Le Corbusier
en Buenos Aires
En octubre de
1929 Le Corbusier dicta en Buenos
Aires un ciclo de diez
conferencias, invitado por la
Asociación Amigos del Arte.
Aquí se reproducen algunos
fragmentos de las mismas donde
reflexiona, entre otras cosas,
sobre la situación actual de la
ciudad, las consecuencias de la
expansión industrial, la
relación de la técnica con la
arquitectura y el urbanismo. El
presente texto fue publicado en
"Le Corbusier en Buenos
Aires 1929" (S.C.A. Separata
del N°107, 1979)Primera Conferencia
dictada el 3 de octubre de 1929,
en la sede Amigos del Arte
(Florida 659)
Liberarse de
todo espíritu académico
He recorrido a pie
numerosas calles de Buenos Aires
y eso representa un kilometraje
imponente, ¿no es así? He
mirado, visto y comprendido
Debo hablarles de l
esprit nouveau, a ustedes,
que están en el Nuevo Mundo.
Y bien, me pregunto si tendría
fundamento hacerlo.
Pues Buenos Aires es
un fenómeno completo. Una unidad
formidable existe aquí: un block
único, homogéneo, compacto.
Ninguna grieta. Sí: el interior
de la casa de la señora Ocampo.
Cómo entonces, osar
decirles que Buenos Aires,
capital sud del nuevo mundo,
aglomeración gigantesca de
energía insaciable, es una
ciudad que está en el error, en
la paradoja, una ciudad que no
tienen espíritu nuevo, ni
espíritu antiguo, pero simple y
únicamente, una ciudad de 1870 a
1929, donde la forma actual será
pasajera, donde la estructura es
indefendible, excusable pero
insostenible, insostenible como
todos esos inmensos barrios de
ciudades nacidos en Europa bajo
el signo de una súbita
expansión industrial de fin de
siglo XIX, en la más lamentable
confusión de fines y de medios.
Historia de esas activas ciudades
surgidas entre martillo y yunque:
Berlín, Chemnitz, Praga, Viena,
Budapest, etc., o que sufren el
empuje gigantesco del maquinismo:
Paris.
Por lo tanto aquí,
en el fondo del Estuario del Río
de la Plata, existen los
elementos fundamentales. Ellos
son tres bases eminentes del
urbanismo y de la arquitectura:
El mar y el inmenso puerto.
La vegetación magnífica del
parque de Palermo.
El cielo argentino
Pero no se los ve
por así decir, ni lo uno ni lo
otro, en el interior de la
ciudad. La ciudad está
desprovista del mar, de los
árboles y del cielo. Se descubre
también ésta otra realidad que
cuenta para una gran ciudad y que
hace augurar un destino
prodigioso:
El estuario del
río, gigantesca puerta por
donde entran las cosas del mundo
entero, la llanura que se
encuentra con el mar y sobre la
cual se puede elevar sin
tropiezos una ciudad estremecida
por lo sublime de la creación
humana.
Y esos hinterland inmensos
de la pampa, de planicies y de
montañas con ríos gigantescos,
con terrenos de cultivo, con
terrenos para la cría de
animales, con terrenos con
minerales, con yacimientos. Todo
lo que es necesario para que la
industria nazca y la arquitectura
produzca.
Se comprende que en
países que posean semejante
topografía y semejante
geografía pueda tan normalmente
surgir una ciudad que sea un
puesto de comando.
Eso que, en el
mundo entero, se ha producido al
comienzo de la época maquinista
no es más que el fruto de una
convulsión del espíritu y el
efecto de un equívoco: Yo pienso
fríamente que todo eso deberá
desaparecer.
La fuerza de donde
han surgido los monstruos,
nuestras villas llamadas
modernas, esa fuerza pujante
acrecentada por su propio
impulso, ella sabrá pronto
quitar la incoherencia, destruir
esa primer herramienta utilizada
y reemplazándola ella
introducirá el orden, ella
ahuyentará el despilfarro, ella
impondrá la eficacia, ella
producirá la belleza.
¿La ciudad?
ella es la suma de los
cataclismos locales, ella es
adición de cosas desapropiadas;
ella es un equívoco. La tristeza
pesa sobre ellas. ¡Golpeante
melancolía en los hechos! ¡Y
qué máquina admirable es el
hombre que sobre tantas ruinas,
que en tal precariedad busca con
obstinación un nuevo equilibrio!
La ciudad se ha convertido
súbitamente en gigantesca:
tranvías, trenes de los
suburbios, autobuses,
subterráneos hacen una mezcla
cotidiana frenética. Qué
desgaste de energía, qué
despilfarro, qué falta de
sentido.
