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Max Ernst (1934)
MAN RAY
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Literatura
El deseo
de ser piel roja
MARÍA ANGÉLICA
HECHIMPara Nora
Francuzzi, por su amistad
"Si uno pudiera ser
un piel roja siempre alerta, cabalgando
sobre un caballo veloz, a través del
viento, constantemente sacudido sobre la
tierra estremecida, hasta arrojar las
espuelas porque no hacen falta espuelas,
hasta arrojar las riendas porque no hacen
falta riendas, y apenas viera ante sí
que el campo era una pradera rasa,
habrían desaparecido las crines y la
cabeza del caballo". ("El
deseo de ser piel roja" de F. Kafka)
Si es cierto que, como dice
Wittgenstein, el significado está en el
uso del lenguaje, toda vez que se
menciona el término "libertad"
habrá un significado peculiar del
término. Pero la tarea de relevar unos
cuantos de los innumerables usos de esta
palabra, con el fin de ver qué tienen en
común, resulta tarea ímproba, puesto
que encontramos una gran pasión,
generalizada, por lo menos en Occidente,
hacia este concepto. Desde el definido
rechazo de Borges (1):
"No creo en el libre arbitrio. No
creo que exista la libertad" hasta
la enumeración embelesada de Paul Eluard
(2),-
que atribuye a este vocablo el poder de
la vida-, la libertad ha sido objeto
privilegiado del pensamiento y el arte de
nuestro mundo.
Desde los griegos, quienes,
conforme a la naturaleza de su
organización social y política oponen
el hombre libre al esclavo y aquí
habría que anotar que es libre aquél
que goza de la posibilidad de participar
en la vida de la polis, lo cual recarga
al concepto con contenidos obviamente
políticos-, a las disquisiciones
cristianas sobre el libre albedrío,
pasando por la bella sentencia de la
Declaración de los derechos del hombre y
del ciudadano de agosto de 1789 hasta la
Declaración de los derechos humanos de
1948 (3),
la libertad es fuente, no sólo de
reflexión constante, también de
"declaraciones" admirables.
Junto a este devenir del pensamiento y la
acción política, corre paralela una
historia interminable de abusos y
sometimientos: desde la propiedad del ser
del esclavo de lejanas y de muy cercanas
civilizaciones, pasando por las hogueras
de la Inquisición, a los patíbulos,
fusilamientos, campos de concentración,
censuras, cárceles y torturas actuales,
los seres humanos no han dejado pasar un
segundo de la historia sin intentar
someter a otros.
Por otra parte, es dable
observar las constelaciones de
oposiciones y relaciones que el término
establece con otros: se habla de libertad
interior, de libertad responsable, de
libertad de acción, de libre opinión;
toda una escena de juegos:
ensombrecimientos y relumbres donde la
libertad se enmarca en clave de derecho,
de filosofía, de política.
Y de arte: los surrealistas
constituyeron uno de los grupos en donde
la libertad resultaba una palabra
exaltadora: Los surrealistas pretenden
que la poesía es el camino que libera al
hombre. Tal idea no es nueva ni exclusiva
de ellos. Ya Hegel en su
"Enciclopedia de las ciencias
filosóficas" había dicho: "El
arte suministra la purificación del
espíritu de servidumbre".
Desde los comienzos del
movimiento, los surrealistas señalaron
la importancia que la idea de libertad
tenía para ellos. Breton decía, en el
"Primer manifiesto del
Surrealismo": "La palabra
libertad es lo único que todavía me
exalta". También para
Soupault
. La poesía es ante todo
liberación
.
la poesía
prepara la libertad integral del hombre y
como comienzo exige sacudirse todos los
dogmas que oprimen; en primer término,
el dogma de la omnipotencia de la razón (4).
René Char, quien firmara el
segundo manifiesto surrealista, y cuya
percepción de la naturaleza y del
corazón de los hombres nos revela el
mundo social y natural como si acabara de
nacer, es menos febril: "En todas
nuestras comidas, dice, invitamos a la
libertad a sentarse. El lugar permanece
vacío, pero el cubierto está
puesto". Esta palabra de Char, que
acerca la libertad a la nutrición,
sitúa así la necesidad de la libertad
en un vértice vital y claro. Es cierto
que vuelve remota la presencia de la
libertad pues, justamente, lo que
presentifica es su ausencia-, y, sin
embargo, quizá por la intimidad del
ámbito, se presiente que en cualquier
momento de la duración del encuentro
podría abrirse la puerta y, entonces,
podríamos ver entrar a la libertad a
cubrir el puesto que la espera.
Pero sería interesante
regresar al punto en donde la
Declaración de los Derechos Humanos
selecciona los conceptos de "temor y
miseria" para focalizar los
impedimentos de la libertad de palabra y
de creencias. El hambre y todas sus
innumerables consecuencias, la
obligación de callar, el temor de ser
perseguido por las creencias son las
vías por donde con más claridad se hace
visible la sujeción de los seres humanos
a la tiranía y degradación resultantes
que emergen de la fijación social y la
opresión política. Puede uno elaborar
imaginaciones, especulaciones y
conjeturas acerca de la libertad y de la
falta de ella, pero el plato vacío y los
muros de una cárcel son argumentos
definitivos. Es posible que en nuestra
vida cotidiana, acuciados por los
pormenores del trabajo, la familia, etc.,
no sepamos, a ciencia cierta, en qué
consiste y si consiste- la
libertad. Pero sí sabemos certeramente
cuándo nos falta.
