Guaraníes y
charrúas:
Pertenencia, territorio y
frontera
El
proceso de estructuración y
desestructuración de las
relaciones interétnicas
NORBERTO
LEVINTONIntroducción
El río Uruguay nace
en las faldas occidentales de la
Sierra del Mar a 2005 metros del
nivel del mar, en el actual
Estado Brasilero de Santa
Catalina, a 28º 09´ de latitud
Sur y 49º de longitud. Finaliza
su recorrido en la confluencia
con el Río de la Plata, en Punta
Gorda actual Departamento
Uruguayo de Colonia, a 33º 54´
de latitud Sur. Tiene un curso de
1500 kilómetros. Se lo considera
dividido en el Alto Uruguay,
desde su naciente hasta el
paralelo de 28º donde tiene su
desembocadura el río Ijuí
Grande; el Medio Uruguay, hasta
la latitud de la actual ciudad de
Salto a 31º 23´; y el Bajo
Uruguay, el resto del recorrido.
El relieve es
similar en la ribera oriental y
en la occidental del río
Uruguay. A partir de una
altiplanicie de 700 metros sobre
el nivel del mar en la parte
argentina y de 1000 metros en el
llamado planalto brasilero se
desciende paulatinamente por
medio de un relieve ondulado que
culminará en Entre Ríos y la
Banda Oriental conformando, cada
tanto, pequeñas elevaciones
denominadas cuchillas. De alguna
manera puede afirmarse que en
esta última parte del recorrido,
por la inexistencia de bosques y
por ende la imposibilidad de
rozas, la naturaleza incentivó
prácticas de subsistencia
similares en grupos étnicos
disímiles. El territorio fue
utilizado más como coto de caza
o de pesca que como zona de
cultivos.
Los habitantes de
esta región eran indígenas de
los troncos linguísticos
tupí-guaraní, charrúa y gé.
Desde el punto de vista de la
incidencia de cada uno de los
grupos étnicos en la ocupación
del espacio, en las zonas
abarcadas por el río Uruguay y
sus afluentes la Provincia del
Uruguay y Tape, la documentación
de la época colonial señala la
mayor importancia de los
guaranies y los charrúas.
Durante el siglo XVI
comenzó la presencia europea y
la posibilidad de contar con
alguna información sobre las
características de la relación
entre estos grupos étnicos.
Evidentemente existió una
situación de contacto en la zona
que posteriormente ocuparía el
asentamiento misional de Yapeyú.
El objetivo de este trabajo es
describir el carácter de la
relación interétnica planteada
y señalar las causales de los
cambios. A tal propósito, a
partir de la idea de estructura
como un ordenamiento de las
diversas partes de un todo,
designamos como fenómeno de
estructuración de la relación
interétnica a las distintas
formas que adquirió el
intercambio inclusive la
guerra- y como fenómeno de
desestructuración a los hechos
suscitados por intereses externos
a los grupos indígenas que
estuvieron cerca de destruir el
contacto interétnico. Estos
conceptos proceden de las ideas
de Cardoso de Oliveira sobre las
características pertinentes a un
sistema interétnico (1).
Se trata de una "trama de
relaciones susceptible de ser
tomada como unidad de
investigación". El enfoque
de Cardoso de Oliveira se
sustenta en los aportes de Barth
alrededor de la existencia de una
fluida frontera entre el
"nosotros" y
"ellos". En este
sentido valorizamos los trabajos
de Clastres sobre antropología
política, especialmente
"Arqueología de la
violencia", donde se
evidencia las diferentes
posibilidades de una relación de
contacto, lo que nos posibilitó
más claramente vislumbrar la
cambiante relación
charrúa-guaraní.
Es preciso hacer la
salvedad de la complejidad del
intento de la delimitación
identitaria de las parcialidades
charrúas debido a la existencia
en una misma parcialidad de
diferentes actitudes a
veces opuestas- y de las confusas
identificaciones sincrónicas y
diacrónicas de las mismas
parcialidades, producidas por
diversos cronistas.
