
Foto: Sierra Chica (c.1930)
(A.G.N.)
El rojo
paredón de TBA desemboca en un espacio
cubierto de chatarra y basura que insiste
en llamarse Av. del Libertador, una isla
ajena a los edificios de Retiro, en el
poderoso corazón de Buenos Aires. Adriana
Von Kaull y María Inés Lissi,
presidenta fundadora y secretaria de María
de las Cárceles
respectivamente, nos esperan en la
pequeña sede de la Asociación. El local
es diminuto, oscuro y está atestado de
computadoras. Tres hombres revisan los
equipos que luego partirán hacia las
cárceles. Sillas de oficina, colocadas
afuera entre los árboles y la chatarra,
ofician de espacio de recepción; allí
nos hablan de la pasión por lo que
hacen, de los proyectos, las carencias,
de la indiferencia del Estado, del olvido
de la sociedad. De un trabajo titánico,
a la intemperie.
Un rato más tarde también conversamos
con Jorge Chávez,
el Jefe del Taller de reparación de PC
de la Asociación. Él nos contó su vida
después de la cárcel.
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ENTREVISTA
María de las Cárceles
Un trabajo
a la intemperie¿Cómo
surge el proyecto María de las
Cárceles?
Adriana Von Kaull:
El proyecto se fue haciendo, ni siquiera
era una idea mía. Yo no quería visitar
cárceles, me parecían un horror, un
espanto la gente. En ese momento era
catequista en una parroquia aquí de
capital, Nuestra Señora del Carmelo. Y
una de las madres estaba haciendo el
curso de Pastoral Carcelaria, y bueno, me
decía que por la forma que yo tenía de
dar catequesis tenía que ir a la
cárcel. Yo le decía que no, que no era
lo mío. Esa mujer fue realmente pesada,
porque insistió mucho. A tal punto que
en un momento llegamos a pelearnos. Pero
yo tengo cuatro hijos y ella otros cuatro
y los ocho son muy amigos, así es que
fue imposible seguir enojadas. En el mes
de febrero de 1993 esta señora Betty, la
insistente, me comenta que me había
anotado en una lista para un Instituto de
Menores, el Manuel Roca. Bueno, pensé,
no era la cárcel. Un instituto de
menores no me pareció nada dramático,
así es que acepté. Y te puedo asegurar
que me cambió la vida, totalmente.
Porque es una experiencia que deberíamos
vivirla todos, sobre todo los que
perseguimos a los chicos de la calle. Yo
ya no los persigo más, pero en su
momento me molestaban, me daban rabia, me
movilizaban cosas feas y agresivas.
Bueno, me cambió la vida. Es una
situación horrible, es una cárcel para
niños y adolescentes, chicos con ganas
de vivir, de aprender, de ser seres
humanos, y están totalmente marginados.
Ellos sienten que la sociedad no los
quiere, que no les ha dado nada, casa,
educación, nada, por eso tampoco la
respetan. En el Instituto estaban en muy
malas condiciones y para muchos de ellos
nosotros éramos sus únicas visitas.
Empecé yendo dos veces por semana
durante el 93. Íbamos los días de
visita, miércoles y domingo a la
mañana. Durante ese año, el 16 de
julio, que es el día de la Vírgen del
Carmen, el Párroco me pide que organice
la peregrinación por el barrio y que,
dentro de la Iglesia, hablara
exclusivamente de la Vírgen. Bueno,
entonces me pongo a averiguar y allí me
entero de que era la patrona del Servicio
Penitenciario.
¡Qué
casualidad!
A.V.K: Yo
no creo en las casualidades, y menos de
esta índole. Creo que realmente ante mi
negativa permanente y absoluta, la
Vírgen me dijo que me quería en ese
lugar, en la cárcel. Ese año, entonces,
entré a un curso de Pastoral Carcelaria,
y me empecé a cartear con un muchacho de
Olmos, de la Uno de Olmos, que debe ser
una de las cárceles más violentas del
país. Me carteé durante dos años y fui
a la misa de Fin de año del 94 que se
oficiaba en el penal. Fue mi primera
visita a la cárcel y allí los mismos
internos me pidieron que me quedara, que
yo fuera su catequista. En 1995 empecé
una vez cada quince días y a partir de
junio ya iba todas las semanas.
