El
campo antes del alambrado
NORBERTO LEVINTON
Región
viene del latín regio-onem y quiere decir porción de
territorio determinado por circunstancias geográficas
especiales ¿Qué significa “circunstancias geográficas
especiales”?
Si tenemos en cuenta que el hombre modifica la
geografía entonces podemos hablar de un concepto de
región que se sustenta en la relación entre una
comunidad y un territorio de determinadas
características especiales en la geografía física, el
clima, las cuencas fluviales o la fitogeografía.
La
Provincia del Uruguay se presentó durante largo tiempo
como una región periférica, desconocida para los
europeos y hasta geográficamente compleja. La
circunstancia de la presencia de un arrecife o Itú
posibilitó que los marinos españoles prefirieran no
hacer incursiones aguas arriba.
El retraso de la conquista en acceder se percibe
claramente en las diferencias que presentan los mapas
del siglo XVI con respecto a los conocimientos de los
navegantes entre los ríos Paraná y Uruguay.
Los
viajeros del siglo XVI señalan que los indígenas del
grupo lingüístico Tupí-Guaraní no tenían animales
domésticos. Además destacan los cultivos de los
Carios, que dieron de comer a los expedicionarios por
varios años.
Es decir que en los estudios de etnohistoria se
insiste mucho en la importancia de la chacra guaraní
pero escasamente se valoriza la ingestión de carne en
su dieta y las maneras de obtenerla.
La
caza era el medio de conseguir carne para comer. Pero
el acto de cazar tenía un significado de género,
social y religioso. Para el hombre era una posibilidad
de ser valorizado por la comunidad. Para lograr su
cometido no sólo debía preparar sus implementos de
caza sino que debía ser aceptado por los “dueños” de
la naturaleza. Había normativas que cumplir para
evitar un desequilibrio del cosmos.
La
hipótesis de este trabajo es que en la etapa misionera
hubo una continuidad entre la caza y la ganadería.
Entendemos que se produjo un proceso por el cual el
misionero debió adaptarse a la libertad del indio
cazador y, a la vez, se puede hablar de una
resignificación del indígena vinculada
con los animales traídos por el europeo,
fundamentalmente el caballo y la vaca.
La
relación entre la caza y la ganadería
La
facilidad de obtener carne a través de la caza impidió
que los guaraníes tuvieran cría de animales
domésticos.
D´Abeville relata que “(…) os homens armados de
arcos e flechas corriam a cazar cutias [roedor ],
tatus [armadillo], e pacas [roedor] e otras qualidades
de animais excelentes para comer e que lá se encontram
em tal quantidade que os pegaram em poucos instantes…”.
En la espesura de la vegetación había también animales
grandes como las “(…) corcas [rumiante similar al
ciervo] e veados [ciervo] assaz semelhantes aos nossos
e que se denominan Suacu-apar…
Thevet
describe lo que caracteriza como la plácida forma de
vivir de los tupí-guaraníes y afirma “(…)
que tell lassitude luy proviene le plus
souvent de la chasse…” Enseguida explica“(…)
pour ce fault savoir, que combien qu´il ne nourrire
que bien peu d´animaux en sa maison, si prend il grand
plaisir à la venerie [correr las reses para que su
carne sea más firme], et se nourrit gaillardement de
ce qu´il prend à la chasse…”
Una
parte del libro de Leri también se refiere a la caza y
pormenoriza en el tipo de carne de los animales más
comunes. Primero advierte que “(…) os nossos
Tupinambás mui raramente alimentam-se com animaes
domésticos…”
Un
antecedente para tener en cuenta es su mención de que
el “(…) tapirussú [parecido al jabalí] (…) tem
quazi a dimensao, grosura e forma de uma vaca…”, y
completa este parecer con una información importante
“(…) a respeito da carne do
tapirussú, tem ela quazi o mesmo gosto que a do boi…”.
La cuestión es que no se
trataba solamente de comer. Se celebraban ceremonias
rituales antes y después de las marchas. Había épocas
de caza y épocas de veda.
El área de caza, el cazadero, formaba parte del
territorio correspondiente a una parcialidad. Pero en
determinadas circunstancias el mismo cazadero podía
ser compartido por otra.
