EL
DERECHO A LA CIUDAD
El
espacio artiguista y los
marginales del sistema
Norberto Levinton"
space
was seen as somehow
epiphenomenal, as a
"codification" or a
"reflection" of human
intentionality or social
structure".
Derek
Gregory and John Urry
(Gregory-Urry/Comp.1994)
Introducción
Consideramos como
espacio artiguista el comprendido
por las áreas regionales
correspondientes a los
integrantes de la Liga de los
Pueblos Libres. Es decir las
actuales provincias argentinas de
Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos,
Corrientes, Misiones, una zona
fronteriza perteneciente hoy al
Brasil y en 1810 a la Banda
Oriental española y la
República Oriental del Uruguay.
La idea de este
trabajo es analizar las razones
de la participación de los
habitantes de estas áreas en el
proyecto artiguista desde la
relación espacio-sociedad. Para
ello nos remontamos al último
decenio del siglo XVIII y a los
primeros años del siglo XIX; en
esa etapa encontramos un
importante proceso de ocupación
urbana del espacio. La revisión
de lo sucedido nos permite
señalar a la lucha por la
condición ciudadana como el
sustento de la adhesión al
artiguismo y a su imposibilidad o
pérdida como la afirmación de
una importante marginalidad
social.
Es importante tener
en cuenta que la Banda Oriental,
que había sido una tierra de
indios y vaquerías, comenzó a
ser objeto de confrontación
luso-española recién a partir
de la fundación de Colonia del
Sacramento en 1680. A partir de
allí el espacio oriental es
apropiado por el estado colonial
y una elite de
comerciantes-hacendados. Por la
presión portuguesa, interesados
en el contrabando, se define la
existencia de Montevideo hacia
1730. La ubicación de la
frontera se mantuvo incierta
alrededor de 150 años.
En 1801 los
portugueses consiguieron
adelantar sus posesiones tomando
los 7 pueblos misionales ubicados
al este del río Uruguay en el
actual Río Grande do Sul.
Mediante la concesión de
sesmarías, fundamentalmente a
militares, siguieron avanzando
hasta el río Ibicuy. Según
Mariluz Urquijo "los
portugueses adelantaban
paulatinamente sus
establecimientos que parecían
imantados por el sur".
Mientras tanto los españoles
disputaban con los indios
misioneros, los charrúas y los
gauderios la posesión de las
tierras. Los
comerciantes-hacendados, desde la
apertura de los puertos en 1778,
se volcaron decididamente al
comercio de los cueros y
posteriormente a los saladeros lo
que incentivó la voraz
obtención de las áreas con
ganado cimarrón. Por ello los
incipientes latifundistas fueron
acaparando tierras que
anteriormente eran consideradas
de escaso valor. El paso
siguiente fue apoderarse de las
antiguas estancias misioneras y
para poder manejarse con total
impunidad pretendieron por todos
los medios posibles eliminar las
molestias ocasionadas por la
presencia de los indios nómades
charrúas o minuánes
Entendemos que la
desigual pugna sobre el espacio,
entre esta elite y el resto de
los habitantes, adquirió en el
período artiguista una forma
diferente. Un documento sin
firma, que encontré entre los
papeles de los Anchorena,
correspondiente al año 1815 dice
"el pueblo oprimido juraba
venganza y deseaba a
Artigas".
El apoyo misionero
al caudillo fue el primer paso
para estructurar un espacio
propio; luego vendría el éxodo
del pueblo oriental. La elección
de la ubicación de Purificación
el asentamiento
"capital" elegido por
Artigas- puede ser interpretada
como la confirmación
institucional de un territorio de
todos los que no tenían lugar
(nación) (de 1811 a 1820, desde
Artigas gobernador de Misiones
hasta el exilio). Dentro de este
espacio la posición política de
la ciudad de Montevideo se
interpreta como fluctuante y por
lo tanto como no perfectamente
integrada al espacio artiguista.
