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Nota
de Tapa N° 47 / Setiembre - Octubre 2007
Periodismo sin red
Entre rencorosos, entusiastas y
peligrosos
El auge de los medios virtuales de
comunicación no deja de ser una fuente
de inquietud para los tradicionales.
Inquietud, por no decir temor, por demás
bien fundamentada. Abrir espacios de
reflexión sobre la actualidad, opinar,
difundir e informar de manera
independiente es y será una actividad
peligrosa. Peligran las hegemonías y los
privilegios. Peligra el poder de
sugestión y el disciplinamiento
camuflado. Peligra toda la compleja
estructura en la que se funda la
comunicación interesada, dependiente de
otros poderes, económicos o políticos.
Peligra, en última instancia, una
determinada forma de experimentar la
realidad, una forma mediada por unos
pocos para ser consumida por la mayoría.
La proliferación de espacios
alternativos no siempre, sin embargo,
constituye un ensanchamiento de estas
posibilidades. Escribir en un blog, en
un portal o en un sitio no le confiere
automáticamente al autor el certificado
de credibilidad por el simple hecho de
la independencia o de la precariedad del
soporte. La credibilidad, la confianza
y, por ello, el secreto prestigio que
adquieren algunas de estas nuevas formas
están dados por los mismos y antiguos
valores que rigen cualquier otra
práctica profesional o vocacional: la
solvencia intelectual, la capacidad, el
trabajo, el esfuerzo y, sobre todo, el
deseo de comunicar, de transmitir algo
que, en última instancia, no se
reflejará directamente en lo producido
sino en sus espacios de vecindad.
Deleuze dice que la literatura no es
escribir sobre nuestras pesadillas,
sueños y deseos. Es dar forma a aquello
que pasa entre las cosas.
Comunicar no es hablar para usufructuar
ni nuestra capacidad anatómica ni la
facilidad tecnológica, no es tampoco
jugar a la trasgresión diciendo lo
primero que se nos viene a la cabeza.
Comunicar implica ponerse en juego, en
evidencia, en riesgo. Buscar el nexo
jamás explicitado entre esa realidad que
nos ha dado alcance y reclama una forma,
y las palabras. El peligro, el riesgo,
están precisamente en aquel secreto
procedimiento, no en éstas. La verdadera
amenaza para cualquier organismo
instituido y anquilosado son los
espacios construidos con esos
materiales. De allí tal vez la
tendenciosa lectura que realizan los
grandes medios con relación a la prensa
alternativa: o es producto del
resentimiento por no estar en donde,
obviamente, ellos están o es el
resultado entusiasta de voluntariosos
aprendices de periodistas que están
buscando un lugar en donde, obviamente,
ellos están. Al parecer, entre veteranos
rencorosos rechazados del Olimpo y
entusiastas inexpertos deseosos de
reconocimiento se reparte el periodismo
virtual. Y como el rencor no construye y
el entusiasmo pasa, esta clasificación
genera una gran tranquilidad y a la vez
pretende la deslegitimación de
cualquiera de sus producciones. Lo que
no se tiene en cuenta en esta mirada
centrípeta es que el poder de ese
periodismo constructor radica
precisamente en su manifiesto desinterés
por ocupar aquellos lugares endiosados a
la fuerza (¿quién realmente confía hoy
en los grandes medios?). No se construye
con el fin de llegar a algún lado sino
todo lo contrario: es el proceso de
construcción lo que de una forma u otra
se intenta comunicar. Al margen de los
riesgos, o gracias a ellos.
Setiembre 2007
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TAPA
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Revista Contratiempo |
Buenos Aires | Argentina
Directora Zenda Liendivit
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