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Con Sara
Mamaní, entre lo telúrico
y lo cibernético
ÁLVARO COSTA |
El tiempo y
el contacto
Dos personas están conversando. Una vez
más, la directa presencia del otro en
cada uno revela su eterna densidad de
carne inmaterial, su reticencia en el
meollo de su mostración, su
translucidez, su energía. Lo que no
tiene nada de increíble: sucede todos
los días, aunque no nos demos cuenta. No
se están hablando por teléfono, no se
están escribiendo una carta, uno al otro
no lo mira por video. Sin ortopedia, los
interlocutores entablarán un diálogo
(cinco minutos, unas horas....) en el que
cada parlamento, cada movimiento de las
cejas promoverá algún tipo de respuesta
más o menos inmediata, un como ritmo que
de no cumplirse- descolocaría el
intercambio. En un sentido principal, las
personas se conocen.
Hágaselo
al revés: demórese el continuum,
désele una ralente... y no sólo eso:
sepárese a las personas (que, con todo,
se seguirán comunicando): mientras una
está en un café de provincia, la otra
está en el comedor de sus queridos de la
capital. Mientras uno de los dos le dice
algo un lunes, la otra la escucha un
martes y le contesta un miércoles, etc..
No son amigos. El único que sabe algo
físicamente del otro lo sabe por una
foto. Sabe también que hace música,
pero nunca la pudo oír, lamentablemente.
En realidad, ha llegado a esos datos (la
foto, la música, el testimonio de una
labor dedicada al arte y a la
solidaridad, las palabras de Teresa
Parodi, la lumbrera de Alfredo) casi por
equivocación. Buscando a otra persona, a
otra cantante. Por Internet. Así conocí
a Sara Mamaní.
Ella por
ella
"Paso a contarte un poco de mi
"filosofía". Me recibí en
Salta, en la Universidad Nacional, y el
título es el de profesora de Filosofía.
Estaban y están separadas las carreras
de Filosofía y Letras. Dependían de la
U.N. de Tucumán pero en 1973 fueron
creadas en Salta y su primer rector fue
un poeta, Holver Martínez Borelli, que
murió en el exilio... Pero terminé
"enojada" con la Filosofía. Me
parecía muy del aire en aquel momento, y
me vine a Buenos Aires en 1984 dispuesta
a estudiar Psicología. No pude hacerlo
porque en la UBA me obligaban a hacer el
CBC y yo quería, con mi título, entrar
a cursar las materias propias de la
carrera. Y acababa de llegar a Buenos
Aires y la lucha por la supervivencia era
dura. No quise ejercer nunca, pues si
bien me gusta la docencia, dedicarme a la
enseñanza de la filosofía era para mí
relegar la música, ya que creo que debo
hacer las cosas bien y no a medias. Leer
y estudiar lleva mucho tiempo, y yo
quería ese tiempo para la música.
Podría decir que desde
siempre la música fue mi pasión.
Quizás el entorno social, el tiempo
histórico, el lugar geográfico (Salta,
la linda) fueron formando esa pasión. O
quizás mi madre que solía cantarnos a
mi hermana y a mí, a la hora de la
siesta, leyendo letras de tangos y
boleros de la revista "El alma que
canta"... Empecé a interesarme
concientemente a los 11 años. Escuchaba
a Los Fronterizos, mis preferidos, y todo
lo que había en folklore por la radio.
Recuerdo un programa: "Tardecitas
salteñas" a las 5 de la tarde todos
los días. A los 12 tuve mi primera
guitarra. Aprendí rápido, me
apasionaba.
Así es que la Música es mi
modo de expresión principal. Me gusta
recordar una canción popular de
Venezuela, que dice:"el cantar tiene
sentido, entendimiento y
razón..." Fijate vos...
Entonces la Filosofía siempre me
acompañó, de diferentes maneras, porque
siempre se coló por todos lados, y hoy
está tu invitación que me une en las
dos cosas...(1) No debe
ser casual, ¿no?
El sentido de cantar puede
tener connotaciones universales. ¿Por
qué cantamos los humanos? Hay muchas
razones. La expresión de estados de
ánimos, la expresión de lo que pasa
alrededor, la expresión de lo que le
pasa a la comunidad, la sociedad diría,
para comunicarnos con el otro, para
aliviar dolores, para hacer dormir a un
niño... En mi caso ,más allá de la
motivación que pude haber tenido de mi
mamá, y las enunciadas, lo hice para
expresar mis sentimientos más profundos,
que no podía hacerlo de otro modo ,era
muy jovencita, casi una niña cuando
empecé. Y me gustaba el folklore.
