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Comunicación, cultura y sociedad / Entrevista


 
Con Sara Mamaní, entre lo telúrico
y lo cibernético

ÁLVARO COSTA


El tiempo y el contacto

Dos personas están conversando. Una vez más, la directa presencia del otro en cada uno revela su eterna densidad de carne inmaterial, su reticencia en el meollo de su mostración, su translucidez, su energía. Lo que no tiene nada de increíble: sucede todos los días, aunque no nos demos cuenta. No se están hablando por teléfono, no se están escribiendo una carta, uno al otro no lo mira por video. Sin ortopedia, los interlocutores entablarán un diálogo (cinco minutos, unas horas....) en el que cada parlamento, cada movimiento de las cejas promoverá algún tipo de respuesta más o menos inmediata, un como ritmo que –de no cumplirse- descolocaría el intercambio. En un sentido principal, las personas se conocen.

Hágaselo al revés: demórese el continuum, désele una ralente... y no sólo eso: sepárese a las personas (que, con todo, se seguirán comunicando): mientras una está en un café de provincia, la otra está en el comedor de sus queridos de la capital. Mientras uno de los dos le dice algo un lunes, la otra la escucha un martes y le contesta un miércoles, etc.. No son amigos. El único que sabe algo físicamente del otro lo sabe por una foto. Sabe también que hace música, pero nunca la pudo oír, lamentablemente. En realidad, ha llegado a esos datos (la foto, la música, el testimonio de una labor dedicada al arte y a la solidaridad, las palabras de Teresa Parodi, la lumbrera de Alfredo) casi por equivocación. Buscando a otra persona, a otra cantante. Por Internet. Así conocí a Sara Mamaní.

 

Ella por ella
"
Paso a contarte un poco de mi "filosofía". Me recibí en Salta, en la Universidad Nacional, y el título es el de profesora de Filosofía. Estaban y están separadas las carreras de Filosofía y Letras. Dependían de la U.N. de Tucumán pero en 1973 fueron creadas en Salta y su primer rector fue un poeta, Holver Martínez Borelli, que murió en el exilio... Pero terminé "enojada" con la Filosofía. Me parecía muy del aire en aquel momento, y me vine a Buenos Aires en 1984 dispuesta a estudiar Psicología. No pude hacerlo porque en la UBA me obligaban a hacer el CBC y yo quería, con mi título, entrar a cursar las materias propias de la carrera. Y acababa de llegar a Buenos Aires y la lucha por la supervivencia era dura. No quise ejercer nunca, pues si bien me gusta la docencia, dedicarme a la enseñanza de la filosofía era para mí relegar la música, ya que creo que debo hacer las cosas bien y no a medias. Leer y estudiar lleva mucho tiempo, y yo quería ese tiempo para la música.

Podría decir que desde siempre la música fue mi pasión. Quizás el entorno social, el tiempo histórico, el lugar geográfico (Salta, la linda) fueron formando esa pasión. O quizás mi madre que solía cantarnos a mi hermana y a mí, a la hora de la siesta, leyendo letras de tangos y boleros de la revista "El alma que canta"... Empecé a interesarme concientemente a los 11 años. Escuchaba a Los Fronterizos, mis preferidos, y todo lo que había en folklore por la radio. Recuerdo un programa: "Tardecitas salteñas" a las 5 de la tarde todos los días. A los 12 tuve mi primera guitarra. Aprendí rápido, me apasionaba.

Así es que la Música es mi modo de expresión principal. Me gusta recordar una canción popular de Venezuela, que dice:"el cantar tiene sentido, entendimiento y razón..."  Fijate vos... Entonces la Filosofía siempre me acompañó, de diferentes maneras, porque siempre se coló por todos lados, y hoy está tu invitación que me une en las dos cosas...(1) No debe ser casual, ¿no?

