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Comunicación, cultura y sociedad / Jornadas de Filosofía del Arte


 

I JORNADAS DE FILOSOFÍA DEL ARTE / SANTA FE MAYO 2004
Del arte retórico en Aristóteles
a los aspectos retóricos del arte

María de los Angeles Manassero

Introducción

Entre estas variadas competencias que ha tenido la retórica a lo largo de su extensa historia, un lugar destacado lo ocupa como disciplina argumentativa en el ámbito de las decisiones, de la acción y, por tanto cumple una función cognoscitiva. Fundamentalmente Aristóteles entendió a la retórica no sólo como una habilidad que espontáneamente tienen los hombres, sino como un conocimiento que indaga los medios que conducen a la persuasión es decir, a la formación de un juicio. Pero es un conocimiento que se desenvuelve en una praxis, en una actividad y por ello es "arte". Con el presente nos proponemos volver a la lectura de los textos de Aristóteles, para delinear los rasgos que la distinguen con el propósito de poder establecer los posibles puntos de contactos con "el arte".

El surgimiento de la retórica como arte en Grecia. Alcance del término arte en los textos aristotélicos

Ni bien se inicia la lectura de la Retórica, dos afirmaciones le dan un nuevo carácter: su relación con la dialéctica y la afirmación de "arte" con un objeto definido. En el primer párrafo Aristóteles la ubica en el nivel de la dialéctica: "la retórica es correlativa de la dialéctica, pues ambas tratan de cosas que en cierto modo son de conocimiento común a todos y no corresponden a ninguna ciencia determinada" (1354 a 1). En Aristóteles la dialéctica contenida en los Tópicos es un método que permite "razonar sobre todo problema que se nos proponga, a partir de cosas plausibles", en consecuencia, la retórica, también será un método de razonamiento.

En cuanto a su estatuto de "arte" téchne (tecnh) el libro VI de la Etica Nicomaquea Aristóteles lo caracteriza del siguiente modo: "Todo arte versa sobre la génesis, y practicar un arte es considerar cómo puede producirse algo de lo que es susceptible tanto de ser como de no ser y cuyo principio está en quien lo produce y no en lo producido". Del párrafo transcrito se destaca lo siguiente: 1) la téchne es un modo de conocer y por tanto se distingue de la experiencia; 2) conocimiento que corresponde al orden práctico, porque pertenece al ámbito de "lo que puede ser de otra manera", al ámbito de lo "contingente", supone la libertad de elección; 3) encaminado a la producción, el conocimiento en el arte implica la construcción de la obra.

Ahora bien, el objeto de estudio de la retórica, como conocimiento, son los argumentos propios del arte, y éstos, de acuerdo a Aristóteles, son los entimemas. De esta manera, se refuerza el aspecto cognoscitivo del arte aristotélico. El entimema es el silogismo retórico, es la demostración, equivalente retórico del silogismo dialéctico cuya peculiaridad radica en ser un silogismo abreviado, es decir, no todas sus premisas se hallan explicitadas, porque no hace falta que así sea, en razón del ámbito en que se desarrolla este arte, lo verosímil, y porque el rétor construye su razonamiento dentro del bagaje cultural de la comunidad en que desenvuelve su discurso.

El arte retórico se configura, en consecuencia, en una clara perspectiva lógica, -en sentido amplio del término- y así lo define Aristóteles: "la facultad de considerar en cada caso lo que cabe para persuadir". La retórica como téchne estudia un objeto determinado, los medios de la comunicación persuasiva que permiten argumentar sobre temas opinables.

Aristóteles distingue tres clases de medios para persuadir, a saber: a) por el discurso; b) por el carácter del orador y; c) por las pasiones que mueve al auditorio. De tal manera la retórica no es, en exclusividad, un arte lógico sino que también pertenece, por sus recursos y materias que trata, a la política, a la ética, tomada a ésta última en sentido general.

El aspecto pragmático, comunicativo del arte retórico surge así con fuerza y pone en relación sus tres elementos básicos: el orador, el discurso y el auditorio. La retórica es conocimiento pero también actividad, como se destacó en la noción de arte, y es actividad en razón de los temas sobre lo que versa este arte. Estos corresponden a un aspecto de la discusión de la ética que concierne a los asuntos públicos, organizados según el género de la retórica, compuesto por la demostrativa, la virtud, el vicio, lo noble; la deliberativa, se ocupa de la legislación, de la paz, de la guerra, etc; y la forense: de la injusticia y sus causas y la ley como criterio de justicia.

