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/Urbanismo y Ciudad

     

EL DERECHO A LA CIUDAD
El espacio artiguista y los marginales del sistema
Norberto Levinton

"…space was seen as somehow epiphenomenal, as a "codification" or a "reflection" of human intentionality or social structure".
Derek Gregory and John Urry (Gregory-Urry/Comp.1994)

Introducción

Consideramos como espacio artiguista el comprendido por las áreas regionales correspondientes a los integrantes de la Liga de los Pueblos Libres. Es decir las actuales provincias argentinas de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, una zona fronteriza perteneciente hoy al Brasil y en 1810 a la Banda Oriental española y la República Oriental del Uruguay.

La idea de este trabajo es analizar las razones de la participación de los habitantes de estas áreas en el proyecto artiguista desde la relación espacio-sociedad. Para ello nos remontamos al último decenio del siglo XVIII y a los primeros años del siglo XIX; en esa etapa encontramos un importante proceso de ocupación urbana del espacio. La revisión de lo sucedido nos permite señalar a la lucha por la condición ciudadana como el sustento de la adhesión al artiguismo y a su imposibilidad o pérdida como la afirmación de una importante marginalidad social.

Es importante tener en cuenta que la Banda Oriental, que había sido una tierra de indios y vaquerías, comenzó a ser objeto de confrontación luso-española recién a partir de la fundación de Colonia del Sacramento en 1680. A partir de allí el espacio oriental es apropiado por el estado colonial y una elite de comerciantes-hacendados. Por la presión portuguesa, interesados en el contrabando, se define la existencia de Montevideo hacia 1730. La ubicación de la frontera se mantuvo incierta alrededor de 150 años.

En 1801 los portugueses consiguieron adelantar sus posesiones tomando los 7 pueblos misionales ubicados al este del río Uruguay en el actual Río Grande do Sul. Mediante la concesión de sesmarías, fundamentalmente a militares, siguieron avanzando hasta el río Ibicuy. Según Mariluz Urquijo "los portugueses adelantaban paulatinamente sus establecimientos que parecían imantados por el sur". Mientras tanto los españoles disputaban con los indios misioneros, los charrúas y los gauderios la posesión de las tierras. Los comerciantes-hacendados, desde la apertura de los puertos en 1778, se volcaron decididamente al comercio de los cueros y posteriormente a los saladeros lo que incentivó la voraz obtención de las áreas con ganado cimarrón. Por ello los incipientes latifundistas fueron acaparando tierras que anteriormente eran consideradas de escaso valor. El paso siguiente fue apoderarse de las antiguas estancias misioneras y para poder manejarse con total impunidad pretendieron por todos los medios posibles eliminar las molestias ocasionadas por la presencia de los indios nómades charrúas o minuánes

Entendemos que la desigual pugna sobre el espacio, entre esta elite y el resto de los habitantes, adquirió en el período artiguista una forma diferente. Un documento sin firma, que encontré entre los papeles de los Anchorena, correspondiente al año 1815 dice "el pueblo oprimido juraba venganza y deseaba a Artigas".

El apoyo misionero al caudillo fue el primer paso para estructurar un espacio propio; luego vendría el éxodo del pueblo oriental. La elección de la ubicación de Purificación –el asentamiento "capital" elegido por Artigas- puede ser interpretada como la confirmación institucional de un territorio de todos los que no tenían lugar (nación) (de 1811 a 1820, desde Artigas gobernador de Misiones hasta el exilio). Dentro de este espacio la posición política de la ciudad de Montevideo se interpreta como fluctuante y por lo tanto como no perfectamente integrada al espacio artiguista. Hasta 1814 Montevideo fue española y después tampoco se integró a las Provincias Unidas; los comerciantes-hacendados locales estaban deseosos –por la condición portuaria- de lograr la independencia de los criterios porteños. Es con un criterio similar que consideramos como parte del espacio artiguista a los sectores de la actual mesopotamia argentina que pertenecieron a los llamados pueblos misionales; en ese momento estaban en una etapa terminal del proceso de marginación de sus habitantes. En cambio interpretamos como fluctuante la posición de las nuevas ciudades Concepción del Uruguay, Gualeguay y Gualeguaychú, así como también la de Corrientes capital. Asimismo visualizamos como endeble y fluctuante la integración al espacio artiguista de las ciudades y campañas de las provincias de Santa Fe y Córdoba.