¿Allì surge
"María..."?
A.V.K.: El
nombre surge en el 94, cuando en el
Carmelo fundo el grupo. Allí estamos
hasta el 2001. En el 2002 tenemos por
primera vez sede propia, en un espacio
dentro de la Mutual Sentimientos, en
Chacarita. Estuvimos un año, en realidad
no podíamos pagar el alquiler. Y además
nosotros recibíamos muchas donaciones,
de todo tipo, no le decíamos que no a
nada. Y eso nos traía problemas con esta
gente, que veía que nosotros recibíamos
muchas cosas. Y bueno, la cuestión es
que nos tuvimos que ir de allí.
Entonces se
vinieron a Retiro.
A.V.K: Sí,
el lugar nos lo da en comodato TBA. Pero
en realidad es cuatro veces más grande.
Este localcito tiene 50 mts. cuadrados y
el del comodato 200. Ocurre que este
señor de enfrente, el Sr. Regazzoni, le
ha dado un vuelco económico a la zona,
abrió un restaurante, un teatrito, su
atelier está allá al fondo, y trae a
muchos turistas. Entonces no nos
quisieron dar el lugar grande y nos
dejaron el chiquito. Regazzoni quiere que
nos vayamos porque atenta contra su
negocio, no quiere que los turistas vean
que aquí trabajan ex detenidos. Está
loco, siempre sale y nos grita. (casualmente,
mientras que Contratiempo está en el
predio, sale el hombre y arremete contra
los periodistas de un canal que también
vinieron a hacer una nota; el hombre
grita, gesticula prepotente; no quiere
cámaras en el lugar; los hombres de
prensa lo miran, Adriana sonríe
resignada). Hoy justamente trajeron
membrana para arreglar el techo, así es
que ya veo que pronto nos tendremos que
ir. Este es el tercer año que estamos
aquí, y no nos sirve tampoco. Si lo ves,
en un espacio muy pequeño, el baño lo
compartimos con la gente de seguridad de
los camiones, que son un encanto, pero
bueno, no es lo ideal. A partir de la
mudanza de Chacarita perdimos a los
voluntarios. En realidad, fue nuestra
debacle; a la gente no le gusta el sitio,
una profesional voluntaria me dijo que
"no estaba a su nivel".
Nosotros teníamos psicólogos, abogados,
un montón de gente que se fue. Quedamos
nosotros solos
Concretamente
¿qué tareas realizan en este lugar?
A.V.K: Aquí
está la parte administrativa y el
depósito de María de las Cárceles.
Y tenemos taller de computación que lo
manejan los liberados de nuestro taller
de adentro de las cárceles dos de
los muchachos son de la UP32 de Florencio
Varela y el otro es de la Uno de Olmos.
¿Cuáles son
los espacios internos de la Asociación
dentro de los penales?
A.V.K.: En
Olmos tenemos dos sedes, en la Uno, que
es la grande, y en la 26, que es chiquita
y que supuestamente es la cárcel
católica que se está formando. En la
Uno tenemos un espacio propio donde está
el taller de material didáctico para no
videntes, juguetes de madera y
reparación de juguetes. Un espacio que
es solo nuestro y donde trabajan los
internos. Y en la UP26 vamos a replicar
el taller de reparación de PC que
tenemos en Varela, y además tenemos una
huerta con el INTA. En la cárcel de
Florencio Varela, que es un complejo de
cuatro cárceles, estamos trabajando en
dos, la 24 y la 32. En la 24 tenemos un
pabellón en máxima y estamos intentando
tener un pabellón en mediana seguridad.
Y queremos hacer también una huerta. En
la 32, que es de mediana atenuada,
tenemos ya nuestro baluarte armadito: un
taller de computación que repara
computadoras para escuelas carenciadas,
un taller de electrónica y una escuela
de C.D.I., que es una Fundación que se
dedica a la inclusión de polos de
pobreza y que utiliza a la computadora
para generar en el individuo educación
ciudadana, cómo comportarse, cómo
relacionarse entre ellos, cómo mejorar
la calidad de vida, etc. Y después
tenemos el taller de braille, que lo
informatizamos, tenemos dos computadoras
y cuatro internos que pasan los libros a
diskettes. Nosotros entregamos estos
diskettes a la Biblioteca para ciegos, es
más económico y rinde mucho más.
