial, compuesto por fragmentos de información (los links). El hipertexto permite nuevas soluciones de intervención por parte de los lectores. Conforme sus intereses y preocupaciones, la persona sigue caminos propios y busca sentidos en los datos localizados. Pierre Lévy observa que, en la comunicación escrita tradicional, los recursos de montaje son utilizados en el momento de la redacción. "Una vez impreso, el texto material mantiene una cierta estabilidad... a la espera de los desmontajes y remontajes de sentido a que el lector se irá a entregar." Ya el hipertexto digital aumenta considerablemente el alcance de las operaciones de lectura: "Siempre en un proceso de reorganización, él [el hipertexto] propone una reserva, una matriz dinámica a partir de la cual un navegador-lector-usuario puede crear un texto en función de las necesidades del momento. Las bases de datos, sistemas periciales, hojas de cálculo, hiperdocumentos, simulaciones interactivas y otros mundos virtuales constituyen potenciales de textos, de imágenes, de sonidos, o de calidades táctiles que las situaciones particulares actualizan de mil maneras. El digital recupera así la sensibilidad en el contexto de las tecnologías somáticas [voz, gestos, danza], manteniendo el poder de registro y de difusión de los medios de comunicación." (6)

De manera análoga, en la escritura colaborativa se divisan nuevas técnicas de composición. La creación experimenta desplazamientos, variaciones y modulaciones— las "tempestades de constantes secuencias" de que nos habla Michael Joyce, pionero de la hiperficción con Afternoon: la story (7) Los links reordenan la estructura narrativa y la arquitectura ficcional, así como dinamizan los itinerarios de lectura e interpretación. Lo que es sólido puede ser también móvil, fluido, desenraizado y accesible en cualquier segundo.

Los flujos interactivos de Internet incrementan la composición literaria colectiva, a través de hipertextos que producen novelas, cuentos y poemas con la interferencia de usuarios. Lectores participan de la construcción de novelas y cuentos interactivos. La antigua estructura del texto final convive ahora con la escritura secuencial del espacio virtual (8). Esboza un nuevo tipo de escritor — bautizado como autor electrónico—, que se vale de soportes electrónicos para la formulación de narrativas hipertextuales y para la integración de los lectores al proceso creativo. (9)

 

2. Nuevos soportes, antiguos dilemas

El fenómeno de la literatura virtual viene suscitando críticas —a las veces apasionadas o apocalípticas— sobre el futuro de la expresión escrita y del propio libro. En 1964, Marshall McLuhan decía que las tecnologías electrónicas suplantarían a los vehículos impresos. "El poeta Stéphane Mallarmé pensó que ‘el mundo existe para acabar en un libro’. Ahora, estamos en condiciones de poder transferir todo el espectáculo para la memoria de un ordenador", sentenciaba McLuhan (10). Si fuera vivo, el teórico canadiense estaría publicando sus libros, para subrayar el fracaso de su vaticinio. En contrapartida, la revolución informacional confirmaría su idea de que las redes electrónicas proyectan para fuera del cerebro humano "un vivo retrato del sistema nervioso central", en el cual las actividades cotidianas son como fajos de neuronas.

Pero, existen intelectuales que desconfían del ordenador. No adelanta ponderar que estamos ingresando en la era multimedia, que permite unificar los circuitos de Internet, televisión a cabo y telefonía. Guillermo Cabrera Infante, escritor cubano radicado hace una década en Londres, afirma no estar familiarizado con La Web, ni con el CD-ROM, mucho menos con "cualquiera de los métodos espectaculares de conocimiento". Desafía las innovaciones: "El libro existe hace tres mil años. Es muy difícil abandonar un hábito querido." En la oficina del autor de La Habana para infantes difuntos, hay un ordenador regalado por la familia. Pero a Infante no le gusta el contacto con la máquina. (11)

Se torna indispensable demarcar los territorios en tensión. De un lado, los cultores de paradigmas clásicos, para los cuales la literatura se materializa sólo en el papel. Esta cadena recusa la pertinencia de los flujos tecnológicos en la creación artística. El mundo electrónico amenazaría la importancia de la obra literaria, sustituida por el encantamiento virtual. La abundancia desordenada de las redes dificultaría reflexiones críticas.