El sentido de cantar puede tener connotaciones universales. ¿Por qué cantamos los humanos? Hay muchas razones. La expresión de estados de ánimos, la expresión de lo que pasa alrededor, la expresión de lo que le pasa a la comunidad, la sociedad diría, para comunicarnos con el otro, para aliviar dolores, para hacer dormir a un niño... En mi caso ,más allá de la motivación que pude haber tenido de mi mamá, y las enunciadas, lo hice para expresar mis sentimientos más profundos, que no podía hacerlo de otro modo ,era muy jovencita, casi una niña cuando empecé. Y me gustaba el folklore. Expresaba lo que yo sentía respecto al paisaje, me revelaba "secretos", diría yo, de mi identidad. El repertorio de los 60 fue muy bueno. La poesía me llegó por ese lado. Amo a Manuel Castilla, Juan L. Ortiz, Luis Franco y tantos otros. Cuando estudiaba filosofía tenía más libros de poesía que de filo.

"Quimera" es mi primer disco y te contaba del que acabo de grabar (pero que no edité aún) que se llama "Cantos de Tierra". Cuando pueda te lo enviaré.

Ejercí la docencia eventualmente y busqué la salida por el lado de la música y otras cosas. Ahora no estoy ejerciendo. Tengo un cargo docente de Ayudante de Clases Prácticas (3 veces por semana, de 8 a 12 aproximadamente) en la Escuela de Comercio N.5; depende del Gobierno de la Ciudad. Estoy derivada a Secretaría, donde me aburro mucho pero es mi sueldo estable, con el que pago mi casa (me faltan 4 años). Y luego voy al Serpaj. Y desde este mes (2) voy a tener dedicación completa con Adolfo, digamos 8 horas diarias. Y dejaré el colegio, con licencia sin sueldo por este año. Pasa que lo del Serpaj es muy fluctuante al depender del dinero que entra por proyectos. Pasamos épocas muy duras en cuanto al financiamiento.......

De modo que me fui reconciliando con la Filosofía... Y creo que las herramientas que brinda son muy útiles para la vida toda. Me permitió, quizás (entre otras cosas) entrar a trabajar al Servicio Paz y Justicia del que te hablaba, que preside Adolfo Pérez Esquivel. El Serpaj es una ONG, dedicada a la defensa y promoción de los DDHH. Cuenta con más de 30 años de historia en Latinoamérica, teniendo secretariados en Brasil, Costa Rica, México, Chile, Paraguay, Uruguay...Es de inspiración cristiana y también ecuménica, apartidaria; su opción fundamental es por los pobres y su guía la no violencia. Yo soy la secretaria de Adolfo Pérez Esquivel. Hace pocos meses somos dos personas en esa tarea. Mi incorporación se la debo a una maestra del arte, que tuve yo, que me recomendó para ello ante el requerimiento de Pérez Esquivel. El mejor recuerdo que tengo es el del día en que supimos que el Premio Nobel de la Paz era para Rigoberta Menchú. Lo supimos a las 7 de la mañana, cada uno en su casa, por la radio, y nos empezamos a llamar por teléfono, y nos fuimos todos a Casa de la Paz, así le llamamos a nuestra sede, y fue una alegría inmensa, nos abrazábamos, lloramos, recibimos muchísimos llamados de todo el mundo. Adolfo fue quien presentó su candidatura. Luego a la noche nos fuimos a mi casa, comimos choripán y tomamos mucho vino. Cada brindis era por Rigoberta. Y así seguimos casi un mes de festejos en un lado o en otro. El peor recuerdo es un presente permanente: cuando recibo los reclamos de los pueblos indígenas y sé que no se hará justicia. (3) Me toca en lo hondo, me hace llorar. En lo personal, mis mejores recuerdos están en la niñez, creo que fue muy hermosa, a pesar de los miedos o las privaciones materiales. Pero tuve mucho amor de mis padres y jugué mucho. Y el peor es la muerte de mi papá, hace un año.

En el Serpaj tenemos relaciones con muchas ongs, principalmente con los organismos de DDHH, menos con las Madres de Hebe de Bonafini. Las relaciones con la Iglesia Católica son"cordiales" con la Institución y fraternas con algunos curas o parroquias del interior y de Capital. Aunque pensamos que la Iglesia fue cómplice de la dictadura militar y que son muy pocos los que dieron la cara para defender los DDHH; digamos. Hesayne, De Nevares, Angelelli. Fue en el Serpaj, entonces, que comencé  a familiarizarme con la temática de los DDHH ,a nivel conceptual, ya que era y es un compromiso de vida, sobre todo. También con la temática indígena, educación para la paz; en lo personal me gusta la psicología, y así fui haciendo mis lecturas en un variado espectro, dentro de las humanidades.