De esta manera estamos diferenciando la gente que se integró temporariamente al artiguismo de los que lo acompañaron casi hasta el final.

1. La elite y el goce de ser ciudadano.

Habitantes de la campaña
Disipad vuestras pasadas consternaciones, y penetrados de que mi único interés es el de vuestra felicidad propia, abridme vuestros corazones para manifestar vuestras necesidades, seguros de que toda mi gloria de la Suprema Autoridad que represento, está contrahida a hacer nacer entre vosotros los dulces frutos de la paz, de la abundancia y de la seguridad. Jamás dudaré por un solo momento de vuestra concurrencia a tan saludables e interesantes fines.

Dado en la casa del Gobierno de la Ciudad de Montevideo a 24 de julio de 1814.Nicolás Rodríguez Peña - Manuel Moreno
(AGNA, Sala VII, Col A.Lamas, Leg. 2671)

El sistema colonial, vigente en Buenos Aires hasta 1810 y en Montevideo y las villas de Entre Ríos hasta 1814, había integrado la elite criolla a su estructura económica y social y fue sobrepasada por ella. Esta elite, que supo comerciar honradamente y no tanto, el 25 de mayo de 1810 supo sacarse de encima la política económica colonial que era una traba y al grupo de empleados de ese gobierno colonial que no habían sido totalmente complacientes con sus intereses. Inmediatamente la pretendida nueva cosmovisión no tuvo pruritos en negociar con fuerzas de aparente signo opuesto, como los breves gobiernos realistas post-revolucionarios de Asunción y Montevideo y hasta con los portugueses, debido a sus inseguridades iniciales y sus conveniencias posteriores; con el mismo pragmatismo hasta acordó brevemente con el artiguismo.

La mayoría de la elite era comerciante-hacendado; la condición inescindible de su condición social era habitar en las ciudades. La ciudad era poder y cultura, el campo sojuzgamiento y brutalidad.

Las razones de esta forma de organización humana tienen un origen muy antiguo. Según Fustel de Coulanges tres cosas se encuentran fundadas y sólidamente establecidas en las sociedades griegas y romanas: la religión doméstica, la familia y el derecho de propiedad. La idea de la propiedad privada estaba implícita en la religión por la asociación entre la tierra de la familia y el culto a los antepasados. La temática fue desarrollada por Aristóteles. En su conceptualización había un fundamento de diferenciación de los seres humanos. Entendida por el filósofo como un hecho natural esta diferenciación esencialmente separaba a los ciudadanos de los esclavos. Los que no eran ciudadanos no tenían derechos y entre otras cosas no podían acceder a posesiones de tierras. Estas ideas recorrieron la cultura occidental. Desde el griego al latín y posteriormente subsistieron en la lengua española. El concepto de ciudadano viene de civicus, que es lo relativo a la ciudad o al ciudadano; civilis, que es el conjunto de los ciudadanos y civitas, que es el derecho de ciudadanía. Pero aún más interesantes son las derivaciones linguísticas en el idioma español del concepto básico. Se lo relaciona con civil, que quiere decir sociable, urbano y cortés, lo que habla de una educación; una idea similar se expresa en civilización, que es cultura e ilustración; civilizado, usos y modales de gente culta y civilizar, que es sacar del estado salvaje. Ser ciudadano llegó a ser inescindible de poseer cierto nivel cultural aparte de una sólida posición económica. Una de las manifestaciones de esta realidad social es mencionada por Pivel Devoto al destacar la imposibilidad de acceder a un terreno en la ciudad del Montevideo colonial. Otra manifestación aparece en el reglamento provisorio dado por el congreso de las Provincias Unidas hacia 1819; se indica la necesidad de ser propietario para ser ciudadano. Este punto de vista tenía que ver con la estructuración del proceso de conformación de los latifundios. La acción de los comerciantes-hacendados como Alzaíbar, Viana o García de Zúñiga serviría, entre otras cosas, para evitar el acceso a la ciudadanía de los pretendientes a habitar en los nuevos pueblos fundados por las autoridades españolas. Por la despiadada apropiación de tierras de los latifundistas, sustentada por la justicia, la mayoría de estos asentamientos no pudieron conformar su ejido ni constituir las tierras necesarias para las chacras y estancias según lo determinaban las Leyes de Indias. Estos pobladores, sin recursos monetarios, tendrían que convertirse en peones, puesteros o trabajadores clandestinos para la matanza de ganado o el contrabando. De esta manera los menos sumisos o los más intransigentes voluntariamente se convertirían en marginados de la sociedad.