Cuando
los sacerdotes jesuitas tomaron contacto con los
indios decidieron que para evangelizarlos deberían
convivir varios cacicazgos juntos. Este asentamiento
llamado reducción por el cambio de escala y,
fundamentalmente, por reducir a un lugar a los que
estaban distanciados unos de otros, integró los
cazaderos de cada macrofamilia al territorio de la
comunidad.
Desde el principio los sacerdotes intentaron que los
indios se retiraran lo menos posible del asentamiento.
Para obtener esto llevaron vacas a cada reducción.La
carne no podía faltar en la dieta indígena.
Una
carta del Padre Roque González de Santa Cruz dice:
“(…) para remedio de estos pobres habíamos subido de
la Asunción algun ganado vacuno y ovejuno y plantado
una viña..."
El
mismo sacerdote escribe al provincial en 1616:
“(…)
poniendo Vuestra Reverencia Padres en Yaguapoha, que
por ser las tierras muy buenas, de mucha caza y pesca…
Pero
al año siguiente se lamenta
“(…) en viniendo de alguna caza o pesca y al tiempo de
labrar sus chacras se juntaban todos a emborracharse
(…) y otras semejantes costumbres tenían estos indios
recién convertidos…”
De
cualquier manera, los sacerdotes continuaron con la
idea de la sustitución de la carne de la caza por la
carne y otros productos del ganado.
En
este momento ya se habla del significado de estancia
misionera.
Al respecto dice en una Anua:
“(…) dejando la Isla que ellos hacen para el ganado…”.
Una
isla era el lugar ideal para controlar espacialmente a
los animales. Es importante la noción de borde, en la
época la única delimitación utilizada era un cerro o
un arroyo. Cardiel explica: las estancias son dehesas
(pastizales).
Cuando el Padre Provincial Pedro de
Oñate dió cuenta de que se estaba efectuando el
intento de evangelizar el valle del río Uruguay se
puede decir que los contactos previos con guaraníes y
charrúas estaban dando sus resultados.
Los
parientes de los uruguayenses, los habitantes de
Encarnación de Itapua, habían llevado al Padre Roque
González para que fundara la reducción de la
Concepción. Por su parte, desde Buenos Aires un
criollo, mediante rescates enviados a los indios por
el gobernador, logró desplazándose río arriba,
contactarse con el Padre Roque González. La
consecuencia fue la fundación del pueblo de Yapeyú.
La
aldea base tenía doscientos habitantes. Por ello este
asentamiento no convencía como futura reducción ni al
Padre Romero ni al Padre González; pero el Provincial
Mastrilli Durán, compenetrado de sus posibilidades
estratégicas, tomó la decisión. El sacerdote, según lo
explicó en una carta anua, consideró que era el punto
habitado por guaraníes más cercano a los arrecifes del
río Uruguay.
El
hábitat de la aldea no era un espacio similar al de
las anteriores reducciones fundadas entre los indios
de ese tronco linguístico. La comunidad estaba formada
por guaraníes huidos de encomiendas pertenecientes a
ciudadanos de Buenos Aires y charrúas, formando
macrofamilias misturadas.
Debido a ello la comunidad mantenía relaciones
interétnicas de parentesco, de comercio e inclusive de
guerra con varias parcialidades.
Las
características de la región favorecían la simbiosis.
La tierra no era la adecuada para el cultivo teniendo
en cuenta la metodología guaranítica del rozado. No
había montes y la gente compartía con sus vecinos los
cazaderos y pescaderos.
El río
era controlado por los chandules (guaraníes de las
islas) que también estaban muy emparentados con los
charrúas. Varias de sus macrofamilias se integrarían a
la reducción.
La comunicación dependía del río. No había caminos,
salvo alguna picada, y el tránsito fluvial era la
única posibilidad de pasar de una aldea a la otra,
una necesidad fundamentalmente requerida por el
intercambio comercial que hacían los yapeyuanos. Los
misioneros consideraron el 26 de febrero de 1627 como
la fecha de inicio de la reducción.
