Revista de pensamiento y cultura
/ ¿Existe la libertad? / Año IV N° 7 / Primavera - Verano 2004/05

 

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Literatura
El deseo de ser piel roja
MARÍA ANGÉLICA HECHIM

Para Nora Francuzzi, por su amistad

"Si uno pudiera ser un piel roja siempre alerta, cabalgando sobre un caballo veloz, a través del viento, constantemente sacudido sobre la tierra estremecida, hasta arrojar las espuelas porque no hacen falta espuelas, hasta arrojar las riendas porque no hacen falta riendas, y apenas viera ante sí que el campo era una pradera rasa, habrían desaparecido las crines y la cabeza del caballo".
"El deseo de ser piel roja"
/ Kafka


Si es cierto que, como dice Wittgenstein, el significado está en el uso del lenguaje, toda vez que se menciona el término "libertad" habrá un significado peculiar del término. Pero la tarea de relevar unos cuantos de los innumerables usos de esta palabra, con el fin de ver qué tienen en común, resulta tarea ímproba, puesto que encontramos una gran pasión, generalizada, por lo menos en Occidente, hacia este concepto. Desde el definido rechazo de Borges
(1): "No creo en el libre arbitrio. No creo que exista la libertad" hasta la enumeración embelesada de Paul Eluard (2),- que atribuye a este vocablo el poder de la vida-, la libertad ha sido objeto privilegiado del pensamiento y el arte de nuestro mundo.

Desde los griegos, quienes, conforme a la naturaleza de su organización social y política oponen el hombre libre al esclavo –y aquí habría que anotar que es libre aquél que goza de la posibilidad de participar en la vida de la polis, lo cual recarga al concepto con contenidos obviamente políticos-, a las disquisiciones cristianas sobre el libre albedrío, pasando por la bella sentencia de la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de agosto de 1789 hasta la Declaración de los derechos humanos de 1948(3), la libertad es fuente, no sólo de reflexión constante, también de "declaraciones" admirables. Junto a este devenir del pensamiento y la acción política, corre paralela una historia interminable de abusos y sometimientos: desde la propiedad del ser del esclavo de lejanas y de muy cercanas civilizaciones, pasando por las hogueras de la Inquisición, a los patíbulos, fusilamientos, campos de concentración, censuras, cárceles y torturas actuales, los seres humanos no han dejado pasar un segundo de la historia sin intentar someter a otros.

Por otra parte, es dable observar las constelaciones de oposiciones y relaciones que el término establece con otros: se habla de libertad interior, de libertad responsable, de libertad de acción, de libre opinión; toda una escena de juegos: ensombrecimientos y relumbres donde la libertad se enmarca en clave de derecho, de filosofía, de política.

Y de arte: los surrealistas constituyeron uno de los grupos en donde la libertad resultaba una palabra exaltadora: Los surrealistas pretenden que la poesía es el camino que libera al hombre. Tal idea no es nueva ni exclusiva de ellos. Ya Hegel en su "Enciclopedia de las ciencias filosóficas" había dicho: "El arte suministra la purificación del espíritu de servidumbre".

Desde los comienzos del movimiento, los surrealistas señalaron la importancia que la idea de libertad tenía para ellos. Breton decía, en el "Primer manifiesto del Surrealismo": "La palabra libertad es lo único que todavía me exalta". También para Soupault…. La poesía es ante todo liberación…. …la poesía… prepara la libertad integral del hombre y como comienzo exige sacudirse todos los dogmas que oprimen; en primer término, el dogma de la omnipotencia de la razón (4).

René Char, quien firmara el segundo manifiesto surrealista, y cuya percepción de la naturaleza y del corazón de los hombres nos revela el mundo social y natural como si acabara de nacer, es menos febril: "En todas nuestras comidas, dice, invitamos a la libertad a sentarse. El lugar permanece vacío, pero el cubierto está puesto". Esta palabra de Char, que acerca la libertad a la nutrición, sitúa así la necesidad de la libertad en un vértice vital y claro. Es cierto que vuelve remota la presencia de la libertad –pues, justamente, lo que presentifica es su ausencia-, y, sin embargo, quizá por la intimidad del ámbito, se presiente que en cualquier momento de la duración del encuentro podría abrirse la puerta y, entonces, podríamos ver entrar a la libertad a cubrir el puesto que la espera.