2. Las nuevas ciudades y las limitaciones para ser ciudadano

En las últimas dos décadas del siglo XVIII y al principio del XIX el estado colonial fundó varias ciudades en el sur de la mesopotamia sobre el río Uruguay, en zonas no muy lejanas de Montevideo y en puntos de carácter fronterizo. En la mesopotamia el militar Tomás de Rocamora fue encargado de iniciar los cascos de Gualeguay (1783), Concepción del Uruguay (1783) y Gualeguaychú (1783). En la Banda Oriental se crearon nuevas poblaciones como Guadalupe (Canelones) (1774) (trasladada), Pando (1779) (trasladada), San Juan Bautista (1781), (San José (1783), Concepción (1784), Melo (1796) y Rocha (1800). Todas atendidas por cuenta de la Real Hacienda. En zona fronteriza se fundaron Belén (1800) y Batoví(1802).

Con respecto a las villas entrerrianas lo significativo fue la producción de un sórdido proceso social. Los habitantes más antiguos de la región no tenían títulos de propiedad y sus cultivos se habían realizado en terrenos realengos. El gobierno colonial decidió efectuar la subasta de los mismos en Buenos Aires y los nuevos dueños intimaron a la gente del lugar a retirarse utilizando hasta medios violentos.

11 de agosto de 1782. Sucinta descripción de los Partidos que se comprenden entre los Paraná y el Uruguay, su vecindario, gente para las armas e idea general de sus producciones y fomentos.

"…establecida en estos partidos algunos sujetos de facultad en Buenos Aires…se propusieron denunciar los (terrenos) que más les acomodaron…(…)…como la denuncia y consiguiente cayó sobre rinconadas…(…)…las más propias para contener ganados mansos, y tales parajes, por la misma comodidad, estaban ya ocupados con vecindario aunque no reunido, formal pero pobre, hubo intimación, hubo expulsiones y algunas tropelías…(…)… ignorantes de los remates judiciales en la capital y sin facultad para trasladarse a ella ni pleitear…"
Thomás de Rocamora (AGNA, Sala IX, 35-1-5)

En los nuevos pueblos de la Banda Oriental también hubo problemas hasta donde se integraron inmigrantes europeos. Faltaban las extensiones de tierras que debían entregarse a los colonos según las normativas de las Leyes de Indias. Los colonos españoles que se radicaron en Pando recibieron las tierras, cedidas por un latifundista llamado Menezes, pero sin los títulos de propiedad. Al tiempo muchos abandonaron el lugar por "no habérseles cumplido ninguna en las referidas condiciones".
(AGNA, Sala IX, 23-6-4)

Peor fue lo sucedido con las poblaciones de criollos, como Víboras, Espinillos (trasladada varas veces) o Rosario del Colla, que tuvieron graves disputas con los latifundistas. Los órganos judiciales apoyaron a estos últimos y dejaron a las villas sin tierras para sus chacras. Algunos de los asentamientos no tenían las extensiones de tierras ni siquiera para conformar el ejido de la planta urbana. En el caso de Víboras su origen había sido una reducción de indios charrúas organizada por un particular hacia 1731 y con radicación espontánea de criollos pobres. Rosario del Colla (algo similar ocurrió con San Juan Bautista) fue iniciada por pobladores que se juntaron alrededor de un campamento militar a principios de la década del 70.

