/ Contratiempo Revista de cultura y pensamiento / La cultura crítica en América Latina / Otoño - Invierno 2007 / N° 2 Edición Impresa

       


Dibujo Siglo XVII

Norberto Levinton es Arquitecto especializado en Crítica Histórica (Magíster)  (UBA) y Doctor en Historia (Universidad del Salvador). Ha sido becado por el Ministerio de Cultura de España como Hispanista Extranjero. Trabajó en proyectos de restauración de ruinas de Misiones Jesuíticas y en proyectos turísticos culturales en la provincia de Misiones y Corrientes. Tiene varios libros publicados y artículos en revistas especializadas.

 

El campo antes del alambrado
NORBERTO LEVINTON

Región viene del latín regio-onem y quiere decir porción de territorio determinado por circunstancias geográficas especiales ¿Qué significa “circunstancias geográficas especiales”?
Si tenemos en cuenta que el hombre modifica la geografía entonces podemos hablar de un concepto de región que se sustenta en la relación entre una comunidad y un territorio de determinadas características especiales en la geografía  física, el clima, las cuencas fluviales o la fitogeografía.

La Provincia del Uruguay se presentó durante largo tiempo como una región periférica, desconocida para los europeos y hasta geográficamente compleja. La circunstancia de la presencia de un arrecife o Itú posibilitó que los marinos españoles prefirieran no hacer incursiones aguas arriba.
El retraso de la conquista en acceder se percibe claramente en las diferencias que presentan los mapas del siglo XVI con respecto a los conocimientos de los navegantes entre los ríos Paraná y Uruguay.

Los viajeros del siglo XVI señalan que los indígenas del grupo lingüístico Tupí-Guaraní no tenían animales domésticos. Además destacan los cultivos de los Carios, que dieron de comer a los expedicionarios por varios años.
Es decir que en los estudios de etnohistoria se insiste mucho en la importancia de la chacra guaraní pero escasamente se valoriza la ingestión de carne en su dieta y las maneras de obtenerla.

La caza era el medio de conseguir carne para comer. Pero el acto de cazar tenía un significado de género, social y religioso. Para el hombre era una posibilidad de ser valorizado por la comunidad. Para lograr su cometido no sólo debía preparar sus implementos de caza sino que debía ser aceptado por los “dueños” de la naturaleza. Había normativas que cumplir para evitar un desequilibrio del cosmos.

La hipótesis de este trabajo es que en la etapa misionera hubo una continuidad  entre la caza y la ganadería. Entendemos que se produjo un proceso por el cual el misionero debió adaptarse a la libertad del indio cazador y, a la vez, se puede hablar de una resignificación del indígena vinculada con los animales traídos por el europeo, fundamentalmente el caballo y la vaca.

 

 La relación entre la caza y la ganadería

La facilidad de obtener carne a través de la caza impidió que los  guaraníes tuvieran cría de animales domésticos.  
D´Abeville relata que “(…) os homens armados de arcos e flechas corriam a cazar cutias [roedor ], tatus [armadillo], e pacas [roedor] e otras qualidades de animais excelentes para comer e que lá se encontram em tal quantidade que os pegaram em poucos instantes…”.
En la espesura de la vegetación había también animales grandes como las “(…) corcas [rumiante similar al ciervo] e veados [ciervo] assaz semelhantes aos nossos e que se denominan Suacu-apar

Thevet describe lo que caracteriza como la plácida forma de vivir de los tupí-guaraníes y afirma “(…) que tell lassitude luy proviene le plus souvent de la chasse…”  Enseguida explica“(…) pour ce fault savoir, que combien qu´il ne nourrire que bien peu d´animaux en sa maison, si prend il grand plaisir à la venerie [correr las reses para que su carne sea más firme], et se nourrit gaillardement de ce qu´il prend à la chasse…”

Una parte del libro de Leri también se refiere a la caza y pormenoriza en el tipo de carne de los animales más comunes. Primero advierte que “(…) os nossos Tupinambás mui raramente alimentam-se com animaes domésticos…”

