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/Espacio y Territorio

         
 

Dibujo: Litigio entre el Oficio de Misiones y el Colegio de Buenos Aires sobre un cuarto.

1) Se destacan algunos trabajos por su nivel de elaboración. Popescu (1967 (1950): 95) dijo que "(…)…, la confusión en la comprensión del sistema jesuita, proviene del hecho que los padres, por un lado, fomentaban el interés por los bienes materiales y, por otro, la frenaban…(…)…dicho nivel debía permanecer constante…". Por la labor de investigación realizada el libro de Môrner de 1968 (1985); el autor habla cuidadosamente de las "actividades económicas de los jesuitas".También debemos destacar los trabajos de Garavaglia basados en documentación específica y producidos en 1973 (1982), 1983 y 1987. En su primer trabajo sobre el tema (Garavaglia, 1982 (1973)) este historiador define el modo de producción misional como "despótico-aldeano" o despótico-comunitario"; posteriormente, no volvió a utilizar la misma categoría. Coincidimos con la posición de Santana Cardozo cuando se refiere a diversos sentidos del concepto de modo de producción que han sido rígidamente interpretados afirmando que "(…)…no convienen al análisis de los modos de producción coloniales de América…".. Santana Cardozo, 1982 (1973): 142.
2) Lery, 1889 (1578): 144
3) BNRJ. I-29-7-16. Carta del Padre Romero al Padre Provincial Mastrillo Durán del 20 de septiembre de 1627.
4) Susnik, 1982:96.
5) Meliá-Grûnberg-Grûnberg, 1976: 212.
6) Moreira, 2005: 88.
7) Para Ricossa, en una definición actual, mercado es cualquier organización que tenga el objeto de poner en contacto a compradores y vendedores, para establecer precios de intercambio, es un mercado o forma parte de un mercado. En ningún momento menciona que la condición sine-qua-non sea que en el lugar se produzca utilidad. Ricossa, 1990 (1982): 377.
8) Molina , 1597: 129 y 133.
9) Muriel, 1919: 424, 426, 429 y 432.
10) AGNA, Sala IX, 6-9-4. Compañía de Jesús. Carta del Padre Delfín al Provincial.
11) Carbonell de Masy, 1992: 289.
12) Blumers, 1992: 221.

  El mercado de una economía
sin lucro

Misiones Jesuíticas de la Provincia del Paraguay (1609-1767)
NORBERTO LEVINTON

La explicitación de la idea de las Misiones Jesuítico-Guaraníes como una macro-región implica necesariamente analizar, entre otras cosas, los mecanismos que posibilitaron la organización espacial de la administración, y especialmente el funcionamiento económico integral del conjunto de los treinta pueblos.
Este campo de estudio debe ser planteado como algo de interés esencial dentro de la temática misionera debido a que se trató de una administración dirigida por una sociedad religiosa. Existe una importante historiografía que ha sustentado su visión crítica de las reducciones que se basó exclusivamente en las actividades económicas
(1). Por eso es necesario esclarecer algunas cuestiones relacionadas con la metodología implementada por los misioneros; confundir el significado del tenor o calidad de las prácticas implicaría un juzgamiento moral del accionar de la Compañía de Jesús.

Para realizar una interpretación del contexto es importante tener en cuenta que a los jesuitas no les fue fácil tomar la decisión de hacerse cargo de las misiones justamente por la peligrosidad del manejo de las cuestiones temporales. La aceptación de asumir esa responsabilidad significó, en su momento, una profunda discusión interna, hay una abundante bibliografía sobre el tema.

Para tomar consciencia de los riesgos asumidos por los misioneros, se podrían revisar los líbelos de los siglos XVII y XVIII contrarios a la acción de los jesuitas. Estos escritos difamantes centraron sus principales argumentos incriminatorios en las cuestiones económicas. La propaganda anti-jesuítica alcanzó cierta difusión; la confusión creada por dichos escritos sobre el carácter de los manejos administrativos de las misiones, entre otras cosas, afectó a las decisiones de la monarquía con respecto al monto de lo que debían tributar los indios.

El objetivo de este análisis es verificar la hipótesis de que el Oficio de Misiones hizo las veces de un mercado para todos los pueblos. La idea básica es que esta organización sólo fue posible por el sustento moral aportado por la cultura tradicional guaraní y los misioneros; esto fue expresado en la producción y reproducción de la macro-región misional mediante un sistema económico sin lucro.

