A
Fotografiarse
MACEDONIO FERNÁNDEZ
Del
libro Textos selectos. (Buenos Aires,
Ediciones Corregidor, 2004)
Autobiografía
Pose N° 1
El Universo o
la Realidad y yo nacimos en 1° de junio de
1874 y es sencillo añadir que ambos
nacimientos ocurrieron cerca de aquí y en una
ciudad de Buenos Aires. Hay un mundo para todo
nacer, y el no nacer no tiene nada de
personal, es meramente no haber mundo. Nacer y
no hallarlo es imposible; no se ha visto a
ningún yo que naciendo se encontrara sin
mundo, por lo que creo que la Realidad que hay
la traemos nosotros y no quedaría nada de ella
si efectivamente muriéramos, como temen
algunos.
En vano diga la
historia, en volúmenes inmensos, sobre el
mucho haber mundo antes de ese 1° de junio;
sus tomos bobalicones es lo único que yo
conozco (no sus hechos), pero los conocí
después de nacer, como todo lo demás. Lo que
podría convencer sería el Arte, más gracioso y
verdadero: un preludio de Rachmaninoff, una
mirada creada por Goya, pero no es tan crédulo
el arte, no abre la boca ante los cortejos de
pompas fúnebres, como la historia.
Nací, otros lo
habrán efectuado también, pero en sus detalles
es proeza. Lo tenía olvidado, pero lo sigo
aprovechando a este hecho sin examinarlo, pues
no le hallaba influencia más que sobre la
edad. Más las oportunidades que ahora suelen
ofrecerse de presentar mi biografía (en la
forma más embustera de arte que se conoce,
como autobiografía, sólo las Historias son más
adulteradas) háceme advertir lo injusto que he
sido con un hecho tan literario como resulta
la natividad. (El dato de la fecha de ésta se
me ha pedido tanto y con una sonrisa tan
juguetona, que tuve la ilusión de que ello
significaba que era posible una fecha mejor de
nacimiento mío y se me alentaba a elegirla y
pedirla, que se me habría de conseguir. Por si
acaso, aunque no han progresado ni
declarándose estas cortesías, dejo dicho que
me gustaría haber nacido en 1900.)
Como no hallo
nada sobresaliente que contar de mi vida, no
me queda más que esto de los nacimientos, pues
ahora me ocurre otro: comienzo a ser autor. De
la Abogacía me he mudado; estoy recién entrado
a la Literatura
y como ninguno de la clientela mía judicial se
vino conmigo, no tengo el primer lector
todavía. De manera que cualquier persona puede
tener hoy la suerte, que la posteridad le
reconocerá, de llegar a ser el primer lector
de un cierto escritor. Es lo único que me
alegra cuando pienso la fortuna que correrá mi
libro “No todo es vigilia la de los ojos
cerrados”. No se olvide: soy el único literato
existente de quien se puede ser el primer
lector. Pero además mi libro, y es más
inusitado esto todavía, es la única cosa que
en Buenos Aires puede encontrarse aún no
inaugurada por el Presidente. Se están
imprimiendo todos los certificados de primer
lector mío que se calcula serán necesarios. Y
para retener al libro el segundo precioso
mérito que lo adorna, el Editor ha puesto
vigilancia en todos los caminos por donde
pueda acercarse una Inauguración Presidencial
infortunada.
(1928)