Fabio Lucas, ex-presidente de la Unión Brasileña de los Escritores y destacado crítico literario, alerta sobre los efectos de la hipervelocidad en el dominio cultural. Determinadas actividades humanas no se ajustan a la lógica de la urgencia, bajo presión de la media y de las tecnologías de información. Lucas también destaca que la creación y la fruición literarias demandan tiempos más demorados, mientras que en la media prevalece la rapidez. Y añade: "El tiempo de la producción literaria no siempre se coadyuva con la velocidad de acceso a las matrices del saber. El vagar de la reflexión crítica y de la elaboración artesanal de la obra se choca con la fugacidad de las impresiones de la era de la imagen. Una cosa es el placer de la lectura de un texto literario, su fruición estética; otra cosa el deleite vertiginoso de un video clipe. La literatura necesita de pausas, mientras el lenguaje de la publicidad vive del bombardeo intenso de mensajes sobre el consumidor potencial aturdido." (12)

Preocupaciones semejantes a las de Fabio Lucas comparte el escritor mexicano Carlos Fuentes. Ni quiere oír hablar del ordenador: "Escribo como en el siglo XIX. Escritores como Balzac, Juan Goytisolo y William Styron escribían a mano y con lápiz. Estoy demasiado acostumbrado y feliz con la comunicación que existe entre mi mente, mi corazón, mi mano, mi lápiz y mi papel. Todo fluye con gran rapidez. Se dice en inglés que no se puede enseñar a un perro viejo trucos nuevos. Gabriel García Márquez, que escribía a mano, un día, ya tarde, descubrió el ordenador y él se volvió loco de gusto. Dice que escribe mucho más rápido. Yo no; no sé como manejar un aparato de ésos. Soy un idiota mecánico. Mas, con un lápiz, voy lejos, con una velocidad que no alcanzo siquiera con la máquina de escribir." (13)

Si Fabio Lucas y Carlos Fuentes levantan objeciones contra la literatura electrónica, en el lado opuesto se sitúan los profetas de la decadencia del libro impreso. Entre las ventajas insuperables del libro digital, enaltecen la naturaleza y el alcance de su difusión; la distribución en ancho espectro; el bajo costo de edición, sin gastar papel; libertad de publicar textos de cualquier tipo o tamaño; búsquedas en archivos literarios; nuevas posibilidades de creación ficcional y poética. En tono apocalíptico, el escritor uruguayo Juan Grompone sostiene que el libro impreso está en vías de extinción: "No quiero decir que vaya a desaparecer en cinco años, pero está condenado a la muerte. Vivimos en un mundo de imágenes, donde los colores y las formas nos condicionan totalmente. Creo que continuarán siendo publicadas las obras de gran calidad, con tiradas limitadas, en excelente papel, ilustradas a mano, esas cosas que son casi artesanales." (14)

La polarización es un falso dilema. En primer lugar, el libro no es un fetiche, sea él de papel, de paño o electrónico, en CD-ROM, disquete o en Internet. Cualquier soporte que disemine informaciones favorece, en mayor o menor grado, la socialización de la cultura —y parece indudable que la infraestructura de las redes constituye un poderoso canal de distribución. Ella descentraliza y abarata el proceso editorial, sin dependencia a las exigencias del mercado. Las herramientas electrónicas contribuyen a preservar la memoria literaria, en acervos digitales. Obras raras vuelven a ser accesibles. Sin contar las innovaciones de escritura y lectura en las narrativas hipertextuales.

