PATRIMONIO HISTÓRICO
Buenos Aires: la historia económica y la historia militar construyen la ciudad

Un espacio privilegiado para la Compañía de Jesús

 

NORBERTO LEVINTON

 

 

Plano de Buenos Aires realizado por José Bermudez en 1708. AGNA-50 o también en AGI Est. 76 Caja 3 Legajo 4. Catálogo de Torres Lanzas N°34.

 

 

El 11 de agosto de 1580 se produjo la Segunda fundación de Buenos Aires. Juan de Garay refundó la ciudad en lugar próximo adonde la había fundado Pedro de Mendoza. El lugar era un punto estratégico de tránsito para ir por mar al Brasil y por tierra al Perú, Chile y Paraguay.

Las plazas hispanoamericanas del siglo XVI, siendo ubicadas en costa de mar, se debían hacer junto al desembarcadero del puerto. Esto jamás ocurrió con la Plaza Mayor de Buenos Aires. Además las Leyes de Indias ordenaban la configuración de plazas rectangulares desde 60 por 160 metros hasta 120 por 180 metros. El trazado de un cuadro prolongado, de largo de una vez y media de su ancho, era supuestamente el ideal porque era el mejor para las fiestas a caballo. En el perímetro de la Plaza Mayor no se debían emplazar edificios públicos, civiles y religiosos sino, debajo de recovas, tiendas y casas para tratantes. Se debían haber dispuesto plazas menores frente a las cuales debería ubicarse la Iglesia Mayor, que se extendería sobre una manzana completa. Los edificios públicos se tendrían que haber ubicado entre la Plaza Mayor y el templo, cuidando de no obstruir su visualización sino de jerarquizarla.

En cambio, en el planteo de Garay la Plaza Mayor se trazó cuadrada en manzana completa y a su alrededor se situaron las sedes de las instituciones principales del distrito. Garay repartió solares de un cuarto de manzana entre los primeros pobladores. A la Iglesia Matriz también le destinaría un cuarto de manzana. La ubicaría al Norte frente a la Plaza Mayor.

Se afirma que al decidir Garay no ocupar el tramo central de la franja costera eso fue lo que impidió la construcción del templo donde debía haber sido hecho. Tenemos una idea distinta. Para nosotros hay una concepción subyacente en el diseño de la traza totalmente diferente a la estipulada por las Leyes de Indias. No se siguió el modelo establecido en la Real Provisión sobre nuevos descubrimientos y poblaciones. Un concepto urbanístico alterno que no sólo fue implementado en Buenos Aires sino también en otras ciudades hispanoamericanas.

Estas rebeldías ayudarían a que las contradicciones entre la iglesia oficial y los gobernantes locales aparecieran claramente delineadas en la traza. En 1586 el Obispo Fray Alonso Guerra, en plena controversia con los parientes del Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón por cuestiones de diezmos,   pretendería erigir la Iglesia Matriz no frente a la plaza sino junto al río, como la Corona mandaba en los asentamientos costeros. Según De Paula, como expresión de los forcejeos, una Iglesia Matriz provisoria se construiría hacia 1586 en un promontorio ubicado en zona caracterizada como reserva (entre las actuales calles Perón y Moreno). Sin embargo de esto no se halló documentación alguna. La idea del templo junto al río tenía que ver con la solidez del edificio, la iglesia-fortaleza, que podría convertirse en lugar de protección de los habitantes de la ciudad en caso de ataque. También las Casas Reales, la Casa de Cabildo y la Aduana se deberían haber construido en las proximidades del templo y el puerto. Al lado del templo debería haber existido un hospital. A esta situación anómala deberían adaptarse los jesuitas y obtendrían la adquiesencia de los gobiernos locales y los pobladores.

En mayo de 1588 el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón designó como nuevo Teniente de Gobernador en Buenos Aires a Juan de Torres Navarrete. En esta época el movimiento comercial se hacía a través del Puerto del Riachuelo yendo por la calle Real (actual Defensa) o en el desembarcadero al pie del ribazo que después ocuparía el Fuerte. El puerto, aunque supuestamente cerrado por disposición del monarca, era visitado por muchas naves que traían mercancías del Brasil, África y Europa.