"Conociendo que cada día se deteriora y se hace más manifiesta la ruina de la Iglesia de mí cargo…no cabe otra compostura que hacerla de nuevo, lo que jamás se conseguirá si el pueblo no muda de posición, porque además de estar situado en terrenos ajenos, carece de agua que hace la vida de estos vecinos incómoda ni pueden adelantar sus casas viviendo en unos ranchos miserables…".
(AGNA, Sala X, 3-1-12)

"Los vecinos de la Villa de Nuestra Señora del Rosario que se halla situada en el arroyo de San Antonio, alias el Colla ,…(…)…se han ido muchos vecinos para otros Partidos a causa de estar estas tierras que siempre han sido realengas, vecinas a la estancia de los Padres Belermitas pero dicha estancia dista de esta villa tres leguas y no obstante de no haber pasado en todas sus mensuras la cuerda por dicha Villa siempre nos han estado amenazando dichos padres a fin de que no sembraramos ni tuviesemos ganados de ninguna especie, alegando ser suyas dichas tierras…; en el año de ochenta y dos sacaron dichos padres una orden del Exmo. Sr. Don Joseph de Vertiz para que se nos pegase fuego a los ranchos…le oimos decir a dicho Alcalde que le había respondido dicho Sr. Virrey agarrándose de la cabeza que no tenía presente haber dado tal orden…".
(AGNA, Col A. Lamas, Leg. 2634)

La formación de pueblos fronterizos fracasó por los avances de las fuerzas portuguesas. De cualquier manera la inclusión entre sus habitantes de europeos, criollos e indígenas tuvo un cariz diferente. Con respecto a los europeos las autoridades apoyaron económicamente a estos habitantes; en cambio los criollos pobres y los indios guaraníes que fueron llevados a Belén sólo lo hicieron debido al uso, por parte del Capitán Pacheco, de violencia física. Totalmente diferente fue la metodología instrumentada por Azara para fundar Batoví. Repartió tierras a colonos acomodados –más extensas- como también a indios.

"…el citado Capitán Pacheco…(…)…no sólo se contrajo a admitir las familias que voluntariamente se le presentaron sino que también se empeñó en alistar y llevar con violencia otras que…(…)…vivían reunidas en poblaciones entre ellas; fuí (fui por mí desgracia) comprendido con mí mujer y una hija…".
Antonio Videaga (AGNA, Col. A. Lamas, Leg.2636)

3. Haber sido ciudadano en los pueblos misionales

"indios…su ignorancia e incivilización no es un delito reprensible. Ellos deben ser consolidados más bien de esta desgracia, pues no ignora V.S. quien ha sido su causante y nosotros ¿habremos de perpetuarlas?" (Carta de Artigas al Cabildo de Corrientes, 31 de enero de 1818).
(
Cabral:114)

Hacia 1801 la provincia de Misiones había perdido los siete pueblos de la Banda Oriental a manos de los portugueses y no se avizoraba el límite de sus avances sobre las estancias misioneras de la Banda Oriental. Corrientes, en pleno crecimiento, reclamaba tierras que hipotéticamente le correspondían desde su fundación en 1588 y las autoridades eran complacientes con los hacendados que poco a poco se acercaban con denuncias para conformar estancias pasando el río Corrientes y los esteros del Iberá –pleno territorio misionero- con proyección hacia el río Uruguay.

En este momento el sistema misional se había convertido en una despiadada explotación de los habitantes de los pueblos. La administración general de las misiones (Sanginés, Espinosa o Lazcano), apoyada en los administradores locales, se había dedicado a robarles a los indios en las transacciones realizadas en Buenos Aires. Asimismo había actuado la estructura política. El Gobernador Zabala radicado en Candelaria lo había hecho compartiendo negocios con los comerciantes-hacendados de Corrientes. Entre todos hicieron desaparecer los papeles que demostraban la propiedad indígena de los territorios misionales.

La expulsión de la Compañía de Jesús ocasionó el abandono progresivo de las estancias misioneras ubicadas en la Banda Oriental y en la mesopotamia; los comerciantes-hacendados de Buenos Aires, Santa Fe, Corrientes y Montevideo se dedicaron a una intensiva apropiación del ganado de los indios.

Los indios todavía eran ciudadanos. Si bien de hecho era algo nominal -no tenían posibilidad de decidir sobre lo que sucedía en sus propios comunidades- hasta este momento seguían siendo dueños de sus tierras. Pero la situación dentro de los pueblos era crítica ante la falta de los elementos básicos para la supervivencia. Sobre todo en Yapeyú que todavía llegaba a 4700 habitantes.

