Revista de pensamiento y cultura
/ ¿Existe la libertad? / Dossier / Informe sobre Cárceles / Año V N° 7 / Otoño - Invierno 2005
     


Foto: Sierra Chica (c.1930) (A.G.N.)

El rojo paredón de TBA desemboca en un espacio cubierto de chatarra y basura que insiste en llamarse Av. del Libertador, una isla ajena a los edificios de Retiro, en el poderoso corazón de Buenos Aires. Adriana Von Kaull y María Inés Lissi, presidenta fundadora y secretaria de María de las Cárceles respectivamente, nos esperan en la pequeña sede de la Asociación. El local es diminuto, oscuro y está atestado de computadoras. Tres hombres revisan los equipos que luego partirán hacia las cárceles. Sillas de oficina, colocadas afuera entre los árboles y la chatarra, ofician de espacio de recepción; allí nos hablan de la pasión por lo que hacen, de los proyectos, las carencias, de la indiferencia del Estado, del olvido de la sociedad. De un trabajo titánico, a la intemperie.
Un rato más tarde también conversamos con
Jorge Chávez, el Jefe del Taller de reparación de PC de la Asociación. Él nos contó su vida después de la cárcel.

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  ENTREVISTA
María de las Cárceles
Un trabajo a la intemperie

¿Cómo surge el proyecto María de las Cárceles?

Adriana Von Kaull: El proyecto se fue haciendo, ni siquiera era una idea mía. Yo no quería visitar cárceles, me parecían un horror, un espanto la gente. En ese momento era catequista en una parroquia aquí de capital, Nuestra Señora del Carmelo. Y una de las madres estaba haciendo el curso de Pastoral Carcelaria, y bueno, me decía que por la forma que yo tenía de dar catequesis tenía que ir a la cárcel. Yo le decía que no, que no era lo mío. Esa mujer fue realmente pesada, porque insistió mucho. A tal punto que en un momento llegamos a pelearnos. Pero yo tengo cuatro hijos y ella otros cuatro y los ocho son muy amigos, así es que fue imposible seguir enojadas. En el mes de febrero de 1993 esta señora Betty, la insistente, me comenta que me había anotado en una lista para un Instituto de Menores, el Manuel Roca. Bueno, pensé, no era la cárcel. Un instituto de menores no me pareció nada dramático, así es que acepté. Y te puedo asegurar que me cambió la vida, totalmente. Porque es una experiencia que deberíamos vivirla todos, sobre todo los que perseguimos a los chicos de la calle. Yo ya no los persigo más, pero en su momento me molestaban, me daban rabia, me movilizaban cosas feas y agresivas. Bueno, me cambió la vida. Es una situación horrible, es una cárcel para niños y adolescentes, chicos con ganas de vivir, de aprender, de ser seres humanos, y están totalmente marginados. Ellos sienten que la sociedad no los quiere, que no les ha dado nada, casa, educación, nada, por eso tampoco la respetan. En el Instituto estaban en muy malas condiciones y para muchos de ellos nosotros éramos sus únicas visitas. Empecé yendo dos veces por semana durante el 93. Íbamos los días de visita, miércoles y domingo a la mañana. Durante ese año, el 16 de julio, que es el día de la Vírgen del Carmen, el Párroco me pide que organice la peregrinación por el barrio y que, dentro de la Iglesia, hablara exclusivamente de la Vírgen. Bueno, entonces me pongo a averiguar y allí me entero de que era la patrona del Servicio Penitenciario.

¡Qué casualidad!

A.V.K: Yo no creo en las casualidades, y menos de esta índole. Creo que realmente ante mi negativa permanente y absoluta, la Vírgen me dijo que me quería en ese lugar, en la cárcel. Ese año, entonces, entré a un curso de Pastoral Carcelaria, y me empecé a cartear con un muchacho de Olmos, de la Uno de Olmos, que debe ser una de las cárceles más violentas del país. Me carteé durante dos años y fui a la misa de Fin de año del 94 que se oficiaba en el penal. Fue mi primera visita a la cárcel y allí los mismos internos me pidieron que me quedara, que yo fuera su catequista. En 1995 empecé una vez cada quince días y a partir de junio ya iba todas las semanas.