La organización del mercado misionero

Para interpretar lo que sucedía en los pueblos misioneros es necesario analizar la cultura tradicional tupí-guaraní a través de los cronistas del siglo XVI, entre ellos está Lery. Este describe que los indios Tupí-Guaraníes no estaban interesados en la moneda como elemento de intercambio sino que se manifestaban muy agradecidos al recibir camisas, cuchillos, anzuelos de pescar, espejos y otras mercaderías (2).

Para la época inmediata al contacto, el Cura de Yapeyú explica que en la práctica del intercambio los indios implementaban algún tipo de argucia. El Padre Romero (3) tildó de "sátrapas", hombre ladino, astuto y que sabe gobernarse con arreglo a su conveniencia, a los yapeyuanos originarios. Veremos, sin embargo, que el propósito no era asimilar la categoría implementada a la de comerciante hábil en el trueque.

Basándose en documentos históricos, Susnik (4) afirma algo similar a los dichos de Lery: el trueque entre los indios guaraníes debía basarse en la reciprocidad del arreglo. Entre otras cosas, por que no sólo era importante la equivalencia del trueque sino también lo que se decidía intercambiar.

Meliá-Grûnberg-Grûnberg (5), en función de los relevamientos hechos en comunidades indígenas actuales, mencionan que la tierra y los objetos rituales no se pueden comprar y vender, no son mercancía. Las herramientas se pueden comprar y vender pero también se pueden prestar. En ese contexto, la pobreza se interpreta como una condición voluntaria.

Cuando Moreira (6) asegura que estas sociedades rechazan la economía porque no sobreproducen, ni tampoco subproducen, y sólo fabrican lo que consumen, su error es analizar la cuestión desde un punto de vista meramente relacionado con la ganancia. El indio quería mejorar su situación, pero dentro de los límites determinados por ciertas pautas culturales.
Es posible afirmar, por este motivo, que la organización económica de las misiones tomó un rumbo totalmente diferente al de la acumulación.
Comercio, del latín commercium, de cum con y merx mercancía, quiere decir acción de comerciar, tráfico, negociación, que se hace comprando, vendiendo o permutando cosas. Mercancía viene de mercar y de lo que es un género vendible, cosa que se hace objeto de trato o venta.
¿Cuál es el concepto de mercado
(7) que debemos tener en cuenta?
En el Vocabulario de la Lengua Guaraní del Padre Ruiz de Montoya no figura la palabra "comercio". Pero sí "comprar" aja, ajogua (tavo) y "vender" ane `e lepýa ri. Es decir, que de alguna manera se interpretaba la práctica en su pura esencia, como un intercambio y no como un arte de ganar dinero.
En esa misma tónica según el padre jesuita Molina
(8)

"el negocio de compra-venta, tomado en su sentido estricto, no puede considerarse por sí mismo ni como un vicio ni como una virtud, sino que, debidamente practicado debe considerarse como una práctica indiferente que, si se ordena a un fin bueno, será lícita, buena, útil y necesaria".

Por eso, inmediatamente sentencia:

"la economía no es autónoma de la moral.
Qui volunt divites fieri, incidunt in tentationem, et in laqueum diaboli (los que piensan enriquecerse caen en la tentación y el poder del Diablo)".

Por este camino es posible acercarnos a la idea de que la Compañía de Jesús asumió la responsabilidad administrativa sobre la producción indígena debido a la existencia de una articulación entre los criterios de los misioneros y los de los indios.
Los textos de Molina tuvieron gran influencia intelectual entre los misioneros de la Provincia Jesuítica del Paraguay. El Padre Muriel
(9) dice al respecto del comercio:

"lo que hay de cierto es que por el Derecho Canónico está prohibido a los eclesiásticos la negociación o comercio. Y que cosa sea esto se enseña en el mismo derecho: "el que compra una cosa, no para venderla íntegra y sin mudanza, sino para que le sirva de materia de hacer algo con ella, no es mercader; pero el que la compra para ganar vendiéndola íntegra y sin mudanza, ese es mercader".

Esta es la base conceptual sobre la cual se apoyó este sacerdote para afirmar que "ningún negocio de los prohibidos se ha hecho por los jesuitas en las Misiones".
El principio conductor tuvo una expresión particular en las diferentes escalas de aplicación. La oficina del Oficio de Misiones fue el lugar de intercambio para el mercado interno, el conjunto de los pueblos misioneros; y de los pueblos con el exterior, o sea las ciudades de la sociedad colonial. Asimismo, manejó las cuestiones tributarias impuestas por la Corona.
Todos los pueblos compraban y vendían entre ellos, según las reglas establecidas por los Padres Provinciales, sin necesidad de trasladarse de un lugar a otro y, fundamentalmente. sin el uso del dinero.
El Padre José Cardiel generaliza el procedimiento:

"(…) en nuestros pueblos están señalados los precios de todas las cosas; y cada Cura tiene su papel de ellos…".

y agrega (un avance conseguido después de 1709):"(…) éstos precios nunca se varían, haya carestía o abundancia…".