"Exmo Sr Virrey
Señor: a consecuencia de queja subrepticia infundada y de puro antojo de los Naturales del Pueblo de Yapeyú contra estas justicias y Vecindario al Señor Fiscal Protector arrebatados del interés que les mina a la entrada libre en las Estancias de muchos Hacendados de esta ciudad a ejercitar sus robos a que son propensos por naturaleza…(…)infinidad de hacendados de esta ciudad en territorios propios comprados con su dinero al Real Fisco y es puramente la solicitud de los indios…(…)…para robar los ganados de dichos hacendados y saciar la escasez y hambre que están sufriendo por su holgazanería...".

(
AGNA, Col. A. Lamas, Leg.2636)

Un mes después le escribe al Virrey Avilés el Administrador de Yapeyú Don José de Lariz:

Exmo Señor
Don José de Láriz Administrador del Pueblo de Yapeyú de Indios Guaraníes, como tutor y curador de ellos, con el debido respeto a V.E. expone que atendiendo a que la mayor parte de los Indios que se hallan con una regular cantidad de ganado y caballadas no tienen un paraje por donde conservar sus estancias y que otros, por el mismo motivo, no se dedican a establecerlas, de lo que resultan perjuicios incalculables a dichos indios, y siendo la obligación del exponente el proporcionarles todos los medios y modos de su mejor subsistencia, desearía que V.E. librase sus letras ordenando al Teniente de Gobernador de aquel Departamento que a cada individuo de aquella comunidad le señale una suerte de campo para Estancia y Chacra…".

(AGNA, Col. A. Lamas, Leg.2636)

A lo que responde el Virrey Avilés manifestando que:

"…en consideración a que las nuevas providencias que tiene este Superior Gobierno libradas a favor de la libertad de los naturales de los 30 pueblos de Misiones han de ocasionar el mayor aumento de su población que ha sido aniquilada por el abusivo sistema singular de comunidad al cual han estado sujetos despóticamente y a que las sanas intenciones de S. M.querían que posean los Naturales de tierras con sobras tanto en particular como por comunidades…(…)…que cada uno de los mismos 30 pueblos tenga el dominio del territorio que abracen sus respectivos límites, para que según vayan adquiriendo libertad sus individuos, se les adjudiquen con sobras, según expresa la ley, las tierras que necesiten para chacras, plantíos de caña dulce y otras producciones y para estancias en que puedan criar vacas, yeguas y demás animales…".
(AGNA, Col. A. Lamas, Leg.2636)

Pero en 1801 el Virrey Avilés refiere que el Teniente Gobernador de Yapeyú le había informado

"no tener tierras que distribuirles [a los indios], por las instrucciones de algunos españoles que, con ocasión de ser arrendatarios, o sólo por ser poderosos, se han posesionado, usurpando aquellos terrenos, sin otro título que el de la prepotencia y la indefensión de los propios indios".
(Memoria de los Virreyes: 1945:509)

Para la misma época el Capitán Pacheco, de sólidos contactos con los comerciantes-hacendados de Montevideo, fundaba Belén en pleno territorio perteneciente al pueblo de Yapeyú. No sólo usurpó las tierras de los indios sino que también los utilizó como mano de obra sin retribución para la conformación del asentamiento. Son evidentes las desinteligencias habidas entre el Capitán Pacheco y el Virrey Avilés. En otra misiva este último le dice al oficial que en su escrito

"no especifica el paraje preciso en que piensa formar la Villa de Belén, conducta bien extraña". (AGNA, Sala IX, 18-2-3)

Aún desde antes de procurarse la liberación del régimen de comunidad los indios yapeyuanos ya estaban viviendo un proceso de desurbanización. Si por sus características un pueblo misional durante la época jesuítica se podía considerar como una estructura urbano-rural, después de la expulsión se fue diluyendo la cuestión urbana ante la proliferación de pequeños asentamientos denominados capillas. Así perdió importancia la condición ciudadana de los indígenas. La enseñanza religiosa y la instrucción básica de alfabetización, la formación de hombres de oficios y hasta las actividades de teatro, danza y música fueron un recuerdo. El traslado de los habitantes del pueblo misional a rancheríos más pequeños representaba en algunos aspectos un regreso a las aldeas previas al contacto con los sacerdotes y a la correspondiente situación social. Dice el Capitán de Fragata Aguirre que Yapeyú, el pueblo misional que había sido el económicamente más dotado,