En febrero de 1590 renunciaría Juan de Torres Navarrete a su cargo. En este momento, la cuestión de la organización de la Ciudad ya sobrepasaba a las autoridades para concernir a todos los ciudadanos de Buenos Aires. Habiéndose presentado el caso de la ubicación de la Iglesia Matriz a la Audiencia de Charcas  se recibiría prontamente la sentencia.  Emitida el 8 de agosto de 1591 determinaría que no se debía cerrar el tránsito del comercio hacia el río. Es decir, que se aprobaría todo lo actuado por el gobierno local con respecto al planteo alterno.

Habría nuevos cambios. El Cabildo optaría por la construcción de un fuerte en la zona que Garay había dispuesto para huertas al este de la Plaza Mayor. El lugar elegido tenía un fundamento preciso.

En cambio, en 1593 para la Iglesia Matriz se levantaría el edificio en el lugar designado por Garay frente al borde norte de la Plaza. Estaba claro que la  iglesia oficial debería asumir una posición negociadora con las autoridades locales y los ciudadanos.

En 1594 se terminaría un primer diseño para el Fuerte. En ese momento era de estrechas dimensiones y escaso poder de fuego.

La siguiente manzana hacia el oeste, en realidad la primera de la traza, pertenecía al Adelantado según el ordenamiento dispuesto por su pariente Juan de Garay. El Gobernador Fernando de Zárate donaría esta manzana al Cabildo pero sus miembros no tomarían ninguna decisión al respecto de su utilización.

Durante 1602 se sancionaría un decreto real por el cual se concedía a los porteños el derecho de comerciar mediante sus propias naves con el Brasil y las Colonias Portuguesas en África, pero no con España. La autorización era sólo por seis años. En este contexto, favorecedor del contrabando, al poco tiempo, se establecería la Compañía de Jesús en Buenos Aires.

En una Ciudad donde casi todos vivían del contrabando los jesuitas deberían tener algún tipo de compromiso.

La polémica de las vinculaciones de varios gobernadores y de la propia Compañía de Jesús con el contrabando continúa hasta el día de hoy. Lo evidente es que no hacían falta túneles para las transacciones. Todo estaba a la vista.

En 1604 el Padre Juan Romero misionaría a Buenos Aires pero no se quedaría. De cualquier manera solicitaría al Gobernador Hernandarias la autorización para fundar una Residencia de la Compañía de Jesús en la Ciudad. El 4 de mayo de 1607 el Gobernador Hernandarias escribiría al Rey sobre el tema. Durante el mes de abril de 1608 llegarían los jesuitas a la ciudad y en junio el Padre Juan Romero vendría a concretar la fundación de un Convento y Casa. El Padre Juan Romero adquiriría una finca, con la ayuda del gobernador y otras autoridades. Esto sería fundamental, como en la Ciudad de Córdoba, para el desarrollo de las instituciones educativas. Poco después se embarcaría para España y dejaría encargados a los Padres Francisco del Valle y Antonio Macero. Luego los jesuitas se apropiarían de parte de la manzana que, según las normas establecidas, podrían haber ocupado el Adelantado, el Fuerte o el Cabildo.

 ¿Por qué se les adjudicaría a los jesuitas un espacio de tanta trascendencia para la ciudad?

 El Colegio asumiría un rol político-económico inseparablemente del religioso. No sólo participaría en el contrabando, a pesar de conformar el hecho un criterio sumamente criticado por las autoridades de la Orden,  sino que intercedería ante cualquier autoridad a favor de los habitantes de la Ciudad.