Si
bien el Padre Romero, su Cura, afirmaba que “(…) en
teniendo bueyes [para poder arar] ha de ser una de las
reducciones más abundantes de comida de este Uruguay
por ser los campos fertilísimos…” su deseo no
podría cumplirse, la producción agrícola del pueblo
nunca evolucionaría demasiado. La Carta Anua de
1632-35 explica la problemática:
“(…) el ser sus tierras campiñas rasas y no montuosas
como todo lo demás de la provincia no le ha dejado
tener en lo temporal tan crecidos aumentos porque toda
esta nación hace sus sementeras en los montes
arrasándolos primero y no se amañan ni tienen
instrumentos para labrar los campos…”.
Entre
los sub-espacios yapeyuanos se destacó la estancia de
animales por ser un tipo de producción que, aunque
produjo transformaciones ecológicas, se hizo afín al
medio natural.
Hay
que tener en cuenta que la zona de la banda
occidental, en los estudios geográficos actuales, es
designada como el malezal.
Asimismo en el caso de la Banda Oriental había
bastante similitud con la occidental en cuanto a la
imposibilidad de desarrollar una agricultura
intensiva, por eso también hubo, en una franja lindera
con el río Uruguay, una fundamental dedicación de las
tierras a la ganadería.
Durante unos cuantos años los jesuitas insistieron en
desarrollar la agricultura pero esto no fue posible.
La situación, por un lado la falta de montes y por
otro la resistencia de los yapeyuanos, obligó a buscar
una salida económica alternativa.
En el
siglo XVII los jesuitas obtuvieron ganado que provenía
de las vaquerías ubicadas en la mesopotamia. Juan
Alonso de Vera y Zárate, hijo del Adelantado, les hizo
Merced del derecho a las vacas. En 1638 también Don
Mendo de la Cueva les hizo otra donación. La cantidad
de reses extraída fue repartida entre varios pueblos,
entre ellos el de Yapeyú.
El
pueblo no avanzaba ni en lo temporal ni en la cantidad
de habitantes, en 1641 y en 1647 tuvo una similar
cantidad. Por eso, en 1651, los jesuitas decidieron
integrar la comunidad yapeyuana con la de La Cruz.
Pero ésta unión tampoco dio buenos resultados y se
separaron en 1657.
Este
proceso significó la cesión de tierras de los
yapeyuanos a los cruceños, hecho que, posteriormente,
suscitaría varios litigios. Asimismo, produjo la
extensión de las tierras yapeyuanas hacia el sur de la
margen derecha y, por medio de una Merced del
Gobernador Blázquez de Valverde, la apropiación de
tierras en la banda oriental, entre el río Ibicuy y el
Queguay.
La
proyección hacia el sur se consustanció mediante la
fundación de una reducción de Yaros llamada San Andrés
Apostol. Era como una estancia o dehesa en la cual los
nómades se encargaban de la custodia de las reses
yapeyuanas y comenzaban a ser evangelizados, pero la
experiencia duró sólo un año.
Los yapeyuanos aprovecharon el abandono hecho por los
Yaros y ampliaron la estancia hasta el río Miriñay,
ésta se denominó San Pedro.
En la
Banda Oriental, más o menos a la misma altura de donde
estaba el pueblo, también fundaron una estancia, la de
San José.Todavía la Compañía de Jesús no estaba muy
convencida de fomentar el crecimiento de las
estancias.
Una vez que empezó la
decadencia de la Vaquería mesopotámica y se sucedieron
los litigios con las ciudades de Santa Fe y de
Corrientes se hizo evidente la existencia de la
Vaquería del Mar.
A
partir de 1673 los yapeyuanos, junto a su ubicación
estratégica, demostraron una gran habilidad para
montar a caballo y manejar las técnicas del vaqueo que
le auguraron a la comunidad un rol predominante en la
alimentación de la macro-región misionera. Una
historia
, hecha por los indios y su Cura, puede servir de
sustento para poner de relieve la consustanciación de
los yapeyuanos con la producción ganadera.
Es
sobre esta época de la cual afirma Susnik que
“(…) los guaraníes de las
reducciones jesuiticas participaban de las vaquerías
del ganado cimarrón a modo de antiguas cacerías
colectivas…”.