Un antecedente para tener en cuenta es su mención de que el “(…) tapirussú [parecido al jabalí] (…)  tem quazi a dimensao, grosura e forma de uma vaca…”, y completa este parecer con una información importante “(…) a respeito da carne do tapirussú, tem ela quazi o mesmo gosto que a do boi…”.
La cuestión es que no se trataba solamente de comer. Se celebraban ceremonias rituales antes y después de las marchas. Había épocas de caza y épocas de veda.
El área de caza, el cazadero, formaba parte del territorio correspondiente a una parcialidad. Pero en determinadas circunstancias el mismo cazadero  podía ser compartido por otra.

Cuando los sacerdotes jesuitas tomaron contacto con los indios decidieron que para evangelizarlos deberían convivir varios cacicazgos juntos. Este asentamiento llamado reducción por el cambio de escala y, fundamentalmente, por reducir a un lugar a los que estaban distanciados unos de otros, integró los cazaderos de cada macrofamilia al territorio de la comunidad.
Desde el principio los sacerdotes intentaron que los indios se retiraran lo menos posible del asentamiento. Para obtener esto llevaron vacas a cada reducción.La carne no podía faltar en la dieta indígena.

 Una carta del Padre Roque González de Santa Cruz dice:

“(…) para remedio de estos pobres habíamos subido de la Asunción algun ganado vacuno y ovejuno y plantado una viña..."

Pero por la cantidad exigua de reses obtenida, los jesuitas manejaban escasa cantidad de fondos, se debió aceptar la antigua costumbre de la caza hasta que hubiera más ganado.

El mismo sacerdote escribe al provincial en 1616:

“(…) poniendo Vuestra Reverencia Padres en Yaguapoha, que por ser las tierras muy buenas, de mucha caza y pesca…

Pero al año siguiente se lamenta “(…) en viniendo de alguna caza o pesca y al tiempo de labrar sus chacras se juntaban todos a emborracharse (…) y otras semejantes costumbres tenían estos indios recién convertidos…”

De cualquier manera, los sacerdotes continuaron con la idea de la sustitución de la carne de la caza por la carne y otros productos del ganado[1].

En este momento ya se habla del significado de estancia misionera.
Al respecto dice en una Anua:

“(…) dejando la Isla que ellos hacen para el ganado…”.

Una isla era el lugar ideal para controlar espacialmente a los animales. Es importante la noción de borde, en la época la única delimitación utilizada era un cerro o un arroyo. Cardiel explica: las estancias son dehesas (pastizales).
Cuando el Padre Provincial Pedro de Oñate dió cuenta de que se estaba efectuando el intento de evangelizar el valle del río Uruguay se puede decir que los contactos previos con guaraníes y charrúas estaban dando sus resultados.

Los parientes de los uruguayenses, los habitantes de Encarnación de Itapua, habían llevado al Padre Roque González para que fundara la reducción de la Concepción. Por su parte, desde Buenos Aires un criollo, mediante rescates enviados a los indios por el gobernador, logró desplazándose río arriba, contactarse con el Padre Roque González. La consecuencia fue la fundación del pueblo de Yapeyú.

La aldea base tenía doscientos habitantes. Por ello este asentamiento no convencía como futura reducción ni al Padre Romero ni al Padre González; pero el Provincial Mastrilli Durán, compenetrado de sus posibilidades estratégicas, tomó la decisión. El sacerdote, según lo explicó en una carta anua, consideró que era el punto habitado por guaraníes más cercano a los arrecifes del río Uruguay.

El hábitat de la aldea no era un espacio similar al de las anteriores reducciones fundadas entre los indios de ese tronco linguístico. La comunidad estaba formada por guaraníes huidos de encomiendas pertenecientes a ciudadanos de Buenos Aires y charrúas, formando macrofamilias misturadas[2]. Debido a ello la comunidad mantenía relaciones interétnicas de parentesco, de comercio e inclusive de guerra con varias parcialidades.