Debido a la férrea actitud de la Metrópolis de impedir el comercio de las Compañías de Sevilla y Cádiz con las Colonias, priorizando a Lima,  el comercio legal-ilegal entre Buenos Aires y ciertos países permitidos y no permitidos por el Rey de España, alcanzaría  proporciones tales que resultaría sumamente difícil suprimirlo. Los propios gobernadores incluso participarían directamente en el contrabando. Sólo así puede entenderse lo que sucedió con la manzana que Juan de Garay había reservado para el Adelantado Juan Torres de Vera y Aragón. Los cabildantes reiteradamente habían pedido se les donase para edificar el Cabildo. En su momento se les había concedido lo solicitado pero no concretarían nada. El Gobernador Hernandarias reiteradamente volvería a donarles lo que ya era de ellos; lo recibirían, lo agradecerían y solicitarían se edifique allí casas para Cabildo y Cárcel. Pero el 23 de junio de 1608–esto es a cinco meses de recibirlo- el Cabildo donaría los solares de la parte Norte de la manzana a la Compañía de Jesús para que edifiquen Casa e Iglesia. La presencia de los jesuitas significaría una religiosidad alterna al Clero Oficial. Este estaba demasiado dependiente de autoridades metropolitanas que no comprendían los procesos americanos.

El hijo del Adelantado reclamaría sus derechos, pero pareciéndole bien la presencia de los jesuitas, se limitaría a edificar en la manzana ubicada al norte de la calle Rivadavia. Era la ocupada actualmente por el Banco Nación. Además, según Furlong, el propio Adelantado Don Juan de Vera y Zárate refrendaría la cesión del Cabildo a la Compañía de Jesús. Este y Doña María de Vega, mujer del General Pedro de Roxas y Quevedo, a su vez donarían a la Compañía de Jesús algunos de los solares que conformaban la otra mitad de la manzana. 

El 8 de marzo de 1609 ya estaba adelantada la obra de la Capilla  y de la Casa. Este templo tenía su fachada sobre la calle Rivadavia. En 1610 se consagraría la Iglesia a San Ignacio, al ser este beatificado por Paulo V.

Buenos Aires crecía. Pero sólo a la Compañía de Jesús se la permitiría ubicarse en una manzana tan preponderante. En 1611 se trasladaría el Hospital San Martín de Tours a  la manzana delimitada entre las calles Defensa, Balcarce, Chile y México. Posteriormente de su atención se encargarían los betlemitas.

Durante 1612,  lo menciona una carta de Diego de Torres SJ, se hizo otra capilla  dedicada a Nuestra Señora de Loreto. Las construcciones más relacionadas con el culto religioso aun no estaban terminadas. En 1613 el Rey concedería algunos recursos a la Casas de los Jesuitas (300 ducados). Pero esto no alcanzaba. Los gobernadores cederían a la Compañía la Chácara –la Chacarita- donde se produciría harina y la Estancia de Areco, donde se obtendría sebo, dos de los productos autorizados para el intercambio comercial con el Brasil. La suma otorgada por el Rey,  aunque escasa, ayudaría a traer maderas de Brasil para la construcción de una Iglesia más amplia. En 1614  y en 1616 se recibirían otros envíos de maderas del Brasil y de materiales para la Iglesia y la Casa. El Padre Francisco Gómez sería el responsable de los trabajos en los edificios.

En 1617 se conformaría la Provincia del Río de la Plata y comenzaría a funcionar el Colegio del Salvador. Tenía curso primario y secundario.

El desarrollo económico de las instituciones jesuíticas sería cada vez más ostensible. Además de las actividades non-sanctas y los productos aportados por los establecimientos de los alrededores de Buenos Aires, otra fuente serían las limosnas que venían de Chile. Por ello su Sacristía sería de las mejores de la Provincia. Durante el mismo año estaría ampliada y remodelada la Iglesia.