Si hubo alguna reducción en
la que estamos seguros que se cumplió tal aserto fue
Yapeyú. El Padre Sepp, Vice-Cura de Yapeyú, habla
elogiosamente de los vaqueros:
“(…) hace poco mi gente fue por dos días al campo, a
fin de traer vacas para el alimento cotidiano de este
año. En el plazo de dos meses habían sido reunidas y
arreadas 50.000 vacas a mi pueblo. Si yo lo hubiera
ordenado, también hubiesen sido traídas 70, 80 y aun
90.000 …”.
En
1690 el pueblo ya tenía 3 Estancias.
Pero en 1691 el
Provincial Orozco ordenó vaquear de dos en dos años.
Por eso de fines del siglo XVII se conoce únicamente
el nombre de la estancia de Santiago y de la estancia
de San José. Esta última era conocida como la “puerta
de las Vaquerías”; en 1694 estaba ubicada en la
rinconada del Cuareim, posteriormente se trasladó.
En
este año Yapeyú ya tenía 6 Estancias.Una de ellas
“(…) la poblaron en
tierra propia de los infieles, donde estuvo poblado el
Padre Hipólito Dátilo en tiempo de su misión de
infieles, en que se ve el poco miedo y recelo que
tienen de los Infieles en la vecindad de su pueblo
pues van a poblar Estancia de vacas a más de 30 leguas
en medio de los infieles, sin necesidad por querer
abrazar todo…”.
El
área correspondiente sería el primer antecedente de la
Vaquería del Río Negro.
Al respecto, con razón, Maeder dice que el sistema
misional dependía mucho de las vaquerías. Entendemos
que esto es así porque la mayoría de las reducciones y
fundamentalmente las del Paraná, no tenían una
satisfactoria producción ganadera.
El
caso de Yapeyú fue particular. La “Memoria para las
generaciones venideras”, aunque no menciona todos los
establecimientos, describe la configuración del
espacio de las estancias o espacio ganadero, el camino
de vinculación con la Vaquería del Mar, el proceso de
crecimiento y la influencia de determinadas
circunstancias históricas.
La
construcción de un puesto en cada lugar estratégico
significó la concreción de una aldea fija con una
diagramación similar, pero más reducida en escala, a
la de los centros urbanos misioneros. Ello posibilitó
una cercanía de la vivienda al lugar de trabajo lo que
redujo la dificultosa circulación y facilitó el
control de las personas circulantes, los animales y
posteriormente la implementación de diversas técnicas
de reproducción o de cuidados de diferentes tipos de
ganados. En todas las estancias o puestos donde no
había ríos o arroyos en las cercanías se realizó una
concienzuda manipulación del agua por medio de
canales, manantiales o lagunas.
Cada tanto se modificaron los espacios de la
micro-región por las crisis suscitadas por las
vaquerías y los cambios técnicos que definieron nuevas
organizaciones de los lugares integrantes del sistema
productivo.
En el
caso de las estancias de Yapeyú, situación sólo
comparable con la de las estancias de San Miguel, uno
de los determinantes de la vinculación con los flujos
fue que la producción de ganado debió ser alimentada
por vaquerías. Posteriormente se crearía una vaquería
propia de Yapeyú. La ubicación de la vaquería, así se
designaba a la captura de ganado cerril y a su
transporte a las estancias, fue el principal
determinante para la construcción de caminos desde la
estancia hacia ella.
También se hicieron caminos para comunicar a los
habitantes de la estancia con el centro organizador
del territorio que era el pueblo de Yapeyú. Allí se
repartían los bueyes para arar los campos, estos
animales cada tanto se reemplazaban por su desgaste.
Asimismo, debido a la especialización productiva de
Yapeyú, fue trascendental el transporte terrestre por
los caminos de la macro-región misionera para entregar
las reses a los otros pueblos del sistema misional.
En el
caso del comercio hacia el resto del sistema colonial,
por los caminos interregionales hechos por los mismos
indios misioneros, se transportó por tierra el ganado
que iba hacia Potosí vía Santa Fe, Tucumán y Salta,
Buenos Aires y posteriormente Montevideo. Esto exigió
una verdadera infraestructura para los viajes que se
tradujo en la construcción de las llamadas capillas,
con alojamiento y alimentación, y la resolución de
los pasos de los cuantiosos arroyos de la región
tanto en sistemas de embarcaciones como en puentes.
