LA PALABRA LO
ES TODO
BARTOMEU MELIÁ
Del libro ELOGIO
DE LA LENGUA GUARANI, Bartomeu Meliá
(Centro de Estudios Paraguayos
"Antonio Guasch",
Asunción/1995)
Quien
ha encontrado palabras buenas
lo ha encontrado todo
Sí; el Guaraní es una
cultura de la palabra; esto es, del
decir, del decirse, del ser dicho. Toma
asiento una palabra cuando un nuevo ser
es engendrado, toma pie en la morada
terrenal la palabra cuando nace, el
Guaraní es su palabra cuando recibe su
nombre, educarse es hacerse palabra, hace
palabra el que enseña y el que canta y
el que reza se hace todo él palabra y
nada más que palabra. Muere aquel de
quien se le separa la palabra. Lo cierto
es que la vida del Guaraní en todas sus
instancias críticas se define a sí
misma en función de una palabra singular
y única que hace lo que dice. Todo esto
que podría parecer una transposición
gratuita del platonismo occidental al
mundo guaraní, tiene sus pruebas
etnográficas registradas en varios
lugares y tiempos, y está enteramente
viva a nivel de experiencia compartida
hasta el día de hoy.
"Cuando está
por tomar asiento un ser
que alegrará a los adornados con sus
plumas,
a las adornadas,
envía, pues, a nuestra tierra una
palabra buena que ahí ponga el pie,
dice Nuestro Padre Primero
a los verdaderos Padres de las
palabras de sus propios hijos"
Lo más importante de la
filosofía guaraní de la palabra sea tal
vez la convicción en los mismos
Guaraníes de que el alma no se da
enteramente hecha, sino que se hace con
la vida de la persona y el modo de su
hacerse es su decirse. Así la historia
del guaraní es la historia de su
palabra, la serie de palabras que forman
el himno de su vida.
Toda la vida del Guaraní se
estructura para ser fundamento y soporte
de palabras verdaderas, lo que al mismo
tiempo significa la perfección. El arte
de la palabra es el arte de la vida. En
posesión de un hombre, que mantiene el
fluir de su decir, cada indio guaraní
puede desarrollar su personalidad
mediante la palabra. Al ideal del hombre
y la construcción de su prestigio
corresponde la obra poética. Se espera
de un guaraní que será un chamán, un
profeta y un poeta. Cada guaraní es
considerado y apreciado no según sus
cualidades corporales ni según sus
riquezas materiales sino según los
"cantos" que posee. La manera
como se expresa da la medida de lo que
él es. "Cuando en un grupo guaraní
escribía Curt Nimuendajú en
1914-, alguien recibe su primer canto
ritual esto presenta siempre un
acontecimiento de interés
general
entre los indios de más de
40 años constituyen excepción los que
no poseen ningún canto ritual".
Toda la vida del guaraní se configura de
tal manera que puede ser fundamento y
portador de una palabra verdadera. La
creación del mundo y del hombre son
vistas como palabras dichas y
participadas; la muerte de un Guaraní es
valorada como grado mayor o menor de
palabra realizada. El que ha llegado a la
plenitud y a la perfección, ya no muere
porque tampoco muere su palabra.
Consiguió palabras buenas,
lo consiguió todo.
Por otra parte el crimen y
castigo del Guaraní es quedarse sin las
palabras. "Por lo tanto yo dejaré
de inspirarle buenas palabras, dejaré de
hablarle a través de la coronilla"
(Cadogan, 1922:118). Es el silencio de
Dios, que deja sin voz hasta a los
árboles de los cuales fluye la palabra: yvyra
né ëry. El crimen de homicidio es
tan grave que nos deja sin palabras:
"Cuando suceden tales cosas, me
falta la fuerza, faltan caminos para mi
palabra. Ndach´ayvu rapéi"
(Ibid).
La religión guaraní, en
sus creencias y rituales, es un decir, o
mejor un decirse: ñembo´e. Y no
sólo el canto, sino también la danza,
es ñembo´e.
La danza por su parte es el
sacramento de la comunidad por dos
motivos. Porque no se danza solo, y
porque no se danza fuera de la fiesta. Es
por ello por lo que Schaden había
sentido que entre los Guaraníes la
obligación primordial del hombre es la
vida en comunidad. El canto y la danza es
el modo de darse palabras
recíprocamente, así como la fiesta es
el modo de darse dones recíprocamente.
Bastaría analizar con
detalle lo que es una fiesta guaraní,
con sus innumerables desdoblamientos,
para comprender lo que constituye su
ideal de sociedad y su utopía.
La fiesta guaraní no es
sólo el ceremonial, sino la metáfora de
una economía de reciprocidad vivida
religiosamente. El intercambio de bienes,
sean de consumo o de uso, se rige por
principios de distribución igualitaria,
según los cuales la obligación de dar
supone la obligación de recibir y la de
recibir se torna a su vez obligación de
dar
.
Estas fiestas fueron tenidas
como "borracheras" por la
sociedad colonial que veía en ellas un
comportamiento inmoral, pero sobre todo
un obstáculo para la acumulación y
explotación de bienes producidos por los
indios, a pesar de que no se les escapó
a algunos misioneros su carácter
religioso. De hecho en estas fiestas
radica la justicia de una buena
distribución y los fundamentos de una
relación entre personas que es alegre y
bastante productiva. Todo ello, porque
Los de Arriba, Nuestros Padres, lo
quieren así. El canto y la danza son el
modo de comunicarnos con ellos e incluso
poder imitarlos. En la tierra como en la
Tierra, la que fue en el origen y la que
será en el fin, la tierra-sin-mal.
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