Hasta 1814 Montevideo fue
española y después tampoco se
integró a las Provincias Unidas;
los comerciantes-hacendados
locales estaban deseosos
por la condición
portuaria- de lograr la
independencia de los criterios
porteños. Es con un criterio
similar que consideramos como
parte del espacio artiguista a
los sectores de la actual
mesopotamia argentina que
pertenecieron a los llamados
pueblos misionales; en ese
momento estaban en una etapa
terminal del proceso de
marginación de sus habitantes.
En cambio interpretamos como
fluctuante la posición de las
nuevas ciudades Concepción del
Uruguay, Gualeguay y
Gualeguaychú, así como también
la de Corrientes capital.
Asimismo visualizamos como
endeble y fluctuante la
integración al espacio
artiguista de las ciudades y
campañas de las provincias de
Santa Fe y Córdoba.
De esta manera
estamos diferenciando la gente
que se integró temporariamente
al artiguismo de los que lo
acompañaron casi hasta el final.
1. La elite
y el goce de ser ciudadano.
Habitantes de la
campaña
Disipad vuestras pasadas
consternaciones, y penetrados de
que mi único interés es el de
vuestra felicidad propia, abridme
vuestros corazones para
manifestar vuestras necesidades,
seguros de que toda mi gloria de
la Suprema Autoridad que
represento, está contrahida a
hacer nacer entre vosotros los
dulces frutos de la paz, de la
abundancia y de la seguridad.
Jamás dudaré por un solo
momento de vuestra concurrencia a
tan saludables e interesantes
fines.
Dado en la casa del Gobierno de
la Ciudad de Montevideo a 24 de
julio de 1814.Nicolás Rodríguez
Peña - Manuel Moreno
(AGNA, Sala
VII, Col A.Lamas, Leg. 2671)
El sistema colonial,
vigente en Buenos Aires hasta
1810 y en Montevideo y las villas
de Entre Ríos hasta 1814, había
integrado la elite criolla a su
estructura económica y social y
fue sobrepasada por ella. Esta
elite, que supo comerciar
honradamente y no tanto, el 25 de
mayo de 1810 supo sacarse de
encima la política económica
colonial que era una traba y al
grupo de empleados de ese
gobierno colonial que no habían
sido totalmente complacientes con
sus intereses. Inmediatamente la
pretendida nueva cosmovisión no
tuvo pruritos en negociar con
fuerzas de aparente signo
opuesto, como los breves
gobiernos realistas
post-revolucionarios de Asunción
y Montevideo y hasta con los
portugueses, debido a sus
inseguridades iniciales y sus
conveniencias posteriores; con el
mismo pragmatismo hasta acordó
brevemente con el artiguismo.
La mayoría de la
elite era comerciante-hacendado;
la condición inescindible de su
condición social era habitar en
las ciudades. La ciudad era poder
y cultura, el campo sojuzgamiento
y brutalidad.
Las razones de esta
forma de organización humana
tienen un origen muy antiguo.
Según Fustel de Coulanges tres
cosas se encuentran fundadas y
sólidamente establecidas en las
sociedades griegas y romanas: la
religión doméstica, la familia
y el derecho de propiedad. La
idea de la propiedad privada
estaba implícita en la religión
por la asociación entre la
tierra de la familia y el culto a
los antepasados. La temática fue
desarrollada por Aristóteles. En
su conceptualización había un
fundamento de diferenciación de
los seres humanos. Entendida por
el filósofo como un hecho
natural esta diferenciación
esencialmente separaba a los
ciudadanos de los esclavos. Los
que no eran ciudadanos no tenían
derechos y entre otras cosas no
podían acceder a posesiones de
tierras. Estas ideas recorrieron
la cultura occidental. Desde el
griego al latín y posteriormente
subsistieron en la lengua
española. El concepto de
ciudadano viene de civicus,
que es lo relativo a la ciudad o
al ciudadano; civilis, que
es el conjunto de los ciudadanos
y civitas, que es el
derecho de ciudadanía. Pero aún
más interesantes son las
derivaciones linguísticas en el
idioma español del concepto
básico. Se lo relaciona con civil,
que quiere decir sociable, urbano
y cortés, lo que habla de una
educación; una idea similar se
expresa en civilización,
que es cultura e ilustración; civilizado,
usos y modales de gente culta y civilizar,
que es sacar del estado salvaje.