Expresaba lo que yo sentía respecto al
paisaje, me revelaba
"secretos", diría yo, de mi
identidad. El repertorio de los 60 fue
muy bueno. La poesía me llegó por ese
lado. Amo a Manuel Castilla, Juan L.
Ortiz, Luis Franco y tantos otros. Cuando
estudiaba filosofía tenía más libros
de poesía que de filo.
"Quimera" es mi
primer disco y te contaba del que acabo
de grabar (pero que no edité aún) que
se llama "Cantos de Tierra".
Cuando pueda te lo enviaré.
Ejercí la docencia
eventualmente y busqué la salida por el
lado de la música y otras cosas. Ahora
no estoy ejerciendo. Tengo un cargo
docente de Ayudante de Clases Prácticas
(3 veces por semana, de 8 a 12
aproximadamente) en la Escuela de
Comercio N.5; depende del Gobierno de la
Ciudad. Estoy derivada a Secretaría,
donde me aburro mucho pero es mi sueldo
estable, con el que pago mi casa (me
faltan 4 años). Y luego voy al Serpaj. Y
desde este mes (2) voy a
tener dedicación completa con Adolfo,
digamos 8 horas diarias. Y dejaré el
colegio, con licencia sin sueldo por este
año. Pasa que lo del Serpaj es muy
fluctuante al depender del dinero que
entra por proyectos. Pasamos épocas muy
duras en cuanto al financiamiento.......
De modo que me fui
reconciliando con la Filosofía... Y creo
que las herramientas que brinda son muy
útiles para la vida toda. Me permitió,
quizás (entre otras cosas) entrar a
trabajar al Servicio Paz y Justicia del
que te hablaba, que preside Adolfo Pérez
Esquivel. El Serpaj es una ONG, dedicada
a la defensa y promoción de los DDHH.
Cuenta con más de 30 años de historia
en Latinoamérica, teniendo secretariados
en Brasil, Costa Rica, México, Chile,
Paraguay, Uruguay...Es de inspiración
cristiana y también ecuménica,
apartidaria; su opción fundamental es
por los pobres y su guía la no
violencia. Yo soy la secretaria de Adolfo
Pérez Esquivel. Hace pocos meses somos
dos personas en esa tarea. Mi
incorporación se la debo a una maestra
del arte, que tuve yo, que me recomendó
para ello ante el requerimiento de Pérez
Esquivel. El mejor recuerdo que tengo es
el del día en que supimos que el Premio
Nobel de la Paz era para Rigoberta
Menchú. Lo supimos a las 7 de la
mañana, cada uno en su casa, por la
radio, y nos empezamos a llamar por
teléfono, y nos fuimos todos a Casa de
la Paz, así le llamamos a nuestra sede,
y fue una alegría inmensa, nos
abrazábamos, lloramos, recibimos
muchísimos llamados de todo el mundo.
Adolfo fue quien presentó su
candidatura. Luego a la noche nos fuimos
a mi casa, comimos choripán y tomamos
mucho vino. Cada brindis era por
Rigoberta. Y así seguimos casi un mes de
festejos en un lado o en otro. El
peor recuerdo es un presente permanente:
cuando recibo los reclamos de los pueblos
indígenas y sé que no se hará justicia.
(3) Me toca en lo hondo,
me hace llorar. En lo personal, mis
mejores recuerdos están en la niñez,
creo que fue muy hermosa, a pesar de los
miedos o las privaciones materiales. Pero
tuve mucho amor de mis padres y jugué
mucho. Y el peor es la muerte de
mi papá, hace un año.
En el Serpaj tenemos
relaciones con muchas ongs,
principalmente con los organismos de
DDHH, menos con las Madres de Hebe de
Bonafini. Las relaciones con la Iglesia
Católica son"cordiales" con la
Institución y fraternas con algunos
curas o parroquias del interior y de
Capital. Aunque pensamos que la Iglesia
fue cómplice de la dictadura militar y
que son muy pocos los que dieron la cara
para defender los DDHH; digamos. Hesayne,
De Nevares, Angelelli. Fue en el Serpaj,
entonces, que comencé a
familiarizarme con la temática de los
DDHH ,a nivel conceptual, ya que era y es
un compromiso de vida, sobre
todo. También con la temática
indígena, educación para la paz; en lo
personal me gusta la psicología, y así
fui haciendo mis lecturas en un variado
espectro, dentro de las humanidades.