Estructuración:
la frontera guaraní-charrúa
Según Mattai
"la noción misma de
frontera sugiere que todo lo que
se encuentra "frente" a
un individuo constituye, de
alguna manera, su frontera, pues
separa lo que él es de todo lo
demás, el "yo" del
"no-yo". Con una idea
similar Reboratti dice que
"la frontera aparece como la
separación entre nosotros y
ellos". Cardozo de Oliveira
habla de la "identidad
contrastante" como la base
sobre la cual esta se define y
concuerda con la idea de que es
la afirmación de nosotros frente
a los otros. La relación
charrúa-guaraní parece tener un
nivel de complejidad en el cual
la identidad étnica de cada
grupo en algún momento parece
distanciarse de la del otro y en
otros momentos hasta parece
mimetizarse.
Clastres aporta
algunos elementos para el
análisis de la cuestión. En Arqueología
de la violencia plantea que
las llamadas sociedades
primitivas son sociedades
violentas, "su ser social es
un ser-para-la-guerra" (2).
Esto es así porque entiende la
violencia como un dato natural
que "hunde sus raíces en el
ser biológico del hombre".
Lo importante es que propone
interpretar el ejercicio de esa
violencia como medio de asegurar
la subsistencia. Entonces la
agresividad de la caza habría
sido una de las formas de la
articulación de la agresividad
en substitución de la guerra.
Pero teniendo los grupos
indígenas en contacto una
economía autosuficiente la
guerra adquirió otra forma, las
relaciones se convirtieron en
cuestiones comerciales. El
intercambio pasó a ser una
alternativa a la guerra. Por eso
Clastres define que "la
sociedad primitiva es el espacio
del intercambio y también el
lugar de la violencia: la guerra,
tanto como el intercambio
pertenece al ser social
primitivo".
Por eso es posible
encontrar cronistas que
categorizan de manera opuesta las
prácticas sociales y las
relaciones interétnicas de
charrúas y guaraníes. Uno de
los aspectos, la alianza,
Clastres destaca que se origina
en la existencia de enemigos
comunes. Esto no quiere decir que
el estado de alianza permanecerá
inalterable. La alianza, bajo el
principio de la reciprocidad, no
habría sido un objetivo sino un
medio. La esfera del intercambio
recubre a la de la alianza. Hay
sobre todo intercambio de mujeres
como medio de sellar las
alianzas. Pero es dentro de un
contexto cambiante en que la
identidad y la independencia
étnica se mantienen. La
comunidad sigue siendo homogénea
y continua persistiendo el
"nosotros".
Con este criterio
entre los guaraníes las
expresiones oréva y ñandéva,
una más cerrada y exclusiva y la
otra más abierta e inclusiva,
pueden ser interpretadas no como
una oposición sino como
alternativas sincrónicas con la
realidad (3).
¿De qué manera
coexistió la identidad de un
grupo semisedentario en un
intercambio con otro nómade? La
relación entre los guaraníes y
los charrúas, desde el área de
la confluencia del Uruguay con el
Miriñay hasta la unión del Río
Uruguay con el Río de la Plata,
debiera ser analizada
particularmente en cada período
histórico.
Un antecedente
importante acerca del tema de las
alianzas entre
guaraníes y charrúas lo aporta
la experiencia de varios
cronistas del siglo XVI. Algunos
mencionan hasta cierta
convivencia. Diego García
(1526-1527), con respecto al río
Paraná, dice que
"la primera
parcialidad a la entrada del
río, a la banda del norte, se
llama de los
Charrúas
(
)
otra
parcialidad se llaman
guaraníes
(
)
Andando
río arriba, hay otra parcialidad
que se llaman los
Chanás
(
)
De la
otra parte del río está la
parcialidad que se llama de los
Carcaraes y, más al norte de
ellos, otra muy grande que se
llama de los Querandíes. Más al
norte, hay otros indios por
nombre Atambúes. Todas estas
parcialidades son afines. Se
juntan y mezclan entre sí, y
comen maíz, carne y
pescado.".
Ulrico Schmidl
(1536) relata su experiencia en
la defensa de la primitiva Buenos
Aires.
"
(
)
vinieron
los indios contra nuestro asiento
de Buenos Aires con gran poder e
ímpetu hasta 23000 hombres y
eran en conjunto 4 naciones; una
se llamaba Querandíes, la otra
Guaraníes, la tercera Charrúas,
la cuarta
Chaná-Timbúes
".
Sin embargo, en la
carta de Luís Ramírez a su
Padre ( 1528) se vierte una
apreciación diferente. Expresa
que
"
.(
)
nuestros
amigos, los cuales se llaman
guaranís y por otro nombre
chandris; estos andan derramados
por esta tierra y por otras
muchas, como corsarios, a causa
de ser enemigos de todas estas
otras naciones y de otras muchas
que adelante diré; son gente muy
traidora, todo lo que hacen es
con traición
".