Ser ciudadano llegó a ser
inescindible de poseer cierto
nivel cultural aparte de una
sólida posición económica. Una
de las manifestaciones de esta
realidad social es mencionada por
Pivel Devoto al destacar la
imposibilidad de acceder a un
terreno en la ciudad del
Montevideo colonial. Otra
manifestación aparece en el
reglamento provisorio dado por el
congreso de las Provincias Unidas
hacia 1819; se indica la
necesidad de ser propietario para
ser ciudadano. Este punto de
vista tenía que ver con la
estructuración del proceso de
conformación de los latifundios.
La acción de los
comerciantes-hacendados como
Alzaíbar, Viana o García de
Zúñiga serviría, entre otras
cosas, para evitar el acceso a la
ciudadanía de los pretendientes
a habitar en los nuevos pueblos
fundados por las autoridades
españolas. Por la despiadada
apropiación de tierras de los
latifundistas, sustentada por la
justicia, la mayoría de estos
asentamientos no pudieron
conformar su ejido ni constituir
las tierras necesarias para las
chacras y estancias según lo
determinaban las Leyes de Indias.
Estos pobladores, sin recursos
monetarios, tendrían que
convertirse en peones, puesteros
o trabajadores clandestinos para
la matanza de ganado o el
contrabando. De esta manera los
menos sumisos o los más
intransigentes voluntariamente se
convertirían en marginados de la
sociedad.
2. Las
nuevas ciudades y las
limitaciones para ser ciudadano
En las últimas dos
décadas del siglo XVIII y al
principio del XIX el estado
colonial fundó varias ciudades
en el sur de la mesopotamia sobre
el río Uruguay, en zonas no muy
lejanas de Montevideo y en puntos
de carácter fronterizo. En la
mesopotamia el militar Tomás de
Rocamora fue encargado de iniciar
los cascos de Gualeguay (1783),
Concepción del Uruguay (1783) y
Gualeguaychú (1783). En la Banda
Oriental se crearon nuevas
poblaciones como Guadalupe
(Canelones) (1774) (trasladada),
Pando (1779) (trasladada), San
Juan Bautista (1781), (San José
(1783), Concepción (1784), Melo
(1796) y Rocha (1800). Todas
atendidas por cuenta de la Real
Hacienda. En zona fronteriza se
fundaron Belén (1800) y
Batoví(1802).
Con respecto a las
villas entrerrianas lo
significativo fue la producción
de un sórdido proceso social.
Los habitantes más antiguos de
la región no tenían títulos de
propiedad y sus cultivos se
habían realizado en terrenos
realengos. El gobierno colonial
decidió efectuar la subasta de
los mismos en Buenos Aires y los
nuevos dueños intimaron a la
gente del lugar a retirarse
utilizando hasta medios
violentos.
11 de agosto de
1782. Sucinta descripción de los
Partidos que se comprenden entre
los Paraná y el Uruguay, su
vecindario, gente para las armas
e idea general de sus
producciones y fomentos.
"
establecida
en estos partidos algunos sujetos
de facultad en Buenos
Aires
se propusieron
denunciar los (terrenos) que más
les
acomodaron
(
)
como
la denuncia y consiguiente cayó
sobre
rinconadas
(
)
las
más propias para contener
ganados mansos, y tales parajes,
por la misma comodidad, estaban
ya ocupados con vecindario aunque
no reunido, formal pero pobre,
hubo intimación, hubo
expulsiones y algunas
tropelías
(
)
ignorantes de los remates
judiciales en la capital y sin
facultad para trasladarse a ella
ni pleitear
"
Thomás de Rocamora (AGNA, Sala
IX, 35-1-5)
En los nuevos
pueblos de la Banda Oriental
también hubo problemas hasta
donde se integraron inmigrantes
europeos. Faltaban las
extensiones de tierras que
debían entregarse a los colonos
según las normativas de las
Leyes de Indias. Los colonos
españoles que se radicaron en
Pando recibieron las tierras,
cedidas por un latifundista
llamado Menezes, pero sin los
títulos de propiedad. Al tiempo
muchos abandonaron el lugar por "no
habérseles cumplido ninguna en
las referidas condiciones".