En este momento estoy con el
tema educación para la paz, identidad,
cultura. Me atraviesa la problemática
indígena, pero no estoy militando en
ninguna organización de ese tipo. Lo que
hago está dentro de las actividades del
Servicio Paz y Justicia.
He viajado algunas veces,
deseo viajar más... En el 80 visité
México por primera vez, y me fascinó.
La cultura que está a flor de la tierra,
el Museo de Antropología al que hay que
visitar varios días para intentar
abarcarlo, la casa de Frida Kahlo, las
pirámides. Fui a visitar amigos
argentinos. Me deslumbró.
Luego, ya en Serpaj, viajé a Ecuador, a
Quito, para un encuentro continental que
se llamó Asamblea del Pueblo de Dios.
Había gente de todas partes de
Latinoamérica. Comprobé la diferencia
de la iglesia argentina frente a otras
del continente. Aprendí muchísimo. Y mi
mejor recuerdo es haber conocido Otavalo,
y a su gente , a quienes yo admiraba y
admiro. Son indígenas con una gran
presencia y organización política. A
fines de los 90 fui por segunda vez a
Ecuador, esta vez a Guayaquil, con Pérez
Esquivel. Y tuve la suerte, si se puede
llamar así, de ver cómo los
norteamericanos se instalaban en lo que
es hoy la base de Manta, en su afán de
militarizar y controlarnos desde todos
los ángulos, con la complicidad interna,
claro está. Y conocí el Pacífico.
Hermoso.
El año pasado volví a México por
tercera vez. La anterior fue a un
encuentro que convocó Rigoberta Menchú,
Premio Nobel de la Paz. Estar con ella, y
con otros representantes de comunidades
indígenas de varios lugares, fue y es la
más linda experiencia que tuve. Sentí
que estaba en lo mío, con los míos... Y
después lo de Chiapas, donde también el
encuentro con los indígenas fue lo que
más me tocó. En este caso fue muy duro
darme cuenta que todos hablábamos en
castellano ante un auditorio con
presencia indígena importante, y muchos
de ellos, repito, casi todos, no sabían
hablar en castellano. Era un sinsentido,
pero que refleja la situación de Chiapas
y los problemas que aún permanecen y son
la causa de lo que allí pasa. Me duele
hablar de la injusticia, pero más me
duele si se trata de los pueblos
indígenas.
Finalmente viajé a Barcelona y Alicante.
Y el asombro es por el dinero que
allí se vé, por la calidad de vida,
aunque sé de los problemas que tienen
esos países. Pero es "otro
mundo". Su gente es hermosa, y el
mar..., ese mar
Mediterráneo, me emocionó hasta las
lágrimas.
(1) Sara se refiere a
nuestra invitación a participar como
disertante "y" como música en
las Jornadas de filosofía de Sta. Fe del
5 y 6 de septiembre de 2.003.
(2) Abril de 2.003.
(3) El subrayado es nuestro.
Los discos
Sara: sabemos que desde 1991 a 1999
fuiste fundadora y directora del grupo
"Allaquí" ¿Podrías contarnos
sobre esta trayectoria?
Esos años fueron de
maduración de un proyecto que había
deseado mucho. La grabación de un disco.
Y mi afirmación en la composición.
También el modo como yo quería escuchar
mis temas. En esto último tiene mucha
importancia el hecho de haber elegido el
bandoneón como instrumento importante
dentro del grupo. Amo el sonido de ese
instrumento y su ejecutor por excelencia
es, para mí, Dino Saluzzi. He escuchado
mucho bandoneón en mi vida...También me
gusta el tango y los cultores del
bandoneón en ése género. Creo que el
instrumento tiene cierta magia, pues ha
podido acompañar sentires tan diferentes
como el tango, la música del litoral y
la del noroeste argentino. Fué muy
fuerte también las palabras que dedica
Teresa Parodi a mi música y al grupo, y
que están en el disco. Y ahí están
diez composiciones mías. Una la comparto
con Perla Aguirre, con quien también ha
sido un honor componer. También
significa mi definitivo asentamiento en
Buenos Aires. Ya entiendo sus códigos y
encuentro amigos excepcionales. Es el
aprendizaje de lo que es grabar,
producir, mezclar, masterizar, el
contacto con una grabadora. Y los viajes
mostrando mi música. Recorrimos muchos
festivales, encuentros, en el interior.