Las características de la región favorecían la simbiosis. La tierra no era la adecuada para el cultivo teniendo en cuenta la metodología guaranítica del rozado. No había montes y la gente compartía con sus vecinos los cazaderos y pescaderos[3].

El río era controlado por los chandules (guaraníes de las islas) que  también estaban muy emparentados con los charrúas. Varias de sus macrofamilias se integrarían a la reducción. 
La comunicación dependía del río. No había caminos, salvo alguna picada, y el tránsito fluvial era la única  posibilidad de pasar de una aldea a la otra, una necesidad fundamentalmente requerida por el intercambio comercial que hacían los yapeyuanos. Los misioneros consideraron el 26 de febrero de 1627 como la fecha de inicio de la reducción.

Si bien el Padre Romero, su Cura, afirmaba que “(…) en teniendo bueyes [para poder arar] ha de ser una de las reducciones más abundantes de comida de este Uruguay por ser los campos fertilísimos…” su deseo no podría cumplirse, la producción agrícola del pueblo nunca evolucionaría demasiado. La Carta Anua de 1632-35 explica la problemática:

“(…) el ser sus tierras campiñas rasas y no montuosas como todo lo demás de la provincia no le ha dejado tener en lo temporal tan crecidos aumentos porque toda esta nación hace sus sementeras en los montes arrasándolos primero y no se amañan ni tienen instrumentos para labrar los campos…”.

Entre los sub-espacios yapeyuanos se destacó la estancia de animales por ser un tipo de producción que, aunque produjo transformaciones ecológicas, se hizo afín al medio natural[4].

Hay que tener en cuenta que la zona de la banda occidental, en los estudios geográficos actuales, es designada como el malezal[5]. Asimismo en el caso de la Banda Oriental había bastante similitud con la occidental en cuanto a la imposibilidad de desarrollar una agricultura intensiva, por eso también hubo, en una franja lindera con el río Uruguay, una fundamental  dedicación de las tierras a la ganadería.

Durante unos cuantos años los jesuitas insistieron en desarrollar la agricultura pero esto no fue posible. La situación, por un lado la falta de montes y por otro la resistencia de los yapeyuanos, obligó a buscar una salida económica alternativa.

En el siglo XVII los jesuitas obtuvieron ganado que provenía de las vaquerías ubicadas en la mesopotamia. Juan Alonso de Vera y Zárate, hijo del Adelantado, les hizo Merced del derecho a las vacas. En 1638 también Don Mendo de la Cueva les hizo otra donación. La cantidad de reses extraída fue repartida entre varios pueblos, entre ellos el de Yapeyú.

El pueblo no avanzaba ni en lo temporal ni en la cantidad de habitantes, en 1641 y en 1647 tuvo una similar cantidad. Por eso, en 1651, los jesuitas decidieron integrar la comunidad yapeyuana con la de La Cruz. Pero ésta unión tampoco dio buenos resultados y se separaron en 1657.

Este proceso significó la cesión de tierras de los yapeyuanos a los cruceños, hecho que, posteriormente, suscitaría varios litigios. Asimismo, produjo la extensión de las tierras yapeyuanas hacia el sur de la margen derecha y, por medio de una Merced del Gobernador Blázquez de Valverde, la apropiación de tierras en la banda oriental, entre el río Ibicuy y el Queguay.

La proyección hacia el sur se consustanció mediante la fundación de una reducción de Yaros llamada San Andrés Apostol. Era como una estancia o dehesa en la cual los nómades se encargaban de la custodia de las reses yapeyuanas y comenzaban a ser evangelizados, pero la experiencia duró sólo un año.
Los yapeyuanos aprovecharon el abandono hecho por los Yaros y ampliaron la estancia hasta el río Miriñay, ésta se denominó San Pedro.