(AGNA, Sala IX, 23-6-4)
Peor fue lo sucedido
con las poblaciones de criollos,
como Víboras, Espinillos
(trasladada varas veces) o
Rosario del Colla, que tuvieron
graves disputas con los
latifundistas. Los órganos
judiciales apoyaron a estos
últimos y dejaron a las villas
sin tierras para sus chacras.
Algunos de los asentamientos no
tenían las extensiones de
tierras ni siquiera para
conformar el ejido de la planta
urbana. En el caso de Víboras su
origen había sido una reducción
de indios charrúas organizada
por un particular hacia 1731 y
con radicación espontánea de
criollos pobres. Rosario del
Colla (algo similar ocurrió con
San Juan Bautista) fue iniciada
por pobladores que se juntaron
alrededor de un campamento
militar a principios de la
década del 70.
"Conociendo
que cada día se deteriora y se
hace más manifiesta la ruina de
la Iglesia de mí cargo
no
cabe otra compostura que hacerla
de nuevo, lo que jamás se
conseguirá si el pueblo no muda
de posición, porque además de
estar situado en terrenos ajenos,
carece de agua que hace la vida
de estos vecinos incómoda ni
pueden adelantar sus casas
viviendo en unos ranchos
miserables
".
(AGNA, Sala
X, 3-1-12)
"Los
vecinos de la Villa de Nuestra
Señora del Rosario que se halla
situada en el arroyo de San
Antonio, alias el Colla
,
(
)
se han ido
muchos vecinos para otros
Partidos a causa de estar estas
tierras que siempre han sido
realengas, vecinas a la estancia
de los Padres Belermitas pero
dicha estancia dista de esta
villa tres leguas y no obstante
de no haber pasado en todas sus
mensuras la cuerda por dicha
Villa siempre nos han estado
amenazando dichos padres a fin de
que no sembraramos ni tuviesemos
ganados de ninguna especie,
alegando ser suyas dichas
tierras
; en el año de
ochenta y dos sacaron dichos
padres una orden del Exmo. Sr.
Don Joseph de Vertiz para que se
nos pegase fuego a los
ranchos
le oimos decir a
dicho Alcalde que le había
respondido dicho Sr. Virrey
agarrándose de la cabeza que no
tenía presente haber dado tal
orden
".
(AGNA, Col A. Lamas, Leg. 2634)
La formación de
pueblos fronterizos fracasó por
los avances de las fuerzas
portuguesas. De cualquier manera
la inclusión entre sus
habitantes de europeos, criollos
e indígenas tuvo un cariz
diferente. Con respecto a los
europeos las autoridades apoyaron
económicamente a estos
habitantes; en cambio los
criollos pobres y los indios
guaraníes que fueron llevados a
Belén sólo lo hicieron debido
al uso, por parte del Capitán
Pacheco, de violencia física.
Totalmente diferente fue la
metodología instrumentada por
Azara para fundar Batoví.
Repartió tierras a colonos
acomodados más extensas-
como también a indios.
"
el
citado Capitán
Pacheco
(
)
no
sólo se contrajo a admitir las
familias que voluntariamente se
le presentaron sino que también
se empeñó en alistar y llevar
con violencia otras
que
(
)
vivían
reunidas en poblaciones entre
ellas; fuí (fui por mí
desgracia) comprendido con mí
mujer y una hija
".
Antonio Videaga (AGNA, Col. A.