De alguna manera
estas caracterizaciones
disímiles pueden interpretarse
como apreciaciones realizadas en
diferentes etapas de la relación
entre los grupos indígenas.
Susnik captó esta
situación al proponer una forma
de comprender el tenor de estas
cuestiones interétnicas. Dice
que los Chandules, guaraníes que
habitaban en las islas,
mantenían "a veces
tolerantes relaciones
etnoculturales con los habitantes
litoraleños, Mbeguá, Timbúes y
diferentes grupos Guaycurúes,
todos de origen cultural
paleolítico, pero con ethos
agresivo de nómades
canoeros-guerreros" y
destaca que esta "tolerancia
interétnica" , en cierto
momento, pasó a otro nivel de
contacto. Se refería a la aldea
base de la fundación misional de
Yapeyú; estaba formada por
gentío guaraní, yaro-gé y
charrúa. Por eso afirma que los
"mismos guaraníes
yapuyuénses fueron en gran parte
mestizos intertribales" (4).
Por su parte Bracco,
refiriéndose específicamente a
nuestra área de estudio, destaca
que la documentación que expone
"pretende demostrar la
existencia de un fuerte grado de
interacción entre sociedades
indígenas nómades y
semisedentarias". Pero
aclara que a pesar de las
alianzas contra los europeos, la
utilización común de paraderos
y el intercambio de productos y
mujeres, ello no obstaba que se
produjeran guerras entre los
grupos étnicos vecinos.
Teniendo en cuenta
esta cambiante dinámica del
concepto de la relación
interétnica es posible
introducirse con los instrumentos
pertinentes en la situación de
frontera entre charrúas y
guaraníes en la zona de la aldea
base de Yapeyú.
En las Carta Anua
correspondiente a los años 1626
y 1627 el Padre Provincial
Mastrilli Durán destaca las relaciones
comerciales interétnicas.
El párrafo es titulado
Descubrimiento y reducciones de
la Provincia del Uruguay y dice:
"Don Francisco
de Céspedes Gobernador por su
Majestad del Río de la
Plata
(
)
entró
con esto en grandes
esperanzas
(
)
procuró
el Gobernador para encaminar sus
intentos, ganar con alagos y
dádivas que liberalmente
repartía, las voluntades a los
indios Charrúas que están
allende del Río de la Plata y
confinan y comunican con los del
Uruguay, para que mediante el
comercio que tienen con ellos,
fuesen tomando alguna noticia de
los Españoles, y presos con el
cebillo del interés, le trajesen
alguno de los de esta
nación".
Más adelante el
Padre Mastrilli Durán puntualiza
en la situación particular de la
aldea base de Yapeyú. Explica
que los Charrúas, Yaros y otras
naciones inhumanas y bárbaras
(como ellas)
"tratan
también (comercialmente) con los
indios del Uruguay (llama así a
los guaraníes Tapes) en
particular con los de este puesto
(que) es como la llave (por la
cercanía del río Ibicuití y
los saltos del Uruguay) de toda
la provincia".
El propio cura de la
nueva reducción, el Padre
Romero, a los yapeyuanos los
llama los "sátrapas (hombre
ladino, astuto. En este caso
metáfora de comerciante) y que
sabe de todo este Uruguay e
Ybicuití".
El provincial ya
estaba informado, por la
experiencia fallida de Romero, de
la existencia de una comunicación
entre los diferentes
grupos étnicos del río Uruguay
y destaca
"que en todo el
Uruguay corre la (lengua) general
del Paraguay". Informa que
en el recodo del río hasta donde
había llegado anteriormente el
Padre Romero, los indios que lo
recibieron "despacharon
correos a todas partes a
consultar los caciques de la
tierra, que convendría en aquel
caso". Es evidente que
había una fluída comunicación
entre Charrúas y Guaraníes
porque el viajero debería pasar
por zonas correspondientes a los
dos grupos étnicos (manifiesta
el provincial refiriéndose a los
primeros grupos del Uruguay:
"estos sirven a todos de
espías").
El provincial
menciona la participación en el
nuevo pueblo del Cacique Guayrama
procedente del río abajo que
"nombrábase señor de
aquellas islas". Se trataba
de un indio guaraní chandul que
tenía varios de sus hijos
casados con indias charrúas que
se cortaron los dedos
"conforme al uso de su
nación" con motivo de
duelo. El Padre Romero también
informa de la participación en
la reducción de "muchos
indios e indias cristianas
amancebadas con infieles".