¿Allì surge "María..."?

A.V.K.: El nombre surge en el 94, cuando en el Carmelo fundo el grupo. Allí estamos hasta el 2001. En el 2002 tenemos por primera vez sede propia, en un espacio dentro de la Mutual Sentimientos, en Chacarita. Estuvimos un año, en realidad no podíamos pagar el alquiler. Y además nosotros recibíamos muchas donaciones, de todo tipo, no le decíamos que no a nada. Y eso nos traía problemas con esta gente, que veía que nosotros recibíamos muchas cosas. Y bueno, la cuestión es que nos tuvimos que ir de allí.

Entonces se vinieron a Retiro.

A.V.K: Sí, el lugar nos lo da en comodato TBA. Pero en realidad es cuatro veces más grande. Este localcito tiene 50 mts. cuadrados y el del comodato 200. Ocurre que este señor de enfrente, el Sr. Regazzoni, le ha dado un vuelco económico a la zona, abrió un restaurante, un teatrito, su atelier está allá al fondo, y trae a muchos turistas. Entonces no nos quisieron dar el lugar grande y nos dejaron el chiquito. Regazzoni quiere que nos vayamos porque atenta contra su negocio, no quiere que los turistas vean que aquí trabajan ex detenidos. Está loco, siempre sale y nos grita. (casualmente, mientras que Contratiempo está en el predio, sale el hombre y arremete contra los periodistas de un canal que también vinieron a hacer una nota; el hombre grita, gesticula prepotente; no quiere cámaras en el lugar; los hombres de prensa lo miran, Adriana sonríe resignada). Hoy justamente trajeron membrana para arreglar el techo, así es que ya veo que pronto nos tendremos que ir. Este es el tercer año que estamos aquí, y no nos sirve tampoco. Si lo ves, en un espacio muy pequeño, el baño lo compartimos con la gente de seguridad de los camiones, que son un encanto, pero bueno, no es lo ideal. A partir de la mudanza de Chacarita perdimos a los voluntarios. En realidad, fue nuestra debacle; a la gente no le gusta el sitio, una profesional voluntaria me dijo que "no estaba a su nivel". Nosotros teníamos psicólogos, abogados, un montón de gente que se fue. Quedamos nosotros solos…

Concretamente ¿qué tareas realizan en este lugar?

A.V.K: Aquí está la parte administrativa y el depósito de María de las Cárceles. Y tenemos taller de computación que lo manejan los liberados de nuestro taller de adentro de las cárceles –dos de los muchachos son de la UP32 de Florencio Varela y el otro es de la Uno de Olmos.

¿Cuáles son los espacios internos de la Asociación dentro de los penales?

A.V.K.: En Olmos tenemos dos sedes, en la Uno, que es la grande, y en la 26, que es chiquita y que supuestamente es la cárcel católica que se está formando. En la Uno tenemos un espacio propio donde está el taller de material didáctico para no videntes, juguetes de madera y reparación de juguetes. Un espacio que es solo nuestro y donde trabajan los internos. Y en la UP26 vamos a replicar el taller de reparación de PC que tenemos en Varela, y además tenemos una huerta con el INTA. En la cárcel de Florencio Varela, que es un complejo de cuatro cárceles, estamos trabajando en dos, la 24 y la 32. En la 24 tenemos un pabellón en máxima y estamos intentando tener un pabellón en mediana seguridad. Y queremos hacer también una huerta. En la 32, que es de mediana atenuada, tenemos ya nuestro baluarte armadito: un taller de computación que repara computadoras para escuelas carenciadas, un taller de electrónica y una escuela de C.D.I., que es una Fundación que se dedica a la inclusión de polos de pobreza y que utiliza a la computadora para generar en el individuo educación ciudadana, cómo comportarse, cómo relacionarse entre ellos, cómo mejorar la calidad de vida, etc. Y después tenemos el taller de braille, que lo informatizamos, tenemos dos computadoras y cuatro internos que pasan los libros a diskettes. Nosotros entregamos estos diskettes a la Biblioteca para ciegos, es más económico y rinde mucho más.

