
Estela funeraria en
Grecia
Año 380 A.C.
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| LA PREGUNTA
POR LA MUERTE |
"No
sé... No sé..." Carlos Vaz
Ferreira
MAURICIO LANGON
1.
Creo que primero fue para
mí un nombre o una imagen. No creo
haberlo visto (aunque puede ser que,
alguna vez, de lejos, alguien me lo haya
señalado), más bien debo recordar una
foto (¿o una escena filmada por mi
padre?).
En todo caso recuerdo que
papá y sus compañeros, que rindieron su
"Examen de Ingreso" a la
Universidad en 1905, festejaron las Bodas
de Oro de ese evento, creo que en la
Granja Dominga. Invitaron a uno de sus
profesores, el Dr. Carlos Vaz Ferreira,
que en aquellos lejanos tiempos había
sido "Decano de Preparatorios"
y que en la fecha de la fiesta, era
"Decano de la Facultad de
Humanidades y Ciencias", ideada por
él. Recuerdo los comentarios admirativos
de mi padre, pues para ellos fue muy
importante que el viejo maestro los
acompañara.
No tengo otros recuerdos de
Vaz Ferreira en vida. Sí de los
dolorosos comentarios por su muerte el 3
de enero de 1958. El año pasado, leyendo
los "Últimos días de mi
padre", de Matilde Vaz Ferreira de
Durruty, me enteré que sus últimas
palabras fueron: "No sé... No
sé..."
2.
Dicen que las últimas
palabras de un sabio son su mensaje
definitivo para el futuro; el fin de su
obra, su terminación, su culminación.
Así, por ejemplo, durante milenios los
filósofos trataron de explicar qué
quiso decir Sócrates con sus últimas
palabras: "Critón, debemos un gallo
a Esculapio; págalo, no lo olvides"
(Platón: Fedón, 118).
Stéphane Douailler,
filósofo francés que el año pasado
visitó esta casa, critica esa visión
que supone que enseñar filosofía
consiste en transmitir fielmente el saber
acabado de un maestro, conservarlo con
naftalina del ataque de las polillas,
protegerlo denodadamente del polvo, los
ratones, los ladrones y los dragones...
Tratando de mantener vivo algo muerto,
sólo se logran momias que, a su vez,
momifican el futuro.
Douailler llama la atención
sobre la actitud de Platón ante la
ejecución de Sócrates: no asistió,
estaba enfermo. Mucho más tarde, escribe
en el Fedón una explicación y un
proyecto. Lo importante no es la
repetición de la palabra del maestro. Lo
importante está en la conmoción
que el maestro es capaz de provocar en el
discípulo; en la capacidad de despertar
un asombro -a la vez maravilloso y
terrible, a la vez doloroso y gozoso- que
lo mueve a filosofar, que,
al problematizarlo, pone en
movimiento el "espíritu"
del alumno, su capacidad de enfrentar por
sí mismo las dificultades, de pensar
radicalmente. Así Platón, discípulo
que está tan afectado que no puede
acompañar a Sócrates en sus últimos
momentos, prefiere desarrollar otro
modo de fidelidad que el de la mera
repetición. Prefiere organizar su
filosofar en torno a la reflexión sobre
aquellas cosas que le conmovieron en la
vida y la enseñanza del maestro.
Por ejemplo, sobre la
paradoja del tirano injusto y dichoso y
del sabio justo condenado a muerte.
Pareciera que el primero vive y que el
segundo muere, que el primero es feliz y
el segundo desgraciado, que el primero
triunfa y el segundo pierde. Pero
Sócrates gana en la historia futura que
obliga a todas las generaciones a
discutir la cuestión, a cada tirano a
sentirse débil en la defensa de su
soberbia, ante tribunales cada vez más
exigentes y numerosos. En todo caso,
Sócrates y Platón "se
reencarnan" en nosotros, en la
discusión filosófica del problema en
"actualidades" que les eran
futuras e inimaginables.
Es la muerte injusta de
Sócrates que mueve a pensar y volver a
pensar la injusticia y a rechazarla y a
actuar contra ella, no sus últimas y
oraculares palabras. Es oráculo de
Delfos, diciendo que el joven Sócrates
era el más sabio de los hombres, lo que
movió el filosofar socrático. Su
conclusión confirmatoria, la
verificación del docto saber del
"Sólo sé que no sé nada",
que funciona como cierre de un ciclo, es
sin embargo oráculo problemático que
mueve a pensar a otros.
3.
Es distinta la ignorancia
socrática de la vazferreiriana.