En este momento estoy con el tema educación para la paz, identidad, cultura. Me atraviesa la problemática indígena, pero no estoy militando en ninguna organización de ese tipo. Lo que hago está dentro de las actividades del Servicio Paz y Justicia.

He viajado algunas veces, deseo viajar más... En el 80 visité México por primera vez, y me fascinó. La cultura que está a flor de la tierra, el Museo de Antropología al que hay que visitar varios días para intentar abarcarlo, la casa de Frida Kahlo, las pirámides. Fui a visitar amigos argentinos. Me deslumbró.
Luego, ya en Serpaj, viajé a Ecuador, a Quito, para un encuentro continental que se llamó Asamblea del Pueblo de Dios. Había gente de todas partes de Latinoamérica. Comprobé la diferencia de la iglesia argentina frente a otras del continente. Aprendí muchísimo. Y mi mejor recuerdo es haber conocido Otavalo, y a su gente , a quienes yo admiraba y admiro. Son indígenas con una gran presencia y organización política. A fines de los 90 fui por segunda vez a Ecuador, esta vez a Guayaquil, con Pérez Esquivel. Y tuve la suerte, si se puede llamar así, de ver cómo los norteamericanos se instalaban en lo que es hoy la base de Manta, en su afán de militarizar y controlarnos desde todos los ángulos, con la complicidad interna, claro está. Y conocí el Pacífico. Hermoso.
El año pasado volví a México por tercera vez. La anterior fue a un encuentro que convocó Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz. Estar con ella, y con otros representantes de comunidades indígenas de varios lugares, fue y es la más linda experiencia que tuve. Sentí que estaba en lo mío, con los míos... Y después lo de Chiapas, donde también el encuentro con los indígenas fue lo que más me tocó. En este caso fue muy duro darme cuenta que todos hablábamos en castellano ante un auditorio con presencia indígena importante, y muchos de ellos, repito, casi todos, no sabían hablar en castellano. Era un sinsentido, pero que refleja la situación de Chiapas y los problemas que aún permanecen y son la causa de lo que allí pasa. Me duele hablar de la injusticia, pero más me duele si se trata de los pueblos indígenas.
Finalmente viajé a Barcelona y Alicante. Y el asombro es por el dinero que
allí se vé, por la calidad de vida, aunque sé de los problemas que tienen
esos países. Pero es "otro mundo". Su gente es hermosa, y el mar..., ese mar
Mediterráneo, me emocionó hasta las lágrimas.

(1) Sara se refiere a nuestra invitación a participar como disertante "y" como música en las Jornadas de filosofía de Sta. Fe del 5 y 6 de septiembre de 2.003.
(2) Abril de 2.003.
(3) El subrayado es nuestro.

 

Los discos

Sara: sabemos que desde 1991 a 1999 fuiste fundadora y directora del grupo "Allaquí" ¿Podrías contarnos sobre esta trayectoria?

Esos años fueron de maduración de un proyecto que había deseado mucho. La grabación de un disco. Y mi afirmación en la composición. También el modo como yo quería escuchar mis temas. En esto último tiene mucha importancia el hecho de haber elegido el bandoneón como instrumento importante dentro del grupo. Amo el sonido de ese instrumento y su ejecutor por excelencia es, para mí, Dino Saluzzi. He escuchado mucho bandoneón en mi vida...También me gusta el tango y los cultores del bandoneón en ése género. Creo que el instrumento tiene cierta magia, pues ha podido acompañar sentires tan diferentes como el tango, la música del litoral y la del noroeste argentino. Fué muy fuerte también las palabras que dedica Teresa Parodi a mi música y al grupo, y que están en el disco. Y ahí están diez composiciones mías. Una la comparto con Perla Aguirre, con quien también ha sido un honor componer. También significa mi definitivo asentamiento en Buenos Aires. Ya entiendo sus códigos y encuentro amigos excepcionales. Es el aprendizaje de lo que es grabar, producir, mezclar, masterizar, el contacto con una grabadora. Y los viajes mostrando mi música. Recorrimos muchos festivales, encuentros, en el interior. Fui varias veces a Salta, a la Serenata a Cafayate, a la ciudad. Pero lo que más recuerdo es la posibilidad de mostrar nuestra propuestas, que no era de temas conocidos, o clásicos, y sin embargo obtener muy buena respuesta. Fue una etapa musical de crecimiento, de concreción de sueños, de aprendizaje.