La población y sus
trabajos
A.V.K.: Los
detenidos nos reciben con los brazos
abiertos. Yo siempre les digo a los
muchachos que nosotros somos la
oportunidad que ellos no tuvieron o no
supieron aprovechar afuera. Pero también
esos muchachos provienen de lugares que
nosotros marginamos, nosotros permitimos
que no tengan acceso a la salud, a la
educación, a la cultura, a nada, ni a la
justicia. Esto es un problema social que
lo debemos encarar socialmente. Nuestro
trabajo es muy importante, ellos lo
único que quieren es trabajar y
estudiar, quieren una oportunidad. En la
cárcel de Varela hay 200 internos,
cuatro pabellones de 50. 40 están en la
escuela CDI, 11 en el taller de
reparación de PC y 10 en la huerta.
El trabajo de ellos consiste
en la reparación y armado de las
computadoras, por ahí de tres hacen una.
Una vez listas, le cargan el sistema
operativo y luego se donan a escuelas
carenciadas. Como somos muy pocos, y
teníamos que generar cosas para seguir
existiendo, tuvimos que hacer convenios,
tenemos convenios con todo el mundo, una
red monstruo. Tuvimos que dejar de lado
hasta la catequesis, que era nuestro
fuerte, para dedicarnos al taller. Para
la parte judicial, hicimos un convenio
con el Departamento Judicial de San
Martín y con el de Lomas de Zamora, con
las defensorías generales. Trabajamos
codo a codo con los defensores, buscamos
en las cárceles los papelitos que nos
dan los internos, vamos y hablamos con
Quilmes, Morón
Además estamos
trabajando desde el 2000 con la
Subsecretaría de Política Penitenciaria
y Readaptación Social del Ministerio de
Justicia de la Provincia.
María Inés Lissi:
Hicimos una red tan grande que todos los
Departamentos Judiciales ya nos conocen.
Así, cuando los muchachos tienen algún
tipo de problema, recurren a nosotras.
Ahora la Justicia se complicó
muchísimo, no tienen el mismo defensor
durante todo el proceso, ¡tienen tantas
causas!
Uds. resuelven
esos procedimientos internos, no se meten
con los temas de fondo
M.I.L.:Nosotros
les averiguamos el estado de sus causas,
no sabemos ni nos interesa el motivo de
por qué están allí, porque en realidad
son seres humanos, a pesar del mensaje
que le dan los políticos de que esa
gente es de máxima peligrosidad y
demás, el mensaje que dan esos sectores
a los que les conviene tener toda esa
cantidad de detenidos. Casualmente
estábamos hablando con Adriana, antes de
que vos llegaras, cómo podíamos
solucionar algunas cosas. Vos escuchás
en la televisión o todo el mundo dice
que entran por una puerta y salen por la
otra. Una pregunta sencilla, si es así,
¿por qué subió tanto la población
carcelaria? Llega a 25.000
Se dice que
entran por una puerta, salen por la otra,
pero también que vuelven a entrar. El
lugar común es el de la impunidad pero
también el de la mano de obra barata...
M.I.L.:
¡No, no, no es así! El problema es de
la justicia, son los jueces, los
defensores, las estructuras. Las
computadoras donde ellos cargan sus
sistemas son una risa. Vos lo ves y
decís cómo va a funcionar esto, es un
milagro que funcione. Además, el trato,
los servicios... Hay gente que está muy
enferma, que no tiene que estar dentro de
una cárcel.
A.V.K.: El
sistema de salud no funciona porque en
este momento, por ejemplo, hay
enfermedades para las cuales ellos no
están preparados. La tuberculosis
resistente que hay en los penales es una
enfermedad casi imposible de combatir,
entonces tenés que sacar al enfermo del
penal. Y afuera no quieren presos.