Es decir que tenemos aquí
presente al intercambio
de mujeres y el
cuñadazgo como otra de las
formas, aparte del intercambio
comercial y la comunicación de
información, de la relación
charrúa-guaraní.
El espacio del teyy
o macrofamilia llamado tekoha
entre los guaraníes y definido
según Meliá por la estructura
casa-chacra-monte generalmente
tenía límites naturales con
respecto a otros grupos
indígenas. En esta área la
particularidad del ecosistema
incidió en una mayor
flexibilidad de los límites
debido a que la caza y la pesca
fueron los medios esenciales de
subsistencia hasta para las
comunidades semisedentarias. No
había montes y el campo raso sin
árboles no podía ser tratado
mediante las rozas para lograr
los cultivos. Los diferentes
grupos étnicos, antes de la vida
misional, integraban comunidades
reducidas de alrededor de 100
miembros, por lo menos en esta
zona, lo que evitaba la puja por
una cantidad importante de
alimentos. La problemática de la
subsistencia se expresó,
entonces, por el aprovechamiento
común de los cazaderos y por el
intercambio comercial o trueque.
La vida misional
modificó este concepto del
espacio perteneciente a la
comunidad. La población creció
porque los jesuítas entendían
que un pueblo debía contar, para
poder sobrevivir, con un mínimo
de 1000 habitantes. Se pasó de
la aldea al pueblo misional. Esto
significó el intento de
conformar, por parte de los
sacerdotes, mayores superficies
de sembradíos. La expansión de
las tierras necesarias también
implicó la necesidad de formar
pequeñas aldeas dependientes del
pueblo misional llamadas
capillas.
Los límites
misionales yapeyuanos se fueron
ubicando entre el Arroyo Estinga
al Miriñay en la banda
occidental y del Iibicuy al
Cuareim, luego al río Negro, en
la banda oriental. De cualquier
manera persistieron antiguas
pautas de interacción entre los
indios guaraníes y charrúas.
Los yapeyuanos que habían
subsistido practicando el
comercio y la caza ahora
prefirieron dedicarse a la
ganadería. Esta actividad
incentivó que los hijos de
guaraníes y charrúas nativos de
Yapeyú, debido a que tenían
libertad de circulación por el
espacio regional, continuaran los
contactos interétnicos. Había
un sentido común de pertenencia
de la tierra para los guaraníes
y para los nómades. Por eso
individuos de uno u otro grupo
étnico pudieron integrarse
temporariamente a la comunidad
del vecino y hasta con permiso
especial usufructuar el producto
de las tierras. De alguna manera
había una reciprocidad entre
grupos que conformaban un
verdadera sistema interétnico.
Esto se visualiza
claramente en que, debido a la
continua expansión del espacio
yapeyuano, debióse proceder a
acordar con los grupos nómades
porque no se han encontrado, por
lo menos hasta la producción de
este trabajo, constancias de
lucha por la tierra fuera de la
etapa de la guerra 1700-1715.
Así es posible
asegurar que la vida misional no
interrumpió la relación
interétnica. El hecho de
mencionar una circunstancia
particular de esa relación
parece depender del hallazgo del
documento pertinente; la
multiplicidad de las situaciones
revela la riqueza de los diversos
tipos de contactos. Inclusive
algunos jesuítas fueron
reticentes en dar cuenta de la
magnitud de las vinculaciones de
los yapeyuanos con los nómades y
otros las mencionaron claramente.
De alguna manera se desprende en
algunas de estas informaciones un
cierto resquemor de los
sacerdotes por los peligros
potenciales derivados de estas
amistades.
Tenemos constancia
de una alianza
coyuntural de yapeyuanos con
charrúas teniendo como enemigo
común a los yaros. Una carta del
Padre Romero de 1636,
posteriormente a un ataque yaro,
relata que "todos los indios
(de Yapeyú) vinieron en que
convenía avisar a los charrúas
de su ida y que se diesen prisa a
juntarse con ellos para dar sobre
los Yaros". Hubo
participación de yaros y
charrúas en los ejércitos
misioneros contra los portugueses
y de guenoas a favor de los
indios misioneros contra
martidanes, yaros y bohanes. Pero
la más importante alianza se
verificó durante la guerra
guaranítica. Bastante tiempo
antes, por lo menos desde 1743,
los charrúas se habían
refugiado en las estancias de
Yapeyú. Durante 1753 se dice que
"(
)
en
su estancia estaban todos los
infieles charrúas, mohanes,
yaros, guenoas y minuanes,
refugiados, porque todos estaban
mal con los Españoles, ni
hallaban en otra parte sustento
para vivir, sino con los indios
yapeyuanos sus parientes".