Pero el libro impreso no perdió ni perderá su vitalidad, porque se adapta a los varios contextos socioculturales, abarcando idiomas y líneas de pensamiento. Es fácilmente transportable y no depende de dispositivos para ser utilizado; su durabilidad no está sujeta a los ciclos tecnológicos, como puede ocurrir, por ejemplo, con un CD-ROM (títulos impresos hace siglos continúan legibles); engendra protocolos de lectura insuperables. Leer delante de la pantalla cansa, dificulta la concentración y a veces el entendimiento. Sin embargo, el texto exhibido en el monitor puede llegar al papel y ser leído en la playa o en el taxi — basta apretar el botón de la impresora para materializarlo. Aun así, el confort proporcionado por el disfrute del libro no será ultrapasado por el más leve y funcional de los ordenadores portátiles.

¿Por qué necesitamos de libros? Derrick de Kerckhove responde con una analogía entre el ritmo febril de los bits y la lectura cadenciosa en el papel. El diferencial de la literatura consistiría en contraponerse a la velocidad de los sistemas electrónicos, devolviendo las pausas y el tiempo necesario al buceo en la imaginación. La obra impresa funcionaría como "desacelerador consumado", como explica Kerckhove: "El libro es fijo, estable y establecido, y esta estabilidad es crucial. Porque hoy el desafío no es acelerar la información, sino tornarla más lenta. (...) Nuestra cultura es absolutamente obcecada en acelerar todos los aspectos de las actividades humanas y las formas en que nos relacionarnos con ellas. Lo que necesitamos es desacelerar y construir sentidos en nuestra relación con la información, para negociar con ella en un ritmo adecuado. El tiempo tecnológico es muy rápido y fuera de control Para controlarlo, tenemos que jugar golf o leer libros. (...) En el ambiente electrónico, el papel de los libros es, entonces, el de desacelerar la información y acelerar el pensamiento, dando a las personas tiempo para pensar sobre esto y tornar el proceso de lectura en un elemento de capacitación de conocimiento." (15)

La eficacia del soporte literario virtual depende de su capacidad de ofrecer elementos operativos que satisfagan a las demandas culturales, liberando avances que las tecnologías anteriores no alcanzaron. Es el caso de la ficción on line. La primera versión de un escrito puede ser modificada a partir de comentarios y sugerencias por correo electrónico o en grupos de discusión. Y se tornan accesibles obras de autoría colectiva, reuniendo personas que tal vez nunca se hayan visto o siquiera hablado por teléfono o carta. Otra evolución: periódicos electrónicos publican documentos literarios de todo y cualquier tamaño — de pequeños libros a volúmenes enteros de dominio público.

 

3. Por una dialéctica entre real y virtual

El libro coexistirá con la televisión, la multimedia y la realidad virtual. Así como la prensa no suprimió los manuscritos. El propio libro fue combatido por los epígonos de la cultura elitista de la Edad Media. Los beneficios de la impresión mecánica no se impusieron de inmediato. Durante mucho tiempo ella dividió la escena con los pergaminos, hasta consolidarse como medio que posibilitó una circulación social más rápida, barata y amplia. Las sociedades se valen de distintas tecnologías de comunicación, al mismo tiempo. Los soportes son empleados en función de su uso social. La escritura manual se relaciona a la comunicación personal, mientras el ordenador es utilizado con frecuencia en el trabajo, de diversas maneras, y para la información y el entretenimiento, a través de las redes informáticas, del CD-ROM y de juegos electrónicos. Para el contacto instantáneo a la distancia, el teléfono continúa insuperable. Otras circunstancias piden el fax, el correo electrónico, el pager o la carta registrada.