M.I.L.: Hay
una razón que ellos te presentan y que
es cierta. Si vos llevás un enfermo de
la cárcel al hospital, estás llevando
una enfermedad de la cárcel al exterior.
Y el preso trae a la cárcel enfermedades
de afuera, entonces nosotros en algún
momento hicimos una reunión con médicos
para crear un hospital
A.V.K.: Un
hospital de alta generación, no lo que
existe ahora, el hospital del penal es
lamentable. Y no tiene la capacidad
necesaria para todos los presos que hay.
Hay un preso actualmente en Varela que
tiene tuberculosis en la espina dorsal,
te das cuenta que a ese tipo lo llevaron
al hospital donde hay especialistas en
tuberculosis en huesos pero no en espina
dorsal. Entonces, hay que buscar un
médico especialista en esa enfermedad.
El sistema penitenciario no tiene esa
posibilidad, tiene que atender un penal
para 350 y hay 900. ¿Y el juez dónde
está, dónde está? ¿Cómo ese tipo
está preso todavía? Si hay pulseras
electrónicas que podrían controlarlo
afuera
Esto es un problema social
del que tenemos que hacernos cargo todos,
no sólo el sistema penitenciario y el
Judicial.
Uds. apuestan
justamente a un trabajo de concientizar a
la sociedad sobre la situación
carcelaria. ¿Cuentan
con algún apoyo estatal?
A.V.K.: De
ningún tipo. ¿Sabés quién es el
único que nos dá un subsidio? El
Servicio Penitenciario Bonaerense, que
pone las camionetas, que viene acá a
capital a buscarnos, nos llevan al penal
y a la tarde nos traen de vuelta. Es el
único. Nos ha liberado de un montón de
cosas, en un momento nosotros no
teníamos ni para pagar el pasaje hasta
los penales de provincia. En realidad, es
el único que nos ha brindado una mano en
todo sentido, nos dio un espacio dentro
de las unidades, nos permite trabajar,
ellos nos atienden con muchísimo afecto,
ya tenemos grandes amigos allí. A pesar
de que a veces, cuando pasa algo con
algún interno, nosotros vamos y les
gritamos de todo. Ellos nos dicen "pero
sí, tenés razón, vamos y nos tomamos
un cafecito", bueno, es otro el
trato, son los únicos que nos han dado
una mano.
El Patronato de Liberados, a
los que el tema también les corresponde,
nos vino a visitar y yo comenté que
rezábamos, porque sí, tenemos esa
costumbre, y le molestó a la señora que
nos hizo la entrevista y tampoco
conseguimos nada. Le acabamos de
presentar una carta al Presidente
Kirchner y a la Sra. Ministra de Acción
Social Alicia Kirchner. No sabemos qué
va a pasar con esto. Si tuviéramos a
alguien que nos informe en qué lugar
está nuestra carta, si nos van a recibir
o no, sería lo ideal. Porque este
espacio tiene los días contados.
María de las
Cárceles tiene mucha difusión, mucha
prensa en diarios y revistas, ¿qué pasa
con el cuarto poder y la ayuda que no
llega?
M.I.L.: Si
te digo lo que nos pasó. Por medio de
una nota que nos sacó un diario el año
pasado, nos llamó la secretaria de
Solá, por lo menos así se presentó.
Sandra Sarasola. Nos citó, tuvimos una
entrevista. "Uds. hacen un
trabajo espectacular", nos
dijo, "queremos ver cómo
podemos ayudarlos, y nos gustaría que
trabajaran con los Derechos Humanos".
Entonces nosotros le contestamos que ya
tuvimos trato con los DH y para nosotros
no están haciendo nada. Entonces le
pedimos una entrevista con el Gobernador.
Pero nunca pasó nada. En realidad,
nosotros nunca pedimos nada. En el 2003
frenamos un motín en la cárcel de
mujeres, en la ocho. Hablamos con las
internas, algunas se enojaron, pero en
fin, el conflicto se solucionó. Así es
que no solo no pedimos sino que
solucionamos problemas.
A raíz del encuentro con la secretaria
de Solá, a nosotros nos iban a dar una
casa por el Banco Provincia aquí en
Capital. Llamo por teléfono al banco,
pero ni siquiera sabían quiénes
éramos. Eso fue el final, nadie volvió
a llamarnos, ni se preocuparon.