La cuestión de las
relaciones comerciales también
perduró durante toda la
existencia del pueblo de Yapeyú
(1627 a 1817). La carta anua de
1637-39 refiriéndose a Yapeyu
dice: " cerca de ella viven
los Indios Charrúas, sus
parientes, con los cuales
comercian". En una carta de
1683 se menciona que
"(
)
de estos
bárbaros (guenoas) algunos
frecuentan, cuando no lo impiden
las crecientes de los ríos, las
reducciones del Yapeyú, La Cruz
y Santo Tomé, para comprar
algunos frutos
".
Sepp refiere este
tipo de relaciones con los yaros
cuando relata su travesía desde
Buenos Aires a las Misiones en
1691. Posteriormente vuelve a
mencionar los tratos con los
yaros al describir su proceder
con el Cacique y Hechicero
llamado Moreyra que hasta hablaba
español fluidamente. Dice que
"Moreyra
(
)
venía a
menudo a mí aldea, que lindaba
con su país. Yo solía invitarle
amablemente a mí
casa
".
También Lozano dá
cuentas de las relaciones
comerciales entre los guaraníes
misionales y los yaros. En su
libro sobre la sublevación de
los comuneros hace la referencia
de que
"(
)
dice
Antequera que dichos charrúas
son acérrimos enemigos de los
jesuitas y de sus indios. Es
falsísimo. Fuéronlo en algún
tiempo; pero ha más de veinte
años que hicieron las paces y
cesó la enemiga (enemistad).
Cada día entran charrúas en los
pueblos de La Cruz y del Yapeyú
doctrinados por los jesuitas a
buscar lo que necesitan, como
yerba, tabaco y otras cosas, y
son recibidos como amigos, sin
tener de nosotros ni de nuestros
indios el menor recelo".
Es evidente que el
propio proceso de ocupación del
territorio por parte de España y
Portugal restringió el acceso de
los charrúas a la obtención de
elementos para el trueque.
Pensamos que durante el siglo
XVII y parte del XVIII
primeramente aportaron ganado,
luego caballos y finalmente
objetos varios en algunos casos
procedentes de barcos encallados
y hurtos. Cuando se les
restringió la circulación por
el territorio debieron pedir la
yerba y el tabaco como obsequio y
posteriormente lo exigieron como
medio de evitar sus incursiones
en las estancias o de aliarse con
los portugueses.
Hacia 1776 el
Gobernador de las Misiones
Francisco Bruno de Zabala expresa
en una carta a Vertiz que
"(
)
el
Capitan Don Miguel de Ayala me
escribe que según le previne
tiene convocados a los minuanos
con aquella seguridad que se
puede tener de ellos, y que le
han prometido estar de nuestra
parte y para que los pueda
agradar he pedido que de Yapeyú
le remitan algún tabaco y
yerba
(
)
siempre
es preciso regalarles algo, son
interesados y donde les dan
acuden, y nos pueden hacer mucho
daño
".
Por eso también es
necesario distinguir diferentes
etapas de las formas de
comunicación. La lengua nunca
fue un problema porque el
guaraní tomó el carácter de
una lengua general y los caciques
nómades o los hechiceros la
hablaban con soltura.
Entre otras
expresiones de los contactos, el
trato cotidiano se evidencia por
la formación trunca de pueblos
misionales con yaros, bohanes y
guenoas. Los propios indios
misioneros hacían de agentes
culturales de la evangelización.
En 1657 se formó San Andrés de
Yaros. En este caso no está
claro si fue con indios yaros
capturados o se radicaron en el
Arroyo Ibirapitaguazú por su
propia voluntad. Estaban ubicados
en una zona,
"(
)
pocas leguas
más abajo del
Yapeyú
", que en ese
momento era considerada como
perteneciente a este grupo. En
determinado momento, a menos de
un año de la fundación,
"(
)
dijeronle (al
Padre Ricardo) que todos querían
dejar el pueblo y volverse a su
bárbaro modo
".
