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Informe Especial Nº 3 / Los espacios de la locura

       
    Ciudad y Locura
Mendigos, atorrantes y locos populares de Buenos Aires
JOSÉ INGENIEROS

Del libro La locura en la Argentina, Cooperativa Editorial Ltda., Buenos Aires 1920

Creemos útil dar aquí una somera noticia de conjunto sobre ciertas categorías de alienados que durante más de un siglo eludieron el manicomio, ya por naturaleza inofensiva de su enfermedad, ya por la tolerancia del vecindario de Buenos Aires.

El primer destino dado por el virrey Vértiz a la Residencia de Belén fue el de Hospicio de Mendigos, incluyendo en esa denominación a todos los vagos por incapacidad mental. Para eso nombró al capitán de milicias de caballería, don Saturnino de Alvarez, encargándole efectuara una recogida de los numerosos que en esas condiciones recorrían la ciudad. Además, ordenó por bando, "que todos esos pobres se presentaran en el término de 15 días en dicho hospicio prohibiendo en absoluto que pidiesen o les diesen limosna como que allí se les proporcionaba un bastante auxilio a su indigencia".

"De esta providencia ha resultado, dice textualmente el virrey Vértiz, que de tantos mendigos de uno y otro sexo como cruzaban estas calles sólo nueve son los existentes en dicho hospicio y entre estos cinco locos, sin que haya ocurrido más mujer que una infeliz parda natural de Guinea, vieja y achacosa, y que debe inferirse que todas las demás decían profesión de mendicidad y tenían por oficio este método de vida."

Aunque los años siguientes se continuó retirando de la vía pública a muchos mendigos y no pocos alienados la capacidad del Hospicio fue siempre inferior a las necesidades. En el Hospital de los Betlemitas o de Santa Catalina había constantemente un numeroso grupo de alienados en estado demencial, confundidos en la clasificación de incurables; para evitar ese hacinamiento, que obstruía la asistencia de los enfermos agudos, pidieron los Borbones se le cediera la Residencia cuyo destino, en 1799 fue el de la Casa de Dementes e Incurables complicado por la adición de los contagiosos. Años más tarde, se convirtió en el Hospital General de Hombres, sin perder nunca su primitivo carácter de depósito de dementes.

A pesar de ello siempre quedaron en libertad vagando por las calles algunos dementes inofensivos; y siempre hubo en la Cárcel del Cabildo alienados condenados por delitos comunes, además del calabozo o cuadro para agitados.

Ese estado de cosas no se modificó hasta 1822, en que el gobierno tomó algunas medidas para suprimir la vagancia de los dementes tranquilos; en 1853 hizo la policía otra recogida y una tercera en 1881. La vagancia de alienados continuó, sin embargo, hasta 1900, fecha en que el profesor Francisco de Veyga fundó el "Servicio policial de observación de Alienados", que en sus dos primeros años recogió e internó en los manicomios un centenar de atorrantes (1) datando de esa fecha la desaparición de estos típicos sujetos que no eran mendigos ni delincuentes.

Desde la época colonial hasta 1910 vivieron en libertad muchos desequilibrados y delirantes parciales, tolerados o festejados por el vecindario de Buenos Aires.

Hemos hecho referencia al "loco del Hospital", popular a fines del coloniaje en el barrio Sur. En la época de la Revolución fueron muy celebrados el Mudo de los Patricios, José Tartaz, el humanista Vicente Virgil y el fraile Francisco Castañeda. Durante la tiranía tuvieron el mismo rango Don Eusebio de la Federación, el Padre Viguá y el Cura Gaete.

En la segunda mitad del siglo pasado alegraron la ciudad Manghi, Bayoneta Calada, El Negro Clemente, Don Pepe el de la Cazuela, Petronita, Doña Dolores, Guisao, San Roque.

En los primeros años de este siglo circularon Candelario, Gigloi, Tartabull, la Negra Florentina; Perejil sin hoja; el Director del Tráfico, sin mencionar algunos que todavía loquean sueltos.

(1) Por el año 1890 habíanse refugiado en los terrenos ganados sobre el río para la construcción del puerto, cuyas manzanas se conocían por "cuadrados del Paseo de Julio". La tolerancia de la policía y el escaso tráfico del paraje, habían reducido a los atorrantes a la vida sedentaria; sólo salían de los "cuadrados" por las mañanas para recoger los restos de alimentos en las cajas de basuras de la vecindad, regresando en seguida a su barrio. En 1901, a pedido del profesor de Veyga, la policía recogió un centenar de atorrantes, resultando que el 95% de ellos eran alienados tranquilos; la mayoría alcohólicos crónicos en estado demencial; muchos tenían delirios de persecuciones; algunos delirios de grandeza.

FOTOS:
Casa y Hospital de Expósitos (Dormitorio de infecciosos)
Hospital Nacional de Alienadas (Pabellones)

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