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La palabra lo es todo
BARTOMEU MELIÁ

Quien ha encontrado palabras buenas
lo ha encontrado todo

Sí; el Guaraní es una cultura de la palabra; esto es, del decir, del decirse, del ser dicho. Toma asiento una palabra cuando un nuevo ser es engendrado, toma pie en la morada terrenal la palabra cuando nace, el Guaraní es su palabra cuando recibe su nombre, educarse es hacerse palabra, hace palabra el que enseña y el que canta y el que reza se hace todo él palabra y nada más que palabra. Muere aquel de quien se le separa la palabra. Lo cierto es que la vida del Guaraní en todas sus instancias críticas se define a sí misma en función de una palabra singular y única que hace lo que dice. Todo esto que podría parecer una transposición gratuita del platonismo occidental al mundo guaraní, tiene sus pruebas etnográficas registradas en varios lugares y tiempos, y está enteramente viva a nivel de experiencia compartida hasta el día de hoy.

"Cuando está por tomar asiento un ser
que alegrará a los adornados con sus plumas,
a las adornadas,
envía, pues, a nuestra tierra una palabra buena que ahí ponga el pie, dice Nuestro Padre Primero
a los verdaderos Padres de las palabras de sus propios hijos"

Lo más importante de la filosofía guaraní de la palabra sea tal vez la convicción en los mismos Guaraníes de que el alma no se da enteramente hecha, sino que se hace con la vida de la persona y el modo de su hacerse es su decirse. Así la historia del guaraní es la historia de su palabra, la serie de palabras que forman el himno de su vida.

Toda la vida del Guaraní se estructura para ser fundamento y soporte de palabras verdaderas, lo que al mismo tiempo significa la perfección. El arte de la palabra es el arte de la vida. En posesión de un hombre, que mantiene el fluir de su decir, cada indio guaraní puede desarrollar su personalidad mediante la palabra. Al ideal del hombre y la construcción de su prestigio corresponde la obra poética. Se espera de un guaraní que será un chamán, un profeta y un poeta. Cada guaraní es considerado y apreciado no según sus cualidades corporales ni según sus riquezas materiales sino según los "cantos" que posee. La manera como se expresa da la medida de lo que él es. "Cuando en un grupo guaraní –escribía Curt Nimuendajú en 1914-, alguien recibe su primer canto ritual esto presenta siempre un acontecimiento de interés general…entre los indios de más de 40 años constituyen excepción los que no poseen ningún canto ritual". Toda la vida del guaraní se configura de tal manera que puede ser fundamento y portador de una palabra verdadera. La creación del mundo y del hombre son vistas como palabras dichas y participadas; la muerte de un Guaraní es valorada como grado mayor o menor de palabra realizada. El que ha llegado a la plenitud y a la perfección, ya no muere porque tampoco muere su palabra.

Consiguió palabras buenas, lo consiguió todo.

Por otra parte el crimen y castigo del Guaraní es quedarse sin las palabras. "Por lo tanto yo dejaré de inspirarle buenas palabras, dejaré de hablarle a través de la coronilla" (Cadogan, 1922:118). Es el silencio de Dios, que deja sin voz hasta a los árboles de los cuales fluye la palabra: yvyra né ëry. El crimen de homicidio es tan grave que nos deja sin palabras: "Cuando suceden tales cosas, me falta la fuerza, faltan caminos para mi palabra. Ndach´ayvu rapéi" (Ibid).

La religión guaraní, en sus creencias y rituales, es un decir, o mejor un decirse: ñembo´e. Y no sólo el canto, sino también la danza, es ñembo´e.

La danza por su parte es el sacramento de la comunidad por dos motivos. Porque no se danza solo, y porque no se danza fuera de la fiesta. Es por ello por lo que Schaden había sentido que entre los Guaraníes la obligación primordial del hombre es la vida en comunidad. El canto y la danza es el modo de darse palabras recíprocamente, así como la fiesta es el modo de darse dones recíprocamente.

Bastaría analizar con detalle lo que es una fiesta guaraní, con sus innumerables desdoblamientos, para comprender lo que constituye su ideal de sociedad y su utopía.

La fiesta guaraní no es sólo el ceremonial, sino la metáfora de una economía de reciprocidad vivida religiosamente. El intercambio de bienes, sean de consumo o de uso, se rige por principios de distribución igualitaria, según los cuales la obligación de dar supone la obligación de recibir y la de recibir se torna a su vez obligación de dar….

Estas fiestas fueron tenidas como "borracheras" por la sociedad colonial que veía en ellas un comportamiento inmoral, pero sobre todo un obstáculo para la acumulación y explotación de bienes producidos por los indios, a pesar de que no se les escapó a algunos misioneros su carácter religioso. De hecho en estas fiestas radica la justicia de una buena distribución y los fundamentos de una relación entre personas que es alegre y bastante productiva. Todo ello, porque Los de Arriba, Nuestros Padres, lo quieren así. El canto y la danza son el modo de comunicarnos con ellos e incluso poder imitarlos. En la tierra como en la Tierra, la que fue en el origen y la que será en el fin, la tierra-sin-mal.

Del libro ELOGIO DE LA LENGUA GUARANI, Bartomeu Meliá (Centro de Estudios Paraguayos "Antonio Guasch", Asunción/1995)

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