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Eye to eye (1988)
ROBERT MAPPLETHORPE
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Literatura
Sobre la
ley de la libertad
FRIEDRICH
HÖLDERLINDel libro
ENSAYOS, Friedrich Hölderlin (Hiperión,
Madrid/1997)
Hay un estado natural de la
imaginación que tiene, ciertamente, en
común con aquella anarquía de las
representaciones que el entendimiento
organizó, la ausencia de ley, pero que,
por lo que se refiere a la ley mediante
la cual ha de ser ordenado, debe desde
luego ser distinguido de aquél.
Por este estado natural de la
imaginación, por esta ausencia de ley,
entiendo la ausencia de ley moral; por
esta ley, entiendo la ley de la libertad.
Allí la imaginación es
considerada en y para sí, aquí lo es en
ligazón con la facultad de apetecer.
En aquella anarquía de las
representaciones, donde la imaginación
es considerada teoréticamente, una
unidad de lo múltiple, ordenación de
las percepciones, era ciertamente
posible, pero contingente.
En este estado natural de la fantasía,
donde es considerada en ligazón con la
facultad de apetecer, legalidad moral es
ciertamente posible, pero contingente.
Hay una cara de la facultad
de apetecer empírica, la analogía de lo
que se llama naturaleza, la cual es
chocante en el más alto grado, donde
parece hermanarse la necesidad con la
libertad, lo condicionado con lo
incondicionado, lo sensible con lo
sagrado, una inocencia natural, podría
decirse una moralidad del instinto, y la
fantasía acorde con ello es celeste.
Pero este estado natural
depende como tal también de causas
naturales.
Es una mera dicha estar así temperado.
Si no hubiese la ley de la
libertad, bajo la cual está la facultad
de apetecer juntamente con la fantasía,
no habría jamás un estado firme que se
igualase al que acaba de ser citado; al
menos no dependería de nosotros
mantenerlo. Su contrario tendría lugar
igualmente, sin que pudiésemos
impedirlo.
Pero la ley de la libertad manda,
sin ninguna consideración a los recursos
de la naturaleza. Sea o no favorable la
naturaleza al cumplimiento de ella, ella
manda. Más bien presupone una
resistencia de la naturaleza; de lo
contrario no mandaría. La primera
vez que la ley de la libertad se expresa
sobre nosotros, se muestra castigando. El
comienzo de toda nuestra virtud acontece
a partir del mal. Por lo tanto, la
moralidad no puede jamás ser confiada a
la naturaleza. Pues, aunque la moralidad
no dejase de ser moralidad tan pronto
como los fundamentos de determinación
residiesen en la naturaleza y no en la
libertad, la legalidad que podría ser
producida mediante mera naturaleza,
sería una cosa muy insegura, variable
según el tiempo y circunstancias.
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