No será otra la lógica que presidirá las fronteras de complementariedad entre las literaturas impresa y digital. Primero, porque no necesitamos abrir mano del agradable placer de la lectura para navegar por publicaciones on line, y viceversa. Acabamos por acumular datos y experiencias que ninguna de las partes sola podría exhibir. La convergencia entre el sector editorial y las industrias multimedia, en especial en los EUA, se traduce en la hibridación de recursos y procesos tecnológicos para generar rentables productos asociados a los best-sellers impresos, como películas, seriales televisivos, CD-ROMs, vídeos, DVDS (Digital Video Disc), CDS, videogames, video clipes y juegos on line. La conjunción de actividades se revela crucial para el éxito en el mercado, en una coyuntura económica marcada por la evolución de los conocimientos científicos y de continua renovación de sistemas y métodos productivos. (16)

El libro electrónico, hipertextual, introduce tres vectores nuevos que deben ser tenidos en cuenta, según André Parente: "1) la velocidad de la transmisión y recuperación de los textos aumenta enormemente; 2) el lector puede insertarse en la escritura, interaccionar, transformar, traducir, imprimir, o sea, él puede elaborar el texto utilizando ciertas dinámicas que le permitan interrogarlo de forma jamás vista; 3) él puede aún crear textos en grupo utilizando los sistemas de groupware". (17) Rapidez, difusión descentralizada, recorridos creativos por los nodos de la red y accesos ilimitados a acervos on line son los principales diferenciales que reconfiguran las formas de expresión, difusión y usufructo de los materiales literarios. No será otra la explicación para la aparición en serie de editoras virtuales y de los llamados e-books.

Un número cada vez mayor de obras puede ser producido, difundido, leído y analizado, en una prueba de las intersecciones posibles entre lo real y lo virtual, en el interior de un conjunto de ambientes integrados, bajo la primacía de la inteligencia humana. ¿Por qué aislar las variables electrónicas de los tesoros impresos? Olvidemos las referencias fijas que conducen muchas veces a los dogmatismos. Nuestra propuesta es la defensa de una dialéctica de complementariedades y fertilizaciones mutuas entre el real y el virtual. Hasta porque, arriesga Roger Chartier, los autores no escriben libros; escriben textos que se transforman en objetos escritos, manuscritos, impresos y, ahora, virtuales.

 