Fui varias veces a Salta, a la Serenata a
Cafayate, a la ciudad. Pero lo que más
recuerdo es la posibilidad de mostrar
nuestra propuestas, que no era de temas
conocidos, o clásicos, y sin embargo
obtener muy buena respuesta. Fue una
etapa musical de crecimiento, de
concreción de sueños, de aprendizaje.
Leemos en un
comentario sobre tu carrera: "Desde
agosto del 2000 inicia una nueva etapa
musical que se denomina "Sara
Mamaní Grupo"." ¿De qué se
trata exactamente? ¿Cuál es esta nueva
etapa?
Al disolverse el grupo
ALLAQUI, surge la necesidad de hacerme
cargo de la propuesta que por cierto es
mi proyecto, que contiene mis canciones y
mi modo de ver esta música. Si bien el
bandoneón me sigue
"encantando", elegí otros
instrumentos. En especial el violín y
como un gran sustento al piano. Y las
cosas se fueron dando para que, de
pronto, el grupo que fui armando esté
constituido por mujeres. No soy feminista
a ultranza, pero tengo una mirada
crítica al machismo y a la actitud
femenina que ayuda a la reproducción de
ese esquema. Y me interesa el tema de la
mujer y el arte. Para simplificar, aunque
el tema da para mucho, creo que las
mujeres somos discriminadas en muchos
sectores y el folklore no está alejado
de ello. Si bien hay muchas cantantes
mujeres, de a poco van ocupando lugares,
en el plano instrumental y autoral. En el
tango también se ve mucha juventud y
mujeres. Entonces, estoy contenta con
integrar un grupo musical femenino, por
así decir. Hay una nueva generación que
viene muy preparada para este trabajo.
Mis compañeras nuevas de grupo están
muy bien preparadas. El estudio musical
es accesible, hay una Escuela de Música
Popular de Avellaneda, se acaba de crear
en el Conservatorio Manuel de Falla, la
carrera de Tango y Folklore, con un alto
nivel. Y en niveles privados. Creo que
esto es muy importante para nuestra
música que debe lograr la síntesis
entre "el estudio y la
intuición", digamos. Yo soy de una
generación donde la intuición y el
"oído" han sido y son nuestros
instrumentos. Pero yo he seguido
estudiando como pude para saber más y
poder expresarme mejor en lo que hago. En
todos los casos, el estudio es por toda
la vida. Siempre estamos aprendiendo. Yo
lo estoy. Esta etapa no es fácil porque
no se puede escindir de los momentos
sociales. Estoy esperando poder editar el
disco, busco trabajo y hay poco. Pero
sigo pensando que soy un eslabón en la
cadena y que intento, con humildad y
compromiso, contribuir a la música de mi
tierra.
Sara: antes que
nombrarte yo, que tengo el honor de
conocer al día de la fecha los dos
discos, los temas que más me gustaron
(lo cual siempre es una eventualidad para
el autor o la autora) prefiero que vos
misma selecciones 7, 8, 10, ene temas de
los dos discos y nos cuentes algo de
ellos, desde una anécdota hasta un
comentario musicológico, lo que te
parezca.
Hace varios años atrás,
cuando iba a Salta a fin de año, podía
y deseaba quedarme un mes, por lo menos.
Entonces , con amigos me iba a recorrer
los Valles Calchaquíes. Y en especial,
fui durante varios años seguidos a
Cafayate, donde un amigo de la plástica
tenía un lugar hermoso. Allí pasé
imborrables momentos. Uno de ellos:
fuimos a comer un asado bajo del puente
del río Chuscha, a la noche. Había luna
llena. Sólo ella alumbraba, no se
necesitaba más. Al terminar, con el
grupo nos encaminamos a casa de nuestro
amigo, que vivía en las afueras del
pueblo En el camino, campo abierto,
sentimos a lo lejos voces cantando. No
era un canto cualquiera. Eran coplas,
bagualas. Y venían a caballo. Nos
fascinó ese canto y la posibilidad de
ver quién cantaba porque se aproximaban
cada vez más esos caballos. Así fue.