En la mencionada lista estaban aclarados los gastos que se consideraban comunes a todos los pueblos, las diferencias de fletes según la distancia y el cargo obligatorio de cada pueblo en el caso de la servidumbre de pasos para el cruce de los ríos, debido a la proliferación de cauces de agua y la ausencia de puentes.

En el caso de las compras, los Procuradores enviaban a los Curas la lista de precios, de acuerdo a cómo los habían comprado, de los géneros solicitados por cada pueblo. Como dice Cardiel, esta constancia demostraba que los mismos no se habían adquiridos para revenderlos con lucro sino que era un servicio que le prestaba la Procuradoría a los pueblos. De lo contrario "sería negociación prohibida a todo eclesiástico". Pero además esta constancia de la adquisición debía ser mostrada a los Procuradores indígenas.
Carbonell explica:

"(…) cabría comparar la capacidad de negociación y de servicios peculiar de una Procuradoría de Misiones con la de una cooperativa central que actúa en nombre de sus cooperativas afiliadas…".

Con respecto al excedente no hubo ninguna apropiación del mismo por parte de los Oficios, considerando a los mismos como los encargados de la comercialización de los productos. Un caso explicativo sucedió en 1690: el Padre Gerónimo Delfín (10) criticó la utilización de indios de su pueblo, que estaban de pasada, como mano de obra para la construcción del Colegio de Corrientes:"(…) más caridad es que trabajen para sí…".

En este sentido es importante explicitar el rol que debía desempeñar el Cura a cargo del pueblo misional en todas las transacciones con la Procuradoría de Misiones. Es evidente que los sacerdotes tenían un gran compromiso moral y afectivo con los indios. Los pleitos que se entablaron por la posesión de tierras muestran la firmeza con que el sacerdote representaba los intereses de su comunidad, aun a pesar de tener un criterio opuesto al de un hermano de religión, Cura jesuita del otro pueblo comprometido en la disputa.
Cardiel dice que:

"(…) todos estos tratos los hacen los Padres al modo que los hace un padre de familia en su casa por no ser los indios capaces de ello…".

Carbonell explica que cada Cura debía anotar todas las entradas y salidas "para que en todo tiempo conste" el movimiento realizado. La idea era que cada familia tuviera un respaldo para comprar miel, sal, lana y algodón. Es decir, que existió una contabilidad individual por cada familia, otra por cacicazgo y una tercera por la comunidad.

Para el intercambio entre los pueblos fue necesaria otra contabilidad específica. Este es el caso de lo que entendemos como un mercado interno de la macro-región misionera.
El control debió ser riguroso porque hubo una constante búsqueda de la autonomía económica de cada micro-región, y sólo la contabilidad podía informar sobre la situación económica de cada pueblo. En este contexto, todos debían tener algo especial para intercambiar, pero también para prestar. De cualquier manera es sumamente aleccionador el criterio de soporte económico-social contenido en los tratos.
La especialización económica de cada pueblo debía haber llevado a la autonomía económica absoluta, uno de los objetivos más buscados por la Provincia Jesuítica del Paraguay. Sin embargo, esta situación sólo fue conseguida en algún caso particular, como el del pueblo de Yapeyú.

Para lograrlo se intentó especializar a cada pueblo en el tipo de producción más favorable según su contexto geográfico. Hubo pueblos que tenían tierras propicias para la agricultura y otros que con buenos pastos, al no tener montes, tuvieron más facilidades para dedicarse a la cría de ganado. A su vez, las formaciones selváticas favorecieron la poda de yerbales silvestres y posteriormente el cultivo de las plantas de yerba mate.

