SANTA FE /
MAYO 2003
La
otra inundación
Álvaro Costa
Si alguien dijera
que era necesario que nos
inundemos (1) para que
los meandros de la solidaridad empezaran
a enderezarse (2),
alguien le podría reprochar un caudaloso
nivel de perfidia. Sin embargo, ya lo han
dicho los filósofos: es en las
situaciones-límite cuando se definen las
mejores o las más deleznables
capacidades del ser humano. Me tocó
trabajar en un Centro de Evacuados (3)
no en el único- en el que el
Coordinador de los Voluntarios era una
especie de hiperkinético, de precisión,
no obstante, incuestionable: allí donde
había una necesidad, estaba Emiliano,
receptando, satisfaciendo, midiendo la
adversidad,.... resistiendo. Convivía o
convive con pares estrambóticos (como
él a su vez): una reciente egresada del
"Hnas. Adoratrices" que fregaba
como en la canción de la Walsh; la nieta
de un fiscal que, en su tiempo, maltrató
considerablemente a Menem, nieta que es
al mismo tiempo la hija de un
catedrático universitario, especie de
chica bien que no soportó el
"Huerto" (4),
cumpliendo con un mandato de desclasada
que pernocta en un Bachillerato para
adultos de Escuela no privada reservado a
los lúmpenes; un egresado sietemesino de
la misma Escuela que dejó para no
estudiar y a la que vuelve para pasar las
noches y ayudar; un empleado de negocio
de artículos ortopédicos, el cantante
de una banda que recuece a Pink Floyd, no
pocos estudiantes de Turismo o de
Gastronomía..... ninguno de ellos debe
tener más de 25 y menos de 17. El grupo
se va reacondicionando diariamente:
algún integrante sale, algún integrante
entra. Pero supongo que mantiene su
inverosimilitud. De otra escuela, una
psicopedagoga me contaba cómo se quedaba
estupefacta al ver por primera vez a la
Vicedirectora manejar una escoba, en la
feliz versión de "fui portera por
un día". En otra escuela, los
baños estaban más limpios que en
períodos de normalidad: me dijeron que
los limpian las mujeres evacuadas. Se
podría suscribir lo que dice Octavio Paz
del Carnaval: que, por un tiempo, todos
somos el que queremos ser (5).
A un colega lo llamó por teléfono un
amigo de Bs. As. del que no tenía
noticias hacía años. A mí me llamó
por equivocación una Sra. del Chaco:
buscaba a la anterior propietaria de mi
número. Estaba tan emocionada que se
quedó conversando, describiéndome lo
que veía por TV. Mi contacto con la
inundación no empezó siendo visual,
sino auditivo. Las radios cumplieron un
papel vernáculo intransferible: además
de transmitir noticias sobre el tema las
24 hs. (prácticamente no había
música), colaboraban en la afanosa
búsqueda de los
"desaparecidos" (3).
La Sra. me decía con suprasegmentales
muy chaqueños algo así como que, por lo
menos, nosotros lo teníamos a Reutemann.
Pude decirle que "no se crea" y
nada más. "No se crea"
decían, unos días después y con otros
vocablos, la prensa y la Universidad
cuando publicaban que Resistencia (valga
el nombre) cuenta con un sistema de
prevención de catástrofes hídricas
bastante efectivo. Pero ya no voy a saber
si la Sra. lo sabrá. Tampoco sabré si
se enteró de que el Gobernador le
endilgó la inundación a los Ingenieros
Hídricos, a los Psicólogos, a La
Naturaleza y lo que es más
notable- incluso al Intendente (6).
Silvia, una amiga de la familia, mitigaba
por el celular desde Córdoba que lo que
pasa es que el "Lole" está
enfermo. Y Sartre decía hace unas
décadas que somos responsables hasta de
nuestra cara..... Si la Sra. me hubiera
llamado unos días después,
probablemente le hubiera contado que
pasé una noche inolvidable en Bº
Alfonso. Sin agua, sin luz, sin
posibilidad de salir por la puerta (ya
que la madera estaba hinchada) sino por
los techos donde los únicos
"techistas" (3)
aledaños ya habían abandonado su carpa
para regresar abajo puesto que el agua se
había ido, con un olor pútrido que
penetraba hasta las hojas de los libros,
yo pude avizorar desde la ventana de un
primer piso y con ojos agendados por la
oscuridad de haber apagado las velas unas
horas antes, el paisaje radioactivo de la
calle Corrientes. No podía ver, como de
día, los baremos de las manchas en las
paredes de enfrente. Sólo unos
engrosamientos turbios de los cordones
que recordaban los basurales que, a la
tarde, había podido sortear malamente.
Enumeré tres balaceras a lo largo de la
noche y otra que me pareció. Todo lo
cual es infinitamente superior cuando en
el dormitorio duerme la madre de uno y no
hay nadie más en el departamento ni en
casi toda la vecindad. Refunfuñé a la
mañana por la avaricia de las luces de
espectáculo de los patrulleros
policiales y de los helicópteros que
llenaron las casas a eso de las dos y
media y no volvieron. Me fui sintiendo
contradictoriamente que por mi vida no
debía volver y que debía volver por la
vida de los otros. Y descubrí que eso
era lo que estaba pasando: éramos
capaces colectivamente de prescindir de
la propia existencia. No de
"prescindir" como quien se
inmola, sino como quien se agarra fuerte
de sí para sostener al otro. No caeré
en los arrebatos de atribuir una
heroicidad despampanante. Pero, en
verdad, lo que no había podido ocurrir
desde el Estado, estaba ocurriendo desde
la gente. Porque la que estaba perdiendo
era la sociedad civil. En "Crítica
de las razones de educar", Carlos
Cullen (7) señala cómo
la Escuela argentina, en su enseñanza,
en sus diseños curriculares, ha venido
escurriendo la definición política
desde el asistencialismo social.