En la Banda Oriental, más o menos a la misma altura de donde estaba el pueblo, también fundaron una estancia, la de San José.Todavía la Compañía de Jesús no estaba muy convencida de fomentar el crecimiento de las estancias.
Una vez que empezó la decadencia de la Vaquería mesopotámica y se sucedieron los litigios con las ciudades de Santa Fe y de Corrientes se hizo evidente la existencia de la Vaquería del Mar[6].

A partir de 1673 los yapeyuanos, junto a su ubicación estratégica, demostraron una gran habilidad para montar a caballo y manejar las técnicas del vaqueo que le auguraron a la comunidad un rol predominante en la alimentación de la macro-región misionera. Una historia[7] , hecha por los indios y su Cura, puede servir de sustento para poner de relieve la consustanciación de los yapeyuanos con la producción ganadera.

 Es sobre esta época de la cual afirma Susnik que “(…) los guaraníes de las reducciones jesuiticas participaban de las vaquerías del ganado cimarrón a modo de antiguas cacerías colectivas…”.
Si hubo alguna reducción en la que estamos seguros que se cumplió tal aserto fue Yapeyú. El Padre Sepp, Vice-Cura de Yapeyú, habla elogiosamente de los vaqueros:

“(…) hace poco mi gente fue por dos días al campo, a fin de traer vacas para el alimento cotidiano de este año. En el plazo de dos meses habían sido reunidas y arreadas 50.000 vacas a mi pueblo. Si yo lo hubiera ordenado, también hubiesen sido traídas 70, 80 y aun 90.000 …”.

En 1690 el pueblo ya tenía 3 Estancias.
Pero en 1691 el Provincial Orozco ordenó vaquear de dos en dos años. Por eso de fines del siglo XVII se conoce únicamente el nombre de la estancia de Santiago y de la estancia de San José. Esta última era conocida como la “puerta de las Vaquerías”; en 1694 estaba ubicada en la rinconada del Cuareim, posteriormente se trasladó[8].

En este año Yapeyú ya tenía 6 Estancias.Una de ellas “(…) la poblaron en tierra propia de los infieles, donde estuvo poblado el Padre Hipólito Dátilo en tiempo de su misión de infieles, en que se ve el poco miedo y recelo que tienen de los Infieles en la vecindad de su pueblo pues van a poblar Estancia de vacas a más de 30 leguas en medio de los infieles, sin necesidad por querer abrazar todo…”[9].

El área correspondiente sería el primer antecedente de la Vaquería del Río Negro.
Al respecto, con razón, Maeder dice que el sistema misional dependía mucho de las vaquerías. Entendemos que esto es así porque la mayoría de las reducciones y fundamentalmente las del Paraná, no tenían una satisfactoria producción ganadera.

El caso de Yapeyú fue particular. La “Memoria para las generaciones venideras”, aunque no menciona todos los establecimientos, describe la configuración del espacio de las estancias o espacio ganadero, el camino de vinculación con la Vaquería del Mar, el proceso de crecimiento y la influencia de determinadas circunstancias históricas.

La construcción de un puesto en cada lugar estratégico significó la concreción de una aldea fija con una diagramación similar, pero más reducida en escala, a la de los centros urbanos misioneros. Ello posibilitó una cercanía de la vivienda al lugar de trabajo lo que redujo la dificultosa circulación y facilitó el control de las personas circulantes, los animales y posteriormente la implementación de diversas técnicas de reproducción o de cuidados de diferentes tipos de ganados. En todas las estancias o puestos donde no había ríos o arroyos en las cercanías se realizó una concienzuda manipulación del agua por medio de canales, manantiales o lagunas.
Cada tanto se modificaron los espacios de la micro-región por las crisis suscitadas por las vaquerías y los cambios técnicos que definieron nuevas organizaciones de los lugares integrantes del sistema productivo.

