ARCHIVO DE REVISTA CONTRATIEMPO / LA HISTORIA DE LOS OTROS

LA ESCRITURA ENTRE DOS MUNDOS

CARTA DE LOS INDIOS GUARANÍES DE LA MISIÓN JESUÍTICA DE SAN LUIS GONZAGA AL GOBERNADOR BUCARELLI

28 de febrero de 1768


Señor Gobernador:

Dios te guarde a ti que eres nuestro padre, te decimos nosotros, el Cabildo y todos los caciques, con los indios e indias y niños del pueblo de San Luis.

El Corregidor Santiago Pindó y D. Pantaleón Cayuarí con el amor que nos profesan, nos han escrito pidiéndonos ciertos pájaros que desean enviemos al Rey. Sentimos mucho no podérselos enviar, porque dichos pájaros viven en las selvas donde Dios los crió, y huyen volando de nosotros, de modo que no podemos darles alcance. Sin que eso obste, nosotros somos súbditos de Dios y de nuestro Rey, y estamos siempre deseosos de complacerle en lo que nos ordene; habiendo ido tres veces a la Colonia como auxiliares, y trabajando para pagar el tributo, y pidiendo como pedimos ahora que Dios envíe la más hermosa de las aves, que es el Espíritu Santo, a tí y a nuestro Rey para iluminaros y que os proteja el Santo Angel.

Por eso, llenos de confianza en tí, te decimos: Ah, señor Gobernador, con las lágrimas en los ojos te pedimos humildemente dejes a los santos Padres de la Compañía, hijos de San Ignacio, que continúen viviendo siempre entre nosotros, y que representes tú esto mismo a nuestro buen Rey en el nombre y por el amor de Dios. Esto pedimos con lágrimas todo el pueblo, indios, indias, niños y muchachas, y con más especialidad todos los pobres.

No nos gusta tener Cura fraile o Cura clérigo.
El Apóstol Santo Tomás, ministro de Dios, predicó la fe en estas tierras a nuestros antepasados, y estos párrocos frailes o párrocos clérigos, no han tenido interés por nosotros. Los Padres de la Compañía de Jesús sí, que cuidaron desde el principio de nuestros antepasados, los instruyeron, los bautizaron y los conservaron para Dios y para el Rey de España. Así que de ningún modo gustamos de párrocos frailes o de párrocos clérigos.

Los Padres de la Compañía de Jesús saben conllevarnos, y con ellos somos felices sirviendo a Dios y al Rey, y estamos dispuestos a pagar, si así lo quisiere, mayor tributo en yerba caamirí.

Ea, pues, señor Gobernador, de cuya bondad no dudamos, oye estas súplicas de unos pobres como nosotros, empeñándote en que se cumplan.

Además, que nosotros no somos esclavos, ni tampoco gustamos del uso de los españoles, los cuales trabajan cada uno para sí, en lugar de ayudarse uno a otro en sus trabajos de cada día.

Esto es la pura verdad, te decimos, y si se hace lo contrario, se perderá pronto este pueblo y otros pueblos también, para sí, para el Rey y para Dios, y nosotros caeremos en poder del demonio. Y entonces, a la hora de nuestra muerte, ¿a quién tendremos que nos auxilie? A nadie absolutamente. Nuestros hijos, que ahora están en los bosques, cuando regresen al pueblo y no vean a los párrocos, hijos de San Ignacio, se irán por los desiertos o los bosques a vivir mal. Ya las gentes de San Joaquín, San Estanislao, San Fernando y Timbó, se han desparramado. Esto sabemos y te decimos, porque después el Cabildo no ha de poder restaurar este pueblo como estaba para Dios y para el Rey.

Por tanto, señor Gobernador bondadoso, haz como te suplicamos.

Y que nuestro Señor te asista y te de su gracia continuamente.

Esto y no más es cuanto tenía que decirte.

De San Luis, a 28 de febrero de 1768.

Tus pobres hijos, a saber, el pueblo y Cabildo entero.

 

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