El determinismo geográfico incidía en los aspectos culturales. Al respecto, el Padre Cardiel, al referirse a la integración social de yapeyuanos propiamente dichos y de indios de San Javier, que debieron conformar una comunidad, designó a los primeros, "pamperos", y a los otros, "monteses". Estas características identitarias explican la facilidad yapeyuana para atender al ganado. Por esta predisposición, Yapeyú y San Miguel cumplieron un rol preponderante en el sistema misional. Una vez que se diluyó la reserva de ganado en la Vaquería del Mar y los portugueses coparon la Vaquería de los Pinares, se delimitaron dos enormes estancias que quedaron bajo la égida de estos dos pueblos. Esta fue la principal reserva alimenticia del sistema misionero. Para que no hubiera discusiones, los jesuítas controlaron exhaustivamente el intercambio del ganado:

La variedad de la especialización favoreció el intercambio dentro del sistema misional. Este accionar podía realizarse pasando o no la mercadería por el Oficio de Misiones. Pero a través del mismo se garantizó una administración ordenada que evitó los conflictos. Por medio de la conexión con la Procuradoría, los pueblos más lejanos entre sí se relacionaron y se integraron al conjunto de la macro-región.

Es importante destacar que el sistema no siempre funcionó en la misma forma. En un exhaustivo trabajo (11) de Carbonell se critica el accionar del Padre Provincial Nuñez y los arbitrarios márgenes impuestos en su época por la Procuradoría a los productos de los indios. Por eso, el autor realiza un análisis de las nuevas normas para la Procuradoría, creadas por el Padre Gárriga (1709 a 1713), sustituto del anterior, las cuales le imprimieron a la institución su carácter definitivo. Este historiador y economista jesuita, apunta a demostrar que el contenido de las reformas de Gárriga tendieron a buscar la mayor transparencia posible en la rendición de las compras y las ventas. Más aun, los escritos de Gárriga esclarecen terminantemente la cuestión de los márgenes:

La controversia entre el Colegio de Buenos Aires y el Oficio de Misiones, suscitada por la jurisdicción sobre dos habitaciones del mismo colegio, revela en toda su amplitud la profundidad con que los jesuitas defendieron las pertenencias de los indios.

Con respecto a la relación del sistema misional con el exterior, la sociedad colonial, hubo una cuarta contabilidad propia de la relación del Oficio de Misiones con los comerciantes.
Esta política comercial con la sociedad colonial, según Blumers
(12), fue definitivamente instaurada por el Padre Provincial Nusdorffer en 1745. Existía la posibilidad de que los comerciantes se acercaran a los pueblos o que los procuradores se trasladaran a las ciudades. Con respecto a la primera alternativa, estas normas reglaban las relaciones de los llamados "pueblos de abajo", los que estaban autorizados a tener tratos con los comerciantes de Asunción interesados en los buenos precios de la producción misionera. Estos asentamientos tuvieron una construcción llamada Tambo para alojar a los compradores de paso.
En el caso particular de Yapeyú, la más importante de las reducciones desde el punto de vista económico, su Cura, el Padre Mascaró, resolvió el intercambio comercial por medio de un diálogo epistolar directo con Juan Anchorena, un destacado comerciante de la época. Este pueblo, por su intermedio, vendió varios lotes de burros a comerciantes de Potosí.

Por otra parte, en las ciudades más importantes, como Potosí y Santiago de Chile, las instituciones de la orden religiosa cumplían las delegaciones de las provincias vecinas. Por esta fluida comunicación el Procurador del Colegio de Corrientes obtuvo el dinero para la construcción de la iglesia de los jesuitas en la ciudad. En ello colaboraron las familias pudientes de Potosí, de las cuales este sacerdote formaba parte.

Conclusiones

En las cuestiones económicas la transparencia de los procedimientos incentivó al indígena. La confianza permitió la venta de la producción a lugares lejanos y los indios pudieron comprobar diariamente en sus pueblos las consecuencias materiales de lo realizado. En ese sentido, existieron ideas específicamente misioneras con las cuales se interpretó, se le dio sentido a la acción y a la organización del espacio.
Es evidente que la complejidad de la contabilidad impidió la delegación total del manejo administrativo. De cualquier manera, por lo que se trasluce en los documentos, es posible suponer que hubo una importante participación del cabildo indígena en la toma de decisiones sobre las cuestiones más diversas. Sabemos que varios indios participaron en la gestión administrativa y el control: un Mayordomo, un Procurador y varios secretarios.
La importancia del trato es posible de advertir en cosas simples, como la aceptación de que cada Cura almacenase por separado lo cosechado por cada indio. Pero más aún en la posibilidad de que lo producido por cada comunidad se insertase en una organización regional, basada en la definición de los ríos Paraná y Uruguay como vías de transporte y en la entrega de las cargas en manos de los oficios. Estos interpretaron la representación del Oficio de Misiones como una prolongación del sistema misional.

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