Mientras estuviera a cargo el Gobernador Góngora los ciudadanos de Buenos Aires mantendrían las prácticas económicas a las cuales se habían acostumbrado. También los jesuitas continuaban con sus compras y ventas, incluso de esclavos, al Brasil. Vendían harina de la estancia de Areco pero también otros productos no permitidos que venían del Alto Perú (metales) adonde los jesuitas, a su vez,  enviaban esclavos y mulas. En 1622, el primer Obispo de la Diócesis del Río de la Plata pone al cuidado de los jesuitas el Seminario Conciliar  con la condición de que pusiera en su Colegio un Maestro de Latinidad. Se previno el lugar para los seminaristas que hasta ese momento se habían alojado en la casa del Obispo o de otros clérigos. Era menester construir aulas escolares, agrandar la iglesia, cercar los predios y arreglar las puertas. El Colegio tendría una huerta con árboles frutales. 

Al fallecer el Gobernador Góngora, Don Alonso Pérez de Salazar, Oidor de la Real Audiencia de Charcas, pasó por Real comisión a establecer una Aduana Seca en Córdoba con el fin de terminar con el contrabando. Tendría su mandato hasta octubre de 1624, período durante el cual enviaría un Pesquisidor sobre el comercio ilegal en Buenos Aires. El Rector del Colegio de la Compañía de Jesús llegaría al extremo de convocar a un Juez Conservador en contra del Pesquisidor.

Seguidamente con el gobierno de Francisco de Céspedes los jesuitas alternarían fricciones y empresas comunes. La autoría de la evangelización del río Uruguay sería discutida. El Padre Roque González de Santa Cruz fundaría el pueblo de Concepción viniendo desde el Paraná. Allí se encontraría con los fundadores del Pueblo de Yapeyú que habían partido desde Buenos Aires. Uno de los que habían intervenido, Sayas, era un enviado del gobernador.

Los jesuitas de Buenos Aires se dedicarían especialmente a contactarse con los Charrúas y los Yaros.

Mientras tanto, durante el mandato de Don Pedro Esteban Dávila, se dedicó un cuarto de la Residencia para conformar una Capilla propia de los negros. En 1633 se abrió una puerta para vender medicinas de la botica

El futuro traslado de los jesuitas empezaría a pensarse desde esta época. En este año Doña Isabel de Caravajal o Carbajal, viuda de Don Gonzalo Martel de Guzmán, donaría a la Compañía gran parte de la manzana de las actuales calles Bolívar, Moreno, Perú y Alsina, donde estaba su casa. Un año más tarde sería subastada la casa que un tal Vera había edificado en la parte sur de la manzana, ya que este no había pagado a los alarifes. El bien sería adquirido por Don Pedro de Rojas y Acevedo cuya familia luego lo donaría a la Compañía de Jesús..

Es decir, que los jesuitas pudieron haberse mudado mucho antes de lo conocido. Justamente, durante 1634 ya se les advertiría a los jesuitas que no construyesen más en los terrenos colindantes con la plaza porque esta habría de convertirse en Plaza de Armas y las casas podrían estorbar el libre juego de la artillería.

En cambio, como el Colegio seguía creciendo en fieles y en sacerdotes, entonces se decidiría construir una nueva iglesia en el mismo lugar, a pesar de la, en principio,  oposición del Cabildo.

En 1642 se presentaría al Cabildo un Memorial manifestando la necesidad de tener más amplitud para dictar clases para los estudiantes y para que la población, la Ciudad de Buenos Aires estaba creciendo, pudiera asistir a los oficios en la Iglesia. Por la cortedad del sitio para edificar la dicha Iglesia y Colegio pedía en consecuencia “se le diese de la plaza de esta ciudad, por ser muy grande, el sitio que fuese menester”. En la sesión del 22 de noviembre se discutiría el tema. Se resolvería que en vez de parte de la Plaza los jesuitas recibiesen la parte restante de la manzana donde ya estaban. Los terrenos se les donarían. La puerta principal de la Iglesia daría a la imaginaria prolongación de la calle Defensa. A la derecha de la Iglesia estaría el Colegio y la Casa de los Padres y en los fondos el cementerio.

Para 1643 ya había en el Colegio ocho Padres, cinco Hermanos y un Maestro de Gramática. Se había obtenido una estancia nueva con cinco mil cabezas de ganado. El Colegio había recibido por herencia los bienes de un Hermano.