Pero la persuasión se realiza por el lenguaje, por el discurso, de ahí que éste último aspecto completa la retórica aristotélica. Aristóteles denomina elocutio (lexiz) , a la parte de la retórica relativa a la construcción del discurso. De poco sirve saber qué decir si no se conoce el modo de decirlo, así se lee al comienzo del libro III de la Retórica: "no basta saber lo que hay que decir, sino que es necesario también dominar cómo hay que decir esto, lo cual tiene mucha importancia para que el discurso parezca apropiado". Y esto guarda relación con lo que se dijo del arte como un hábito productivo, "trae algo a la existencia". La retórica trae a la existencia el discurso que persuade, el discurso como pieza artística dotado de cierto estilo y gracia para captar a quien lo escucha o lee. La retórica es "arte del uso de la palabra", la "materia" de este arte es el lenguaje en su dimensión comunicativa. Aquí el arte retórico se vuelve sobre la palabra, el lenguaje, para elaborar las oraciones, los giros, las expresiones, es decir, una construcción textual que manifieste de la mejor manera posible el tema de la oratoria. A lo largo del libro III Aristóteles perfila su teoría del discurso, al que vincula con la Poética. Pero a diferencia de esta última la retórica no tiene como fin el deleite, el disfrute, o el "éxtasis" estético. El lenguaje retórico se tensa hacia la persuasión, no a su superación, no persigue el goce que puede producir el lenguaje que se recrea en sí mismo. Todo ello sin dejar de reconocer que la elocutio plantea el aspecto más artítisco de la retórica, puesto que apela a la sensibilidad estética del auditorio a fin de que éste preste atención al tema expuesto por el orador.

Con esto último queda configurada en grande rasgos, la retórica aristotélica. Este recorrido, aunque breve, deja en claro el carácter cognoscitivo que tiene la retórica en Aristóteles como arte argumentativo cuyo ámbito es lo verosímil, lo que puede ser de otra manera, propio del ámbito de las acciones. Se trata, en definitiva, de "una retórica de ideas", expresión a la que recurre Guy Bouchard, para distinguirla de "una retórica de palabras", aquélla que acentúa el aspecto elocutivo. Retórica que, como técnica del argumentar hace uso de los más variados recursos, lógicos, afectivos y lingüísticos, y que pone al descubierto, en consecuencia, resortes sintácticos, semánticos y pragmático del discurso.

Aspectos retóricos en el arte

Después del recorrido por algunos pasajes de la retórica aristotélica, llega el momento final de encarar la tarea de averiguar acerca de los posibles contactos entre esta concepción de retórica y el arte. Concretamente el arte como retórica y, al respecto cabe afirmar que de acuerdo a los textos aristotélicos, no resulta posible sin forzar la interpretación, hablar de una retórica del arte; sí en cambio, de "aspectos retóricos" en el arte.

Hablar ahora de aspectos retóricos en el arte desde la versión aristotélica, requiere de una cierta visión de la actividad artística y la obra. Esta sería aquella que entiende que el artista cuando crea su obra, la realiza entre otras razones, para transmitir un mensaje, el mensaje que él quiere darle fruto de sus vivencias, convicciones, sensibilidad, conocimientos. De manera que existiría, en esa dirección, un uso retórico de la obra de arte. Su realización se haría en función de alguien, para un público, el auditorio en término retórico. El artista por medio de su obra plantearía una comunicación, una interacción con su público, con los espectadores y, en esta comprensión, la obra de arte se convierte en una suerte de "argumento", que demuestra el mensaje, las ideas que el artista desea expresar. Así por ejemplo el "Guernica" de Picasso muestra la impresión que causó en la psique del artista la avanzada bélica sobre la desprotegida población vasca. El cuadro manifiesta el dolor, la muerte, el miedo y constituye así una denuncia y condena de aquel acontecimiento para conocimiento de todos aquellos que la observan. Puntualizar el aspecto persuasivo en el arte significa, a su vez, destacar su papel emotivo, afectivo. Emoción que parte en primer lugar, de su ejecutor, el artista, y que va al encuentro del ánimo, del sentimiento de quien lo recibe. El discurso agradable, dotado de cierto estilo contribuye a la acción persuasiva, así también el arte, cumpliría una función persuasiva por medio de recursos estéticos. No obstante, en la retórica aristotélica, el adorno en el lenguaje es solo uno de los medios que contribuyen a una función que es netamente cognoscitiva: proponer determinada tesis y; cuyo objetivo final, es el cambio de actitud del auditorio como consecuencia de la aceptación de la argumentación discursiva. En el arte, el aspecto cognoscitivo no es lo primordial, aunque puede ciertamente estar presente. Por ello cabe sostener que desde Aristóteles el acercamiento de la retórica al arte es acotado.

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MARÍA DE LOS ANGELES MANASSERO es abogada, Licenciada en Filosofía y Doctora en Derecho. Es Profesora Adjunta de Filosofía del Derecho de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral.

El presente texto es un resumen de la ponencia presentada por la autora en las I Jornadas de Filosofía del Arte, llevadas a cabo en Santa Fe en mayo de 2004.


2000-2004 Revista Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
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