TELEVISIÓN
Dead like me, Joan of
Arcadia, Medium y Ghost Whispered: las
otras miradas.
Zona intermedia
Zenda Liendivit
Fueron apareciendo de a
poco. A las series policiales, las
familiares, las de amigos inseparables y
las científicas, se le sumaron ahora las
sobrenaturales. Nada muy nuevo si tenemos
en cuenta que en la década del 60
hicieron furor Un paso al más allá y
Dimensión desconocida. Sin
embargo, hoy la cuestión es diferente.
Ese factor que está más allá del mundo
físico viene a cumplir, en algunas de
ellas, una tarea muy concreta en la
narración televisiva y, sobre todo, en
los hogares donde se instala. Un rol
ordenador, una forma de rectificación de
lo inevitable.
Dos adolescentes
conflictuadas dieron los primeros pasos.
Le siguieron dos mujeres adultas, más
conciliadas con el mundo pero con los
mismos problemas a la hora de lidiar con
lo que escapa a la razón y la lógica.
Georgie odia su vida y prácticamente
todo lo que la rodea. Pero esto no será
un problema para la protagonista de Dead
like me, puesto que muere en el
primer capítulo. A partir de allí pasa
a formar parte, contra su voluntad desde
luego, del grupo de los muertos
terrestres que tiene la tarea de
capturar las almas de los que van a morir
ese día y conducirlas a las puertas de
su destino final. Hay un día, un lugar y
una hora para morir y esos datos son
inalterables, por muchos esfuerzos que
haga la chica por liberarse de semejante
trabajo. Curiosamente, a medida que
avanza en esa existencia intermedia, se
va sintiendo más viva que nunca. Joan,
por su parte, conversa con Dios. También
adolescente, la protagonista de Joan
of Arcadia debe ir descifrando los
enigmas que le plantea el Hacedor en
forma cotidiana. Una suerte de
rompecabezas para entender las cuestiones
existenciales. O, mejor dicho, para
aproximarse a ellas. Pero Dios, que se
metamorfosea en cuerpos humanos y que se
aparece en cualquier momento para
fastidio de la joven, no tiene intención
alguna de dar explicaciones. Sólo pistas
y una certeza: Él sabe lo que hace y por
qué lo hace.
Por otro lado, tanto Melinda
(Ghost Whispered) como Allison (Medium)
se comunican con los muertos, actúan de
intermediarias entre éstos y los vivos y
saldan deudas pendientes que oscilan
entre una palabra que no se dijo a tiempo
y la resolución de crímenes aberrantes.
Ambas buscan que tanto unos como otros
queden en paz y lo hacen en esa zona
fuera del tiempo cronológico y del
espacio mensurable, precisamente en el
medio entre dos absolutos, haciéndolos
entrar en cuestión.
La muerte cotidiana, la
muerte del hombre común irrumpe en un
lenguaje acostumbrado a la liviandad o al
policial (aquí también es protagonista,
pero previo acuerdo del género con el
público), mostrando que la arbitrariedad
de la existencia, el caos en el que ella
está sumergida, o bien responde a un
orden superior, inaccesible para la
inteligencia humana, o por lo menos tiene
una última chance para rectificarse. La
ficción, la misma que tantas veces
predijo en taquilleras superproducciones,
con aviones estallando por los aires,
edificios incendiados e invasiones de
todo tipo, aquel 11 de setiembre que
dejó mudo al mundo entero, sale ahora al
rescate de la nueva realidad. El espacio
de la vida se confunde con el de la
muerte, borra los límites y hace
ingresar al espectador, diariamente,
desde el sofá de su living y a través
de personajes a veces más queribles que
varios seres reales que lo rodean, a esa
tranquilizadora zona gris de la
indefinición: nada es definitivo, nada
es del todo arbitrario, todo puede llegar
a tener un sentido último. Nada, al fin
y al cabo, es en vano. Tal vez, cuando
entra en escena la atrocidad de la vida
lo único que queda sea ese salvador
encuentro con el misterio, aferrarse a
esa cita enlatada en un formato que
históricamente tuvo el poder de
modificar hábitos, conductas y, por qué
no, formas de sentir y de vivir.
Diciembre
2005
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