Mientras en Asunción el Obispo Cárdenas comandaba una campaña contra la Compañía de Jesús aprovechando las controversias entre los encomenderos y los misioneros,  en Buenos Aires los jesuitas continuaban manteniendo una posición privilegiada en la estructura política, social y religiosa de la ciudad. En las cuestiones asuncenas la discusión no era sólo por la condición de la libertad de los indios sino también por las diferencias que sufrían los asuncenos en la imposición de cargas fiscales al comercio de la yerba mate.

En Buenos Aires seguía creciendo la infraestructura de los jesuitas. En 1645 se efectivizaría la donación por parte de la viuda de Don Pedro Rojas y Acevedo de su parte correspondiente en la manzana limitada por las actuales calles Bolívar, Moreno, Perú y Alsina. De esta forma, un hecho histórico para Buenos Aires, la manzana, la futura Manzana de las Luces, quedaría completamente en posesión de la Compañía de Jesús.

Entretanto en 1649, al donar  Juan de Vera y Zárate dos solares ubicados entre el Fuerte y la Plaza Mayor, se completaría la posesión total de la manzana tan principal. Así la Compañía de Jesús quedaría como dueña absoluta de toda la mitad oriental  de la actual Plaza de Mayo (las actuales calles Rivadavia al norte, H. Yrigoyen al sur, Defensa al oeste y Balcarce al este).Los terrenos donde los jesuitas tenían su morada (por un lado los edificios y por el otro la huerta) estaban dividido en dos porciones iguales y cercadas, dejando en medio una callejuela estrecha que conducía de la Plaza Mayor a la Real Fortaleza para peatones y cabalgaduras. Estos terrenos tenían  plantados una cantidad de árboles frutales (17 naranjos, limoneros y una palma de dátiles). 

El Colegio no sólo recibía a los españoles y criollos sino también atendía a las Cofradías de Indios y Morenos. En 1654 “se comenzó en el colegio una escuela de primeras letras”. El Colegio, según Mögner, en 1656 tenía un activo de no menos de 19.000 pesos. Todo esto no se hubiera podido hacer sin las prestaciones del contrabando.

El 10 de junio de 1659 una Real Cédula de Felipe IV ordenaría poner la plaza en estado de defensa a fin de que pudiese resistir cualquier invasión extranjera.

Buenos Aires ya era objeto de interés de las potencias europeas. El Gobernador Mercado y Villacorta utilizaría la orden para desalojar a los jesuitas de su privilegiada ubicación.El 20 de mayo de 1661 se trató en el Cabildo el desalojo de los jesuitas. El Fuerte debía quedar exento de construcciones a su alrededor. Los edificios de los jesuitas podrían haber sido utilizados para escalar el reducto. Se determinó demoler todo lo necesario y sacar los árboles. A los jesuitas se les darían 3000 pesos para costear el traslado. El 25 de mayo los jesuitas acordarían abandonar la manzana.

La resolución del tema había tenido un fundamente exclusivamente militar. Los establecimientos de los jesuitas continuarían recibiendo el apoyo de los ciudadanos de Buenos Aires.

Para el 20 de agosto de 1662 los jesuitas ya habían realizado su traslado. La demolición y el terreno fueron cotizados en 23.631 pesos. Participaron indios de las reducciones que también colaboraron con el refuerzo de las defensas de la Ciudad.

La iglesia se siguió utilizando mientras se estuviera construyendo el nuevo edificio. Funcionó hasta  1675. Luego, por un tiempo, los edificios que quedaron sirvieron para alojamiento de soldados. El lugar quedó designado como el “Piquete de San Martín”.

 

 

Repartimiento de lotes de la traza de Buenos Aires realizado por Juan de Garay. AGNA. Colección Biblioteca Nacional, Legajo 567.

 

 

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Nota: El presente texto forma parte del libro Arquitectura de la Compañía de Jesús en Buenos Aires. La creación y el paso inclemente del tiempo, del autor, recientemente editado.
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