¿O no es así? ¿Quizá se
trata, el hambre, la cárcel, de una
multiplicación de la opresión porque no
hay libertad alguna? ¿No sería
deseable, asimismo, que no la haya?
Porque sabemos que hay una Ley originaria
destinada a restringir la libertad de los
seres humanos, para impedir que prolifere
la obscenidad del goce. ¿No es acaso esa
Ley constitutiva de las sociedades
humanas? ¿No estamos determinados por un
inconsciente cuyas redes relevan nuestra
voluntad? ¿No es que existe, además,
una estructura económico social que
genera, en última instancia, toda una
superestructura jurídico-política, y,
en fin, ideológica, que se construye
más allá de la decisión individual?
¿No habla el lenguaje por nosotros?
Sobre los pilares del conocimiento humano
actual, Marx, Freud, Saussure, ha
sobrevenido el descentramiento del
sujeto, como lo explicita Foucault, y hoy
nos miramos en la interpelación de la
ideología, como siervos del lenguaje,
como efectos del discurso.
Ninguno como Kafka supo
captar las infinitas derivas de la
estupidez humana. Ninguno como él pudo
vislumbrar las profundidades vanas de
nuestro espíritu. Para él, la libertad
está escondida en cualquier rincón de
la dentadura de la pantera que se exhibe
en lugar del artista del hambre. Ese
artista que sucumbe ante su empecinada
necesidad de exhibir su arte, su ayuno,
ante la mirada de los demás. Cuando,
después de mucho tiempo de estar
constreñido a ayunar por solamente
cuarenta días, se lo libera de esta
restricción, ayuna indefinidamente hasta
que su cuerpo se esfuma, se muere. No es
un personaje muy diferente del oficial
que administra la máquina en la colonia
penitenciaria ni del condenado que
"tenía un aspecto tan caninamente
sumiso", ni del pobre José K. que,
al final de El Proceso experimenta una
vergüenza ¿de qué? ¿qué supo
antes de la muerte?- que acaso fuera a
sobrevivirle. Todos sus personajes están
atontados por fuerzas que los empujan a
vivir sin dignidad ni posibilidades de
elección. Todo el mundo parece ser
"ese pequeño valle, profundo y
arenoso, rodeado totalmente por riscos
desnudos" donde la máquina de matar
tiene su lugar: Irak, la India, todo el
gran territorio de África,
Latinoamérica.
Pero también es cierto que,
en nuestra singularidad, tendemos a
tensar la cuerda para que se dispare la
libertad como legítima aspiración de
respeto mutuo que quizá algún día
podamos experimentar. No importa, al
nivel de la vida de cada uno, que ese
día nunca llegue, o que toda la
humanidad se encuentre cara a cara, y de
golpe, con una catástrofe definitiva.
Creo que lo interesante es la
persistencia en el deseo de libertad y de
justicia, que aun a riesgo de perder las
crines y la cabeza del caballo uno
tienda, en la tierra estremecida, a ese
horizonte de posibilidades que la
imaginación vislumbra: "Por más
utópico que sea, el ejercicio y la
praxis del intelectual crítico consiste
en anticipar el momento en que la
Historia tendrá un solo
sentido, aun sabiendo que ese momento no
llegará; esa tensión, probablemente
irresoluble pero extraordinariamente
productiva y "resistente", y
cuyo movimiento actual es el de
la permamente destotalización de lo
totalizado apuntando a una nueva
retotalización
" como apunta
Eduardo Grüner. O sea, para parafrasear
un memorable poema de Gelman: morir
buscando incesantemente la libertad.
NOTAS
1) Cierta vez, Rubén Loza Aguerrebere le
pidió a Borges que elaborara un
diccionario; nuestro autor debía elegir
una palabra y definirla luego.
2) El célebre poema "Libertad"
3) Que dice en su Preámbulo:
"Considerando que la libertad, la
justicia y la paz en el mundo tienen por
base el reconocimiento de la dignidad
intrínseca y de los derechos iguales e
inalienables de todos los miembros de la
familia humana;
Considerando que el desconocimiento y el
menosprecio de los derechos humanos han
originado actos de barbarie ultrajantes
para la conciencia de la humanidad, y que
se ha proclamado, como la aspiración
más elevada del hombre, el advenimiento
de un mundo en que los seres humanos,
liberados del temor y de la miseria,
disfruten de la libertad de palabra y de
la libertad de creencias"
4) Pellegrini, Aldo. "La poesía
surrealista" Introducción del libro
Antología de poesía surrealista.
Bs.As., Compañía General Fabril Ed.
1961.
MARÍA
ANGÉLICA HECHIM. Docente e
investigadora en el área de las
Ciencias de Lenguaje de la Facultad
de Humanidades y Ciencias de la
Universidad Nacional del Litoral.
Trabaja en la temática del análisis
crítico del discurso.
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