NOTAS
(1) Ver, por ejemplo, DialogNet Literary Email Lists (http://server.snni.com/~palmer/literature.html), con datos sobre 200 escritores.
2) Algunas expresivas bases literarias en la Web: Literary Resources (http://andromeda.rutgers.edu/~jlynch/Lit/), en inglés; Viajero Virtual (http://www.ucm.es/info/especulo/viajero/turista4.htm), en español; Periódico de Poesía (http://www.secrel.con.br/jpoesia/poesía.html), en portugués; Proyecto Vercial (http://www.ipn.pt/literatura/index.html), sobre literaturas y lengua portuguesa.
(3) Entre los periódicos literarios electrónicos, destaco Espéculo (
http://www.ucm.es/info/especulo) e Letralia , en español; Revista Brasil de Literatura (www.zazieweb.com), en francés; y las versiones on line doThe New York Equipos Books (http://www.nytimes.con/books) y de la The París Review (www.voyagerco.con/PR ), en inglés. Recomiendo los guías de e-magazines The Zuzu’s Petals Literary Resources (http://www.zuzu.com); Yahoo Literature (http://dir.yahoo.con/Arts/Humanities/Literature) y Poets & Writers — Literary Y-Zine (http://www.pw.org/mag/ezines.htm).
(4) Empleo los términos ciberespacio y cibercultura en las acepciones propuestas por Pierre Lévy. Ciberespacio es el nuevo medio de comunicación que emerge de la interconexión mundial de las redes de ordenadores. Engloba la infraestructura material de la comunicación digital y también el océano de informaciones, así como abriga al mismo tiempo los seres humanos que por él navegan y el alimentan". Cibercultura designa el conjunto de técnicas materiales e intelectuales, de prácticas, de actitudes, de modos de pensar y de valores que se desarrollan paralelamente al crecimiento del ciberespacio. Ver Pierre Lévy. Cyberculture. Rapport au Conseil de l’Europe. París: Odile Jacob, 1997, p. 17.
(5) Consultar George P. Landow. Hypertext 2.0. The convergence of contemporary critical theory and technology. Baltimore: The John Hopkins University Press, 1997.
(6) Pierre Lévy. La inteligencia colectiva: para una antropología del ciberespacio. Lisboa: Instituto Piaget, 1997, p. 72. Consultar, del mismo autor, Las tecnologías de la inteligencia: el futuro del pensamiento en la era de la informática. Río de Janeiro: Editora 34, 1993, p. 25-26.
(7) Entrevista de Michael Joyce al Autor, en 14 de diciembre de 1997. Afternoon: la story se desenrolla en torno de un accidente de coche que puede o no haber acontecido. Todo depende de la navegación del lector por los meandros de la narrativa. A cada toque del mouse, sobreviene una escena, un nuevo personaje surge, una nueva versión de los hechos es conocida. Michael Joyce escribió el romance después de haberse unido a un programador para crear un software que permitiera crear textos en la pantalla. Hoy, el programa es la base de la mayoría de los libros electrónicos encontrados en Internet.
(8) Joaquín Maria Aguirre Romero. El futuro del libro. Disponible en http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero5/futlibro.htm .
(9) He ahí un ejemplo de escritura colaborativa. Le Bouquin du Web (http://www.2icompany.con/pages/indexlivre.html) convocó lectores de lengua francesa para intervenir en la elaboración de un romance policial en red. El editor J. J. Brissiaud redactó el primer párrafo: "Franck, alcohólico, barrigudo, modesto operario de la Caja de Asistencia a la Enfermedad, de París testifica de su punto de observación favorito (el restaurante de su amigo Paul) a la muerte de un misterioso hombre loro por una misteriosa mujer morena. En el momento de morir, el hombre loro, que se llamaba Pietroj, remitió a Franck para otra dimensión." Para garantizar una razonable organización a los trabajos, se estableció una franja horaria diaria para el envío de colaboraciones. Los aumentos incongruentes o incoherentes iban siendo excluidos por el editor. El resultado superó las expectativas: han participado 12 franceses, cuatro canadienses, un belga, un luxemburgués y un sirio.
(10) Marshall McLuhan. Los medios de comunicación como extensiones del hombre. 4a. ed. São Paulo: Cultrix, 1974.
(11) Guillermo Cabrera Infante, citado por Nuestro Mundo, 10 de diciembre de 1997.
(12) Ver de Fabio Lucas: "Reflexiones sobre la literatura en la era electrónica", en Quinto Imperio — Revista de Cultura y Literaturas de Lengua Portuguesa, nº 8, según semestre de 1997; "Literatura versus velocidad electrónica", en El Escritor, octubre de 1997.
(13) Carlos Fuentes. "Internet, el escritor y el Tercer Mundo", El País Digital, 21 de octubre de 1998.
(14) Juan Grompone, citado por Patricia Turnes. "Yo libro, tú computadora", en Brecha (edición Internet). Disponible en http://www.brecha.con.uy/numeros/n635/apertura.html
(15) Derrick de Kerckhove. Connected intelligence: the arrival of the Web society. Toronto: Somerville House Publishing, 1997, p. 122-123.
(16) Consultar Dênis de Moraes. El concreto y el virtual: media, cultura y tecnología. Rio de Janeiro: DPA, 2001.
(17) André Parente. "El hipertextual", Revista Famecos, nº 10, 1999.


DENIS DE MORAES, doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad Federal de Río de Janeiro, es profesor y investigador del Programa de Posgrado en Comunicación de la Universidad Federal Fluminense, en Brasil. Es autor, entre otros libros, de Por una otra comunicación (2003), El concreto y el virtual: media, cultura y tecnología (2001), El Planeta Media: tendencias de la comunicación en la era global (1998) y Globalización, medios y cultura contemporánea (1997).

El presente artículo fue enviado por el autor para su publicación en Contratiempo.

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