Leemos en un comentario sobre tu carrera: "Desde agosto del 2000 inicia una nueva etapa musical que se denomina "Sara Mamaní Grupo"." ¿De qué se trata exactamente? ¿Cuál es esta nueva etapa?

Al disolverse el grupo ALLAQUI, surge la necesidad de hacerme cargo de la propuesta que por cierto es mi proyecto, que contiene mis canciones y mi modo de ver esta música. Si bien el bandoneón me sigue "encantando", elegí otros instrumentos. En especial el violín y como un gran sustento al piano. Y las cosas se fueron dando para que, de pronto, el grupo que fui armando esté constituido por mujeres. No soy feminista a ultranza, pero tengo una mirada crítica al machismo y a la actitud femenina que ayuda a la reproducción de ese esquema. Y me interesa el tema de la mujer y el arte. Para simplificar, aunque el tema da para mucho, creo que las mujeres somos discriminadas en muchos sectores y el folklore no está alejado de ello. Si bien hay muchas cantantes mujeres, de a poco van ocupando lugares, en el plano instrumental y autoral. En el tango también se ve mucha juventud y mujeres. Entonces, estoy contenta con integrar un grupo musical femenino, por así decir. Hay una nueva generación que viene muy preparada para este trabajo. Mis compañeras nuevas de grupo están muy bien preparadas. El estudio musical es accesible, hay una Escuela de Música Popular de Avellaneda, se acaba de crear en el Conservatorio Manuel de Falla, la carrera de Tango y Folklore, con un alto nivel. Y en niveles privados. Creo que esto es muy importante para nuestra música que debe lograr la síntesis entre "el estudio y la intuición", digamos. Yo soy de una generación donde la intuición y el "oído" han sido y son nuestros instrumentos. Pero yo he seguido estudiando como pude para saber más y poder expresarme mejor en lo que hago. En todos los casos, el estudio es por toda la vida. Siempre estamos aprendiendo. Yo lo estoy. Esta etapa no es fácil porque no se puede escindir de los momentos sociales. Estoy esperando poder editar el disco, busco trabajo y hay poco. Pero sigo pensando que soy un eslabón en la cadena y que intento, con humildad y compromiso, contribuir a la música de mi tierra.

Sara: antes que nombrarte yo, que tengo el honor de conocer al día de la fecha los dos discos, los temas que más me gustaron (lo cual siempre es una eventualidad para el autor o la autora) prefiero que vos misma selecciones 7, 8, 10, ene temas de los dos discos y nos cuentes algo de ellos, desde una anécdota hasta un comentario musicológico, lo que te parezca.

Hace varios años atrás, cuando iba a Salta a fin de año, podía y deseaba quedarme un mes, por lo menos. Entonces , con amigos me iba a recorrer los Valles Calchaquíes. Y en especial, fui durante varios años seguidos a Cafayate, donde un amigo de la plástica tenía un lugar hermoso. Allí pasé imborrables momentos. Uno de ellos: fuimos a comer un asado bajo del puente del río Chuscha, a la noche. Había luna llena. Sólo ella alumbraba, no se necesitaba más. Al terminar, con el grupo nos encaminamos a casa de nuestro amigo, que vivía en las afueras del pueblo En el camino, campo abierto, sentimos a lo lejos voces cantando. No era un canto cualquiera. Eran coplas, bagualas. Y venían a caballo. Nos fascinó ese canto y la posibilidad de ver quién cantaba porque se aproximaban cada vez más esos caballos. Así fue. Eran dos gauchos y uno de ellos le preguntó a uno de nosotros si ese era el camino para la banda de arriba. Lo era. Le ofrecieron vino, ellos venían bebiendo. Y siguieron su camino, cantando. Yo nunca escuché cantar así. Nos quedamos en silencio, y luego le preguntamos a quien había dialogado con ellos: ¿por qué no te fuiste con ellos?!!! Y alguien agregó: ¿no habrá sido el diablo? Esto me inspiró la canción Bagualeros de la luna, que compuse muchos años después, pero cuya inspiración, ese canto, esos gauchos, seguía sin borrarse de mi recuerdo.