Hacia 1682 existía
la reducción de Jesús María de
Guenoas, en lugar cercano a San
Borja, debido a la activa
participación de indios
yapeyuanos. Alrededor de 1690
tuvo su corta existencia San
Joaquín en ubicación cercana a
los saltos del Uruguay sobre la
Banda Oriental. Dice Sepp,
"(
)
nuestro
celoso Padre A. Boehm fue a vivir
como misionero entre estos
bárbaros y pasó casi un año de
penurias..."
Después de la
guerra contra los nómades la
anua de 1730-34 vuelve a reflejar
la existencia de una
comunicación con los charrúas.
En la necrológica del Padre
Miguel Fernández, fallecido en
1730, se hace un elogio de su
actuación, siendo cura de
Yapeyú, con estos indios.
"(
)
aún
a los infieles que por ser su
pueblo frontera de gentiles
acudían allí los trataba muy
humano para ver si los podía
aficinar al cristianismo y aunque
por la protervia de ellos
consiguió poco fruto pero a lo
menos los mantuvo pacíficos,
siendo así que cuatro años
antes de entrar allí el Padre
habían hecho en el Yapeyú
notable estrago y tenídole en
continuo sobresalto en la
porfiada guerra que duró catorce
años
".
También en 1730 por
un incidente fracasó un intento
de agregar más Guenoas al pueblo
de San Borja, un hecho donde
intervino el Padre Ximenez.
Aparentemente, una vez puesta en
crisis la relación de los
santafesinos con los charrúas,
importantes contingentes de estos
indios se ubicaron en las
estancias yapeyuanas por el año
1743. Una carta del Padre Ribas,
responsable de la estancia
yapeyuana de San Joseph en la
Banda Oriental, dirigida al
Provincial Machoni transmite un
alegato para justificar la
decisión de aceptar su
presencia.
"(
)
los
charrúas no hacen daño a los de
este
pueblo
(
)
tienen
esperanza de refugio en este
pueblo por caso que los
españoles los
persigan
".
Debido a esta
propicia situación el Padre
Cardiel pasó a visitarlos varias
veces por sus tolderías.
"(
)
predicábales
en lengua guaraní que casi todos
los adultos
entienden
". Este
jesuita afirma en un escrito,
sobre el tema de la metodología
necesaria para la evangelización
de los nómades, que si se
pudiera conformar una colonia de
indios cristianos junto con los
charrúas estos
"(
)
quizás toda
la nación o casi toda estuviera
ya convertida
".
Antes de la
expulsión de los jesuitas hubo
dos intentos de fundar pueblos de
guenoas en la Banda Oriental.
Posteriormente a 1768 también se
produjeron nuevas tentativas. En
cada caso es necesario
puntualizar las circunstancias
del momento y la actitud de los
organizadores. No tuvo la misma
intención una reducción
planteada entusiastamente por el
padre dominico Fray Marcos
Ortíz, Nuestra Señora del
Rosario, que la experiencia
intentada por el Capitán Jorge
Pacheco en 1808.
La permanencia de la
comunicación también se
manifestó en otra forma como la
huida de indios guaraníes
misionales a las tolderías de
los nómades.
En cuanto al
intercambio de mujeres los
informes de los jesuitas
certifican la práctica; el
parentesco charrúa-guaraní es
ostensible desde los primeros
años del pueblo misional de
Yapeyú. Una carta de 1627, año
de la fundación, del Padre
Romero al Provincial Mastrillo
Durán lo explica
"(
)
como
la mayor parte de la gente que
estaba aquí junta eran huídas
de Buenos Aires, había muchos
indios e indias cristianas
amancebadas con
infieles
".
Y más adelante
aclara refiriéndose a la muerte
del nieto de un cacique chandul
(guaraní de las islas) llamado
Guayrama
"(
)
como
su madre es charrúa, ella y sus
parientes se cortaron los dedos y
arrancaron los
cabellos
".
En 1636 el Padre
Romero vuelve a citar a este
cacique. Se había retirado de la
reducción y se estaban haciendo
tratativas para su retorno:
"(
)
también
nos pareció que no había que
tratar ahora de traer a Guayrama,
supuesto que nos ayuda y está
tan emparentado con los charrúas
y ahora no es tiempo de cobrar
enemigos sino de ganar
amigos
".
