
|
Televisión / MÉDIUM
El dictado
Y si todo ha existido ya: ¿qué
piensas tú, enano, de este instante?
¿No tendrá también este portón que haber
existido ya?
¿Y no están todas las cosas anudadas con
fuerza,
de modo que este instante arrastra tras sí
todas las cosas venideras?
¿Por tanto ---incluso a sí mismo?
Así habló Zaratustra, F. NIETZSCHE
El
hombre está aterrado. Bridgette, su hija de
siete años, acaba de escribir una novela dictada
nada menos que por una autora fallecida el año
anterior. La mujer había escrito tres tomos de
una saga que cautivó a la pequeña un
equivalente de Harry Potter en la vida real-. La
nena, no conforme con la imposibilidad de un
cuarto número, una noche se sienta frente a la
laptop del padre un brillante ingeniero
físico- y escribe. Es cierto que el padre está
acostumbrado a las cuestiones sobrenaturales de
su familia. Su mujer, Allison Dubois (Patricia
Arquette), es médium, trabaja para el fiscal y
resuelve crímenes aberrantes. Sus dos hijas
mayores, la casi adolescente Ariel y la precoz
escritora, heredaron los dones de la madre sobre
Mary, la más chica, aún no hay datos. Pero
hasta ese momento, las niñas sólo habían
"visto" algunas pocas cosas
anticipatorias (algunas no tan inocentes:
precisamente Bridgette soñó que él moría en
un accidente de avión, lo que le obliga a
cambiar de itinerario y realizar el trayecto
planeado en coche). Pero aquello era diferente.
Su terror y desconcierto se debían a que en lo
sucesivo la niña quedaría expuesta a cualquier
fantasma literario del pasado que sintiera deseos
de seguir publicando post morten. Así,
podrían retornar Shakespeare y Dickens. Pero
también, en el peor de los casos, Capote y
Bukowski ideando quién sabe qué nuevas maldades
a través de la pequeña escribiente.
Pero
Allison lo tranquiliza, le explica que pudieron
haber ocurrido dos cosas: que la nena,
influenciada por las novelas que leía una y otra
vez, hubiera escrito un cuarto tomo para que sus
personajes tan queridos siguieran viviendo. O
que, efectivamente, la autora muerta le dictó la
obra. Pero ¿cuál sería la diferencia?, ¿acaso
la creación artística no es eso, la maravillosa
locura de escuchar las voces de los que vinieron
antes que nosotros y darles formas nuevas?
¿Acaso no somos todos tan sólo intermediarios?
Allison habla y cuando lo hace el rostro se le va
transformando. A ella, habitualmente malhumorada,
somnolienta a causa de sus trastornos nocturnos y
siempre conflictuada por esto de andar negociando
con vivos y muertos, ahora le recorre una belleza
extraña. El marido la capta y, claro, se vuelve
a enamorar de esa mujer que casi siempre lo saca
de las casillas con su obsesión por resolver
crímenes aún a costa de la armonía familiar.
La
familia de la serie Médium ya está
visto- no es de lo que habitualmente se considera
normal, a pesar de las apariencias. Los cinco
integrantes son rubios, viven en una típica casa
norteamericana y tienen los problemas de
cualquier familia con tres hijos pequeños y
donde el dinero no abunda. Pero es esta
oscilación en la que se encuentran, esta
indefinición entre la vigilia y el sueño, la
vida y la muerte, la realidad y la ficción la
que los hace esencialmente susceptibles de
acceder a otras verdades, a escapar a ese destino
prefijado que le reserva una sociedad que aspira
al estereotipo y no a la singularidad, no por lo
menos a aquélla que pondría en conflicto las
bases mismas del pensamiento. ¿Qué implica
pensar? ¿Qué es la creación? ¿Somos la suma
de nuestros recuerdos?, ¿somos los autores o
sólo intermediarios de nuestro destino?, ¿qué
es lo real, cuáles son sus verdaderos
alcances?, ¿qué posibilidades tenemos de
intervenir sobre el presente, aún cuando seamos
dueños tanto del pasado como del futuro (ella
fluctúa arbitrariamente en ellos), y cuáles, al
fin y al cabo, serán los costos en caso de
lograrlo?, son sólo algunos de los
interrogantes, siempre irresueltos, que se hace
la desconcertada Allison, cuyo poder es al mismo
tiempo un don y una maldición. Allison padece en
el propio cuerpo la condición de estar ubicada
en ese estado donde las fuerzas del mal y del
bien, del pasado y del futuro, de la realidad y
del sueño se interceptan, se conjugan, se
intercambian y hasta se transvaloran, para
dejarla siempre en una encrucijada donde recibe
tanto la furia de lo inexplicable como la lógica
topadora de la razón instrumental. El género
policial, mezclado con el ingrediente
sobrenatural, aporta el mecanismo. El guión y
las actuaciones brillantes, el resto.
Médium, televisión de alto vuelo. La cita
es, para los que no llegamos al horario central,
los martes a la una de la madrugada.
Agosto de
2006
Volver a
Comunicación
2000-2006 Revista Contratiempo |
Buenos Aires | Argentina
Directora Zenda Liendivit
|
|