Otra. La albahaca es algo muy importante para mí. Me sugiere el carnaval inmediatamente, su perfume es una gloria, en ese sentido. En el norte se utiliza para adornar las mesas, las trenzas de las mujeres, el sombrero de los hombres. Y simboliza, plenamente, el carnaval. Por eso hice el tema Albahaca, que no tiene letra. No necesitaba decir nada.

No sé. Creo que todos los temas tienen una motivación, algunos más fuerte y clara, por así decir, que otros. Siempre es un recuerdo, un nombre, una situación, una alegría, un pesar. Tampoco podía decir nada luego de conocer y entrar al Cerro Rico, en Potosí. Me emocioné y lloré cuando salí. Al tiempo hice la cueca instrumental Los mineros potosinos.

Me gusta la versión instrumental del tema Sin ningún color. Siempre tuve esa idea y la pude plasmar en este CD Cantos de tierra. Tiene variaciones que fueron improvisaciones del violín y del piano, que luego las fijamos en las partituras. Pero cada una pudo expresarse libremente. Es un diálogo del violín y el piano, enmarcado con la percusión y mi guitarra. Hacer canciones me parece que es poseer un secreto que no se sabe qué es. No sé si se puede explicar. Yo no puedo.

Lo otro: hablanos de estas cuatro piezas: Noches de San Lorenzo, Quimera, El apenado y Cantos de tierra. Hablanos también de la Negra Chagra.

San Lorenzo es un hermoso lugar de Salta, a unos 10 Km. de la ciudad. Es un pueblo que se transformó en Villa veraniega donde siempre fueron de vacaciones o fin de semana los "cholos"(así denominamos al sector de la oligarquía salteña). Casas hermosas, piletas de natación, caballos. Pero allí siguieron viviendo los que nacieron allí. Es decir más allá del paisaje que es hermosísimo, laten otras cosas. Hace mucho tiempo eran nombrados sus carnavales. De ahí la zamba La sanlorenceña, de Dávalos (debo confirmar los autores). De ahí el lei motiv de presentación de Los Chalchaleros: "quebrada de San Lorenzo, la sombra de los nogales...". Y sus bagualas. Aún en estos tiempos, cuando voy a Salta, que siempre es en el verano, a la noche, en San Lorenzo escucho de lejos, cantos de bagualas. Y si se aproxima el carnaval también. Por todas esas cosas no pude dejar de hacerle una canción. Pasé y paso momentos hermosos en ese lugar. Muchos amigos se han ido a vivir allí.

El apenado: simplemente un "gato" triste, que refleja exactamente mis sentimientos de un momento de mi vida.

Cantos de tierra: Me gustan las vidalas y cuando empecé a hacerla salió exactamente lo que al principio digo: "tantas veces la vida nos pone a prueba..." Y siento que los cantos de tierra son los que cuidan mi voz, que no es sólo la personal sino que quisiera que represente a muchas voces. La Tierra es la presencia constante, inabarcable, me parece. De ella nos vienen muchas cosas, también cantos, música...

La Negra Chagra. La conozco hace muchos pero muchos años. Es como una hermana de la vida y de la música. Cuando recurrí a ella para un reemplazo en Allaquí (en los primeros tiempos) me sentía segura, confiada porque no tengo que explicarle nada. Hemos tenido similares vivencias, con el Cuchi Leguizamón , por ejemplo. Pero hemos andado de farra mucho, intenso, profundo, alegre. Y al poco de conocernos ya integró un grupo que formé, que se llamó Grupo Mensaje, en el que hacíamos música latinoamericana. Yo todavía no componía. Era en Salta, éramos muy jóvenes. Obviamente me gusta mucho su canto. Está llevando adelante también su proyecto personal. Tiene un CD reeditado, que se llama Pruebas al Canto, con temas del Cuchi , en su mayoría. Es una hermosa persona.

