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NOTA DE TAPA N° 82 / mayo 2011
Más notas
sobre la Academia
La utilidad de la estupidez
Todo sistema necesita de aquellos elementos que
la cultura popular suele denominar como estúpidos útiles. Esto
no se refiere, desde luego, a alguna patología cerebral sino a
una postura frente a las leyes que rigen el funcionamiento de
aquéllos. El estúpido entendido en el sentido en que no
cuestiona nada de lo que recibe como herencia y la acepta, la
difunde y defiende como verdad revelada. Esta estupidez es el
salvoconducto de supervivencia de cualquier poder que se
pretenda hegemónico. La Academia, como toda estructura que debe
perpetuarse para cumplir no solo con la producción sino con la
transmisión de saberes, necesita, en principio, que ningún
elemento le cuestione sus formas, que la aceptación de sus
cánones sea absoluta y que el espacio de creación individual se
vea replegado a los límites de sus propios alambrados. Para
ello, y tal vez como en ningún otro caso, es en el lenguaje
donde se ejerce esta forma de sumisión útil. El lenguaje
académico, como todo lenguaje de gueto, funciona como contraseña
y señal de pertenencia. Esa es su fuerza y su poder de
seducción. Ofrece una forma sólida, un perfil definido, un
nombre propio, frente a la pesadillesca indiferenciación de la
realidad. Configura el destino del alumno desde que éste pone un
pie en sus claustros y le garantiza, siempre a través de esta
obediencia debida, un futuro asegurado y sin fisuras. Instaura a
fuerza de términos, reglas y requisitos gramaticales un
territorio de lo pensable. El educando, en cualquier nivel en el
que se halle, desde los grados más bajos hasta los altos títulos
de la educación superior, debe amoldar sus ideas a esta
complejidad escritural fabricada a priori. El poder de la
Academia no radica, sin embargo, en esta sumisión obligatoria
sino en la posibilidad anticipatoria de garantizar la exclusión
de cualquier elemento rupturista, de cualquier quiebre o
desmadre que la ponga en riesgo. Lo que al fin y al cabo
garantiza la Academia a la época es que de sus claustros
difícilmente saldrá algo diferente que cuestione el status
quo del sistema que la configuró a ella misma (la Academia
no es un ente inmutable a través de los siglos ). La estupidez
útil resguarda el orden donde ella está inserta y aunque le
niegue la posteridad a sus elegidos y difusores, les ofrece un
sistema de vida, un orden de valores y un lenguaje propio, una
tranquilizadora comunidad soldadesca que sueña revoluciones
rigurosamente vigiladas.
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