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Cao había nacido en Santa María de
Cervo, provincia de Lugo, un 13 de diciembre de
1862, y sus brillantes cualidades como dibujante
surgieron en él de pequeño, cuando trabajaba
con su padre en la fábrica de porcelana de
Sargadelos, donde se desempeñó hasta el cierre
de la misma en 1877. Luego
trabajó en Gijón como decorador y pintor en una
fábrica de loza, donde tuvo la oportunidad de
conocer al escultor gallego José María López
Rodríguez, de quien aprendió nuevas técnicas.
Su
tarea prosiguió en la misma línea de trabajo,
hasta que un día decidió emigrar a Buenos
Aires.
Ya
instalado, comenzó a ganarse la vida realizando
caricaturas a las personas que transitaban por la
Av. Paseo Colón. De ese modo se iba forjando un
destino con ansias de prosperar, y fue así como
comenzó a colaborar en distintos medios
gráficos. Revistas como "Sudamericano"
y "Don Quijote" se engalanaban con sus
destacados retratos.
Esta
última, una publicación que satirizaba a los
políticos de la época, contó durante muchos
años con dos notables dibujantes, su fundador y
director, Eduardo Sojo, conocido caricaturista
político español quien firmaba sus dibujos con
el seudónimo de Demócrito, y Manuel Mayol, que
utilizaba el apodo de Heráclito.
Sojo,
conociendo las brillantes aptitudes de Cao lo
contrató para su revista, hecho que marcó un
hito en la historia de la caricatura
latinoamericana. Justamente en 1891 Cao
substituyó a aquel como director y dibujante en
"Don Quijote", con el seudónimo de
Demócrito II.
En
1894 fundó "El Cid Campeador", y un
año más tarde, al cierre de éste, asumió como
director artístico de "La Bomba",
revista en la cual publicó "caricaturas
sangrientas" contra Estados Unidos a raíz
de su intervención "en la guerra
separatista de Cuba contra España".
Dirigió
además la sección artística del diario
"La Nación"; colaboró en la
"Revista Popular" y a sus caricaturas
se debió el gran éxito de la famosa
publicación "Fray Mocho".
Pero
su principal tarea Cao la desarrolló en aquella
popular revista llamada "Caras y
Caretas"
Alberto Vilanova Rodríguez,
en su libro "Los gallegos en la
Argentina" menciona, con respecto a esta
etapa de la vida de Cao, que "no hubo
acontecimiento político o personaje de la hora,
que no tuviese en las caricaturas, y lo que es
más curioso, en los versos con que al pie de las
caricaturas matizaba maravillosamente, el
difícil arte de la sátira o del
humorismo
".
La
revista "Caras y Caretas" en un
artículo de Soiza Reilly que daba cuenta del
fallecimiento del dibujante, decía que
"
más que artista, era un psicólogo
profundo. Era un conocedor, un calador, un
analista de los hombres
Muchas de sus
caricaturas eran autopsias. Lástima que las
generaciones presentes no puedan saborear esas
páginas, porque habiendo desaparecido los
políticos que las inspiraron, no es fácil medir
toda la intención, toda la gracia, toda la
picardía que Cao derramó en ellas
"

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