Eran dos gauchos y uno de ellos le
preguntó a uno de nosotros si ese era el
camino para la banda de arriba. Lo era.
Le ofrecieron vino, ellos venían
bebiendo. Y siguieron su camino,
cantando. Yo nunca escuché cantar así.
Nos quedamos en silencio, y luego le
preguntamos a quien había dialogado con
ellos: ¿por qué no te fuiste con
ellos?!!! Y alguien agregó: ¿no habrá
sido el diablo? Esto me inspiró la
canción Bagualeros de la luna,
que compuse muchos años después, pero
cuya inspiración, ese canto, esos
gauchos, seguía sin borrarse de mi
recuerdo.
Otra. La albahaca es algo
muy importante para mí. Me sugiere el
carnaval inmediatamente, su perfume es
una gloria, en ese sentido. En el norte
se utiliza para adornar las mesas, las
trenzas de las mujeres, el sombrero de
los hombres. Y simboliza, plenamente, el
carnaval. Por eso hice el tema Albahaca,
que no tiene letra. No necesitaba decir
nada.
No sé. Creo que todos los
temas tienen una motivación, algunos
más fuerte y clara, por así decir, que
otros. Siempre es un recuerdo, un nombre,
una situación, una alegría, un pesar.
Tampoco podía decir nada luego de
conocer y entrar al Cerro Rico, en
Potosí. Me emocioné y lloré cuando
salí. Al tiempo hice la cueca
instrumental Los mineros potosinos.
Me gusta la versión
instrumental del tema Sin ningún
color. Siempre tuve esa idea y la
pude plasmar en este CD Cantos de
tierra. Tiene variaciones que fueron
improvisaciones del violín y del piano,
que luego las fijamos en las partituras.
Pero cada una pudo expresarse libremente.
Es un diálogo del violín y el piano,
enmarcado con la percusión y mi
guitarra. Hacer canciones me parece que
es poseer un secreto que no se sabe qué
es. No sé si se puede explicar. Yo no
puedo.
Lo otro:
hablanos de estas cuatro piezas: Noches
de San Lorenzo, Quimera, El apenado y
Cantos de tierra. Hablanos también de la
Negra Chagra.
San Lorenzo es un hermoso
lugar de Salta, a unos 10 Km. de la
ciudad. Es un pueblo que se transformó
en Villa veraniega donde siempre fueron
de vacaciones o fin de semana los
"cholos"(así denominamos al
sector de la oligarquía salteña). Casas
hermosas, piletas de natación, caballos.
Pero allí siguieron viviendo los que
nacieron allí. Es decir más allá del
paisaje que es hermosísimo, laten otras
cosas. Hace mucho tiempo eran nombrados
sus carnavales. De ahí la zamba La
sanlorenceña, de Dávalos (debo
confirmar los autores). De ahí el lei
motiv de presentación de Los
Chalchaleros: "quebrada de San
Lorenzo, la sombra de los
nogales...". Y sus bagualas. Aún en
estos tiempos, cuando voy a Salta, que
siempre es en el verano, a la noche, en
San Lorenzo escucho de lejos, cantos de
bagualas. Y si se aproxima el carnaval
también. Por todas esas cosas no pude
dejar de hacerle una canción. Pasé y
paso momentos hermosos en ese lugar.
Muchos amigos se han ido a vivir allí.
El apenado:
simplemente un "gato" triste,
que refleja exactamente mis sentimientos
de un momento de mi vida.
Cantos de tierra: Me
gustan las vidalas y cuando empecé a
hacerla salió exactamente lo que al
principio digo: "tantas veces la
vida nos pone a prueba..." Y siento
que los cantos de tierra son los que
cuidan mi voz, que no es sólo la
personal sino que quisiera que represente
a muchas voces. La Tierra es la presencia
constante, inabarcable, me parece. De
ella nos vienen muchas cosas, también
cantos, música...
La Negra Chagra. La conozco
hace muchos pero muchos años. Es como
una hermana de la vida y de la música.
Cuando recurrí a ella para un reemplazo
en Allaquí (en los primeros tiempos) me
sentía segura, confiada porque no tengo
que explicarle nada. Hemos tenido
similares vivencias, con el Cuchi
Leguizamón , por ejemplo. Pero hemos
andado de farra mucho, intenso, profundo,
alegre. Y al poco de conocernos ya
integró un grupo que formé, que se
llamó Grupo Mensaje, en el que hacíamos
música latinoamericana. Yo todavía no
componía. Era en Salta, éramos muy
jóvenes. Obviamente me gusta mucho su
canto. Está llevando adelante también
su proyecto personal. Tiene un CD
reeditado, que se llama Pruebas al Canto,
con temas del Cuchi , en su mayoría. Es
una hermosa persona.