El intercambio de
mujeres continuó durante el
siglo XVIII porque así lo
certifica el Padre Nusdorffer al
referirse al parentesco entre
guaraníes y charrúas puesto en
valor durante la guerra
guaranítica. Después de la
expulsión de los jesuítas
corrobora la permanencia de la
reciprocidad del parentesco el
Padre dominico responsable del
curato de Yapeyú.
¿Desestructuración?
Al principio del
contacto entre los guaraníes y
los misioneros la idea de los
jesuitas fue substituir el orden
indígena, que entendía la
violencia como algo natural, por
el derecho de gentes. El Padre
Romero reseñaría que
"(
)
el
Cacique Caarupá que dije arriba
llegó aquí con 13 canoas llenas
de gente y antes de venir a verme
me envió dos mensajeros a
pedirme le diese licencia para ir
a la guerra y yo le envié a
decir que no se la podía dar, y
que ya no era tiempo de eso por
estar ya Padres entre ellos, y
así que ya se acababa aquello
por prohibirlo la ley Santa de
Dios
".
Pero cuando el
propio Padre Romero aceptó la
alianza con grupos de charrúas
contra los yaros (ver ut-supra)
parece actuar más cercanamente
al ordenamiento indígena que a
las leyes de la civilización.
Para explicitar esta
posición primero debemos
recordar que los guaraníes
tuvieron discontinuas guerras con
los yaros durante mucho tiempo.
En 1633 se habla de
que los
"(
)
Yaros
(
)
son unos indios sus enemigos de
diferente lengua y nación que
les hacen mucha
guerra
". Durante una
Información solicitada por el
Gobernador Pedro de Esteban
Dávila en 1634 un indio guaraní
"Preguntado si
tienen guerra con alguna nación
confinante dijo que con las
naciones que están delante de su
pueblo no tienen guerra y una que
está más acá hacia esta ciudad
que se llaman yaros antiguamente
han ido a su pueblo a hacerles
guerra y que cuando vienen a esta
ciudad por pasar por la tierra de
los yaros vienen con cuidado y
prevenidos de flechas y
dardos
".
Es decir que durante
el siglo XVII fue común la
alternancia de épocas de
violencia y de convivencia
pacífica.
Entre 1700 y 1715 se
modificaron las reglas de las
relaciones entre los guaraníes y
charrúas. Nos preguntamos si la
guerra produjo una verdadera
desestructuración. Entendemos
que la guerra alcanzó un nivel
importante de sangre pero el
sistema interétnico retornó a
su esquema de funcionamiento
después de un tiempo necesario
de recomposición.
Cuando los jesuitas
deciden hacerles la guerra justa
a los nómades, que se habían
apoderado de la estancia
principal de Yapeyú y del camino
a las Vaquerías, se despliega
toda una argumentación jurídica
que hasta podría haber sostenido
legalmente la eliminación y
exterminio físico de los indios
nómades.
Me refiero a la idea
de guerra justa basada en Santo
Tomás de Aquino y más
cercanamente al desarrollo de los
hechos en Francisco de Vitoria y
el filósofo jesuita Francisco
Suarez El primero dice
"(
)
para
que una guerra sea justa conviene
examinar con grande diligencia la
justicia y las causas de ella, y
escuchar asimismo las razones de
los adversarios, si acaso
quisieren discutir según razón
y justicia
".
En 1702 jesuitas
mandan a varios sacerdotes a
hablar con los yaros y sus
aliados (¿bohanes y guenoas?).
Los nómades respondieron que no
querían dejar la estancia y
"(
)
que antes
querían pelear con nuestros
indios
". Vitoria dice
"(
)
la
guerra se hace, en primer lugar,
para defendernos y defender
nuestras cosas. Segundo: para
recobrar lo que se nos ha
quitado. Tercero: para vengar la
injuria recibida. Cuarto: para
procurar la paz y la
seguridad
".
El sistema misional
perdía la principal fuente de
alimentación que eran las
vaquerías y había que
recobrarlas a cualquier costo,
los jesuitas no podían dejar
pasar los agravios infligidos a
su religión delante de los
indios misioneros y se debía
solucionar la seguridad de
transporte y circulación de
mercaderías por los ríos
Paraná y Uruguay, así como por
los caminos de la Mesopotamia en
dirección a Santa Fe. La
declaración del Padre Delfín es
elocuente:
(
)
se
debe pedir al Señor Gobernador
del Puerto a quien pertenecen
dichos infieles les haga la
guerra hasta humillarlos y si
fuese necesario acabarlos porque
no hay esperanza de su
conversión
".
