
El grito (1895)
Edvard Munch
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Nota de tapa
16 / Año III /
Febrero-Marzo 2004 Vagando
por las calles
Un niño duerme boca
abajo, tendido a lo largo
en el piso de la
estación Lima, a unos
metros de un bar
subterráneo atestado de
hombres solos. Duerme un
sueño tranquilo en esta
tarde agobiante de
febrero, como si
estuviera en un colchón
de plumas. Tres chicos y
una mujer suben al
vagón. Los cuatro
reparten almanaques. Miro
a la nena más grande,
oscilante entre la
infancia y la
adolescencia, que se
despatarra en un asiento,
absorta en una figurita.
La mujer baja primero,
los tres atrás, el más
chico se entretiene en la
puerta del vagón que ya
arranca. "Negrita,
me das unos pesos para el
sandwich", me dice
un hombre en la avenida
Corrientes. Más
adelante, otro, de
alrededor de 50 años,
gesto abatido, ropas
sucias ningún sin
techo, más bien un
ex clase media-, se
limita a extender el
sombrero. Paso de largo
las librerías, están
jaqueadas de aburrimiento
y de imposibilidad
-portadas nacionales con
los nombres de siempre y
libros extranjeros por
las nubes. También hoy
los piqueteros cortaron
la calle; el centro es un
caos amortizado por la
relativa falta de gente.
Un hombre pasa y los
maldice. Según las
encuestas, los héroes de
ayer se convirtieron en
los enemigos públicos de
hoy. Tendrían que andar
con cuidado, reflexiono,
a este paso serán los
culpables de quien sabe
cuántas catástrofes
pasadas y por venir que
aún nos aguardan. Vuelta
al subte, estación
Acoyte. Av. Rivadavia
hacia Primera Junta. Una
señora, sentada en el
umbral de un banco, con
cinco niños colgados de
sus faldas, pide ayuda a
través de un cartel que
los rodea a manera de
escudo. Unos pasos más
adelante, una chica me
ofrece un celular con
internet, cámara de
fotos, adaptable para
teleconferencias, y sigue
enumerando. La miro y me
vuelven los niños a la
cabeza: el del sueño
subterráneo, la
nena-mujer, la figurita,
el más chiquito, la
puerta del vagón y los
escudados por la
precariedad; me vuelven a
la cabeza los dígitos
rebajados de la
desocupación, la
reactivación de la
economía en no sé qué
porcentaje y los
abarrotados destinos
turísticos, todo
pregonado hasta el
cansancio por los medios
de comunicación. El sol
golpea con furia esta
tarde de febrero. Arde
Buenos Aires y nosotros
estamos de vuelta.
Redacción
de Contratiempo
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Tapa
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Buenos Aires | Argentina
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