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NOTA DE TAPA N° 55 - JULIO 2008
Días extraños

Estamos viviendo tiempos nuevos. En algún momento, esa superficie sobre la que desplegamos los fragmentos de la realidad para hacerlos interactuar, darles una forma, un sentido, se transformó, y transformó el lenguaje, los espacios, las maneras de habitar; surgieron nuevos sujetos y nuevas coordenadas, nuevas relaciones y nuevos enfrentamientos. En situaciones de conflicto, como el que vive la Argentina desde hace más de tres meses, el cambio de época, porque de eso estamos hablando, ocupa veladamente el centro de la escena. El desconcierto de ciertos sectores ante conductas masivas supuestamente inexplicables (las clases medias defendiendo al campo, por ejemplo) está dando cuenta de este desfasaje. El hombre de ciudad habita un espacio que está en estrecha relación con otras formas de urbanidad repartidas por el planeta y aspira a ratificarse en esa posesión. Está empapado de alteridades y diferencias, e intenta convivir con ellas. Así, por ejemplo, ya no visualiza en el campo y en sus intereses un potencial peligro sino una relación diferente a la suya con respecto a la apropiación del suelo y a sus modos de convivencia. La hostilidad, el resentimiento y la confrontación dan paso a la conciliación, en tanto reserva su capacidad de oposición y de condena hacia todo aquello que lo ponga en riesgo como ciudadano. Prioriza, como siempre lo hizo la clase media, la educación y la cultura, pero ahora desde otra perspectiva. Es consciente que solo el acceso al conocimiento lo hará autosuficiente (y, eventualmente, libre) y a la vez sabe que esa conciencia ya no podrá buscarla en teorías envejecidas sino en la práctica diaria. Que deberá ejercerla para no quedar atrapado, nuevamente, en telarañas discursivas que no lo tengan en su centro. Esta certeza surge de su propio origen inestable: hoy puede habitar un departamento en un barrio de clase media, una casa en un barrio privado, mañana ser un extranjero. Este nomadismo lo obliga a aferrarse solo a lo que considera universal: el valor de la vida, la libertad de expresión y la resistencia frente a un mundo cambiante. No hay en esto, sin embargo, un exceso de individualismo, un pragmatismo a ultranza, sino una forma diferente de entender el sentido de la comunidad. Un espacio heterogéneo, con múltiples actores e intereses también variables donde el enemigo está visualizado en el que cercena, limita, sustrae. Por eso, y volviendo al conflicto rural, la imagen de De Ängeli arrastrado por el suelo y encarcelado, tuvo para el habitante de la ciudad una carga simbólica muy diferente que para el del campo. Para los chacareros, reprimían a su líder, al que había puesto el cuerpo por ellos. Para el ciudadano, la certeza de que él podía estar allí, en un puesto intercambiable (un pensamiento radicalmente opuesto de aquéllo de “algo habrán hecho” de tiempos de la dictadura). Esto también se ve en todos los movimientos surgidos alrededor de una catástrofe o de una reivindicación. Cuando se acercan a un límite, los hechos adquieren mayor fuerza que cualquier legislación vigente. Y, muchas veces, se confunden con la idea del golpe, porque cada una de estas manifestaciones (sean los ruralistas, los caceroleros, los padres de Cromagnón) aspiran a un cambio de rumbo, representan una afirmación de que si el sistema permitió ésto (generalmente una injusticia), el sistema no sirve. Si todo un vasto sector del campo argentino se queda paralizado, si los pueblos empiezan a pasarla muy mal, algo no está funcionando, más allá de los votos obtenidos en una elección. Hay algo que permanece en sombras, algo que se escapa de la lógica y también de los discursos. Pero a diferencia de la masacre de Cromagnon, al no haber muertos que lamentar, lo que no sirve es un esquema, no un gobierno. La muerte es el límite, es el no retorno. No comprender que la sociedad está pensando en otra forma, que está intentando crear nuevas formas de convivencia, dentro de su propia fragmentación, con aciertos y errores, limitando de alguna manera los poderes delegados a sus elegidos, es el primer paso para terminar hablando solo. La realidad pasó a convertirse en el laboratorio donde se ensaya la vida. Un laboratorio que está combinando y transformando, a fuerza de reclamos, los conceptos de Ley, de Nación y hasta de Democracia.
Buenos Aires, 4 de julio de 2008

 

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