La población y sus trabajos

A.V.K.: Los detenidos nos reciben con los brazos abiertos. Yo siempre les digo a los muchachos que nosotros somos la oportunidad que ellos no tuvieron o no supieron aprovechar afuera. Pero también esos muchachos provienen de lugares que nosotros marginamos, nosotros permitimos que no tengan acceso a la salud, a la educación, a la cultura, a nada, ni a la justicia. Esto es un problema social que lo debemos encarar socialmente. Nuestro trabajo es muy importante, ellos lo único que quieren es trabajar y estudiar, quieren una oportunidad. En la cárcel de Varela hay 200 internos, cuatro pabellones de 50. 40 están en la escuela CDI, 11 en el taller de reparación de PC y 10 en la huerta.

El trabajo de ellos consiste en la reparación y armado de las computadoras, por ahí de tres hacen una. Una vez listas, le cargan el sistema operativo y luego se donan a escuelas carenciadas. Como somos muy pocos, y teníamos que generar cosas para seguir existiendo, tuvimos que hacer convenios, tenemos convenios con todo el mundo, una red monstruo. Tuvimos que dejar de lado hasta la catequesis, que era nuestro fuerte, para dedicarnos al taller. Para la parte judicial, hicimos un convenio con el Departamento Judicial de San Martín y con el de Lomas de Zamora, con las defensorías generales. Trabajamos codo a codo con los defensores, buscamos en las cárceles los papelitos que nos dan los internos, vamos y hablamos con Quilmes, Morón… Además estamos trabajando desde el 2000 con la Subsecretaría de Política Penitenciaria y Readaptación Social del Ministerio de Justicia de la Provincia.

María Inés Lissi: Hicimos una red tan grande que todos los Departamentos Judiciales ya nos conocen. Así, cuando los muchachos tienen algún tipo de problema, recurren a nosotras. Ahora la Justicia se complicó muchísimo, no tienen el mismo defensor durante todo el proceso, ¡tienen tantas causas!…

Uds. resuelven esos procedimientos internos, no se meten con los temas de fondo…

M.I.L.:Nosotros les averiguamos el estado de sus causas, no sabemos ni nos interesa el motivo de por qué están allí, porque en realidad son seres humanos, a pesar del mensaje que le dan los políticos de que esa gente es de máxima peligrosidad y demás, el mensaje que dan esos sectores a los que les conviene tener toda esa cantidad de detenidos. Casualmente estábamos hablando con Adriana, antes de que vos llegaras, cómo podíamos solucionar algunas cosas. Vos escuchás en la televisión o todo el mundo dice que entran por una puerta y salen por la otra. Una pregunta sencilla, si es así, ¿por qué subió tanto la población carcelaria? Llega a 25.000…

Se dice que entran por una puerta, salen por la otra, pero también que vuelven a entrar. El lugar común es el de la impunidad pero también el de la mano de obra barata...

M.I.L.: ¡No, no, no es así! El problema es de la justicia, son los jueces, los defensores, las estructuras. Las computadoras donde ellos cargan sus sistemas son una risa. Vos lo ves y decís cómo va a funcionar esto, es un milagro que funcione. Además, el trato, los servicios... Hay gente que está muy enferma, que no tiene que estar dentro de una cárcel.

A.V.K.: El sistema de salud no funciona porque en este momento, por ejemplo, hay enfermedades para las cuales ellos no están preparados. La tuberculosis resistente que hay en los penales es una enfermedad casi imposible de combatir, entonces tenés que sacar al enfermo del penal. Y afuera no quieren presos.