Por el
1700 se empezó a preparar una parte de la llamada
Vaquería del Río Negro que estaba situada en la
intersección del Río Negro con el Yí, luego se
agregaron, para extender la vaquería, las tierras
entre el Queguay y el Río Negro.A
su vez las tierras que San Luis tenía en litigio con
el Pueblo de San Miguel también fueron utilizadas para
una reserva, la llamada Vaquería de los Pinares.
El
gobernador de Buenos Aires le había pedido a los
jesuitas que sacaran la mayor cantidad posible de
ganado de la Vaquería del Mar y de las áreas
circunvecinas con el fin de dejar sin comida ni cueros
para vender a los portugueses de la Colonia del
Sacramento.
Debido
a ello en 1705 hubo una gran vaquería colectiva donde
se arriaron varios miles de vacas
“(…)
los vaqueros más expertos eran los primeros en acudir
a estas cimarronadas y así se explica que los de
Yapeyú, según el Diario, los días 22 y 23 de noviembre
de 1705 ya estuvieran llegando o por llegar al Río
Negro…”
Yapeyú
ya tenía un rol destacado en la producción de la carne
necesaria para almentar al sistema misional. El Padre
Francisco de Robles expresó en un documento:
“(…) de los 13 pueblos de esta jurisdicción del río
Paraná los más no saben qué cosa es vaquear…”.
Sin
embargo la libertad que tenían los vaqueros misioneros
preocupó a los jesuitas. Tenían mucho contacto con los
indios nómades, en muchas oportunidades se encontraban
alejados de sus familias y no asistían a las
ceremonias religiosas.
En
1714 para el pueblo de Yapeyú el Padre Provincial Luis
de la Roca ordena
“(…)
los indios se vayan recogiendo en el pueblo, se
procurará minorar el número de los que están en la
campaña e irlos con suavidad aplicando a los oficios
como los de carpintería, herería, telares…”.
Por su
parte en 1718 hubo una epidemia y ante la gran
cantidad de decesos se trajo gente del pueblo de San
Javier para integrarse con los yapeyuanos.
Los
jesuitas pensaron que los javieristas ayudarían a
guaranizar
a la comunidad; la asimilación de los nuevos
habitantes fue harto compleja. Como bien lo
describiría el Padre Cardiel sería el agregado de
“(…) dos pueblos y naciones:
yapeyuanos pamperos y xavieristas montaraces…”.
El
apelativo de “pamperos”, para los yapeyuanos,
evidentemente encajaba perfectamente para su carácter
mestizo [guaraníes y charrúas juntos desde el origen],
tanto en la acepción que se refiere a las grandes
llanuras sin vegetación arbórea como en su vinculación
semántica con la designación que tenían los indios que
“vagaban” por la Patagonia.
Aparentemente la situación, después de la integración
de los javieristas, había cambiado. Por eso, debido a
las acciones de los portugueses y por la ávida presión
de los comerciantes-hacendados de Santa Fe y de Buenos
Aires con respecto a la Vaquería del Mar, en 1721 se
firmó la llamada Concordia, se debió tomar otra
actitud. Al continuar los litigios el Provincial de
la Roca ordenó “(…) que se
ponga en la estancia grande las familias suficientes
para precaver la fuga del ganado…”.
Para
esta época el ganado vacuno atendido por los vaqueros
yapeyuanos era vendido por el Oficio de Misiones a
comerciantes de Tucumán y Potosí.
La
participación de los indios en la represión de la
sublevación de los comuneros originó una etapa crítica
para los pueblos misioneros. El tiempo que se
ausentaron los indios y las enfermedades que
contrajeron en el contacto masivo con los criollos
tuvieron como consecuencia una escasa producción
agrícola y de forma inmediata el hambre.
En
1730 los portugueses encontraron el camino en la
sierra para ingresar en la Vaquería de los Pinares y
sustrajeron una gran cantidad de reses.