Pero sería interesante regresar al punto en donde la Declaración de los Derechos Humanos selecciona los conceptos de "temor y miseria" para focalizar los impedimentos de la libertad de palabra y de creencias. El hambre y todas sus innumerables consecuencias, la obligación de callar, el temor de ser perseguido por las creencias son las vías por donde con más claridad se hace visible la sujeción de los seres humanos a la tiranía y degradación resultantes que emergen de la fijación social y la opresión política. Puede uno elaborar imaginaciones, especulaciones y conjeturas acerca de la libertad y de la falta de ella, pero el plato vacío y los muros de una cárcel son argumentos definitivos. Es posible que en nuestra vida cotidiana, acuciados por los pormenores del trabajo, la familia, etc., no sepamos, a ciencia cierta, en qué consiste –y si consiste- la libertad. Pero sí sabemos certeramente cuándo nos falta.

¿O no es así? ¿Quizá se trata, el hambre, la cárcel, de una multiplicación de la opresión porque no hay libertad alguna? ¿No sería deseable, asimismo, que no la haya? Porque sabemos que hay una Ley originaria destinada a restringir la libertad de los seres humanos, para impedir que prolifere la obscenidad del goce. ¿No es acaso esa Ley constitutiva de las sociedades humanas? ¿No estamos determinados por un inconsciente cuyas redes relevan nuestra voluntad? ¿No es que existe, además, una estructura económico social que genera, en última instancia, toda una superestructura jurídico-política, y, en fin, ideológica, que se construye más allá de la decisión individual? ¿No habla el lenguaje por nosotros? Sobre los pilares del conocimiento humano actual, Marx, Freud, Saussure, ha sobrevenido el descentramiento del sujeto, como lo explicita Foucault, y hoy nos miramos en la interpelación de la ideología, como siervos del lenguaje, como efectos del discurso.

Ninguno como Kafka supo captar las infinitas derivas de la estupidez humana. Ninguno como él pudo vislumbrar las profundidades vanas de nuestro espíritu. Para él, la libertad está escondida en cualquier rincón de la dentadura de la pantera que se exhibe en lugar del artista del hambre. Ese artista que sucumbe ante su empecinada necesidad de exhibir su arte, su ayuno, ante la mirada de los demás. Cuando, después de mucho tiempo de estar constreñido a ayunar por solamente cuarenta días, se lo libera de esta restricción, ayuna indefinidamente hasta que su cuerpo se esfuma, se muere. No es un personaje muy diferente del oficial que administra la máquina en la colonia penitenciaria ni del condenado que "tenía un aspecto tan caninamente sumiso", ni del pobre José K. que, al final de El Proceso experimenta una vergüenza –¿de qué? ¿qué supo antes de la muerte?- que acaso fuera a sobrevivirle. Todos sus personajes están atontados por fuerzas que los empujan a vivir sin dignidad ni posibilidades de elección. Todo el mundo parece ser "ese pequeño valle, profundo y arenoso, rodeado totalmente por riscos desnudos" donde la máquina de matar tiene su lugar: Irak, la India, todo el gran territorio de África, Latinoamérica.

Pero también es cierto que, en nuestra singularidad, tendemos a tensar la cuerda para que se dispare la libertad como legítima aspiración de respeto mutuo que quizá algún día podamos experimentar. No importa, al nivel de la vida de cada uno, que ese día nunca llegue, o que toda la humanidad se encuentre cara a cara, y de golpe, con una catástrofe definitiva. Creo que lo interesante es la persistencia en el deseo de libertad y de justicia, que aun a riesgo de perder las crines y la cabeza del caballo uno tienda, en la tierra estremecida, a ese horizonte de posibilidades que la imaginación vislumbra: "Por más utópico que sea, el ejercicio y la praxis del intelectual crítico consiste en anticipar el momento en que la Historia tendrá un solo sentido, aun sabiendo que ese momento no llegará; esa tensión, probablemente irresoluble pero extraordinariamente productiva y "resistente", y cuyo movimiento actual es el de la permamente destotalización de lo totalizado apuntando a una nueva retotalización…" como apunta Eduardo Grüner. O sea, para parafrasear un memorable poema de Gelman: morir buscando incesantemente la libertad.

NOTAS
1) Cierta vez, Rubén Loza Aguerrebere le pidió a Borges que elaborara un diccionario; nuestro autor debía elegir una palabra y definirla luego.
2) El célebre poema "Libertad"
3) Que dice en su Preámbulo: "Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;
Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias"
4) Pellegrini, Aldo. "La poesía surrealista" Introducción del libro Antología de poesía surrealista. Bs.As., Compañía General Fabril Ed. 1961.


MARÍA ANGÉLICA HECHIM. Docente e investigadora en el área de las Ciencias de Lenguaje de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral. Trabaja en la temática del análisis crítico del discurso.

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