He experimentado en
una vida desprovista de quietud,
en una vida de incesantes
inquietudes la enorme dicha del
"cómo" y del
"por qué".
"¿Cómo?" "¿Por
qué?"
Se me tacha hoy de
revolucionario. Les voy a
confesar que yo no he tenido más
que un maestro: el pasado; y que
una formación: el estudio del
pasado.
Todo; desde hace
tiempo; y todavía hoy: los
museos, los viajes, los
folklores. Inútil ampliarlo
¿verdad? Ustedes me habrán
comprendido. Yo he ido por todos
lados donde había obras puras
aquellas de los campesinos
o de los genios- con una pregunta
delante de mí:
"¿Cómo?", "¿Por
qué?", yo he tomado del
pasado la lección de la
historia, la razón de ser de las
cosas. Todo acontecimiento y todo
propósito son "referidos
a
". Es por eso que
permanezco sin opinión frente a
las escuelas y que hasta aquí
rechacé las cátedras de
enseñanza que me proponían.
Ubicado en la
evolución contemporánea fue
todo muy simple (¡pero con qué
obstinación, qué insistencia,
que angustiosa espera!).
"¿Cómo?" "¿Por
qué?". No se sabrá
comprender cuánto ese Cómo y
ese Por qué, expuestos con toda
simplicidad pero también con
coraje hecho asimismo con un
candor tan ingenuo como
indiscreto o insolente, aportan
una respuesta temeraria,
insólita, que se revierte,
revolucionaria. Es que las causas
del problema, la razón del
"Cómo" y del "Por
qué" son hoy
acontecimientos que trastornan
mucho más de lo que se cree.
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Conferencia dictada
el sábado 5 de octubre de 1929
Las
técnicas son las bases del
lirismo.
Ellas abren un nuevo ciclo de la
arquitectura
Señoras y señores,
comienzo por trazar la línea que
en el proceso de nuestras
percepciones, puede separar por
un lado, el dominio de las cosas
materiales, de los hechos
cotidianos, de las tendencias
razonables; y por el otro,
aquello más particularmente
reservado a las reacciones de
orden espiritual. Bajo esa
línea: lo que es; encima: lo que
sentimos.
Continuando mi
dibujo desde abajo, trazo, una,
dos, tres hiladas. Pongo algo en
cada una: en la primera:
TÉCNICAS, palabra genérica que
carece de precisión, pero que
califico sin demora con los
términos que conducen a nuestro
tema: resistencia de
material, física y química.
En la segunda hilada
escribo: SOCIOLOGÍA, y la
califico por: un nuevo plano
de casa, de ciudad para una nueva
época. El conocimiento de la
cuestión me hace percibir a lo
lejos algo así como una borrasca
inquietante. Me apresuro a
agregar: equilibrio social.
En la tercera
hilada: ECONOMÍA. Y evoco esos
hechos fatales y la hora presente
que aún no han tocado el
corazón de la arquitectura
y es porque ésta se
encuentra enferma y el país
enfermo del mal de la
arquitectura-; standardización,
industrialización, valorización;
tres fenómenos consecutivos que
rigen sin piedad la actividad
contemporánea, que ni son
crueles ni atroces, sino que por
el contrario conducen al orden, a
la perfección, a la pureza y a
la libertad.
Traspongo el límite
de las cosas materiales y paso al
dominio de las emociones. Dibujo
una pipa y su humareda. Luego un
pequeño pájaro que emprende
vuelo, y una hermosa nube rosa,
inscribo: Lirismo. Y
afirmo: lirismo-creación
individual.
Y explico: eso que
es drama; eso que es patético.
Y agrego: He ahí valores
eternos que en todos los
tiempos alimentarán la llama en
el corazón de los hombres.
La trayectoria ha
alcanzado su meta: partiendo de
elementos materiales que son el
aire del tiempo y por ende
móviles y efímeros, pero que no
dejan de ser el trampolín de su
impulso: esa trayectoria a
través de anhelos humanos ha
alcanzado los valores eternos: la
obra de arte, que es inmortal y
nos tocará a lo largo de los
siglos.
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Conferencia dictada
el 14 de octubre de 1929
Las
células: una ciudad
Un hombre: una célula
Una ciudad
contemporánea de tres millones
de habitantes, Buenos Aires, ¿es
una ciudad moderna?
Las ciudades, las
grandes ciudades del mundo se
urbanizan sin doctrina. Ya he
definido el fundamento temporal
de una doctrina (y entiendo por
ello un periodo suficiente, que
puede tener la duración de una
generación, o sea veinte años).
Saber dónde se va, porque se
sabe de dónde se viene.