En el Tesoro de la
lengua guaraní de Montoya figura
Marambotá que significa
"guerrear" junto a otro
sentido que es "hacer
mal". También aparece Chemarambotá
cê que quiere decir
"soy amigo de hacer
daño", juntamente con Nachemarambotácéri
que quiere decir "soy
amigo de paz". Es decir que
el guaraní cristianizado tiene
perfectamente deslindado el paso
de la violencia a una situación
de paz. Por eso los jesuitas
debieron sustentar su posición
con cada uno de los argumentos de
la guerra justa. El Padre
Gerónimo Delfín aclara
"(
)
nos
defenderemos haciendo la guerra
pues ellos la
quieren
".
La concepción de
los jesuitas toma más sentido al
compararla con la posición del
Teniente de Gobernador Juan de
San Martín en 1779. Este dice en
una carta al Virrey Vertiz
"(
)
debo decir
que juzgo por conveniente hacerle
el posible esfuerzo para quitar
de estos campos a los Minuanes y
Charrúas, haciéndoles la guerra
ofensiva donde se
encontrasen
".
Por eso es clave el
hecho de la existencia de
motivaciones ajenas a los dos
grupos étnicos. Como también lo
señala Maeder la problemática
geopolítica entre España y
Portugal había cambiado
radicalmente después de la
fundación de la Colonia del
Sacramento en 1680. La intención
lusa de acceder al Río de la
Plata apoderándose de la banda
oriental, en esta época,
implicó necesariamente la
existencia de una estrategia de
ocupación del espacio
considerando a los indios
nómades. La imposibilidad de
contar con una fuerza militar, la
escasez de gente para enviar a la
zona y la existencia de tratados
que necesariamente había que
violar propiciaron la
participación de los nómades
como instrumentos de la
política.
Pero en la guerra no
participaron todas las
parcialidades charrúas e
inclusive un grupo participó en
los dos bandos. En el caso de los
guaraníes su condición
misionera implicó una
comprometida adhesión a las
decisiones de los jesuitas y por
consiguiente el enfrentamiento
con los portugueses y los
ejecutores de su política.
La batalla de
Rosario del Yí en 1702 parece
haber sido particularmente
cruenta pero la guerra continuó
hasta por lo menos 1715. La
cuestión es que, desde nuestro
punto de vista, no acreditamos en
la existencia de ningún tipo de
masacre de indios nómades, como
lo sugiere la historiografía
antijesuítica del siglo XIX y
principios del XX, porque en
determinados momentos hubo
atisbos de la reconstrucción del
sistema interétnico, y una vez
finalizada la contienda, los
nómades volvieron a tener las
relaciones acostumbradas -de paz
y de guerra- con los yapeyuanos.
Durante 1709, en
plena guerra, el "Diario de
los sucesos y de las operaciones
de guerra
" del Padre
Herrán menciona que por medio de
un indio chaná conocido los
infieles "hablaron de paz a
los
nuestros
(
)
diciéndoles
que
(
)
no era
bien continuar las muertes, ni el
odio por ellas concebido".
Conclusiones
Los vínculos del
sistema interétnico parecieran
haberse modificado durante la
guerra guaraní-charrúa.
Pensamos que en este caso podría
aplicarse el enfoque de Eriksen
(5), propone una
suplementariedad de las ideas de
Bartth, acerca de que las
unidades de análisis no sean los
individuos ni los grupos sino el
contexto de interacción.
La guerra
guaraní-charrúa señala la
existencia de nuevas
características en las
relaciones interétnicas
inherentes a la geopolítica de
España y Portugal. Muestra a los
europeos y criollos cada vez más
cerca de apropiarse de los
espacios de supervivencia de los
indios. De alguna manera se
podría afirmar que en el
territorio interétnico durante
la guerra guaranítica
guaraníes y charrúas en
el mismo bando- se intentó
conformar una frontera contra los
europeos.
NOTAS
1) Cardozo de Oliveira, 1992:59.
Las relaciones interétnicas como
una situación y hasta una
cultura del contacto.
2) Clastres, 1987,184.
3) Ver Chamorro, 2004: 52 sobre
la alternancia de los criterios
del "nosotros".
4) Susnik, 1979-1980:149.
5) Eriksen, 1991:127 a 141.
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