Lamas, Leg.2636)
3. Haber
sido ciudadano en los pueblos
misionales
"indios
su
ignorancia e incivilización no
es un delito reprensible. Ellos
deben ser consolidados más bien
de esta desgracia, pues no ignora
V.S. quien ha sido su causante y
nosotros ¿habremos de
perpetuarlas?" (Carta de
Artigas al Cabildo de Corrientes,
31 de enero de 1818).
(Cabral:114)
Hacia 1801 la
provincia de Misiones había
perdido los siete pueblos de la
Banda Oriental a manos de los
portugueses y no se avizoraba el
límite de sus avances sobre las
estancias misioneras de la Banda
Oriental. Corrientes, en pleno
crecimiento, reclamaba tierras
que hipotéticamente le
correspondían desde su
fundación en 1588 y las
autoridades eran complacientes
con los hacendados que poco a
poco se acercaban con denuncias
para conformar estancias pasando
el río Corrientes y los esteros
del Iberá pleno territorio
misionero- con proyección hacia
el río Uruguay.
En este momento el
sistema misional se había
convertido en una despiadada
explotación de los habitantes de
los pueblos. La administración
general de las misiones
(Sanginés, Espinosa o Lazcano),
apoyada en los administradores
locales, se había dedicado a
robarles a los indios en las
transacciones realizadas en
Buenos Aires. Asimismo había
actuado la estructura política.
El Gobernador Zabala radicado en
Candelaria lo había hecho
compartiendo negocios con los
comerciantes-hacendados de
Corrientes. Entre todos hicieron
desaparecer los papeles que
demostraban la propiedad
indígena de los territorios
misionales.
La expulsión de la
Compañía de Jesús ocasionó el
abandono progresivo de las
estancias misioneras ubicadas en
la Banda Oriental y en la
mesopotamia; los
comerciantes-hacendados de Buenos
Aires, Santa Fe, Corrientes y
Montevideo se dedicaron a una
intensiva apropiación del ganado
de los indios.
Los indios todavía
eran ciudadanos. Si bien de hecho
era algo nominal -no tenían
posibilidad de decidir sobre lo
que sucedía en sus propios
comunidades- hasta este momento
seguían siendo dueños de sus
tierras. Pero la situación
dentro de los pueblos era
crítica ante la falta de los
elementos básicos para la
supervivencia. Sobre todo en
Yapeyú que todavía llegaba a
4700 habitantes.
"Exmo Sr
Virrey
Señor: a consecuencia de queja
subrepticia infundada y de puro
antojo de los Naturales del
Pueblo de Yapeyú contra estas
justicias y Vecindario al Señor
Fiscal Protector arrebatados del
interés que les mina a la
entrada libre en las Estancias de
muchos Hacendados de esta ciudad
a ejercitar sus robos a que son
propensos por
naturaleza
(
)infinidad
de hacendados de esta ciudad en
territorios propios comprados con
su dinero al Real Fisco y es
puramente la solicitud de los
indios
(
)
para
robar los ganados de dichos
hacendados y saciar la escasez y
hambre que están sufriendo por
su holgazanería...".
(AGNA, Col.
A. Lamas, Leg.2636)
Un mes después le
escribe al Virrey Avilés el
Administrador de Yapeyú Don
José de Lariz:
Exmo Señor
Don José de Láriz Administrador
del Pueblo de Yapeyú de Indios
Guaraníes, como tutor y curador
de ellos, con el debido respeto a
V.E. expone que atendiendo a que
la mayor parte de los Indios que
se hallan con una regular
cantidad de ganado y caballadas
no tienen un paraje por donde
conservar sus estancias y que
otros, por el mismo motivo, no se
dedican a establecerlas, de lo
que resultan perjuicios
incalculables a dichos indios, y
siendo la obligación del
exponente el proporcionarles
todos los medios y modos de su
mejor subsistencia, desearía que
V.E. librase sus letras ordenando
al Teniente de Gobernador de
aquel Departamento que a cada
individuo de aquella comunidad le
señale una suerte de campo para
Estancia y Chacra
".
(AGNA, Col.