M.I.L.: Hay una razón que ellos te presentan y que es cierta. Si vos llevás un enfermo de la cárcel al hospital, estás llevando una enfermedad de la cárcel al exterior. Y el preso trae a la cárcel enfermedades de afuera, entonces nosotros en algún momento hicimos una reunión con médicos para crear un hospital…

A.V.K.: Un hospital de alta generación, no lo que existe ahora, el hospital del penal es lamentable. Y no tiene la capacidad necesaria para todos los presos que hay. Hay un preso actualmente en Varela que tiene tuberculosis en la espina dorsal, te das cuenta que a ese tipo lo llevaron al hospital donde hay especialistas en tuberculosis en huesos pero no en espina dorsal. Entonces, hay que buscar un médico especialista en esa enfermedad. El sistema penitenciario no tiene esa posibilidad, tiene que atender un penal para 350 y hay 900. ¿Y el juez dónde está, dónde está? ¿Cómo ese tipo está preso todavía? Si hay pulseras electrónicas que podrían controlarlo afuera…Esto es un problema social del que tenemos que hacernos cargo todos, no sólo el sistema penitenciario y el Judicial.

Uds. apuestan justamente a un trabajo de concientizar a la sociedad sobre la situación carcelaria. ¿Cuentan con algún apoyo estatal?

A.V.K.: De ningún tipo. ¿Sabés quién es el único que nos dá un subsidio? El Servicio Penitenciario Bonaerense, que pone las camionetas, que viene acá a capital a buscarnos, nos llevan al penal y a la tarde nos traen de vuelta. Es el único. Nos ha liberado de un montón de cosas, en un momento nosotros no teníamos ni para pagar el pasaje hasta los penales de provincia. En realidad, es el único que nos ha brindado una mano en todo sentido, nos dio un espacio dentro de las unidades, nos permite trabajar, ellos nos atienden con muchísimo afecto, ya tenemos grandes amigos allí. A pesar de que a veces, cuando pasa algo con algún interno, nosotros vamos y les gritamos de todo. Ellos nos dicen "pero sí, tenés razón, vamos y nos tomamos un cafecito", bueno, es otro el trato, son los únicos que nos han dado una mano.

El Patronato de Liberados, a los que el tema también les corresponde, nos vino a visitar y yo comenté que rezábamos, porque sí, tenemos esa costumbre, y le molestó a la señora que nos hizo la entrevista y tampoco conseguimos nada. Le acabamos de presentar una carta al Presidente Kirchner y a la Sra. Ministra de Acción Social Alicia Kirchner. No sabemos qué va a pasar con esto. Si tuviéramos a alguien que nos informe en qué lugar está nuestra carta, si nos van a recibir o no, sería lo ideal. Porque este espacio tiene los días contados.

María de las Cárceles tiene mucha difusión, mucha prensa en diarios y revistas, ¿qué pasa con el cuarto poder y la ayuda que no llega?