Sobre "Quimera":
Creo que a nivel personal y colectivo la
utopía es necesaria. Si se rompe hay que
construirla de nuevo. Es algo inasible,
pero hay muchos momentos en la vida que
parte de ella se "concretiza",
y así seguimos, quizás "entre la
angustia y la esperanza",como dice
Adolfo Pérez Esquivel, en un libro suyo.
Y me gusta la palabra quimera. A eso le
canto.
¿Qué panorama
nos harías de la música folklórica
argentina del siglo XXI? ¿A quiénes
considerás referentes interesantes o
promisorios?
Los últimos diez años han
sido de salida al aire de muchos grupos,
cantantes, mucha juventud, entre ellos.
Creo que debe venir un recambio. Pero no
es fácil. La dictadura militar del 76
cortó cruelmente una cadena en lo
cultural que no pudo restituirse. Y eso
es lo que hace que las propuestas que
surgen no tengan la fuerza y contundencia
necesarias. Hay estéticas, si les
podemos llamar así, ligadas a lo
económico, al éxito masivo. Y para mí,
lo que hace falta es "otra"
estética. Pienso en
Castilla-Leguizamón, Atahualpa, Hamlet
Lima Quintana, Armando Tejada Gómez y
otros tantos más. De todos modos, hay
también una revisión de lo que está en
el origen, de lo más genuino, hay avidez
de conocer, de investigar. Y eso es
bueno. El tiempo decantará y quedarán
las propuestas que de verdad expresen el
sentir popular. Por otra parte, este
sistema económico en el que vivimos
confunde bastante, disfraza. Yo admiro a
Raúl Carnota, a Teresa Parodi. Siguen
siendo de este siglo. La voz de Claudio
Sosa, su repertorio es muy serio. Y por
suerte tenemos a Melania Pérez que
recién está siendo reconocida a nivel
nacional y que tiene difusión en los
medios. Admiro a Lilián Saba, una
extraordinaria pianista y compositora. A
Juan Falú, guitarrista. A Hilda Herrera,
pianista y excelente compositora. Tiene
un CD dedicado a Atahualpa Yupanqui, que
es hermoso.
DE NOSOTROS...
Quién me dijo una vez, en los 70,
que las cantantes italianas (Mina, la
Vanoni, Milva...) no se copiaban jamás
el repertorio. Sin embargo, escuchar, por
ej., la "Zamba para no morir" (1)
por Mercedes Sosa y después por
Marián Farías Gómez, o viceversa, no
deja de ser una maravilla que permite
festejar la variedad del mundo. También
es cierto que hay instancias en que
parece que alguien no puede ser un buen
cantante si no interpreta ciertas piezas
que acometen como ráfagas de moda. Pasó
en su momento con "María va" (2),
con "Canción con todos" (3),
con "Zamba de mi esperanza"
(4)... como si hubiera sido lo
único bueno (o peor: como si hubiera
sido lo mejor) que escribieron sus
autores. César Perdiguero, para
nombrarlo, dio cuántas canciones. Parece
que, de Violeta Parra, Elis Regina sólo
tuvo que poder cantar "Gracias a la
vida". Qué pasó con
"Fuerza" (5), con
"Para Amaicha" (6), con
"Creciente abajo"(7),
con la "Crónica cantada de La
Forestal" (8)... Qué sería
de Sara Mamaní justipreciada, a más de
en la ferviente voz de María Helena
Chagra,... en Suna Rocha, en Liliana
Herrero, en Raúl Carnotta, en Julio
Lacarra..... Qué sería el
potencial es promisorio- en Silvia
Iriondo, en Beatriz Pichi Malén, por
Nicomedes Santa Cruz, por Djaban mismo
... Qué sería, entonces, de nosotros, a
Dios gracias.
(1) de Lima Quintana,
Ambrós y Rosales; (2) de Antonio
Tarragó Ros; (3) de Tejada Gómez e
Isella; (4) de Morales; (5) de Lago y
Castiñeira de Dios; (6) de Valladares;
(7) de Muller; (8) de Ielpi y Bollea.
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