El urbanismo que se
practica hoy es más bien
estético, de embellecimiento, de
jardinería. Es jugar a los
moldecitos de arena mientras la
casa está en llamas.
Reemplazo la palabra urbanismo
por el término equipamiento. Ya
he reemplazado el término
mobiliario por el de
equipamiento. Tal obstinación
demuestra que nosotros reclamamos
pura y simplemente herramientas
de trabajo pues no queremos morir
de hambre delante de los
parterres bordados del urbanismo
estético.
Señoras y señores.
¿He llegado al tema? Es inmenso.
Pero las otras conferencias
aportarán su luz. Basta con unir
las verdades adquiridas.
He escrito un libro
sobre ese tema: realicé muchos
estudios técnicos preciosos. No
puedo recomenzar aquí las
demostraciones ya realizadas.
Pero puedo resumir todo eso en
algunas ideas esenciales. Esto es
lo fundamental: El urbanismo es
una cuestión de equipamiento, de
herramientas. Quien dice
herramienta dice buen
funcionamiento, rendimiento,
eficiencia.
El urbanismo no es un asunto de
estética que se pueda
sincronizar con un asunto de
organización biológica, de
organización social, de
organización financiera.
El urbanismo
estético cuesta caro, entraña
gastos enormes, es una terrible
carga sobre los contribuyentes.
Por lo tanto es desplazado al
inconsciente, dado que no ayuda a
la vida de la ciudad. El
verdadero urbanismo encuentra en
las técnicas modernas el medio
de aportar la solución a las
crisis. Encuentra en los
problemas económicos que son la
esencia, su propia financiación.
Lo demostraré otra vez. De esa
financiación automática resulta
un beneficio financiero enorme
que permite ajustar los gastos de
los cuales depende la
tranquilidad social. Para que esa
financiación exista, surja, es
necesaria la intervención de la
autoridad suprema.(...)
Todo lo que se
desprenda de mis demostraciones
va en apoyo de la solución de
las crisis de las ciudades. El
problema bien planteado en
las células y en la
aglomeración de las células- y
el llamado de los nuevos medios
de la época maquinista, desatan
los terribles anillos del
meandro, más exactamente
atraviesan el meandro de parte a
parte y la vida puede reiniciar
su largo curso. No hay milagro.
Hay liberación, madurez, hay
fructificación.
¿Qué tienen que
hacer aquí los pensamientos
académicos o un artificioso
sentimentalismo?
El urbanismo es un
fenómeno sintético de
composición en el suelo y por
encima del suelo. Eso es lo que
ha hecho abordar soluciones, es
que se ha pensado en superficie y
no sintéticamente en extensión
y en elevación, es decir en
suelo surcado por todos los
artefactos de velocidad, y
ocupado por cubos de
construcción para llenar con
hombres en las condiciones
óptimas de salud y de alegría.
El ruido debe ser
vencido. Una saludable doctrina
del urbanismo y una doctrina de
la "máquina para
habitar" rechazan el ruido.
No imaginamos que
nuestras vidas se quieran
acostumbrar al batifondo de la
vida moderna. Por otra parte no
existe batifondo sino donde la
solución es burda (mecánica o
urbana). La tendencia de la buena
mecánica no es hacia el ruido,
el ruido es anormal, sus efectos
son desastrosos. Pronto los
millonarios ofrecerán a sus
amigos horas de silencio. A menos
que triunfe el urbanismo moderno
aportando la paz. Se encontrará
una capital que aspirará a la
gloria porque se ha convertido en
silenciosa.
De todo lo dicho,
surge que la ciudad moderna
estará cubierta de árboles. Es
una necesidad para los pulmones,
es una ternura en consideración
a nuestros corazones, es el
condimento mismo de la gran
plástica geométrica introducida
en la arquitectura contemporánea
por el hierro y el cemento
armado.
Someto esta idea a
los Ministros de Instrucción
Pública: un decreto obligará a
todos los niños de las escuelas
primarias a plantar cada uno de
ellos un árbol, en cualquier
lugar de la ciudad o fuera de
ella. Ese árbol llevará el
nombre del niño. Los gastos
serán insignificantes. Pero hay
que planificar. Y dentro de
cincuenta o sesenta años, una
acto de hermosa piedad conducirá
a esos hombres y a esas mujeres,
ya viejos, al pie de su gran
árbol que se habrá ramificado
inmensamente. Esto no es más que
una pequeña idea, al pasar, para
mostrar cómo juzgo indispensable
para nuestros cuerpos y para
nuestros corazones, la
naturaleza, de la que no
deberíamos jamás privarnos, la
naturaleza en el corazón de
nuestras ciudades inhumanas.
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