¿Será que no nos ayudan porque decimos
que no tenemos un mango, que lo hacemos
todo a pulmón, será que tenemos que
decir que tenemos mucha plata? A nosotros
nos llaman de penitenciarias de todas
partes, de Magdalena
El año pasado
nos convocaron de la Subsecretaría para
hacer un proyecto sobre conducta agresiva
en la Unidad 29 Melchor Romero, ahí van
los que hicieron motines, los de mala
conducta, los que cometieron asesinatos.
Había un alto índice de suicidios, la
gente no soportaba el régimen de 18
horas sin ver la luz del sol, sin radio,
sin música, se comían cucharitas, se
cortaban, las mujeres se prendían fuego,
querían asustar y se terminaban matando.
Con nuestro trabajo hubo menos
agresiones, lo que necesitaban los
internos era alguien que los escuchara,
inclusive había chicas que no veían a
sus hijos, nosotros nos ocupamos de ir a
su villa, a hablar con el párroco, de
acercarlos, fue una experiencia hermosa.
Ahí hicimos un concurso literario, donde
hubo ganadores, vos sabés que en el
momento en que nos vinieron a agradecer,
nos decían llorando gracias por
hacernos sentir personas. Se
sentían reprotegidos, hablábamos mucho.
Uds. están
trabajando en estos momentos con
liberados, ¿pueden hacerlo con gente que
tiene libertad condicional?
M.I.L.:Sí,
si, tuvimos un liberado que tenía la
libertad asistida, estuvo trabajando
mucho tiempo. Nosotros enviamos todos los
meses al juzgado el informe. Incluso
trabajamos con menores.
Se las ve muy
solas para la responsabilidad que tienen.
M.I.L.:
¿Sabés que a veces nos sentimos muy
desamparadas? En este momento quedamos
nosotras dos solas. Somos en realidad
cinco, nosotras dos, Jorge Chávez, que
está allí trabajando, una pidió
licencia y el otro renunció. Quedó la
contadora y dos más en el interior, una
que vive en Mar del Plata y otra en
Rosario. Pero las que vamos a las
cárceles somos nosotras dos, Adriana a
Varela y yo a Olmos.
A.V.K.: Yo
te voy a explicar una cosa, para que
entiendas esto: nosotros trabajamos con
presos, nada más. El problema es que al
no tener un padrino político y no
metemos en política nunca vamos a tener
nada. Pero no nos queremos enganchar con
nadie políticamente, ni lo vamos a
hacer. Y seguiremos trabajando, no nos
vamos a parar.
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HISTORIAS
/ JORGE CHÁVEZ
Los días por venir
Yo trabajo con María
desde que estuve alojado en la
UP32, hace cuatro años
aproximadamente. Conocí la
Asociación a través de una
revista y me vi interesado no
sólo en conocerlos sino en
participar del proyecto que
estaban haciendo, porque si bien
en las cárceles hay muchísimas
cosas negativas a las que te
podés aferrar, hay también unas
cuantas que son positivas, y yo
elegí aferrarme a algo positivo.
Estoy convencido que eso me sacó
adelante, y que pude seguir, y
acá estoy, trabajando
¿Qué
hacías en la cárcel?
En la cárcel
funciona un taller de reparación
de computadoras, yo trabajaba
allí. Yo tuve formación
técnica a través del curso que
organizó Adriana dentro del
penal, hice el curso de la UTN
también, siempre me gustó la
informática. Cuando salí seguí
trabajando con ella, aquí, y
además tengo mi taller propio en
Hurlingham, trabajo para empresas
y particulares. Me resultó una
salida laboral muy buena. Mi vida
está encauzada en algo positivo
y muy lindo.
¿Vos te
sentís reinserto en la sociedad?
Si, yo nunca me
sentí excluido, más allá de
que la sociedad trata de excluir
a los que estuvieron en la
cárcel, al margen de mi caso
particular, donde quedé
sobreseído de la causa que se me
imputaba. La sociedad por ahí lo
mismo piensa que si estuve en la
cárcel por algo será. Bueno, yo
traté de unirme a la gente que
me hacía bien. Este conocimiento
me abrió otras puertas. Pero
después de estar preso, en
ninguna empresa me iban a
aceptar. Hoy estoy trabajando por
mi cuenta.