M.I.L.: Si te digo lo que nos pasó. Por medio de una nota que nos sacó un diario el año pasado, nos llamó la secretaria de Solá, por lo menos así se presentó. Sandra Sarasola. Nos citó, tuvimos una entrevista. "Uds. hacen un trabajo espectacular", nos dijo, "queremos ver cómo podemos ayudarlos, y nos gustaría que trabajaran con los Derechos Humanos". Entonces nosotros le contestamos que ya tuvimos trato con los DH y para nosotros no están haciendo nada. Entonces le pedimos una entrevista con el Gobernador. Pero nunca pasó nada. En realidad, nosotros nunca pedimos nada. En el 2003 frenamos un motín en la cárcel de mujeres, en la ocho. Hablamos con las internas, algunas se enojaron, pero en fin, el conflicto se solucionó. Así es que no solo no pedimos sino que solucionamos problemas.
A raíz del encuentro con la secretaria de Solá, a nosotros nos iban a dar una casa por el Banco Provincia aquí en Capital. Llamo por teléfono al banco, pero ni siquiera sabían quiénes éramos. Eso fue el final, nadie volvió a llamarnos, ni se preocuparon.
¿Será que no nos ayudan porque decimos que no tenemos un mango, que lo hacemos todo a pulmón, será que tenemos que decir que tenemos mucha plata? A nosotros nos llaman de penitenciarias de todas partes, de Magdalena… El año pasado nos convocaron de la Subsecretaría para hacer un proyecto sobre conducta agresiva en la Unidad 29 Melchor Romero, ahí van los que hicieron motines, los de mala conducta, los que cometieron asesinatos. Había un alto índice de suicidios, la gente no soportaba el régimen de 18 horas sin ver la luz del sol, sin radio, sin música, se comían cucharitas, se cortaban, las mujeres se prendían fuego, querían asustar y se terminaban matando. Con nuestro trabajo hubo menos agresiones, lo que necesitaban los internos era alguien que los escuchara, inclusive había chicas que no veían a sus hijos, nosotros nos ocupamos de ir a su villa, a hablar con el párroco, de acercarlos, fue una experiencia hermosa. Ahí hicimos un concurso literario, donde hubo ganadores, vos sabés que en el momento en que nos vinieron a agradecer, nos decían llorando gracias por hacernos sentir personas. Se sentían reprotegidos, hablábamos mucho.

Uds. están trabajando en estos momentos con liberados, ¿pueden hacerlo con gente que tiene libertad condicional?

M.I.L.:Sí, si, tuvimos un liberado que tenía la libertad asistida, estuvo trabajando mucho tiempo. Nosotros enviamos todos los meses al juzgado el informe. Incluso trabajamos con menores.

Se las ve muy solas para la responsabilidad que tienen.

M.I.L.: ¿Sabés que a veces nos sentimos muy desamparadas? En este momento quedamos nosotras dos solas. Somos en realidad cinco, nosotras dos, Jorge Chávez, que está allí trabajando, una pidió licencia y el otro renunció. Quedó la contadora y dos más en el interior, una que vive en Mar del Plata y otra en Rosario. Pero las que vamos a las cárceles somos nosotras dos, Adriana a Varela y yo a Olmos.

A.V.K.: Yo te voy a explicar una cosa, para que entiendas esto: nosotros trabajamos con presos, nada más. El problema es que al no tener un padrino político y no metemos en política nunca vamos a tener nada. Pero no nos queremos enganchar con nadie políticamente, ni lo vamos a hacer. Y seguiremos trabajando, no nos vamos a parar.

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HISTORIAS / JORGE CHÁVEZ
Los días por venir

Yo trabajo con María desde que estuve alojado en la UP32, hace cuatro años aproximadamente. Conocí la Asociación a través de una revista y me vi interesado no sólo en conocerlos sino en participar del proyecto que estaban haciendo, porque si bien en las cárceles hay muchísimas cosas negativas a las que te podés aferrar, hay también unas cuantas que son positivas, y yo elegí aferrarme a algo positivo. Estoy convencido que eso me sacó adelante, y que pude seguir, y acá estoy, trabajando…

¿Qué hacías en la cárcel?

En la cárcel funciona un taller de reparación de computadoras, yo trabajaba allí. Yo tuve formación técnica a través del curso que organizó Adriana dentro del penal, hice el curso de la UTN también, siempre me gustó la informática. Cuando salí seguí trabajando con ella, aquí, y además tengo mi taller propio en Hurlingham, trabajo para empresas y particulares. Me resultó una salida laboral muy buena. Mi vida está encauzada en algo positivo y muy lindo.

¿Vos te sentís reinserto en la sociedad?