A. Lamas, Leg.2636)
A lo que responde el
Virrey Avilés manifestando que:
"
en
consideración a que las nuevas
providencias que tiene este
Superior Gobierno libradas a
favor de la libertad de los
naturales de los 30 pueblos de
Misiones han de ocasionar el
mayor aumento de su población
que ha sido aniquilada por el
abusivo sistema singular de
comunidad al cual han estado
sujetos despóticamente y a que
las sanas intenciones de S.
M.querían que posean los
Naturales de tierras con sobras
tanto en particular como por
comunidades
(
)
que
cada uno de los mismos 30 pueblos
tenga el dominio del territorio
que abracen sus respectivos
límites, para que según vayan
adquiriendo libertad sus
individuos, se les adjudiquen con
sobras, según expresa la ley,
las tierras que necesiten para
chacras, plantíos de caña dulce
y otras producciones y para
estancias en que puedan criar
vacas, yeguas y demás
animales
".
(AGNA, Col.
A. Lamas, Leg.2636)
Pero en 1801 el
Virrey Avilés refiere que el
Teniente Gobernador de Yapeyú le
había informado
"no tener
tierras que distribuirles [a los
indios], por las instrucciones de
algunos españoles que, con
ocasión de ser arrendatarios, o
sólo por ser poderosos, se han
posesionado, usurpando aquellos
terrenos, sin otro título que el
de la prepotencia y la
indefensión de los propios
indios".
(Memoria de
los Virreyes: 1945:509)
Para la misma época
el Capitán Pacheco, de sólidos
contactos con los
comerciantes-hacendados de
Montevideo, fundaba Belén en
pleno territorio perteneciente al
pueblo de Yapeyú. No sólo
usurpó las tierras de los indios
sino que también los utilizó
como mano de obra sin
retribución para la
conformación del asentamiento.
Son evidentes las
desinteligencias habidas entre el
Capitán Pacheco y el Virrey
Avilés. En otra misiva este
último le dice al oficial que en
su escrito
"no
especifica el paraje preciso en
que piensa formar la Villa de
Belén, conducta bien
extraña". (AGNA, Sala IX,
18-2-3)
Aún desde antes de
procurarse la liberación del
régimen de comunidad los indios
yapeyuanos ya estaban viviendo un
proceso de desurbanización. Si
por sus características un
pueblo misional durante la época
jesuítica se podía considerar
como una estructura urbano-rural,
después de la expulsión se fue
diluyendo la cuestión urbana
ante la proliferación de
pequeños asentamientos
denominados capillas. Así
perdió importancia la condición
ciudadana de los indígenas. La
enseñanza religiosa y la
instrucción básica de
alfabetización, la formación de
hombres de oficios y hasta las
actividades de teatro, danza y
música fueron un recuerdo. El
traslado de los habitantes del
pueblo misional a rancheríos
más pequeños representaba en
algunos aspectos un regreso a las
aldeas previas al contacto con
los sacerdotes y a la
correspondiente situación
social. Dice el Capitán de
Fragata Aguirre que Yapeyú, el
pueblo misional que había sido
el económicamente más dotado,
"en el día
debe considerarse extendido en
considerable número de
estancias, en que viven sus
naturales como si fueran
colonias, con sus capillas en que
jamás se celebra otro sacrificio
que el figurado de
ellos
(
)
quien se
persuadiría que Yapeyú
.(
)
fuese en el
día un pueblo el más
pobre".
(Aguirre, 1951:351)
Ni aún así. La
ambición de los hacendados no
tuvo ningún freno. Los
correntinos en 1770 sobrepasaron
el río Corrientes, en 1787 las
puntas del Curuzú-Cuatiá y en
el mismo año las del Mocoretá.
Porteños y montevideanos, a
través de los changadores, se
dedicaron a la caza del ganado
del norte de la Banda Oriental.
Uno de los pequeños
asentamientos yapeyuanos,
Paysandú, tenía una ubicación
estratégica con respecto a los
saltos del río Uruguay por estar
situado en la parte navegable del
río. Pero además era el lugar
más cercano al ganado cimarrón.