En el caso de las estancias de Yapeyú, situación sólo comparable con la de las estancias de San Miguel, uno de los determinantes de la vinculación con los flujos fue que la producción de ganado debió ser alimentada por vaquerías. Posteriormente se crearía una vaquería propia de Yapeyú. La ubicación de la vaquería, así se designaba a la captura de ganado cerril y a su transporte a las estancias, fue el principal determinante para la construcción de caminos desde la estancia hacia ella.

También se hicieron caminos para comunicar a los habitantes de la estancia con el centro organizador del territorio que era el pueblo de Yapeyú. Allí se repartían los bueyes para arar los campos, estos animales cada tanto se reemplazaban por su desgaste.

Asimismo, debido a la especialización productiva de Yapeyú, fue trascendental el  transporte terrestre por los caminos de la macro-región misionera para entregar las reses a los otros pueblos del sistema misional.

En el caso del comercio hacia el resto del sistema colonial, por los caminos interregionales hechos por los mismos indios misioneros, se  transportó por tierra el ganado que iba hacia Potosí vía Santa Fe, Tucumán y Salta, Buenos Aires y posteriormente Montevideo. Esto exigió una verdadera infraestructura para los viajes que se tradujo en la construcción de las llamadas capillas, con alojamiento y alimentación, y la resolución de los  pasos de los cuantiosos arroyos de la región tanto en sistemas de embarcaciones como en puentes.

Por el 1700 se empezó a preparar una parte de la llamada Vaquería del Río Negro que estaba situada en la intersección del Río Negro con el Yí, luego se agregaron, para extender la vaquería, las tierras entre el Queguay y el Río Negro[10].A su vez las tierras que San Luis tenía en litigio con el Pueblo de San Miguel también fueron utilizadas para una reserva, la llamada Vaquería de los Pinares.

El gobernador de Buenos Aires le había pedido a los jesuitas que sacaran la mayor cantidad posible de ganado de la Vaquería del Mar y de las áreas circunvecinas con el fin de dejar sin comida ni cueros para vender a los portugueses de la Colonia del Sacramento.

Debido a ello en 1705 hubo una gran vaquería colectiva donde se arriaron varios miles de vacas “(…) los vaqueros más expertos eran los primeros en acudir a estas cimarronadas y así se explica que los de Yapeyú, según el Diario, los días 22 y 23 de noviembre de 1705 ya estuvieran llegando o por llegar al Río Negro…”[11]

Yapeyú ya tenía un rol destacado en la producción de la carne necesaria para almentar al sistema misional. El Padre Francisco de Robles expresó en un documento:

“(…) de los 13 pueblos de esta jurisdicción del río Paraná los más no saben qué cosa es vaquear…”[12].

Sin embargo la libertad que tenían los vaqueros misioneros preocupó a los jesuitas. Tenían mucho contacto con los indios nómades, en muchas oportunidades se encontraban alejados de sus familias y no asistían a las ceremonias religiosas.

En 1714 para el pueblo de Yapeyú el Padre Provincial Luis de la Roca ordena

“(…) los indios se vayan recogiendo en el pueblo, se procurará minorar el número de los que están en la campaña e irlos con suavidad aplicando a los oficios como los de carpintería, herería, telares…”.

Por su parte en 1718 hubo una epidemia y ante la gran cantidad de decesos se trajo gente del pueblo de San Javier para integrarse con los yapeyuanos.

Los jesuitas pensaron que los javieristas ayudarían a guaranizar[13] a la comunidad; la asimilación de los nuevos habitantes fue harto compleja. Como bien lo describiría el Padre Cardiel sería el agregado de “(…) dos pueblos y naciones: yapeyuanos pamperos y xavieristas montaraces…”.

El apelativo de “pamperos”, para los yapeyuanos, evidentemente encajaba perfectamente para su carácter mestizo [guaraníes y charrúas juntos desde el origen], tanto en la acepción que se refiere a las grandes llanuras sin vegetación arbórea como en su vinculación semántica con la designación que tenían los indios que “vagaban” por la Patagonia.