La más
aguda crisis fue la de 1735 por la gran hambruna
causada por una peste que sufrieron los caballos y las
yeguas. También, se produjo una falta de lluvias que
destruyó las sementeras y la langosta y las
consiguientes secas que destruyeron el pasto y causó
mortandad de ganado vacuno.
En
1735 se conformó en las tierras de Yapeyú una gran
Estancia que tenía como objetivo el multiplico del
ganado y la formación de una reserva para todas las
reducciones. A los dos años se hizo algo similar en
las tierras de San Miguel. Las áreas de reserva de
ambos pueblos estaban en contacto con las dos
Vaquerías del Río Negro.
Desde
1735 y hasta 1739 el Oficio de Misiones debió comprar
reses especialmente para Yapeyú. Es que en un
documento de 1738 se destaca el hecho de que “(…) los
ganados, especialmente en los Pueblos del Paraná, casi
todos los años se compran…”.
La necesidad causó el quebranto del Oficio.
El
Provincial puso a un sacerdote a cargo en las
estancias de Yapeyú y de San Miguel y para las tareas
específicas de manejo del ganado implementaron la
contratación de españoles y de algunos mulatos
idóneos.
El
mulato Pablo Gori estaba a cargo del manejo de las
reses de la nueva estancia yapeyuana de San José.
El
Padre Provincial Bernardo Nusdorffer en 1744, con
respecto a esta Estancia de Yapeyú, escribió:
“(…) Nuestro Padre General Francisco Retz confirmó la
orden de mi antecesor Padre Antonio Machoni sobre que
en diez años no se saque vaca ninguna de esta estancia
[desde 1740]…”.
La
supervivencia del sistema misional se fue tornando
cada vez más crítica.En 1747 el Gobernador Francisco
Bruno de Zabala necesitaba ganado para los
montevideanos y pensó en sacárselo al pueblo de
Yapeyú.Se había configurado un mito de las riquezas de
las misiones.
Una
carta escrita por el Padre Escandón al Procurador
dice:
“(…) de los dos ríos Uruguay y Paraná tienen sus
Estancias de ganado entre los dos dichos ríos y entre
el Iberá y dichos pueblos; el cual terreno, aun cuando
todo fuera bueno (como no lo son) para estancias,
siempre fuera muy corto y estrecho para 14 o 15
estancias que hay en el (…) tan cortas tierras, así
por su cortedad como por
su calidad, no son ni nunca han sido
capaces de multiplico de ganado…”.
Cardiel afirma “(…) seis u
ocho pueblos hay que tienen las suficientes [vacas]
para poder dar a cada familia 4 o 5 libras de carne
todos los días sin disminución en su estancia…”.
De
cualquier manera es evidente que la vinculación entre
un territorio con características físicas particulares
y una comunidad interétnica tenía que aportar algo
especial a la experiencia misionera.
Entre
los estudios etnohistóricos contemporáneos Meliá/Grunberg/
Grunberg, con respecto a los pai-tavytera, destacan
que “(…) la caza es una
actividad predilecta de los jóvenes y hombres adultos
(…) es más modo de ser que actividad económica [lo
dicen por el relato al regresar, de las aventuras
pasadas]…”.
A modo de
conclusiones. El Turismo Cultural y el turismo rural
en el área de las antiguas estancias de las Misiones
Jesuíticas
La
organización espacial de las estancias significó el
respeto por la continuidad del territorio. En ningún
momento se construyeron divisiones que entorpecieran
la relación armónica del hombre con la naturaleza. A
lo sumo se materializaron con zanjas las separaciones
entre los rebaños de un pueblo y de otro.En general,
para esta función, se aprovecharon los recorridos de
los arroyos o los desniveles de las cuchillas.
El
sistema productivo no requirió de cascos de estancias.
Había rancheríos para los indios con corrales para el
manipuleo de los rebaños, huertas y capillas
semejando, en otra escala, la estructura urbana de los
pueblos.
Los campos de algodón y yerba mate en muchas ocasiones
fueron recorridos por acequias como riego
complementario.
Todo esto dejó alguna impronta en las áreas destinadas
a las tareas rurales por los pueblos. Es posible un
reconocimiento de lo realizado a través de una lectura
guiada por expertos en el tema.
La
consigna, en este caso, es recuperar las huellas.
NOTAS