Si, yo nunca me sentí excluido, más allá de que la sociedad trata de excluir a los que estuvieron en la cárcel, al margen de mi caso particular, donde quedé sobreseído de la causa que se me imputaba. La sociedad por ahí lo mismo piensa que si estuve en la cárcel por algo será. Bueno, yo traté de unirme a la gente que me hacía bien. Este conocimiento me abrió otras puertas. Pero después de estar preso, en ninguna empresa me iban a aceptar. Hoy estoy trabajando por mi cuenta.
Acá vengo ad honorem, una vez por semana, formo parte de la CD, aporto mis ideas, doy cursos y apoyo técnico a todas las unidades que tienen taller de reparación de computadoras. Me pusieron como jefe del servicio técnico. De aquí yo selecciono todas las computadoras para ser enviadas para su reparación en los penales. Imaginate la gratificación que nos resulta cuando recibimos las cartas de agradecimiento de las escuelas, con las fotos de los chicos, eso es mucho más gratificante que cualquier dinero.

¿Enseñás a los otros internos?

No, no hay posibilidades de que uno que estuvo preso ingrese nuevamente, es una cuestión de normas. Pero a mí me encantaría volver a dar clases. Pero por suerte conseguimos cursos de la UTN, del CDI, profesores que van al penal. Al margen, yo sigo en contacto con la gente de ahí adentro, hablamos por teléfono… pero me encantaría hacerlo personalmente.

¿Tu familia trabajó con María de las Cárceles?

Si, la familia da mucho apoyo, a veces para el familiar es muy difícil tener un familiar privado de su libertad. Obviamente no tenemos toda la ayuda que necesitamos, pero de a poco, si la sociedad se mentaliza de que la gente privada de su libertad es como ellos, que es parte de la Argentina. Yo te digo porque a mí me pasó, es devolverle la autoestima, es devolverle la esperanza. Cuando una persona pierde la esperanza no le importa nada, le da lo mismo si piensan que es bueno o malo, pero si le dan la esperanza de que van a volver a creer en él, te puedo asegurar porque lo vi en compañeros míos, les cambia la mente, pasa por la educación. Estas actividades nos cambian totalmente la vida, Adriana trabaja con tres pabellones en la 32 y el nivel de reincidencia en los tres es cero, ninguno volvió a delinquir, así que eso te puede dar una pauta. Mucho más que una cuestión de castigo es una cuestión de cultura.

¿Cómo fue tu paso por la cárcel?

El primer año de detención estuve en una comisaría sin ver la luz del sol, un año sin sol. Cuando a mí me sacaron y me trasladaron a Sierra Chica, recién pude ver la luz del día, imaginate lo que me pasó por la mente durante ese tiempo. Luego me trasladaron a la 32, que es una modalidad atenuada, para gente que todavía está en proceso.

Imaginate que varias veces me agarró desesperación, no sólo por el hecho de ser inocente, sino por la forma infrahumana en la que vivía. En la 32 es diferente, hay un área de esparcimiento, tenés lugares para trabajar, estudiar, yo ocupaba todo mi tiempo, a veces hasta las 12 estaba en el taller de PC. El Servicio Penitenciario entiende que hay gente que quiere hacer cosas y por suerte le da lugar. Ellos viven la realidad directa del preso. Si la sociedad pudiera sacarse los fantasmas que hay alrededor de los penales sería fantástico, me gustaría que toda la gente entre por lo menos una vez a la cárcel, para que vea como es, que somos gente común y corriente, que no somos seres sin familia, todos tienen familia, hijos, proyectos, somos seres humanos. Gracias al apoyo de mi familia, que iba todos los días, se me hizo más corto, pero te puedo asegurar que hay gente a la que no la va a ver nadie, hay gente cuya familia ni siquiera sabe, había un chico que me contaba que su familia no tenía idea de que él estaba allí desde hacía más de un año, vine de Entre Ríos de vacaciones y me metieron acá, y las cartas jamás me contestaron, me decía, como si fuera un desaparecido, un desaparecido en plena democracia.

 

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Redacción de Contratiempo
Abril 2005

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