No me costaba entenderlo ya que, durante
los 90, he escuchado hasta el
hartazgo defensas de monografías que
versaban sobre el sida, el aborto, las
drogas o la discriminación y cuyo
corolario "práctico"
consistía en difusión de información
(preventiva, sobre todo) y promoción de
la ayuda de buena voluntad. La
inundación nos fue desdoblando primero
en inundados y no-inundados. Y luego en
categorías aptas para componer un árbol
porfiriano que ahora desordenaré:
inundados agravados por el pillaje,
aprovechadores muertos por la policía,
periodistas que denunciaban a los
especuladores que se guardaban las
donaciones, letrados que tramitaban los
expedientes de esos especuladores,
especuladores que se guardaban las
donaciones, especuladores más
espirituales denominados "punteros
políticos"; de los dos últimos en
uno solo; políticos que denunciaban a
los punteros; ladrones con patente que
cobraban 5$ el kilo de azúcar;
evacuados, autoevacuados y techistas;
inundados hasta el umbral, hasta los
zócalos, hasta alguna parte de las
paredes y hasta el techo; voluntarios e
involuntarios; voluntarios que no se
animaban a tocar a los niños inundados;
centros en los que había dos tipos de
baños: para ellos y para nosotros;
inundados de clase baja e inundados de 25
de mayo (8) .... y, en
el fondo de esto, el "aut-aut"
gobierno-pueblo. Y así y todo,
navegando. Se ha reiterado con justicia
la labor eminente de la Federación
Universitaria del Litoral. Del otro lado
de Sta. Fe, a las tres de la mañana, un
muchacho de barrio pobre, anegado, salía
en la lancha de otro, de barrio rico, que
lo había encontrado en la esquina de
Gral. López y Bvrd. Zavalla. Aunque lo
había perdido todo y aunque hacía algo
de frío, los músculos del corazón no
se le contraían. Pudo escuchar en la
incursión cómo un hombre golpeaba las
latas del techo de su casa, entrampado
por haberse encerrado y perder la llave y
a punto de morir. Pudo después agarrar a
una niña con el brazo izquierdo y a un
viejito ciego con el otro, y gritar
pidiendo ayuda porque el viejo se le iba
al agua, a pesar de sus fibras de cuzco
joven. Pudo también escuchar, mientras
la salvaba, a la viejita de la clínica
mental de San Juan y 3 de febrero que le
preguntaba si no la llevaban para hacerle
daño. Claudio suele comer una vez al
día, se cansó de buscar trabajo, hace
poesía y si tiene un pan lo parte por la
mitad. Entonces, yo pensaba:.... si el
agua fuera el hambre. No el hambre que se
ve en los cuerpos mal crecidos, en el
olor a mandarina de los niños pobres, en
la disruptiva tozudez de los choros de
arrabal, en la prostitución de las
dádivas, en el idioma flagelado por el
esperpento o por el silencio. No el
hambre hacinado en Sta. Rosa o en
Barranquitas (9). Sino
un agua que arreciara como hambre; un
hambre que, como agua de inundación,
pudiera que el Salado de la indigencia,
hecho un perro mojado, se sacuda y
salpique y haga mover el ras de la tierra
para cruzar las calles de todos los
estómagos vacíos, subiendo centímetro
a centímetro por la falsa tranquilidad
que nos tiene normalmente arropados y sin
chapuzones intempestivos.
Santa Fé,
18 de mayo de 2003
/ Referencias
(1) "Graves inundaciones en Santa
Fe: ya hay más de 25.000 evacuados"
en http://www.rosarionet.com.ar/regionales/notas.vsp?nid=8909,
29/04/03.
(2) Dispénseme este sintagma
garciamarquezco. Y los que vengan..
(3) "Evacuado": he aquí el
carácter fuertemente estipulativo de una
palabra que ha merecido la sorna.
También se ha discutido sobre el
carácter reprochable de otras palabras,
menos discutibles a mi entender ¿Por
qué no llamar "desaparecidos"
y sí "perdidos" a quienes
efectivamente estaban desaparecidos a
partir de la catástrofe hasta que se los
encontró y no se los encontró? La
dictadura militar como en otros
casos- no tiene porqué arrogarse la
exclusividad del término.
(4) Colegio "Ntra. Sra. del
Huerto".
(5) Por mi parte, he logrado ser Director
de Escuela y asistente social.
(6) Detenerse en la conferencia de prensa
que el gobernador dio a unos días de
iniciado el escándalo merece todo otro
escrito. Que no escribiré.
(7) En diálogo con María Isabel
Houlston, sostiene lo siguiente:
"(...)no recuerdo si efectivamente
lo afirma , no podría hacerlo ahora,
pero bien podría decirlo y algo más
también. Me parece a mí que las
definiciones políticas no excluyen
acciones o intervenciones en la malaria
social por ejemplo. Pero mientras unos
hacen roscas políticas y dan
conferencias o hacen pauperismo, la gente
(y la vida) se va al diablo . Por otro
lado, estoy saturada de que a la
educación le otorguen el lugar de la
difusión y sin embargo esto también es
políticamente algo ideal.(...)"
(8) "(...) La inundación tendría
que haber empezado por 25 de
mayo.(...)" dijo el
constitucionalista de la U.N.L. Domingo
Rondina, en un contundente reportaje que
le hiciera, el 16 de mayo, el programa
"Toda la gente" de la 91.9. Se
refería a las casas del centro y a sus
defensos propietarios.
(9) Barrios del Oeste de Sta. Fe.
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