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Viena (1903)
Adolf Loos
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Ornamento y
Delito (1908)
ADOLF LOOS
Del libro Ornamento y Delito, y
otros ensayos, Adolf Loos
(Barcelona, Ed. Gustavo Gili,
1972)
El impulso de
ornamentarse el rostro y cuanto
se halle al alcance es el primer
origen de las artes plásticas.
Es el primer balbuceo de la
pintura. Todo arte es erótico.
El primer ornamento
que surgió, la cruz, es de
origen erótico. La primera obra
de arte, la primera actividad
artística que el artista
pintarrajeó en la pared fue para
despojarse de sus excesos. Una
raya horizontal: la mujer
yacente. Una raya vertical: el
hombre que la penetra. El que
creó esta imagen sintió el
mismo impulso que Beethoven,
estuvo en el mismo cielo en el
que Beethoven creó la Novena
Sinfonía.
Pero el hombre de
nuestro tiempo que, a causa de un
impulso interior pintarrajea las
paredes con símbolos eróticos,
es un delincuente o un
degenerado. Obvio es decir que en
los retretes es donde este
impulso invade, del modo más
impetuoso, a las personas con
tales manifestaciones de
degeneración. Se puede medir el
grado de civilización de un
país atendiendo a la cantidad de
garabatos que aparezcan en las
paredes de sus retretes.
En el niño,
garabatear es un fenómeno
natural; su primera
manifestación artística es
llenar las paredes con símbolos
eróticos. Pero lo que es natural
en el papúa y en el niño,
resulta en el hombre moderno un
fenómeno de degeneración.
Descubrí lo siguiente y lo
comuniqué al mundo: La
evolución cultural equivale a la
eliminación del ornamento del
objeto usual. Creí con ello
proporcionar a la humanidad algo
nuevo con lo que alegrarse, pero
la humanidad no me lo ha
agradecido. Se pusieron tristes y
su ánimo decayó. Lo que les
preocupaba era saber que no se
podía producir un ornamento
nuevo. ¿Cómo, lo que cada negro
sabe, lo que todos los pueblos y
épocas anteriores a nosotros han
sabido, no sería posible para
nosotros, hombres del siglo XIX?
Lo que el género humano había
creado miles de años atrás sin
ornamentos fue despreciado y se
destruyó.
No poseemos bancos
de carpintería de la época
carolingia, pero el menor objeto
carente de valor que estuviera
ornamentado se conservó, se
limpió cuidadosamente y se
edificaron pomposos palacios para
albergarlo. Los hombres pasean
entristecidos ante las vitrinas,
avergonzándose de su actual
impotencia. Cada época tiene su
estilo, ¿carecerá la nuestra de
uno que le sea propio? Con
estilo, se quería significar
ornamento. Por tanto, dije: ¡No
lloréis! Lo que constituye la
grandeza de nuestra época es que
es incapaz de realizar un
ornamento nuevo. Hemos vencido al
ornamento. Nos hemos dominado
hasta el punto de que ya no hay
ornamentos. Ved, está cercano el
tiempo, la meta nos espera.
Dentro de poco las calles de las
ciudades brillarán como muros
blancos. Como Sión, la ciudad
santa, la capital del cielo.
Entonces lo habremos
conseguido
Bien, la epidemia
ornamental está reconocida
estatalmente y se subvenciona con
dinero del Estado. Sin embargo,
veo en ello un retroceso. No
puedo admitir la objeción de que
el ornamento aumenta la alegría
de vivir de un hombre culto, no
puedo admitir tampoco la que se
disfraza con estas palabras:
"Pero ¡cuando el ornamento
es bonito!
" A mi y a
todos los hombres cultos, el
ornamento no nos aumenta la
alegría de vivir.
Los rezagados
retrasan la evolución cultural
de los pueblos y de la humanidad,
ya que el ornamento no está
engendrado sólo por
delincuentes, sino que comete un
delito en tanto que perjudica
enormemente a los hombres
atentando a la salud, al
patriotismo nacional y por eso a
la evolución cultural
Sin
embargo, es mucho mayor el daño
que padece el pueblo productor a
causa del ornamento, ya que el
ornamento no es un producto
natural de nuestra civilización,
es decir, que representa un
retroceso o una degeneración; el
trabajo del ornamentista ya no se
paga como es debido
Ornamento es fuerza de trabajo
desperdiciada y, por ello, salud
desperdiciada. Así fue siempre.
Hoy significa, además, material
desperdiciado, y ambas cosas
significan capital desperdiciado.
Como el ornamento ya
no pertenece a nuestra
civilización desde el punto de
vista orgánico, tampoco es ya
expresión de ella. El ornamento
que se crea en el presente ya no
tiene ninguna relación con
nosotros ni con nada humano; es
decir, no tiene relación alguna
con la actual ordenación del
mundo. No es capaz de
evolucionar. ¿Qué ha sucedido
con la ornamentación de Otto
Eckmann, con la de Van der Velde?
Siempre estuvo el artista sano y
vigoroso en las cumbres de la
humanidad. El ornamentista
moderno es un retrasado o una
aparición patológica. Reniega
de sus productos una vez
transcurridos tres años. Las
personas cultas los consideran
insoportables de inmediato; los
otros, sólo se dan cuento de
esto al cabo de años
La carencia de
ornamento ha conducido a las
demás artes a una cultura
imprevista. Las sinfonías de
Beethoven no hubieran sido
escritas nunca por el hombre que
fuera vestido de seda,
terciopelos y encajes. El que hoy
en día lleva una americana de
terciopelo no es un artista, sino
un payaso o un pintor de brocha
gorda. Nos hemos vuelto más
refinados, más sutiles. Los
gregarios se tenían que
diferenciar por colores
distintos, el hombre moderno
necesita su vestido impersonal
como máscara. Su individualidad
es tan monstruosamente vigorosa
que ya no la puede expresar en
prendas de vestir. La falta de
ornamentos es un signo de fuerza
espiritual. El hombre moderno
utiliza los ornamentos de
civilizaciones anteriores y
extrañas a su antojo. Su propia
invención la concentra en otros
objetos.
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