Aparentemente la situación, después de la integración de los javieristas, había cambiado. Por eso, debido a las acciones de los portugueses y por la ávida presión de los comerciantes-hacendados de Santa Fe y de Buenos Aires con respecto a la Vaquería del Mar, en 1721 se firmó la llamada Concordia, se debió tomar otra actitud. Al  continuar los litigios el Provincial de la Roca ordenó “(…) que se ponga en la estancia grande las familias suficientes para precaver la fuga del ganado…”.

Para esta época el ganado vacuno atendido por los vaqueros yapeyuanos era vendido por el Oficio de Misiones a comerciantes de Tucumán y Potosí.

La participación de los indios en la represión de la sublevación de los comuneros originó una etapa crítica para los pueblos misioneros. El tiempo que se ausentaron los indios y las enfermedades que contrajeron en el contacto masivo con los criollos tuvieron como consecuencia una escasa producción agrícola y de forma inmediata el hambre.

En 1730 los portugueses encontraron el camino en la sierra para ingresar en la Vaquería de los Pinares y sustrajeron una gran cantidad de reses.

La más aguda crisis fue la de 1735 por la gran hambruna causada por una peste que sufrieron los caballos y las yeguas. También, se produjo una  falta de lluvias que destruyó las sementeras y la langosta y las consiguientes secas que destruyeron el pasto y causó mortandad de ganado vacuno.

En 1735 se conformó en las tierras de Yapeyú una gran Estancia que tenía como objetivo el multiplico del ganado y la formación de una reserva para todas las reducciones. A los dos años se hizo algo similar en las tierras de San Miguel. Las áreas de reserva de ambos pueblos estaban en contacto con las dos Vaquerías del Río Negro.

Desde 1735 y hasta 1739 el Oficio de Misiones debió comprar reses especialmente para Yapeyú. Es que en un documento de 1738 se destaca el hecho de que  “(…) los ganados, especialmente en los Pueblos del Paraná, casi todos los años se compran…”.
La necesidad causó el quebranto del Oficio.

El Provincial puso a un sacerdote a cargo en las estancias de Yapeyú y de San Miguel y para las tareas específicas de manejo del ganado implementaron la contratación de españoles y de algunos mulatos idóneos.

El mulato Pablo Gori estaba a cargo del manejo de las reses de la nueva estancia yapeyuana de San José.

El Padre Provincial Bernardo Nusdorffer en 1744, con respecto a esta Estancia de Yapeyú, escribió:

“(…) Nuestro Padre General Francisco Retz confirmó la orden de mi antecesor Padre Antonio Machoni sobre que en diez años no se saque vaca ninguna de esta estancia [desde 1740]…”.

La supervivencia del sistema misional se fue tornando cada vez más crítica.En 1747 el Gobernador Francisco Bruno de Zabala necesitaba ganado para los montevideanos y pensó en sacárselo al pueblo de Yapeyú.Se había configurado un mito de las riquezas de las misiones.

Una carta escrita por el Padre Escandón al Procurador dice:

“(…) de los dos ríos Uruguay y Paraná tienen sus Estancias de ganado entre los dos dichos ríos y entre el Iberá y dichos pueblos; el cual terreno, aun cuando todo fuera bueno (como no lo son) para estancias, siempre fuera muy corto y estrecho para 14 o 15 estancias que hay en el (…) tan cortas tierras, así por su cortedad como por su calidad, no son ni nunca han sido capaces de multiplico de ganado…”.

Cardiel afirma “(…) seis u ocho pueblos hay que tienen las suficientes [vacas] para poder dar a cada familia 4 o 5 libras de carne todos los días sin disminución en su estancia…”.

De cualquier manera es evidente que la vinculación entre un territorio con características físicas particulares y una comunidad interétnica tenía que aportar algo especial a la experiencia misionera.

Entre los estudios etnohistóricos contemporáneos Meliá/Grunberg/ Grunberg, con respecto a los pai-tavytera, destacan que “(…) la caza es una actividad predilecta de los jóvenes y hombres adultos (…) es más modo de ser que actividad económica [lo dicen por el relato al regresar, de las aventuras pasadas]…”.

