ALBERTO
GHIRALDO
El
rebeldeEl
presente texto forma
parte del libro Carne
Doliente (Cap. Del
pueblo), de
Alberto Ghiraldo,
publicado por la Revista
Los Pensadores,
Colección Las Grandes
Obras. Publicación del
Pensamiento Universal /
Año II Nº 34 / Boedo
841 (Buenos Aires),
Febrero 10 de 1923.
Director y Administrador
Francisco Munner
-
Mirá hermano, es inútil
que te aflijás y te
sacrifiqués. ¡Todos son
piores! En la primera
reunión, es cierto, como
si lo viera, ni uno dice
que no y votan por la
huelga como tabla. El que
menos es capaz de hacer
volar la usina
eléctrica, hundir el
depósito de aguas
corrientes o quemar los
cables del tranways,
antes de volver a
empuñar las
herramientas. Pero
después
¡Ay
hermano! No me digás. Lo
conozco como a mis manos.
No sirven ni pa
insultarlos. Resulta que
una vez metidos en el
berenjenal, sólo unos
cuantos aguantan. Éste
porque lo habló el
patrón y le prometió no
sé qué, hacerlo capataz
quizá; aquél porque lo
amenazaron con expulsarlo
del país si seguía a
los compañeros; el de
más allá porque ¡qué
sé yo! Porque no está
conforme, dice, con la
comisión nombrada para
dirigir el movimiento; en
fin que ahí no más
tenés vos casi dos
docenas de mandrias que
entran al taller el
primer día en que se
declara el paro. Y no hay
remedio: con esos cuantos
el patrón se hace el
fuerte y al poco tiempo,
¡zas! Ya está de nuevo
casi todo el personal
antiguo trabajando. ¡Y
en qué
condiciones!
sólo
quedan afuera, para
aporriarse de lo lindo,
los verdaderos valientes
o los sonsos como vos,
que ya no podés lamberte
de puro pobre
Sí,
hermano, convencete:
¡todos son una punta de
flojos, cobardes,
traidores y
sinvergüenzas! Y qué
querés, che. A mí me
parece que hacen bien en
castigarlos. Dejá,
nomás, que les sacudan
hasta que revienten. ¡Y
qué diablos! Vos hacete
el chiquito y en cuantito
podás mostrá el diente
grande y pegá el bocado,
que bien lo
merecés
-
Estás macaniando,
hermano, y de lo lindo.
Pero seguí, no más, que
para todo tengo lista la
contestación. Primero
decime, ¿cuántos
motormanes y guardas de
la empresa en huelga han
tomado trabajo?
-
No embromés, che.
Ponete, si querés, en el
mejor de los casos y
haré de cuenta que todo
el personal se ha
mantenido firme. ¿No
sabés vos que casi todos
los que se quedan sin
chapa en la empresa del
tranway se han pasado al
ferrocarril?
-
Se fueron de
rompehuelgas
-
¡Pucha, digo, con los
hombres sin conciencia y
sin nada!
-
Pará el carro, che.
Ahora ya no estás
macaneando, sino
mintiendo: y eso es más
grave.
-
Te lo puedo probar si
querés. Con ellos han
reemplazado a los guardas
del Rosario. Y -¡la
cabeza te jugaría!- si
hoy se declaran en huelga
los mayorales del tranway
los primeros en ofrecerse
para reemplazarlos
serían los guardas de la
confederación
ferrocarrilera.
-
¡Qué me vas a decir,
hermano! Esto no tiene
vuelta de hoja. ¿Y vos
creés todavía si es
posible hacer algo serio?
No embromés, te digo; lo
único que conseguiremos
al fin es que los
patrones, los dueños y
las empresas se sigan
riendo de nosotros,
aprovechándose de
nuestra necesidad y de
nuestra ignorancia.
-
Dejame hablar un
momentito y voy a
explicarte el caso. Vos
creés que la huelga es
un fin, cuando sólo es
un medio, un arma.
-
Vaya un arma linda que
siempre se vuelve para el
lado de quien la empuña.
-
¿Querés que yo te diga
cómo hay que hacer para
que la huelga sea
verdaderamente un arma?
-
Te lo dejo hablar a vos,
estás en vena, no hay
vueltas. Me callo, pues.
-
Bueno, escuchame
entonces. Imaginémosnos,
por ejemplo, el
movimiento del otro día,
el de los empleados de
ferrocarriles. Si el
primer día de declarada
la huelga se hubieran
reunido los más guapos,
los más hombres, los
más convencidos y
hubieran resuelto por sí
y ante sí: primero,
hacer la exposición de
lo deseado; después
esperar y esperar muy
poco, se entiende. Ahora
bien; imaginémosnos que
llega la negativa de la
empresa. ¿Cómo se
contesta? Haciendo saltar
un puente, dos puentes,
diez puentes. Segundo:
después del hecho. Nueva
exposición de lo que se
desea. Nueva negativa.
¿Cómo se contesta? Con
la muerte del gerente,
del primer emperrao que
se cruce en la vía
-
¡Ajajá! Y ya estamos en
plena revolución,
¿verdad?
-
¿Y por qué no? ¿Quién
puede adivinar lo que
produzca una chispa?
-
¡Ah, criollo ignorante y
bárbaro!
-
¿Bárbaro? Puede. Pero
para mí que los
bárbaros, los ignorantes
son ellos, los que solo
hacen las cosas a
medias
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