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/ Arte y Arquitectura

     


Visión de la Modernidad
HEINRICH KLOTZ
El presente texto fue publicado en la Colección Summarios / Biblioteca Sintética de Arquitectura – Año 9 Nº 107, Noviembre de 1986

La autocomprensión de la Modernidad
Pues, ¿cuál era el concepto común para las diversas tendencias de lo Moderno, y cuál programática las unía? Cuando Walter Gropius, en 1938, en ocasión de hacerse cargo de la función de decano de la Facultad de Arquitectura en Harvard, hizo vaciar la biblioteca de la Facultad sacando todos los escritos de la arquitectura histórica. Esto no fue solamente una medida didáctica frente a los estudiantes que no deberían ser influidos por los modelos de la historia, también fue un acto simbólico. Con ello debería aclararse en forma demostrativa que la nueva arquitectura debería ser realmente nueva. La mirada retrospectiva hacia lo ya construido hubiera impedido esta novedad. La meta era una ausencia radical de toda estética establecida. La arquitectura ya no debería ser el arte de construir sino un Construir Nuevo. Esta anhelada ruptura radical de toda tradición colocó al arquitecto en el rol de un creador prometeico. Así llegó a su fin la historia de la época moderna que, a través de todas sus fases de estilos, siempre había revalidado modelos históricos, tanto antiguos como medievales.

La ruptura con todo lo anterior era tan radical que desde entonces el concepto de "tradición occidental" se ha vuelto dudoso. La vanguardia de lo Moderno tal vez solo puede ser comparada con aquella innovación de los siglos VI y V en Grecia, cuando se creó el paradigma clásico, al cual se referirá en lo sucesivo siempre la totalidad de la historia europea, desde Roma y el Renacimiento Carolingio. Este paradigma perdió ahora validez. Ni siquiera las creaciones nuevas, aparentemente independientes, como el Gótico o el Rococó habían cortado el hilo que les unía a estos orígenes. Solo la comparación con los comienzos de la arquitectura y el arte griegos puede poner en claro el alcance de la innovación que trajo consigo la vanguardia de comienzos de siglo. Solo tal comparación permite estimar lo que aún puede esperarse de lo Moderno a través de todas las revisiones: un proyecto irreversible en sus normas cuya validez –ya histórica- sirve de medida para todo lo demás. Vanguardia quiso decir, por lo tanto, no conseguir la forma de un edificio mediante ejemplos preestablecidos, sino definir nuevamente desde la base lo que es un edificio y qué aspecto debería tener su forma: "lo Moderno no puede ni quiere recibir sus normas orientadoras de modelos de otras épocas, por lo contrario, debe crear su normatividad a partir de sí mismo". Este principio básico vale tanto para Gropius como para Le Corbusier, para los arquitectos del De Stijl holandés como para los futuristas italianos o para los constructivistas rusos de los años 20. Mientras tanto, la necesidad de la autofundamentación tiene como consecuencia que la nueva norma por establecer puede ser buscada aquí o allá, es decir, dentro de muy diversas referencias o relaciones. La unidad de estilo de épocas pasadas está puesta en duda ya desde el comienzo; el pluralismo de las teorías normativas es la característica de lo Moderno ya desde el principio. "Lo Moderno se ve dependiente de sí mismo, sin posibilidad de escapar. Esto explica la irritabilidad de su autocomprensión, la dinámica de las tentativas de verificarse a sí mismo que prosiguen sin pausa hasta nuestros días". Finalmente, esto explica también los ensayos de Hitchcock, Johnson y Giedion de dar a lo Moderno con posterioridad un aspecto uniforme, de quitarle la irritación del pluralismo y de encontrar la fijación normativa precisamente frente a tendencias muy diversas, en el International Style; es decir, de tratar nuevamente de acudir a la unidad de estilo y de establecerla a través de una simplificación de la verdadera complejidad de lo Moderno. El peligro más grande de lo Moderno yace en tales tendencias de simplificación que llegaron hasta el Funcionalismo "económico" de posguerra, que fue su simplificación más extrema.

Las normas nuevas

Como el ejemplo histórico del estilo ya no debería tener validez, y como se consideraba la mayor traición a la fundamentación en sí mismo de lo Moderno seguir el ejemplo histórico, sólo podía servir el paradigma ahistórico, por ejemplo, la geometría o la naturaleza.

La purificación de la arquitectura de todo lastre histórico redujo el edificar a sus comienzos primitivos, a los cuerpos primarios. Las "formas puras bajo la luz" (Le Corbusier) eran la estereometría del ángulo recto, del cubo y del cono. No fueron "estilo y ornamento", ni fue por lo tanto tampoco el enmascaramiento de estas formas mediante un revestimiento representativo, ni la aglomeración compleja de cuerpos que aún eran válidos en el Neobarroco y en el Jugendstil. Simplificación quería decir volver a los comienzos, no un retroceso a la historia sino hasta antes de toda historia, hacia lo que, según la imaginación, fueron los primeros comienzos de la arquitectura, hacia los puros cuerpos desnudos de la geometría. Lo que se colocó en la base no fue el elemento de la técnica, como Le Corbusier simulaba con su expresión de la casa como máquina para habitar, sino la ontología de las formas simples y primitivas. Con eso la "Modernidad Blanca" había encontrado su programa, el Bauhaus y Le Corbusier le habían puesto normas nuevas. Solo que no fue la única norma valedera, aun si se colocaba en primer plano, delante de todas las otras. La exigencia opuesta de Theo van Doesburg (Hacia una arquitectura plástica, 1924), de no tomar como punto de partida los cuerpos primarios, sino partir desde los planos que constituyen los cuerpos, creyendo así calar más hondo, tenía como consecuencia una arquitectura diferente. Aunque el movimiento De Stijl quedó estrechamente emparentado con el Bauhaus, de hecho realizó la descomposición de los cuerpos arquitectónicos en planos (por ejemplo, la casa Schroeder de Rietvald en Utrecht), con lo que creó una variante del elementarismo de la vanguardia. En este punto ya se inicia el pluralismo, a pesar de todo parentesco.

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