"A las dos menos veinte
oí algo como un fuerte sollozo largo,
otra gemido débil y corto. Al acudir
inquieta e interrogarlo sobre lo que
ocurría con un alarmado '¿Qué te
pasa?' sólo me respondió con un 'No
sé... no sé...' tranquilo, sin angustia
ni tragedia, algo perdido en lo ignoto
que no me dejó saber si era un sueño
que terminaba o la muerte que comenzaba.
Llegó a encencer la luz, pero en su
desesperado esfuerzo volvó un recipiente
de vidrio cuyo contenido se derramó por
el suelo. Con su mirada consternada
contemplaba, él, tan limpio, tan
ordenado, con desolación, el líquido
vertido al tropezar en la oscuridad y el
frasco roto en el piso". (Vaz
Ferreira de Durruty, Matilde: Recuerdos
de mi padre. Los últimos días de mi
padre. Montevideo, Monteverde, 1981,
p.43)
Vaz Ferreira manifestaba en
su "No sé... No sé..." un
"no saber" referido a una
pregunta precisa y concreta: no sabía
qué le estaba pasando. Y no dejaba saber
a quien lo interrogaba si era un sueño o
si era la muerte. Ante el pequeño
desorden que provocaron sus movimientos,
experimentaba un último asombro.
La muerte, el último origen
del filosofar. El último no sé,
enfáticamente duplicado, "no sé...
no sé" : no sé qué me pasa,
no sé qué me espera. La última docta
ignorancia; la última aseveración
rotunda, la última negación del
filósofo que pedía enseñar a dudar,
enseñar a vacilar, enseñar a ignorar.
La última ignorancia es la
primera. El "no sé... no sé"
con que se cierra la vida de Vaz
Ferreira, es la apertura a vidas futuras,
es su enseñanza, la dirección a
que apunta toda su obra.
4.
Vaz Ferreira está antes y
después que Sócrates. No concluye
en un saber que no sabe, culmina
en un mero no saber, al margen de
toda sabiduría; en un no saber a
secas, en un no saber absoluto,
sin relación con cualquier
saber. En esa ignorancia total,
nos deja Vaz Ferreira en el no saber de
todo saber; en el origen de todo.
Nos deja, al término de los sueños y al
comienzo de la muerte, en el principio de
la vida. Nos deja en el inicio desnudo de
la vida de cada filósofo, de cada
hombre, en el no saber del moribundo que
al afirmar su ignorancia genera un futuro
que sabe para otros, en el no saber del
recién nacido, con toda la vida por
delante; en el no saber de cada uno de
ustedes -jóvenes ignorantes- que están
naciendo a la libertad, al incierto
camino propio, a la vida desprotegida, a
la intemperie, expuesta a todos los
riesgos y abierta a todas las
potencialidades. Vaz Ferreira, ante su
muerte inminente; yo, ante los últimos
años de mi vida, cada uno de ustedes,
ante la vida que les espera. Todos, ante
lo ignoto y lo incomprensible, ante lo
terrible y lo maravilloso, con miedo y
con esperanza, con angustia y con
entusiasmo, compartiendo la com-pasión
común de la vida y de la muerte con un
"No sé... no sé..."
17/10/02 y
28/10/02
Que si supiera, entonces
sí, estaría definitivamente muerto.
MAURICIO LANGON
CUÑARRO nació en Montevideo.
Profesor de Filosofía, egresado del
Instituto de Profesores
"Artigas", (1969). Trabajó
especialmente en "Filosofía
Latinoamericana", "Historia
de las Ideas", "Filosofía
de la Educación" y
"Didáctica de la
Filosofía", siendo profesor en
las Universidades de la República
(Uruguay), de Morón y del Salvador
(Argentina) y en el Instituto de
Profesores "Artigas".
Profesor de Filosofía en Educación
Secundaria desde 1968. Desde 1992
Inspector de Filosofía de Educación
Secundaria. Publicó numerosos
artículos y algunos libros y
realizó investigaciones sobre
pensamiento indígena y pensamiento
español actuales. Participó en
numerosos congresos, jornadas, etc.
en Argentina, Brasil, Chile, España,
Francia, Islandia, Paraguay y
Uruguay. Presidente de la Asociación
Filosófica del Uruguay. Cofundador
del Corredor de las Ideas. Integrante
del GERM (Groupe de recherches et
investigations sur les
mondialisations) forma parte de su
grupo de trabajo con la UNESCO sobre
Diversidad Cultural. Forma parte de
comisiones de varias revistas
internacionales. Es coorganizador de
las Olimpíadas de Filosofía a nivel
nacional y rioplatense. Coordina el
Diploma de profundización en
Educación Filosófica de la AFU.
Realizó, entre otros, estudios de
Filosofía en la Universidad del
Salvador (Área San Miguel),
Argentina; y de Educación a
Distancia en la UNED en Madrid.
El presente texto
fue enviado por su autor para la
publicación en Contratiempo.
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