"en el día debe considerarse extendido en considerable número de estancias, en que viven sus naturales como si fueran colonias, con sus capillas en que jamás se celebra otro sacrificio que el figurado de ellos…(…)…quien se persuadiría que Yapeyú ….(…)…fuese en el día un pueblo el más pobre".
(Aguirre, 1951:351)

Ni aún así. La ambición de los hacendados no tuvo ningún freno. Los correntinos en 1770 sobrepasaron el río Corrientes, en 1787 las puntas del Curuzú-Cuatiá y en el mismo año las del Mocoretá. Porteños y montevideanos, a través de los changadores, se dedicaron a la caza del ganado del norte de la Banda Oriental. Uno de los pequeños asentamientos yapeyuanos, Paysandú, tenía una ubicación estratégica con respecto a los saltos del río Uruguay por estar situado en la parte navegable del río. Pero además era el lugar más cercano al ganado cimarrón. Afirma Lastarría (el secretario del Virrey Avilés):

"Paysandú…(…)… donde se hallan establecidas más de 60 familias de indios; las cuales había dispuesto el predecesor del Marqués de Avilés se trasladasen a Yapeyú, los falsos motivos que consiguieron se le representasen los españoles que aspiraban a la violenta ocupación de aquellos terrenos envidiables por su situación...".
(Lastarria, 1914 (1805):64)

"…la ciega pasión con que se ha manejado este juez en su comisión favoreciendo a Haedo en todo y por todo excediéndose en su comisión..".(Juicio Yapeyú-Haedo)
(AGNA, Sala IX, 39-6-1)

En 1806 gran parte de las tierras yapeyuanas de la Banda Oriental se consideraron realengas o fueron vendidas a precios irrisorios y de todas maneras los compradores tampoco pagaron sus deudas.

Por eso no fue casual que, cuando se produjo el 25 de mayo de 1810, algunos de los pueblos misionales apenas alcanzaran en promedio alrededor de 1000 habitantes. La mayoría de los indios que había sido librado del régimen de comunidad e inclusive los que ilegalmente habían huido todavía vivían en regiones no muy alejadas de su origen. Belgrano, representante de la Primera Junta, le sacó a Yapeyú injerencia sobre dos capillas-pueblos: Curuzú Cuatiá y Mandisoví, zonas ocupadas por criollos. Asimismo cedió "provisoriamente" a Candelaria y otros pueblos misionales al gobierno del Paraguay.

5. Nunca fueron ciudadanos: los marginales consuetudinarios

"…toda la Banda Oriental me sigue en masa resueltos todos a perder mil vidas antes que gozarlas en la esclavitud; los indios infieles abandonando sus tolderías inundan la campaña presentándome sus bravos esfuerzos para cooperar a la consolidación de nuestro gran sistema…".
Artigas (Archivo Artigas, Tomo VI, Doc. Nº29)

En este capítulo se analiza a todos los marginales por excelencia. No se sentían incluidos en ningún estado, no pertenecían a ninguna religión ni percibían que el cuerpo jurídico vigente tuviera algo que ver con ellos. Menos todavía podían haber sido sensibilizados por la idea de propiedad privada o del compromiso sexual de una mujer por vía del casamiento. Los indios charrúas (minuanes, guenoas, bohanes y otras variantes del mismo tronco lingüístico) nunca se incorporaron al sistema colonial. Mientras los españoles persistieron en modificar su forma de vida a través de los franciscanos y de los jesuitas, los portugueses, después de un fallido intento a principios del siglo XVIII, se limitaron a establecer con ellos alianzas temporarias de mutua conveniencia. Los indígenas se preocuparon esencialmente por conservar su forma de vida. A diferencia de los guaraníes que aceptaron su integración a los pueblos misionales, resignando algunos aspectos, los charrúas hicieron fracasar todas las experiencias organizadas por los misioneros. Ninguna se mantuvo por más de dos o tres años. Es que la sedentarización de sus pueblos no sólo significaba dedicarse a la agricultura o a la cría de ganado sino también aceptar la modificación de todas sus costumbres y valores. Al convertirse la toldería en un pueblo misional deberían terminar con los robos; estarían ubicados por los españoles y serían atacados y además perderían la relación con los gauderios o gauchos con quienes se asociaban para ese tipo de empresas. Por eso se podría señalar a la toldería como un espacio dinámico alternativo al sistema.