Sobre "Quimera": Creo que a nivel personal y colectivo la utopía es necesaria. Si se rompe hay que construirla de nuevo. Es algo inasible, pero hay muchos momentos en la vida que parte de ella se "concretiza", y así seguimos, quizás "entre la angustia y la esperanza",como dice Adolfo Pérez Esquivel, en un libro suyo. Y me gusta la palabra quimera. A eso le canto.

¿Qué panorama nos harías de la música folklórica argentina del siglo XXI? ¿A quiénes considerás referentes interesantes o promisorios?

Los últimos diez años han sido de salida al aire de muchos grupos, cantantes, mucha juventud, entre ellos. Creo que debe venir un recambio. Pero no es fácil. La dictadura militar del 76 cortó cruelmente una cadena en lo cultural que no pudo restituirse. Y eso es lo que hace que las propuestas que surgen no tengan la fuerza y contundencia necesarias. Hay estéticas, si les podemos llamar así, ligadas a lo económico, al éxito masivo. Y para mí, lo que hace falta es "otra" estética. Pienso en Castilla-Leguizamón, Atahualpa, Hamlet Lima Quintana, Armando Tejada Gómez y otros tantos más. De todos modos, hay también una revisión de lo que está en el origen, de lo más genuino, hay avidez de conocer, de investigar. Y eso es bueno. El tiempo decantará y quedarán las propuestas que de verdad expresen el sentir popular. Por otra parte, este sistema económico en el que vivimos confunde bastante, disfraza. Yo admiro a Raúl Carnota, a Teresa Parodi. Siguen siendo de este siglo. La voz de Claudio Sosa, su repertorio es muy serio. Y por suerte tenemos a Melania Pérez que recién está siendo reconocida a nivel nacional y que tiene difusión en los medios. Admiro a Lilián Saba, una extraordinaria pianista y compositora. A Juan Falú, guitarrista. A Hilda Herrera, pianista y excelente compositora. Tiene un CD dedicado a Atahualpa Yupanqui, que es hermoso.


De nosotros..

Quién me dijo una vez, en los ’70, que las cantantes italianas (Mina, la Vanoni, Milva...) no se copiaban jamás el repertorio. Sin embargo, escuchar, por ej., la "Zamba para no morir" (1) por Mercedes Sosa y después por Marián Farías Gómez, o viceversa, no deja de ser una maravilla que permite festejar la variedad del mundo. También es cierto que hay instancias en que parece que alguien no puede ser un buen cantante si no interpreta ciertas piezas que acometen como ráfagas de moda. Pasó en su momento con "María va" (2), con "Canción con todos" (3), con "Zamba de mi esperanza" (4)... como si hubiera sido lo único bueno (o peor: como si hubiera sido lo mejor) que escribieron sus autores. César Perdiguero, para nombrarlo, dio cuántas canciones. Parece que, de Violeta Parra, Elis Regina sólo tuvo que poder cantar "Gracias a la vida". Qué pasó con "Fuerza" (5), con "Para Amaicha" (6), con "Creciente abajo"(7), con la "Crónica cantada de La Forestal" (8)... Qué sería de Sara Mamaní justipreciada, a más de en la ferviente voz de María Helena Chagra,... en Suna Rocha, en Liliana Herrero, en Raúl Carnotta, en Julio Lacarra..... Qué sería –el potencial es promisorio- en Silvia Iriondo, en Beatriz Pichi Malén, por Nicomedes Santa Cruz, por Djaban mismo ... Qué sería, entonces, de nosotros, a Dios gracias.

(1) de Lima Quintana, Ambrós y Rosales; (2) de Antonio Tarragó Ros; (3) de Tejada Gómez e Isella; (4) de Morales; (5) de Lago y Castiñeira de Dios; (6) de Valladares; (7) de Muller; (8) de Ielpi y Bollea.

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