Afirma Lastarría (el secretario
del Virrey Avilés):
"Paysandú
(
)
donde se hallan establecidas más
de 60 familias de indios; las
cuales había dispuesto el
predecesor del Marqués de
Avilés se trasladasen a Yapeyú,
los falsos motivos que
consiguieron se le representasen
los españoles que aspiraban a la
violenta ocupación de aquellos
terrenos envidiables por su
situación...".
(Lastarria,
1914 (1805):64)
"
la
ciega pasión con que se ha
manejado este juez en su
comisión favoreciendo a Haedo en
todo y por todo excediéndose en
su comisión..".(Juicio
Yapeyú-Haedo)
(AGNA, Sala
IX, 39-6-1)
En 1806 gran parte
de las tierras yapeyuanas de la
Banda Oriental se consideraron
realengas o fueron vendidas a
precios irrisorios y de todas
maneras los compradores tampoco
pagaron sus deudas.
Por eso no fue
casual que, cuando se produjo el
25 de mayo de 1810, algunos de
los pueblos misionales apenas
alcanzaran en promedio alrededor
de 1000 habitantes. La mayoría
de los indios que había sido
librado del régimen de comunidad
e inclusive los que ilegalmente
habían huido todavía vivían en
regiones no muy alejadas de su
origen. Belgrano, representante
de la Primera Junta, le sacó a
Yapeyú injerencia sobre dos
capillas-pueblos: Curuzú Cuatiá
y Mandisoví, zonas ocupadas por
criollos. Asimismo cedió
"provisoriamente" a
Candelaria y otros pueblos
misionales al gobierno del
Paraguay.
5. Nunca
fueron ciudadanos: los marginales
consuetudinarios
"
toda
la Banda Oriental me sigue en
masa resueltos todos a perder mil
vidas antes que gozarlas en la
esclavitud; los indios infieles
abandonando sus tolderías
inundan la campaña
presentándome sus bravos
esfuerzos para cooperar a la
consolidación de nuestro gran
sistema
".
Artigas
(Archivo Artigas, Tomo VI, Doc.
Nº29)
En este capítulo se
analiza a todos los marginales
por excelencia. No se sentían
incluidos en ningún estado, no
pertenecían a ninguna religión
ni percibían que el cuerpo
jurídico vigente tuviera algo
que ver con ellos. Menos todavía
podían haber sido sensibilizados
por la idea de propiedad privada
o del compromiso sexual de una
mujer por vía del casamiento.
Los indios charrúas (minuanes,
guenoas, bohanes y otras
variantes del mismo tronco
lingüístico) nunca se
incorporaron al sistema colonial.
Mientras los españoles
persistieron en modificar su
forma de vida a través de los
franciscanos y de los jesuitas,
los portugueses, después de un
fallido intento a principios del
siglo XVIII, se limitaron a
establecer con ellos alianzas
temporarias de mutua
conveniencia. Los indígenas se
preocuparon esencialmente por
conservar su forma de vida. A
diferencia de los guaraníes que
aceptaron su integración a los
pueblos misionales, resignando
algunos aspectos, los charrúas
hicieron fracasar todas las
experiencias organizadas por los
misioneros. Ninguna se mantuvo
por más de dos o tres años. Es
que la sedentarización de sus
pueblos no sólo significaba
dedicarse a la agricultura o a la
cría de ganado sino también
aceptar la modificación de todas
sus costumbres y valores. Al
convertirse la toldería en un
pueblo misional deberían
terminar con los robos; estarían
ubicados por los españoles y
serían atacados y además
perderían la relación con los
gauderios o gauchos con quienes
se asociaban para ese tipo de
empresas. Por eso se podría
señalar a la toldería como un
espacio dinámico alternativo al
sistema.
"Estos
indios permiten en sus tolderías
y en todo el territorio en que se
extienden a cuantos indios
guaraníes se desertan de sus
pueblos y quieren vivir entre
ellos. Del mismo modo permiten
españoles, gauderios y
changadores".