"Estos indios permiten en sus tolderías y en todo el territorio en que se extienden a cuantos indios guaraníes se desertan de sus pueblos y quieren vivir entre ellos. Del mismo modo permiten españoles, gauderios y changadores".
(Doblas 1970 (1836):97)

En ese sentido el fenómeno de la convivencia charrúa-guaraní aparece como una cuestión particular. Fundamentalmente la comunidad del pueblo de Yapeyú tuvo relaciones de parentesco e intercambio comercial con los nómades. De alguna manera puede afirmarse que los yapeyuanos respetaron la cosmovisión espacial nómade. Los indios misioneros desestimaron ante los jesuitas la posibilidad de crearse un nuevo pueblo colonia de Yapeyú en la Banda Oriental por considerar que existía un derecho natural de los nómades a la región. Después de la expulsión de la orden religiosa la relación con los nómades se transformó en la posibilidad de insertarse en un espacio seguro fuera del sistema colonial.

"…Joseph Ñamandú, que hace mucho tiempo que separado de su comunidad (San Borja), se ha mantenido entre los indios infieles, charrúas y minuanes, sirviéndoles de baqueano en las frecuentes irrupciones, muertes y robos que han ejecutado y ejecutan en estas campañas…".
(
AGNA, Col A. Lamas, Leg.2636)

Los gauchos o gauderios, definidos como vagos por el sistema, también supieron configurar un espacio en la Banda Oriental ordenado en función de leyes propias. No hacían gran diferencia entre los españoles y portugueses para vender sus cueros. Parece que el origen masivo de su presencia en la Banda Oriental estuvo dado por la captura y matanza del ganado cimarrón, las deserciones de las fuerzas militares y cualquier tipo de problema legal. Se los llamaba "changadores" por vivir, entre otras cosas como el contrabando, de changas que hacían a comerciantes-hacendados portugueses y españoles. Habitaban en el campo raso en toldos o chozas con un gran corral en medio y un estaqueadero con asiento de las pilas de cueros en las costas, rincones y lagunas cerca de los ríos Negro, Caraguatá Yaguarí, Tacuarembó y hasta el Batoví. Eran descriptos por las autoridades como "ladrones, fascinerosos, matadores, robadores de mujeres y vagabundos". Sus partidas eran étnicamente heterogéneas. Estaban integradas por gauchos-gauderios, indios tapes-guaraníes, charrúas-minuanes, pardos y negros, además de las combinaciones logradas por el mestizaje. Según la situación conviniera podían llegar a servir al sistema como vaqueanos o prácticos de tropa.

"…se mataban hermanos con hermanos, amigos con amigos ¿y porqué? Por tan sólo cuatro chinas que suelen robar cuatro caballos y cuatro frioleras, que no merece todo ello interés de un polvo de tabaco, teniendo por suyo solamente caballo, cuchillo y lazo, viviendo sin temor de Dios, ni justicia de manera que como el campo les cría el comestible se mantienen en el años y años...".
(Coni, 1935:59)

Conclusiones

Según Nun "se llamó marginales a los asentamientos urbanos periféricos" entre los cuales nombra a los rancheríos; más adelante insiste en que el término marginal "designaba a viviendas situadas al borde de las ciudades y carentes de ciertos requisitos mínimos de habitabilidad". Desde mí punto de vista el sentido histórico del término tiene justamente la acepción más amplia –sin ubicación espacial fija- del no ciudadano y del que está afuera del sistema. ¿Acaso no era el propio sistema el que determinaba quien se quedaba adentro o afuera y se "sorprendía" de las consecuencias?.

No por casualidad en sólo un año Artigas ya había logrado encolumnar hacia sus objetivos a la mayoría de la población marginal urbana y rural de la Banda Oriental –hasta pequeños hacendados-, seducido a los indios misioneros y a los nómades.

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