Acá vengo ad honorem, una vez
por semana, formo parte de la CD,
aporto mis ideas, doy cursos y
apoyo técnico a todas las
unidades que tienen taller de
reparación de computadoras. Me
pusieron como jefe del servicio
técnico. De aquí yo selecciono
todas las computadoras para ser
enviadas para su reparación en
los penales. Imaginate la
gratificación que nos resulta
cuando recibimos las cartas de
agradecimiento de las escuelas,
con las fotos de los chicos, eso
es mucho más gratificante que
cualquier dinero.
¿Enseñás
a los otros internos?
No, no hay
posibilidades de que uno que
estuvo preso ingrese nuevamente,
es una cuestión de normas. Pero
a mí me encantaría volver a dar
clases. Pero por suerte
conseguimos cursos de la UTN, del
CDI, profesores que van al penal.
Al margen, yo sigo en contacto
con la gente de ahí adentro,
hablamos por teléfono
pero
me encantaría hacerlo
personalmente.
¿Tu
familia trabajó con María de
las Cárceles?
Si, la familia da
mucho apoyo, a veces para el
familiar es muy difícil tener un
familiar privado de su libertad.
Obviamente no tenemos toda la
ayuda que necesitamos, pero de a
poco, si la sociedad se mentaliza
de que la gente privada de su
libertad es como ellos, que es
parte de la Argentina. Yo te digo
porque a mí me pasó, es
devolverle la autoestima, es
devolverle la esperanza. Cuando
una persona pierde la esperanza
no le importa nada, le da lo
mismo si piensan que es bueno o
malo, pero si le dan la esperanza
de que van a volver a creer en
él, te puedo asegurar porque lo
vi en compañeros míos, les
cambia la mente, pasa por la
educación. Estas actividades nos
cambian totalmente la vida,
Adriana trabaja con tres
pabellones en la 32 y el nivel de
reincidencia en los tres es cero,
ninguno volvió a delinquir, así
que eso te puede dar una pauta.
Mucho más que una cuestión de
castigo es una cuestión de
cultura.
¿Cómo
fue tu paso por la cárcel?
El primer año de
detención estuve en una
comisaría sin ver la luz del
sol, un año sin sol. Cuando a
mí me sacaron y me trasladaron a
Sierra Chica, recién pude ver la
luz del día, imaginate lo que me
pasó por la mente durante ese
tiempo. Luego me trasladaron a la
32, que es una modalidad
atenuada, para gente que todavía
está en proceso.
Imaginate que varias
veces me agarró desesperación,
no sólo por el hecho de ser
inocente, sino por la forma
infrahumana en la que vivía. En
la 32 es diferente, hay un área
de esparcimiento, tenés lugares
para trabajar, estudiar, yo
ocupaba todo mi tiempo, a veces
hasta las 12 estaba en el taller
de PC. El Servicio Penitenciario
entiende que hay gente que quiere
hacer cosas y por suerte le da
lugar. Ellos viven la realidad
directa del preso. Si la sociedad
pudiera sacarse los fantasmas que
hay alrededor de los penales
sería fantástico, me gustaría
que toda la gente entre por lo
menos una vez a la cárcel, para
que vea como es, que somos gente
común y corriente, que no somos
seres sin familia, todos tienen
familia, hijos, proyectos, somos
seres humanos. Gracias al apoyo
de mi familia, que iba todos los
días, se me hizo más corto,
pero te puedo asegurar que hay
gente a la que no la va a ver
nadie, hay gente cuya familia ni
siquiera sabe, había un chico
que me contaba que su familia no
tenía idea de que él estaba
allí desde hacía más de un
año, vine de Entre Ríos de
vacaciones y me metieron acá, y
las cartas jamás me contestaron,
me decía, como si fuera un
desaparecido, un desaparecido en
plena democracia.
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/
Redacción
de Contratiempo
Abril 2005
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2000-2005 | Revista
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Directora: Zenda Liendivit
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