(Doblas
1970 (1836):97)
En ese sentido el
fenómeno de la convivencia
charrúa-guaraní aparece como
una cuestión particular.
Fundamentalmente la comunidad del
pueblo de Yapeyú tuvo relaciones
de parentesco e intercambio
comercial con los nómades. De
alguna manera puede afirmarse que
los yapeyuanos respetaron la
cosmovisión espacial nómade.
Los indios misioneros
desestimaron ante los jesuitas la
posibilidad de crearse un nuevo
pueblo colonia de Yapeyú en la
Banda Oriental por considerar que
existía un derecho natural de
los nómades a la región.
Después de la expulsión de la
orden religiosa la relación con
los nómades se transformó en la
posibilidad de insertarse en un
espacio seguro fuera del sistema
colonial.
"
Joseph
Ñamandú, que hace mucho tiempo
que separado de su comunidad (San
Borja), se ha mantenido entre los
indios infieles, charrúas y
minuanes, sirviéndoles de
baqueano en las frecuentes
irrupciones, muertes y robos que
han ejecutado y ejecutan en estas
campañas
".
(AGNA, Col
A. Lamas, Leg.2636)
Los gauchos o
gauderios, definidos como vagos
por el sistema, también supieron
configurar un espacio en la Banda
Oriental ordenado en función de
leyes propias. No hacían gran
diferencia entre los españoles y
portugueses para vender sus
cueros. Parece que el origen
masivo de su presencia en la
Banda Oriental estuvo dado por la
captura y matanza del ganado
cimarrón, las deserciones de las
fuerzas militares y cualquier
tipo de problema legal. Se los
llamaba "changadores"
por vivir, entre otras cosas como
el contrabando, de changas que
hacían a comerciantes-hacendados
portugueses y españoles.
Habitaban en el campo raso en
toldos o chozas con un gran
corral en medio y un estaqueadero
con asiento de las pilas de
cueros en las costas, rincones y
lagunas cerca de los ríos Negro,
Caraguatá Yaguarí, Tacuarembó
y hasta el Batoví. Eran
descriptos por las autoridades
como "ladrones,
fascinerosos, matadores,
robadores de mujeres y
vagabundos". Sus partidas
eran étnicamente heterogéneas.
Estaban integradas por
gauchos-gauderios, indios
tapes-guaraníes,
charrúas-minuanes, pardos y
negros, además de las
combinaciones logradas por el
mestizaje. Según la situación
conviniera podían llegar a
servir al sistema como vaqueanos
o prácticos de tropa.
"
se
mataban hermanos con hermanos,
amigos con amigos ¿y porqué?
Por tan sólo cuatro chinas que
suelen robar cuatro caballos y
cuatro frioleras, que no merece
todo ello interés de un polvo de
tabaco, teniendo por suyo
solamente caballo, cuchillo y
lazo, viviendo sin temor de Dios,
ni justicia de manera que como el
campo les cría el comestible se
mantienen en el años y
años...".
(Coni,
1935:59)
Conclusiones
Según Nun "se
llamó marginales a los
asentamientos urbanos
periféricos" entre los
cuales nombra a los rancheríos;
más adelante insiste en que el
término marginal "designaba
a viviendas situadas al borde de
las ciudades y carentes de
ciertos requisitos mínimos de
habitabilidad". Desde mí
punto de vista el sentido
histórico del término tiene
justamente la acepción más
amplia sin ubicación
espacial fija- del no ciudadano y
del que está afuera del sistema.
¿Acaso no era el propio sistema
el que determinaba quien se
quedaba adentro o afuera y se
"sorprendía" de las
consecuencias?.
No por casualidad en
sólo un año Artigas ya había
logrado encolumnar hacia sus
objetivos a la mayoría de la
población marginal urbana y
rural de la Banda Oriental
hasta pequeños
hacendados-, seducido a los
indios misioneros y a los
nómades.
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