 

A modo de conclusiones. El Turismo Cultural y el turismo rural en el área de las antiguas estancias de las Misiones Jesuíticas

La organización espacial de las estancias significó el respeto por la continuidad del territorio. En ningún momento se construyeron divisiones que entorpecieran la relación armónica del hombre con la naturaleza. A lo sumo se materializaron con zanjas las separaciones entre los rebaños de un pueblo y de otro.En general, para esta función,  se aprovecharon los recorridos de los arroyos o los desniveles de las cuchillas.

El sistema productivo no requirió de cascos de estancias. Había rancheríos para los indios con corrales para el manipuleo de los rebaños, huertas y capillas semejando, en otra escala, la estructura urbana de los pueblos.
Los campos de algodón y yerba mate en muchas ocasiones fueron recorridos por acequias como  riego complementario.
Todo esto dejó alguna impronta en las áreas destinadas a las tareas rurales por los pueblos. Es posible un reconocimiento de lo realizado a través de una lectura guiada por expertos en el tema.

La consigna, en este caso, es recuperar las huellas.

 

NOTAS

[1] RAH, Colección Mata Linares, Legajo 9-1663.Informe de Manuel Antonio de la Torre Obispo del Paraguay al Rey: “(…)se les ha remitido más de mil reses para que dándose algún sustento se retraigan de la caza…”.
[2] Gonzalez de Santa Cruz, 1627. En Para que los indios sean libres…, 1994. “(…)…gran parte de la gente que en este paraje hallamos era fugitiva del puerto de Buenos Aires y cristianos que estaban amancebados como los demás infieles y vivían con ellos…”.
[3] González de Santa Cruz, 1627. En Para que los indios sean libres, 1994: 111. “(…)…por ser todos campos y no haber montes [bosques], no hay gente labradora porque todo en ella es lulle [floja], que se sustenta con solo cazar y pescar…”.
[4] Assuncao, 1999: 48. Este historiador propone un enfoque novedoso. Dice que “(…)…la fauna, entretanto, también sufrió transformaciones.Aquellos ciervos locales, especies de poca talla (salvo el guazú-pucú), fueron en gran medida “desalojados”por el ganado de mayor tamaño y agresividad (toros cimarrones) (…) [además las vacas trajeron enfermedades] la aftosa, que hizo fácil presa de los cérvidos locales y los diezmó notablemente hasta que algunos comenzaron a desarrollar anticuerpos…”.
[5] Las características de la región han sido analizadas  en Pérez, 1984. Los malezales del Aguapey-Miriñay: terrenos bajos, anegables y pantanosos cubiertos con pastizales aptos para la ganadería. 
[6] Vaquería del Mar: estaba en las serranías existentes en los actuales departamentos uruguayos de Lavalleja, Treinta y Tres y Cerro Largo. Se decía en 1722 que había 4.000.000 de vacas.
[7] La “Memoria para las generaciones venideras” fue confeccionada durante 1832 por los indios yapeyuanos exiliados y su Cura.
[8]  Poenitz-Snihur, 2002:437. La rinconada, según Poenitz-Snihur, era la unidad geográfica productiva.
[9] BNRJ, I-29-3-107. Se trataba de la reducción de San Joaquín que describe Sepp y que no duró más de uno o dos años.
[10] Vaquería del Río Negro: entre el Río Negro, el Uruguay y el Queguay. Un sector particularizado estuvo en la intesección de los río Negro y Yí..
[11] Campal, 1994: 154. Se refiere al Diario de viaje a la Vaquería del Mar del Padre Juan María Pompeyo y el Hermano Silvestre González.
[12] AGNA, Sala IX, 45-3-11. Año 1706.
[13] Guaranizar es una práctica que los jesutas tuvieron en la conformación de las comunidades de algunos  pueblos fundamentalmente como ejemplo de comportamiento.

 

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