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Arquitectura y Patrimonio
San Ignacio Miní
La identidad
arquitectónica
NORBERTO
LEVINTON
INTRODUCCIÓN
Las antiguas ruinas de los pueblos
misioneros merecen un proceso de
restauración que establezca una
comunicación entre el presente y el
tiempo original. Consideramos que es
necesario, y hasta diríamos
imprescindible, una discusión
operativa entre los profesionales
dedicados a la investigación
histórico-arquitectónica y los
restauradores. Hasta ahora esta
discusión no se ha podido lograr por
la existencia de diversos intereses,
prejuicios, vanidades personales y
hasta por el desconocimiento de las
posibilidades de aportar de una y
otra tarea.
Al
respecto de la concreción de un
intercambio, la idea de este libro
no es realizar una denuncia
“fundamentalista” sobre lo que se
hace y lo que se debería hacer sino
mostrar que es factible manejarse
con datos ciertos sobre el proceso
constructivo original.
De
esta manera, teniendo en cuenta la
complejidad de la historia, las
decisiones del restaurador, sus
metodologías de intervención,
dejarían de pertenecer únicamente al
ámbito de las reglas del arte de su
oficio obteniendo una sustentación
multidisciplinaria.
En este camino las
ruinas restauradas no se parecerían
entre sí sino que formarían parte de
un proceso de recuperación de la
identidad intrínseca de cada sitio.
Llamamos identidad a
los rasgos históricos distintivos.
Recuperarlos con un verdadero
compromiso ayudará a promover un
interés turístico y cultural basado
en la posibilidad siempre atrayente
de experiencias particulares. Los
valores de la interacción jesuitico-guaraní
están en los restos arquitectónicos
sobrevivientes y, por ende, en una y
cada una de las piedras que
conforman los muros.
Pero la experiencia tuvo infinidad
de resultados concretos. Los
artífices jesuitas provinieron de la
cultura europea y arribaron en
distintas fechas. Tuvieron
formaciones vinculadas con una
distintiva procedencia regional
(germanos, milaneses, aragoneses) y
debieron adaptar sus conocimientos a
las posibilidades que brindaban la
cultura material de los indígenas,
la naturaleza y las coyunturas
históricas.
Los indígenas de lengua tupí-guaraní
también provinieron de diferentes
regiones. Algunos tuvieron
influencias de grupos indígenas de
costumbres totalmente diferentes (guayanas,
charrúas, yaros). Así aportaron sus
prácticas culturales, su
conocimiento de la selva, su
esfuerzo personal y su profunda fe
religiosa en la concreción de una
experiencia socio-cultural inédita.
Tanto uno como el otro debieron
adaptarse, entre sí y con el otro,
reinterpretar lo viejo y lo nuevo y
comprometerse cotidianamente con una
realidad en constante cambio.
Siempre les fue más provechoso
cuando intentaron abrirse y hablar
el mismo idioma que sus
interlocutores.
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